El olivar vacío (Los casos de Mara Valdés 4) Capítulo 17
43%

Capítulo 17

El borde de hormigón

La doctora Julia Narváez se detuvo junto a la estructura de riego y observó primero el borde y después el terreno que descendía a su espalda.

—Aquí sí —dijo.

Mara esperaba una explicación más larga, pero la forense aguardó hasta que Irene terminó de hablar con la especialista de Criminalística que las acompañaba.

Eran algo más de las doce y el sol caía casi vertical sobre Los Cárdenos.

El hormigón devolvía una claridad incómoda que obligaba a entornar los ojos y, a pesar de llevar pocos minutos allí, el calor ya empezaba a hacerse notar.

Habían dedicado la mañana a comprobar el trabajo que Tomás había pagado directamente a Rubén: un servicio real, realizado con recursos de Andaraje y fuera de los partes de la empresa.

Aquella irregularidad abría una línea concreta sobre lo que Pilar había estado revisando, pero ahora tenían delante una cuestión distinta.

Necesitaban saber qué podía sostener Medicina Legal sobre su muerte y, sobre todo, dónde se había producido.

Andrés y Óscar permanecían unos pasos atrás, fuera del espacio que Criminalística había vuelto a delimitar para aquella revisión.

La escena había sido documentada seis días antes, las muestras relevantes estaban recogidas y el cuerpo llevaba tiempo fuera de allí, de modo que no quedaban rastros visibles que un profano pudiera interpretar.

Habían regresado para relacionar los resultados médicos con un lugar que, visto únicamente en fotografías, parecía bastante más sencillo de lo que era en realidad.

Julia señaló el borde superior de la pieza de hormigón.

—La lesión principal está en la región occipital. Por morfología y localización, encaja con un impacto contra una superficie dura de estas características.

—¿Encaja o puedes situarlo aquí? —preguntó Irene.

—La lesión por sí sola no sitúa nada. Para eso necesitamos la escena.

La especialista de Criminalística abrió una carpeta y mostró varias fotografías tomadas el jueves. En una aparecía el tramo superior del borde con una referencia métrica; otra recogía una pequeña zona señalada antes de tomar las muestras.

—Aquí se fijó material biológico. La analítica confirma que es sangre de Pilar.

En la imagen apenas se apreciaba una mancha pequeña sobre el hormigón. Julia comparó la fotografía con la estructura que tenían delante antes de continuar.

—Esto, unido a la lesión y a la posición en la que apareció el cuerpo, permite sostener que el impacto principal se produjo aquí.

Mara observó el espacio entre el carril y el pequeño desnivel.

Había pasado por aquel punto varias veces desde el primer día, pero hasta entonces C había sido, sobre todo, el lugar donde encontraron a Pilar.

La combinación de la lesión y la sangre fijaba algo más preciso: allí había recibido el golpe que le causó la muerte.

—¿Pudo llegar herida desde otro punto y caer aquí después? —preguntó.

Julia negó con calma.

—No es lo que mejor explica el conjunto. La lesión principal es compatible con este contacto y tenemos sangre en el borde. No hay indicios que me hagan pensar en una agresión craneal previa seguida de un segundo golpe accidental aquí.

—¿Y que trasladaran el cuerpo?

—Tampoco tenemos elementos que lo sostengan.

La especialista de Criminalística intervino para completar la explicación.

—En el entorno inmediato no encontramos una secuencia compatible con arrastre. Ya figuraba en la inspección inicial, pero ahora podemos relacionarlo con la conclusión médico-legal.

Irene pasó una página de la carpeta.

—Entonces trabajamos con C como lugar de la caída.

—Con lo que tenemos, es la conclusión más sólida —confirmó Julia.

Andrés miró hacia el carril por el que habían llegado.

—¿Y el vehículo?

La forense entendió enseguida la pregunta.

—Pilar no murió atropellada. No hay lesiones de aplastamiento ni un patrón traumático compatible con que un vehículo pasara sobre ella.

