El olivar vacío (Los casos de Mara Valdés 4) Capítulo 21
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Capítulo 21

El plástico negro

La furgoneta de Rubén ocupaba casi todo el espacio útil de la zona habilitada para la inspección.

Vista bajo una luz uniforme y lejos del polvo de los caminos, parecía más castigada que cuando Mara la había observado por primera vez en el patio de Andaraje: arañazos superficiales en ambos laterales, pequeñas marcas en los bajos, restos secos de barro y varias rozaduras que podían pertenecer a cualquier jornada de trabajo entre fincas.

Nada de aquello resultaba excepcional en un vehículo utilizado a diario por caminos agrícolas, y precisamente por eso Rubén había podido mencionar sus golpes con naturalidad cada vez que le preguntaron por la furgoneta.

Mara se acercó sin rebasar la zona de trabajo de los especialistas.

La puerta lateral permanecía cerrada y nadie había desmontado todavía ninguna pieza.

Lo primero había sido documentar el estado exterior completo del vehículo, con especial atención a daños, reparaciones y elementos que pudieran desprenderse durante un uso ordinario.

—Tiene bastantes marcas —dijo Andrés.

La especialista que dirigía el examen, una sargento de Criminalística a la que Irene presentó como Mercedes Luján, levantó la vista de la cámara.

—Y eso es bueno para no enamorarse de la primera rozadura que veamos. Si buscáis una furgoneta de campo sin golpes, vais a tener que comprarla nueva.

Andrés sonrió, pero Mara siguió observando el lateral derecho. Allí había una zona donde el revestimiento plástico inferior quedaba interrumpido. No era un arañazo ni una deformación; faltaba un fragmento de la moldura protectora, cerca de la parte posterior.

Había visto aquella ausencia antes, aunque sin prestarle atención.

La primera vez que estuvieron en Andaraje, el vehículo era solo uno más entre furgonetas, maquinaria y remolques, y nadie sabía todavía qué podía significar un pequeño plástico negro recogido junto a un pilar de piedra.

Atribuir importancia retrospectiva a todo lo que habían mirado durante los primeros días habría sido una forma fácil de inventarse una investigación más limpia de la que realmente habían tenido.

Mercedes se colocó junto al punto dañado.

—Esto es lo que nos interesa de momento. La pieza falta en el revestimiento inferior derecho y la rotura no es regular, como sería un corte hecho para desmontar algo. Tenemos una fractura con varias irregularidades que pueden compararse con el fragmento recogido en D.

—¿Ya lo habéis comparado? —preguntó Irene.

—Primero hemos documentado el vehículo tal como ha llegado. Ahora vamos a hacerlo.

El pequeño fragmento negro había permanecido embalado desde el jueves, identificado con el lugar exacto de recogida junto a la base del pilar sur.

Durante una semana había sido poco más que un vestigio de origen desconocido.

Criminalística había descrito el material y su forma, pero sin un objeto de comparación no existía razón para vincularlo a una furgoneta, a una máquina o a cualquier otro elemento que hubiera pasado por aquella salida.

Un agente llevó el embalaje hasta la mesa preparada para el examen.

Mercedes comprobó la identificación antes de abrirlo siguiendo el procedimiento de la diligencia, mientras Mara permanecía a una distancia suficiente para no interferir.

No había nada espectacular en el fragmento: una pieza curva de plástico oscuro, sucia por una cara y con un borde quebrado que, a simple vista, podía parecerse a cientos de roturas.

—Lo importante no es que sea negro —explicó Mercedes—. Tampoco que el material se parezca. Eso nos daría una compatibilidad bastante pobre en un vehículo de este tipo. Si hay un encaje físico entre los bordes de fractura, estamos hablando de otra cosa.

Andrés señaló la zona rota de la furgoneta.

—¿Como dos piezas de un puzle?

—Esa comparación sirve si no la llevas demasiado lejos. Una fractura deja irregularidades concretas. Si el fragmento continúa el borde roto y recupera la forma original de la pieza, podemos documentar esa correspondencia. Luego se valora con el resto de características.

Mercedes no intentó colocar inmediatamente el fragmento sobre la moldura.

Primero fotografió ambas superficies con referencias métricas y comprobó la forma del revestimiento.

Después pidió que desmontaran únicamente el tramo necesario para trabajar con seguridad y evitar forzar la pieza todavía instalada en la carrocería.

El proceso fue más lento de lo que Andrés parecía esperar. Mara, en cambio, agradeció que lo fuera. Las pruebas que terminaban pesando de verdad en una investigación rara vez aparecían con la limpieza de una demostración preparada para ser entendida en segundos.

Cuando la sección quedó sobre la mesa, el hueco resultó mucho más evidente. Faltaba una parte del extremo inferior y varias líneas de fractura se abrían desde la zona dañada hacia el interior de la moldura. Mercedes aproximó el fragmento sin presionarlo y corrigió ligeramente el ángulo.

