El olivar vacío (Los casos de Mara Valdés 4) Capítulo 27 #2
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Capítulo 27 #2

—Forense no lo excluyó de forma absoluta —recordó Mara—. Julia dijo que hubo una caída hacia atrás con suficiente energía para producir el impacto y que un empujón era compatible, pero también podía existir un retroceso brusco, un tropiezo o una pérdida de equilibrio en movimiento.

—Entonces el lugar, por sí solo, no destruye su versión.

—Por sí solo, no.

Aquello era precisamente lo que necesitaban saber antes de volver con Rubén. El hecho de que su versión resultara cada vez más difícil no autorizaba a transformarla en físicamente imposible.

Óscar abrió las fotografías de la inspección.

—Lo que sí tenemos es que la caída ocurre aquí. Sangre de Pilar en el borde y ausencia de arrastre compatible con un traslado del cuerpo.

—Eso fija C —dijo Irene—. No quién estaba con ella.

Mara caminó desde el vehículo de Pilar hasta el hormigón. El trayecto era corto, pero no había marcas capaces de reconstruir cada paso de una persona ocho días después. Tampoco podían saber si Pilar había llegado a C antes o después de que la furgoneta comenzara a moverse.

La contradicción debía buscarse en el conjunto de la segunda versión, no en una distancia aislada.

—Rubén dice que permanecieron menos de diez minutos —dijo Mara.

Óscar consultó las referencias de la reconstrucción.

—Y que después fue directo hasta Valera.

—Sin paradas.

—Eso ha dicho.

Andrés entendió adónde se dirigía.

—Si usamos su propio relato, podemos construir una salida temprana.

Mara asintió, aunque evitó poner todavía una hora exacta.

La llamada de las 05:11 era el primer punto firme.

Rubén había admitido que pasó por Los Cárdenos a raíz de esa conversación, de modo que tenía que completar el trayecto hasta A antes de iniciar el encuentro.

La cronología real que manejaban situaba una llegada compatible varios minutos después.

Si la conversación duraba solo cinco o siete minutos, como ahora afirmaba, su salida por D debía producirse bastante antes del tramo en que la cámara registraba la furgoneta compatible a las 05:42.

Esa cámara no identificaba el vehículo y no podían utilizarla como un reloj de Rubén, pero la diferencia obligaba a preguntarse qué había ocurrido durante el tiempo restante si él sostenía que fue directamente al siguiente servicio.

—La cámara no nos permite decir que fuera su furgoneta —dijo Irene.

—No. Pero su nueva versión tampoco explica bien el tramo posterior. Si sale tan pronto como dice y va directo a Valera, necesitamos comprobar otra vez la horquilla de ruta.

Óscar ya estaba revisando las notas.

—La reconstrucción desde D hasta el cruce y desde allí hacia la red que lleva al siguiente servicio está documentada. Puedo dejar los tiempos comparables sobre la mesa cuando volvamos.

—Con intervalos, no con una única cifra.

—Sí.

Andrés miró hacia C.

—Aunque dejemos la cámara fuera, sigue estando Pilar.

Mara comprendió lo que quería decir. La versión de Rubén colocaba a la víctima viva en B en el instante de su marcha, mientras Medicina Legal y Criminalística fijaban su caída mortal en C.

Para que ambas cosas fueran ciertas, algo tenía que ocurrir después de la salida de la furgoneta.

Podía ser un accidente o la intervención de otra persona, pero no tenían ni un solo dato positivo que sostuviera ninguna de esas alternativas.

—Eso es lo que debemos preguntarle —dijo—. No «cómo sabemos que mientes», sino qué cree que ocurrió después de marcharse.

Irene asintió.

—Ya ha dicho que no vio a nadie.

—Y tampoco ha mencionado ningún otro vehículo.

Óscar recordó que los accesos no estaban cerrados y que, en términos puramente físicos, otra persona podía haber entrado.

Nadie pretendía eliminar esa posibilidad por decreto.

Sin embargo, cualquier explicación de ese tipo tenía que convivir con el resto de la secuencia: una víctima viva antes de las 05:11, Rubén admitiendo que acudió a verla, su furgoneta atravesando la finca, el fragmento perdido en D, el parte alterado y su llegada al siguiente servicio después de las seis.

