El orgullo del MacGregor (Sinclair 3) Capítulo 13
33%

Capítulo 13

Gillian

—N o me estoy muriendo —exclamo—. Deja de hablar como si no estuviera —recrimino—. No hagas como si te importara lo que me pase.

Me encuentro muy mal, pero detesto que Cedric quiera aparentar una preocupación que no siente. No necesito sus mentiras, prefiero sus verdades dolorosas a que se comporte como alguien que no es, y me haga mucho más difícil aprender a vivir con él a mi lado, pero sin ser mío.

—No estoy fingiendo nada —se defiende—. Solo digo que sería mejor que alguien que sabe te revisara.

—Si mi tía dice que es normal, tengo más que suficiente —escupo—. Si no quieres ver cómo vomito, puedes marcharte.

Lo escucho blasfemar y decir algo en voz baja que no entiendo.

Poco me importa, ahora lo único que necesito es conseguir que todo deje de dar vueltas a mi alrededor.

Los paños de agua fría me alivian, pero no lo suficiente, respiro intentando calmarme, cierro los ojos y me dejo cuidar, tratando de obviar su presencia, la cual lo hace todo más complicado.

—¿Mejor? —pregunta mi tía, asiento sonriendo porque se le nota muy preocupada—. Me alegro. Deberías probar a tomar aunque sea un caldo ligero, ¿qué te parece?

Asiento, se marcha dejándome sola con Cedric, que no se ha movido de su sitio en ningún momento, a pesar de que nadie le hablaba.

No entiendo por qué su sola presencia consigue ponerme a la defensiva, en el pasado hubiera estado encantada, mas ahora, sabiendo cómo piensa y siente, lo único que deseo es tenerlo lejos.

—¿Por qué sigues aquí? —pregunto en voz baja—. Estoy bien.

—¿Dónde debería estar según tú? —cuestiona de vuelta sin responderme.

—No sé —me encojo de hombros—. Pero no conmigo.

—Esa ya no es una opción —dice—. ¿Podrás comportarte como una adulta? Mi hijo necesita una madre, no una compañera de juegos.

Le miro furiosa, si tuviera las fuerzas necesarias, me abalanzaría sobre él y le dejaría saber lo que pienso de semejante insulto.

—Fuera de aquí —siseo temblorosa—. No necesito tus ataques, no necesito nada de ti. No pareces comprender que ahora soy yo la que no quiere tenerte detrás todo el día.

—Pues tienes un problema —replica con aparente calma—. Yo llevo años diciéndotelo y no me has hecho caso, ¿por qué debería hacer lo que me pides ahora?

—¿Es una especie de venganza? —cuestiono entre dientes—.

Deberías hacerlo porque tu sola presencia me enferma, al menos, podrías pensar en tu hijo —lo veo palidecer, da un paso hacia atrás, sonrío complacida al ver que mi golpe bajo ha funcionado—.

¿Serás capaz de pensar en alguien que no seas tú mismo, Cedric MacGregor?

—¿Me estás llamando egoísta? —espeta—. Ya me has sentenciado, Sinclair. Das por hecho que no voy a ser un buen padre para tu hijo.

—Sabes que lo eres —inquiero dispuesta a soltar todo lo que me he guardado durante años por no hacerle daño—.

No eres capaz de darles la espalda del todo a tus padres.

—Se tensa y me mira con furia—. Prefieres mortificarlos, hacer de su vida un infierno.

Disfrutas humillando a mi tía, cuando te ha criado con amor y sin distinción alguna respecto a sus hijos —cojo aire—.

Mis primos, tus hermanos, los cuales no te cansas de alejar, incluso a Nessa.

¿Los odias? Entonces, márchate de Dunmara —exclamo airada—. Pero déjales vivir en paz.

—No sabes nada —alza la voz, las venas de su cuello parecen a punto de estallar—. Nunca podrás comprender…

—Comprendo demasiado —interrumpo cansada de que se haga el mártir cuando nadie jamás le ha hecho sentir diferente—.

Sé que una desgraciada corrompió la mente de un niño de diez años, que era todo amor y bondad hasta convertirlo en lo que tengo frente a mí —escupo con rabia, con odio hacia la maldita que me lo ha arrebatado, abre los ojos sorprendido—.

Una loca resentida que ha contado su versión a conveniencia y aun estúpido que ha preferido creer que preguntar.

En algún momento me he levantado de la cama para hacerle frente. Me mira incrédulo, dolido y furioso, su mano vuela hasta rodear mi cuello, pero no lo hace con fuerza, sé que no va a apretar y que mi vida no corre peligro alguno.

—No oses mancillar la memoria de Brenda —sisea muy cerca de mis labios, nuestras miradas batallando—. ¿Quién demonios te lo ha contado?

