El olivar vacío (Los casos de Mara Valdés 4) Capítulo 20 #2
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Capítulo 20 #2

Desde D tomaron el carril exterior y enlazaron después con un camino agrícola de firme algo mejor. Había varios cruces posibles. Óscar eligió la opción que, por estado y dirección, resultaba razonable para alguien que quisiera alcanzar después la carretera local sin dar un rodeo innecesario.

No era un camino secreto ni una salida oculta. Lo utilizaban agricultores, trabajadores de mantenimiento y vehículos de servicio para desplazarse entre explotaciones. Precisamente por eso, la cámara de las 05:42 nunca había permitido atribuir por sí sola aquella furgoneta a Los Cárdenos.

Mara observó los cruces desde el asiento trasero.

El recorrido explicaba mejor que cualquier plano por qué una cámara podía resultar útil y limitada al mismo tiempo: fijaba un vehículo en un punto concreto, pero detrás de ese punto se abrían suficientes caminos como para impedir que su procedencia se dedujera por simple continuidad.

Llegaron al cruce y Óscar comparó el tiempo con el registrado durante la pasada A-B-C-D. Después repitieron el tramo exterior por otra opción ligeramente distinta. Añadía algunos minutos, pero seguía encajando dentro de una circulación normal.

Cuando detuvieron los vehículos en una zona donde podían apartarse sin bloquear el paso, Andrés se acercó con las anotaciones.

—Incluso tomando el recorrido más lento, una furgoneta que salga de Los Cárdenos puede estar aquí a las 05:42 sin hacer nada raro.

—Sí —respondió Óscar—. Eso ya podemos sostener.

Mara pidió revisar los tiempos completos.

No intentaba convertirlos en una reconstrucción exacta de la muerte porque Medicina Legal no podía fijar ese minuto y ninguna otra prueba justificaba hacerlo.

Lo importante era que entre la última constatación de Pilar con vida, la llamada de las 05:11 y la imagen de la cámara existía margen suficiente para que un vehículo entrara por A, permaneciera un tiempo en la zona B-C, atravesara después hasta D y alcanzara aquel cruce sin velocidades extraordinarias ni recorridos imposibles.

—Eso elimina la imposibilidad física —dijo Andrés.

Mara dobló la hoja y se la devolvió a Óscar.

—Elimina una imposibilidad que nunca existió. Seguimos sin saber quién hizo el recorrido.

—La furgoneta de la cámara continúa sin matrícula.

—Y hay otras similares.

Óscar guardó las anotaciones.

—Pero, si más adelante identificamos una concreta, ya sabemos que esta ruta funciona.

Aquello sí cambiaba la investigación. Hasta el día anterior, la furgoneta de Rubén había disfrutado de una especie de protección espacial porque parecía poco razonable situarla en Los Cárdenos si no podía girar en B.

Esa ventaja desaparecía ahora: un vehículo de dimensiones equivalentes podía atravesar la finca desde A hasta D y alcanzar después el entorno de la cámara dentro de un tiempo compatible.

Seguía faltando lo esencial. Haber demostrado que la ruta era posible no situaba todavía allí a Rubén ni a su furgoneta.

Regresaron a Los Cárdenos para cerrar la diligencia y recoger las últimas referencias.

Mientras el técnico preparaba un resumen inicial y Óscar repasaba fotografías y tiempos, Mara volvió andando desde D hacia C.

Esta vez no intentó imaginar quién había conducido aquella madrugada ni reconstruir lo sucedido junto al hormigón.

El camino ya les había dado una respuesta suficientemente precisa: una furgoneta larga podía atravesarlo sin realizar ninguna maniobra extraordinaria.

Andrés la alcanzó cerca de C.

—Hace dos días habría dicho que, si Rubén llevaba la larga, no tenía sentido que entrara aquí.

—Yo también le di demasiado peso al giro.

—No te oí decirlo.

—No hacía falta.

Andrés sonrió. El error había sido compartido. No habían pasado por alto la salida sur; la habían documentado desde el principio. Lo que no habían hecho era relacionarla con la afirmación de Rubén sobre la dificultad para girar.

Mara miró hacia B y después hacia D. En la Ribeira Sacra había aprendido a desconfiar de los recorridos que parecían evidentes vistos desde fuera.

Allí, los bancales obligaban a pensar en desniveles y pasos reales en lugar de distancias aparentes.

En Los Cárdenos, el engaño había sido diferente: el camino siempre había sido continuo, pero una maniobra concreta había acabado representando mentalmente todo el espacio.

—El terreno no nos ha cambiado la versión —dijo Andrés—. Hemos cambiado nosotros la pregunta.

—Eso suele ser más útil.

Óscar los llamó desde el ensanche. El técnico quería confirmar una última cuestión antes de cerrar la comprobación: si debía incluir en el informe el estado de la cadena de D.

Mara explicó que la posición exacta durante la franja crítica no estaba fijada.

Las fotografías posteriores demostraban que podía quedar colocada sin un cierre efectivo, y Mateo había declarado que, cuando pasó antes, la encontró apartada.

El informe de maniobrabilidad debía limitarse a recoger que aquel sistema no constituía una barrera permanente y que, si la cadena estaba extendida sin candado, podía retirarse manualmente.

—Eso obliga a detenerse —dijo el técnico.

—Pero no impide pasar.

—Correcto.

No calcularon cuánto tardaría una persona en bajar del vehículo, retirar la cadena y volver a subir. La investigación no sabía si había ocurrido y convertir una posibilidad en un número exacto solo habría añadido una precisión falsa.

Terminada la diligencia, el vehículo de prueba abandonó la finca por el acceso norte. Nadie interpretó aquella dirección como parte de la reconstrucción; el conductor regresaba por allí simplemente porque el trabajo había concluido y era la salida más cómoda.

Mara caminó con Andrés y Óscar hacia el coche oficial.

En la carpeta quedaban documentadas dos conclusiones que, unidas, cambiaban la lectura del terreno: una furgoneta larga no podía girar con normalidad en B, pero sí atravesar Los Cárdenos desde A hasta D y continuar hacia el entorno donde una cámara había registrado un vehículo compatible a las 05:42.

La primera conclusión había favorecido la versión de Rubén; la segunda eliminaba ese argumento como barrera física.

Aun así, Mara no quiso unir todavía el recorrido con el fraude, la llamada de las 05:11 o los seis servicios que Pilar revisaba.

La investigación tendría que acreditar presencia, no conformarse con una historia que empezaba a resultar convincente.

Subió al coche y dejó la carpeta sobre las rodillas. La ruta ya no era el problema.

Ahora necesitaban averiguar qué furgoneta la había recorrido.