Capítulo 7
Gillian
H a pasado una semana desde que mis padres se fueron y nos dejaron a Connor y a mí en Girnigoe para completar mi recuperación. Me siento demasiado ansiosa por levantarme de esta maldita cama, pero hasta yo debo reconocer que las fuerzas no regresan con la rapidez que esperaba.
Nessa me hace mucha compañía, de hecho, duerme conmigo muchas de las noches que se me hacen interminables porque el sueño suele abandonarme a altas horas y mi mente no descansa.
No he vuelto a tener calentura, y a pesar de tener buen apetito me descubro en ocasiones con nauseas, que no he comentado con nadie porque mi mayor deseo es marcharme de aquí para no regresar.
No por mis tíos o primos, sino por Cedric. No ha vuelto a visitarme desde hace días, aún recuerdo esa última vez, la forma en la que me miraba, lo que me dijo…
***
—¿Has visto lo que tu imprudencia ha causado? —pregunta en cuanto abro los ojos al sentir una presencia, todo está en penumbra, solo el fuego da un poco de luz a la estancia.
—Lamento que el temor a perderte te haya importunado tanto —mascullo—. La próxima vez dejaré que te mueras.
—No habrá próxima —replica acercándose—. Procura no volver a acercarte a mí, Gillian.
—Tranquilo —sonrío—. En cuanto me recupere me marcharé y no volveremos a vernos.
Aprieta su mandíbula, en sus ojos ese debate interno que siempre parece tener cuando está conmigo.
Guardamos silencio, yo sigo contemplándolo porque sé que llegará un día que no podré hacerlo más y quiero grabar casa rasgo o gesto en mi memoria porque quiero que sea Cedric lo último que veo o recuerde hasta mi último aliento.
—Deja de mirarme —ordena molesto, se remueve en su asiento—. Ni siquiera sé por qué estoy aquí…
—Pues márchate —siseo enfurecida, todo lo sucedido entre nosotros regresa a mí como una avalancha—. No te he llamado, no te necesito así que lárgate…
Su boca se apodera de la mía, gimo contrariada no solo por su acción sino por cómo reacciona mi cuerpo ante su contacto. Mis manos golpean su pecho para alejarlo, pero finalmente me rindo y me aferro a su cabello estirando con fuerza, ahora es él quien gruñe por el dolor de mi agarre.
—No me des órdenes, Sinclair —musita sobre mis labios, abro los párpados.
—Vete al infierno —mascullo rabiosa al verlo tan tranquilo cuando yo me siento arder—. No vuelvas a tocarme.
—¿O qué? —se burla—. Mírate, estás deseando que haga mucho más que besarte.
Lo abofeteo con las pocas fuerzas que conservo. El silencio es ensordecedor tras lo que acabo de hacer, con otro hombre tendría miedo de su reacción, pero con Cedric sé que solo me hará daño con palabras, las cuales siguen doliendo mucho tiempo después.
—No vuelvas a pegarme, Gillian —muerde las palabras con rabia.
—No lo haré si mantienes las distancias conmigo —rebato—. No te será difícil, Cedric. Me odias, por lo que no comprendo porque estás aquí.
—Yo tampoco —escupe alejándose de golpe de mí—. Asegúrate de recuperarte lo antes posible así podré dejar de verte por aquí de una vez por todas.
***
Rozo mis labios los cuales añoran los de ese maldito patán.
—¿En qué piensas? —no he escuchado a Nessa entrar tan sumida en mis recuerdos como estaba—. Pareces triste, imagino que echas de menos a tus padres…
—Un poco —reconozco con la esperanza de que eso la convenza de que no hay nada más—. Pero estoy bien.
—No me mientas —la miro sorprendida—. Sé que además de la ausencia de tus padres te aflige que mi hermano no venga a verte. Si te sirve de consuelo, aunque lo oculta muy bien, puede que sea la que mejor lo conoce y lo está pasando mal.
—Saber que sufre no me consuela en absoluto, Nessa —niego apesadumbrada—. No lo comprendo. ¿Qué demonios le sucedió para que…? —no soy capaz de acabar porque el nudo en mi garganta aprieta demasiado.
—No lo sé —niega—. Era demasiado pequeña como para recordar, pero sé que no cambió conmigo hasta hace unos meses. Y, aun así creo que tú y yo somos las únicas que nos podemos acercar a él.
—¿Yo? —cuestiono irónica—. No puede ni verme, me odia, Nessa.
—Creo que lo que odia es no poder odiarte —sonríe con tristeza—. Hacerlo con mi madre, incluso con mi padre es fácil. Pero sospecho que tú y yo somos su debilidad.
—Pues no quiero serlo —espeto—. Si esa es su forma de amar, no la quiero. No debería estar dándole ni un minuto de mi tiempo pensando en una persona que lo único que ha hecho ha sido herirme.
—Pero no siempre fue así —suspiro nostálgica—. Ninguna de las dos podemos olvidar el niño que creció con nosotras. Nuestro protector, confidente…
—Hace mucho tiempo de eso —parpadeo para alejar las lágrimas—. La última vez que lo vi en Girnigoe parecía más distante, pero ahora al volver a verlo… —niego con dolor—. Ha sido como encontrar un completo extraño —intento olvidar lo que sucedió en el lago.
—Mi única esperanza es que consigas llegar a él —la miro como si se hubiera vuelto loca—. No me mires así —se defiende—. Sé que puedes lograrlo, pero para ello no tienes que darle espacio, Gillian. No puedes permanecer aquí escondida.
—No hago eso —exclamo ofendida—. Solo guardo reposo —me cruzo de brazos—. No pienso ir tras él. ¿Por quién me tomas?
—Por una mujer que va a perder el hombre que ama —inquiere—. ¿de verdad vas a quedarte de brazos cruzados, Gillian? Nunca has sido una cobarde, por lo que te suplico que no comiences a serlo ahora y luches por mi hermano, sálvalo.
—Nadie puede salvar a alguien que no quiere ser salvado —susurro agachando la mirada—.
¿Qué esperas que haga? Se lo he entregado todo y…
—muerdo mi labio inferior rezando para que ella no entienda lo que acabo de decir.
Su silencio me hace alzar la mirada, ella me observa con la boca abierta, incluso juraría que ha palidecido.
—Dime que eso no significa lo que yo creo… —implora—. ¿Gillian…?
—Déjalo estar —le pido preocupada por lo que pueda suceder al haber hablado de más sin pretenderlo.
—¿Mi hermano te ha desvirgado? —enrojece al hacer esa pregunta, hago lo mismo, no puedo sostener su mirada porque me siento demasiado mortificada—. Responde —grita, me sobresalto.
—¿Qué si lo ha hecho? —espeto a la defensiva—. Eso no cambia nada.
—¿Te has vuelto loca? —se levanta de su asiento furiosa—. ¿Cómo ha podido hacer algo así y darte la espalda? —cuestiona—. Voy a decirle un par de cosas a ese maldito patán…
—¡No! —exclamo horrorizada—. Por favor no lo hagas —cojo su mano para impedir que se marche—. No lo obligues a elegirme.