—Maeve —replico, me suelta y retrocede como si lo hubiera golpeado—. Sí, esa mujer que consideras peor que el demonio ha guardado tu secreto durante años, a pesar de que la estabas destrozando.

—Mientes —escupe—. ¿Por qué lo haría?

—Porque te amo —los dos miramos hacia la puerta, mi tía ha llegado con el caldo que había ido a buscar—. Porque no podía arrancarte a otra persona de tu lado.

—¿Desde cuándo? —le pregunta.

—No mucho tiempo después —responde cerrando la puerta—. Lamento su muerte.

—No mientas —le grita, Maeve no se inmuta—. ¿No te cansas de fingir?

—Nunca lo he hecho —dice, dejando el plato en la mesa—.

¿Crees que mis sentimientos por ti son fingidos, Cedric?

Puede que no hayas nacido de mí, pero tenías unos pocos meses cuando comencé a amamantarte.

Te sostuve entre mis brazos y muy pronto me robaste el corazón —se emociona, aunque intenta contenerse—.

Cuidaba de Ethan y de ti con todo mi amor…

—Me odiabas —sisea, me tenso al ver que se acerca a ella—. Fui la razón por la que huiste a Girnigoe y casi te casas con otro estando embarazada de mi padre —añade—. ¿Crees que no lo sabía? Detestabas mi existencia, ¿verdad? Y odiabas a mi madre por ser la amante de tu esposo.

—Tienes razón —la miro horrorizada—. Era una joven que se había casado con un desconocido porque la primera vez que lo vio se enamoró de él, aunque intenté ocultarlo fingiendo que lo hacía para ayudar a mi hermano y lograr la paz entre los clanes.

—Pobrecita —se burla—. ¿Debo sentir lástima?

—No quiero tu lástima, sino tu comprensión —rebate—. Tu madre ya era amante de Donnan, por supuesto, no lo sabía, ingenua de mí, pensé que eso terminaría después de casados. No lo hizo, para tu padre, yo era un mal menor para conseguir un fin. —Está llorando y a mí me parte el alma.

—Tía… —alza una mano para acallarme.

—Necesito decir esto —me dice, asiento—.

No sé cómo llegamos a una tregua, a un pacto.

Accedió a ayudar a mi hermano cuando lo secuestraron a cambio de que yo le diera un heredero.

Ninguno de los dos sabíamos que tú ya existías.

Cuando terminó el año de nuestro matrimonio, decidí que no podía vivir en un lugar donde no se me respetaba, si no lo hacia mi esposo, ¿quién lo iba a hacer?

—intenta sonreír sin conseguirlo—. Me fui, porque no soportaba verte.

Me recordabas a mí misma, ¿sabes? Yo también soy hija bastarda y pasé toda mi vida cargando con ello.

Vi cómo mi hermano tenía que defenderme con los puños cada vez que me faltaban al respeto, cómo muchos intentaron volverlo en mi contra, otros se jactaban de que era un alivio que fuera mujer o hubieran tenido que obligarnos a luchar por el puesto de laird.

Sollozo al ver el dolor que esos recuerdos producen en ella. Y me duele saber que mi padre tuvo que luchar contra todo eso siendo apenas un niño. ¿Por qué mi abuelo lo permitió? No lo conocí, pero si ahora lo tuviera delante, le diría unas cuantas verdades.

—Así que perdóname si no quería eso para mi hijo —limpia sus lágrimas—. Si no quería convivir con un niño inocente al que temía odiar, preferí huir, darle la espalda a lo que sentía por tu padre para evitar más sufrimiento.

—Pero él fue por ti —dice en voz baja—. Fue por ti y echó a mi madre como un perro porque tú se lo exigiste.

—¿Qué mujer querría vivir bajo el mismo techo que la amante del hombre que ama? —cuestiona—. Nunca imaginé que tu madre moriría tan joven, Cedric. A pesar de todo, no deseaba su muerte, debes creerme.

—Murió sola, despreciada en una maldita cabaña —replica—. ¿Por qué crees que enfermó? —cuestiona con rabia—. Brenda decía que hacía muchísimo frío. La condenaste a muerte.

—Eso es injusto —me quejo, me mira de inmediato—. Nadie tuvo la culpa. Pudo haber enfermado viviendo en el castillo si su destino era ese…

—¿Qué sabes tú de su maldito destino, Gillian? —pregunta, gritándome enfurecido—. ¿Puedes asegurarme que mi madre hubiera muerto de cualquier modo, o seguiría con vida a mi lado?

—Cedric, lo que sucedió fue una tragedia —intento que se calme, que entienda la postura de mi tía, que implora en silencio un perdón que dudo vaya a recibir.