La pieza ocupó el hueco.

No quedó simplemente apoyada sobre un plástico de aspecto parecido. Recuperó una parte de la curva exterior y continuó varias de las irregularidades visibles del borde.

Andrés dejó de moverse.

—Eso sí parece bastante claro.

Mercedes retiró las manos sin separar todavía las piezas.

—Parece claro porque lo estás viendo. Ahora hay que documentarlo de forma que no dependa de nuestra impresión.

Fotografiaron el encaje desde varios ángulos.

La especialista señaló después dos zonas concretas donde la continuidad de la fractura resultaba especialmente nítida y otra en la que una pequeña pérdida de material impedía hablar de una unión completa.

También comprobó características superficiales y el espesor del plástico antes de formular una conclusión provisional.

—El fragmento presenta correspondencia física con la zona rota de este revestimiento. No estamos diciendo solo que podría proceder de una moldura similar; encaja en la fractura de esta pieza concreta.

Irene apoyó una mano en el respaldo de una silla.

—Entonces esta furgoneta pasó por D.

Mercedes no aceptó la frase sin matizarla.

—El fragmento perteneció a esta moldura y fue recogido junto al pilar de D.

Eso permite relacionar físicamente el vehículo con ese punto, siempre que mantengáis bien establecida la recogida y la cadena de custodia, que por lo que he revisado están correctas.

La cuestión de cuándo se desprendió necesita otra referencia.

Mara había llegado a la misma limitación.

El fragmento demostraba que una pieza de aquella furgoneta había terminado junto al pilar sur, pero Los Cárdenos era una finca de trabajo y Rubén llevaba años moviéndose por explotaciones de la zona.

Si el vehículo hubiera pasado por D días antes, la correspondencia física seguiría siendo exactamente la misma.

—Necesitamos saber cuándo estaba intacta —dijo.

Óscar, que acababa de entrar con una carpeta y un portátil, oyó la frase.

—Por eso he traído esto.

Había pasado parte de la mañana revisando material que UOPJ había asegurado durante las comprobaciones de vehículos de Andaraje.

Entre esas imágenes estaba la grabación de la cámara del patio de la empresa, la misma que permitía fijar movimientos de entrada y salida sin ofrecer un seguimiento continuo una vez que los vehículos abandonaban las instalaciones.

Colocó el portátil en otra mesa.

—La cámara no está pensada para mirar los bajos de una furgoneta, pero hay una pasada que nos sirve.

Buscó la secuencia correspondiente al jueves 22. La hora del sistema ya había sido comprobada durante la investigación y la grabación original se conservaba por el procedimiento establecido. A las 04:27, la furgoneta larga de Rubén salió del patio de Andaraje.

El ángulo mostraba durante unos segundos el lateral derecho.

Óscar congeló la imagen.

La calidad no permitía estudiar pequeños arañazos, pero la moldura inferior se distinguía como una línea oscura continua.

—Amplía solo lo que permita la imagen —dijo Mara.

—Ya lo hemos hecho. Si fuerzo más, no obtengo detalle nuevo, solo píxeles más grandes.

Mostró una segunda captura preparada a partir del original. En ella se apreciaba mejor la zona que ahora presentaba la rotura. El revestimiento aparecía completo cuando el vehículo salía del patio.

Mercedes comparó la posición con las fotografías recién tomadas.

—La zona corresponde.

—¿Podemos afirmar que la pieza estaba intacta? —preguntó Irene.

La especialista estudió la imagen antes de contestar.

—Podemos afirmar que en esta grabación no se aprecia la pérdida de material que existe ahora y que la silueta del revestimiento es continua en el punto correspondiente. Si queréis una redacción más técnica, la prepararé después de revisar el original con calma.

Mara miró la hora otra vez.

04:27.

El fragmento había sido recogido junto al pilar de D durante la inspección de Los Cárdenos iniciada tras el hallazgo del cuerpo.

Eso reducía de manera drástica el intervalo posible: la moldura seguía completa cuando la furgoneta abandonó Andaraje y una parte de ella estaba ya en el acceso sur cuando Criminalística trabajó allí unas horas más tarde.

—Ya no estamos hablando de un roce de la semana anterior —dijo Andrés.

—No —respondió Irene.

Óscar pasó a otra parte del vídeo.

—Hay algo más que conviene mantener separado.

La grabación de las 04:27 coincide con la asignación de la furgoneta a Rubén y con su propia declaración de que él la condujo durante esa parte de la jornada.

La cámara no nos da una imagen facial útil todo el tiempo, pero no dependemos solo de ella para atribuirle la salida del vehículo.

Mara recordó la entrevista del sábado. Rubén había insistido en que nadie más había utilizado la furgoneta aquella madrugada y había presentado esa afirmación como una forma de reforzar su parte de trabajo: salió hacia el siguiente servicio y no realizó otras paradas.