Capítulo 29 #2
—Pilar tampoco escribió seis fraudes —respondió Noelia—. Escribió seis servicios que no podía cerrar. Si al final tres eran trabajos ocultos, dos estaban mal documentados y uno era un error, eso no cambia que tuviera motivos para llevarlos a dirección.
Irene hojeó el resumen.
—¿La deuda de Rubén?
—Está suficientemente acreditada como contexto económico, pero no hace falta convertirla en una explicación total de su conducta.
Había asumido pagos por la inversión fallida y los ingresos de los trabajos paralelos le resultaban importantes.
Hasta dónde dependía de ellos exactamente será otra cuestión.
Mara estaba de acuerdo. El caso no necesitaba una cifra extraordinaria ni una ruina inminente para explicar el conflicto.
Rubén había construido durante meses un sistema que podía costarle su puesto, su participación en la empresa, dinero y responsabilidades adicionales si Pilar lo llevaba a dirección.
La presión crecía por la suma de consecuencias, no porque hubiera una fortuna escondida.
—¿Hay algo en los documentos que cambie lo declarado esta tarde? —preguntó Irene.
—Nada. Lo que teníamos antes de su declaración ya sostenía presencia, motivo, falsedad y recorrido. Su versión completa el contacto físico y la caída, pero no crea el caso desde cero.
Mara miró la pantalla. Esa distinción se había repetido varias veces desde que Rubén admitió el empujón porque era fácil que, a partir de ese momento, todo lo anterior pareciera una larga preparación para conseguir que confesara.
No lo había sido. Si hubiera dejado de hablar después del primer receso, seguirían teniendo la furgoneta en D, el parte alterado, la llamada, la revisión de Pilar, el lugar de la caída y una coartada espacial desmontada por el propio terreno.
Noelia dejó el resumen económico y pasó a otra carpeta.
—Hay una cuestión práctica. La dirección de Andaraje quiere saber si puede revisar internamente los historiales a partir del lunes.
Irene respondió que sí, siempre coordinándose con las diligencias y preservando la documentación ya requerida. La empresa no quedaba congelada por la investigación, pero cualquier actuación sobre registros relevantes tendría que permitir conservar el estado anterior y los cambios posteriores.
—Se lo traslado así —dijo Noelia—. Y, por mi parte, ya no queda nada que requiera más trabajo desde Madrid.
Andrés levantó una ceja.
—No has estado desplazada.
—Precisamente. Me ha salido barato.
Mara sonrió. Noelia había permanecido en Madrid durante todo el caso y, aun así, había terminado siendo una pieza central de la investigación.
Su trabajo con los partes, los historiales y las correcciones había permitido separar los errores normales del patrón que llevó hasta Rubén sin necesidad de tenerla físicamente en Jaén.
Era exactamente la clase de colaboración que Mara había aprendido a utilizar con más naturalidad en los últimos casos: no todos tenían que estar alrededor de la misma mesa para que el equipo funcionara como tal.
—Te llamo cuando salgamos —dijo.
—Si es para pedirme otra tabla, no cojo el teléfono.
La conexión terminó poco después.
En la sala quedaron Irene, Andrés y Mara. Óscar había bajado a entregar documentación y volvería antes de que se marcharan. Por primera vez desde su llegada, nadie tenía preparada una entrevista para la hora siguiente ni una finca a la que desplazarse antes del amanecer.
Irene reunió varias carpetas.
—El homicidio está resuelto, pero las diligencias seguirán moviéndose. Quedan informes definitivos de Criminalística, documentación económica y todo lo que corresponda después de la detención.
—Nosotros podemos volver —dijo Mara.
—Sí. Desde aquí podemos continuar con lo que necesitemos de vosotros.
No sonó a despedida solemne. Era una decisión operativa normal después de ocho días trabajando juntos.
Andrés se levantó para buscar agua y Mara aprovechó para mirar la cronología que todavía ocupaba una parte de la pared.
Irene no había borrado las primeras versiones.
Seguían allí el supuesto inicio a las 05:15, la negación de Mateo, el turno aparentemente fijado de Eva y las primeras explicaciones de Marta.
A un lado se habían añadido las correcciones y las comprobaciones que permitieron entenderlas.
—¿La dejas así? —preguntó Mara.
Irene siguió su mirada.
—Hasta que terminemos de redactar. Si la limpio ahora, parecerá que lo supimos todo desde el jueves.
Mara estuvo de acuerdo.
Una investigación acabada siempre parecía más sencilla cuando se eliminaban los caminos que no llevaban a la resolución.
En aquella habían tenido sentido. Las rodadas de Mateo merecían ser comprobadas; la mentira de Ismael también.
Marta había creado el vacío del sector aunque no hubiera creado el crimen, y Eva había alterado un horario sin que aquello tuviera relación con una muerte.
Cada una de esas líneas había sido razonable con la información disponible.
Óscar entró con una carpeta bajo el brazo.
—La documentación del vehículo queda preparada para la remisión. Y Criminalística mantendrá la moldura y el fragmento conforme corresponda.
Irene asintió.
—Perfecto.
—¿Os vais hoy?
Andrés regresó a tiempo de oírlo.
—Si la capitana no descubre otro camino que una furgoneta pueda atravesar sin girar.
—No le des ideas —dijo Óscar.
Mara ignoró a ambos y preguntó por el acceso sur. No porque quedara nada criminal por resolver, sino porque durante la mañana Marta había comunicado que pensaba revisar el cierre después de todo lo ocurrido.
—Van a cambiar el sistema de la cadena —explicó Óscar—. No por la investigación. Dice que lleva años siendo incómodo y que, ya que sus hermanos están revisando gastos, piensa aprovechar.
Andrés soltó una risa.
—Al final el único que sale ganando es el candado.
La broma no necesitó respuesta.
Mara recogió sus cosas mientras Irene comprobaba los últimos asuntos pendientes.
El caso había terminado sin reparar ninguno de los problemas que lo rodeaban.
Marta seguiría discutiendo con sus hermanos sobre costes; Eva tendría que explicar por qué modificó un turno sin dejarlo correctamente reflejado; Ismael debería decidir si continuaba aceptando trabajos particulares que podían comprometer su relación con Andaraje.
La empresa tendría que funcionar sin Pilar y afrontar además lo que apareciera en la revisión de Rubén.
Resolver quién había causado la muerte no ordenaba automáticamente la vida de los demás.
Tampoco era función de la Guardia Civil hacerlo.
Antes de salir, Mara volvió a mirar la cronología.
En la parte central, entre las cinco y las seis de la madrugada del jueves anterior, ya no quedaban interrogantes capaces de cambiar lo esencial.
Rubén había llegado a Los Cárdenos para discutir con Pilar sobre las irregularidades, la había seguido hasta C cuando ella quiso terminar la conversación, la sujetó y terminó empujándola.
Después atravesó la finca, perdió el fragmento de la moldura en D, acudió tarde al siguiente servicio y corrigió el parte para ocultar dónde había estado.
Lo demás seguiría su curso.
Irene apagó la luz de la sala cuando salieron.
A la mañana siguiente, en Los Cárdenos volverían a trabajar entre los olivos.