Mara se acercó a C.

La estructura no tenía nada de extraordinario.

Era una obra funcional vinculada a la conducción, un borde de hormigón que cualquier trabajador de la finca podía pasar decenas de veces sin prestarle atención.

Pilar había terminado allí porque una conversación que empezó cerca de los vehículos se desplazó unos metros, aunque esa parte todavía seguía fuera de la versión de Rubén.

Mara no necesitaba imaginar las palabras ni la posición exacta de sus cuerpos para saber qué punto debía comprobar a continuación.

—Si la dejó viva en B —dijo Irene—, tenemos tres posibilidades generales: que después sufriera una caída accidental, que apareciera otra persona o que Rubén no la dejara donde dice.

Andrés miró a Mara.

—Las dos primeras no tienen respaldo.

—No tienen respaldo positivo —precisó ella—, pero no las vamos a llamar imposibles. Lo que sí podemos hacer es preguntarle por ellas y ver si su propia versión aporta algo que nosotros no conocemos.

Regresaron al ensanche y Óscar extendió las fotografías sobre el capó del vehículo oficial.

La primera mostraba el todoterreno de Pilar.

Otra, tomada desde una posición más abierta, permitía apreciar la relación con C.

En una tercera aparecía la zona del borde antes de que Criminalística recogiera las muestras.

La secuencia visual hacía evidente algo que en la sala resultaba más abstracto: B y C pertenecían a la misma escena de proximidad.

No había un trayecto largo ni un cambio de sector entre ambos.

Rubén estaba admitiendo ahora haber discutido con Pilar a pocos metros del lugar donde ella sufrió la lesión mortal.

—Su primera mentira lo mantenía fuera de toda la finca —dijo Andrés—. La segunda lo deja a unos metros.

Irene guardó una de las fotografías.

—Y eso tampoco demuestra el empujón.

—No —respondió Mara—. Pero cambia lo que tiene que explicar.

Antes de marcharse recorrieron una vez más la ruta desde B hasta D, esta vez sin detenerse a medir.

Mara quería conservar la percepción real del tiempo que llevaba abandonar el ensanche y alcanzar la salida.

Incluso circulando despacio, el tramo interior era breve.

Después vendrían los caminos exteriores y, más adelante, el punto donde la cámara había captado una furgoneta larga.

La segunda versión de Rubén podía sostener partes de aquel recorrido porque se apoyaba en hechos que ya no podía negar.

Había convertido el fragmento de D en un roce casual y el parte falso en una maniobra para ocultar una visita que temía explicar.

Ambas respuestas eran posibles si se contemplaban por separado.

El problema aparecía cuando intentaba situar a Pilar.

La dejaba viva junto al coche, descartaba haber estado con ella en C, negaba cualquier contacto físico y afirmaba haberse marchado directamente. Desde ese instante, la muerte necesitaba una nueva causa que no aparecía en ninguna prueba de la semana.

Al regresar a la UOPJ, Óscar dejó preparados los tiempos de los recorridos mientras Irene habló con el abogado de Rubén.

La declaración continuaría por la tarde.

No iban a sorprenderlo con una inspección improvisada ni trasladarlo a la finca para representar movimientos; utilizarían las fotografías y mediciones ya incorporadas, además de la versión que él mismo acababa de firmar.

Mara se sentó ante una copia limpia del plano y escribió junto a B la frase exacta que Rubén había utilizado:

Cuando me fui estaba junto al coche.

Después marcó C con la conclusión de Medicina Legal y Criminalística: lugar de la caída mortal.

No trazó una flecha entre ambos puntos.

Ese espacio era precisamente lo que Rubén tenía que explicar.

Irene regresó a la sala.

—Su abogado confirma que continuarán después de comer.

Mara cerró la carpeta.

Ya no necesitaban discutir si Rubén había estado en Los Cárdenos. Él mismo lo había admitido. Tampoco podían seguir tratando la salida sur como una posibilidad teórica, porque su relato incorporaba ahora el recorrido que el fragmento había demostrado.

La pregunta que quedaba era mucho más estrecha.

Rubén había contado dónde estaba Pilar cuando dijo haberla dejado viva.

Por la tarde tendrían que preguntarle cómo había terminado, pocos minutos después, junto al borde de hormigón.