Tampoco veo un golpe de carrocería como mecanismo principal.

Murió por el traumatismo craneoencefálico que sufrió al impactar la parte posterior de la cabeza contra una superficie dura.

Óscar señaló hacia el sector donde Criminalística había documentado las rodadas durante los primeros días.

—Entonces ninguna huella de neumático explica la muerte.

—Desde Medicina Legal, no.

Mara pensó en Mateo. Durante dos días, sus rodadas habían pesado porque el pickup había estado en un lugar al que él aseguraba no haber entrado.

Después, aquella mentira había terminado proporcionando el último avistamiento conocido de Pilar con vida.

Una marca podía demostrar una presencia y, al mismo tiempo, no tener relación alguna con la violencia que estaban investigando.

—¿Puedes determinar cómo empezó la caída? —preguntó.

Julia volvió a observar el borde.

—Puedo deciros cómo terminó. La cabeza golpeó aquí durante una caída hacia atrás o con un componente claro hacia atrás. Lo que ocurre inmediatamente antes no está escrito en la lesión.

—¿Un tropiezo?

—Es posible.

—¿Una pérdida de equilibrio?

—También.

—¿Un empujón?

—También.

Andrés dejó escapar el aire despacio.

—Eso nos deja bastante margen.

—Os deja el margen que existe. Si alguien espera que una autopsia distinga entre un empujón y un mal paso únicamente por una lesión en la cabeza, va a salir decepcionado.

Mara agradecía aquella clase de respuesta. Julia no les entregaba una causa que el cuerpo no podía demostrar, pero sí eliminaba escenarios que hasta entonces podían seguir confundiendo la investigación.

Se colocó a una distancia prudente del punto desde el que Pilar habría caído.

La estructura protegía parte de la conducción y salvaba una diferencia pequeña de nivel entre la zona de servicio y el terreno inmediato.

No era un precipicio ni un lugar que alguien evitara instintivamente al caminar, precisamente por eso podía volverse peligroso en un movimiento brusco: bastaban unos pasos hacia atrás para que el borde quedara a la altura de las piernas.

—¿Hace falta mucha altura para producir una lesión así? —preguntó.

—No. Intervienen la forma de caer, la energía, la posición del cuerpo y el punto de impacto. Y el hormigón no cede.

Julia se apartó ligeramente para permitirles observar mejor la superficie.

—Lo que sí puedo deciros es que no parece el simple desplome de una persona que pierde el conocimiento y cae verticalmente sobre sí misma. Hay desplazamiento hacia atrás.

—¿Con fuerza? —preguntó Mara.

—Con energía suficiente para que la cabeza alcance el borde de esa manera. Pero no traduzcas eso automáticamente por «alguien la lanzó». Un forcejeo, un empujón, un retroceso brusco o una pérdida de equilibrio mientras se mueve pueden producirlo.

El límite quedaba suficientemente claro. Medicina Legal podía describir la mecánica de la caída; determinar qué acción humana la había provocado correspondía a la investigación.

Irene preguntó después por el momento de la muerte.

—¿Has podido estrechar la franja?

—No hasta el minuto que os gustaría.

—No necesito un minuto.

—Mejor.

Julia repasó lo que ya había adelantado en sus comunicaciones anteriores.

Los datos disponibles permitían situar la muerte dentro de una franja compatible con los movimientos que estaban investigando, pero la temperatura de aquella madrugada, los cambios post mortem y los márgenes propios del examen impedían convertir aquella estimación en un reloj preciso.

—El testimonio de Mateo os da un límite inicial mejor que cualquier cálculo mío —añadió—. Si lo sitúa hablando con Pilar viva entre las cinco y cinco y las cinco y ocho, y ese dato se sostiene, tenéis un punto temporal más fiable que una estimación médico-legal.

—Y a las cinco y once habla con Rubén —dijo Andrés.

Julia lo miró.

—Eso ya es vuestro.

No preguntó quién era Rubén ni por qué aquella llamada había adquirido importancia. La separación le pareció adecuada a Mara. Cada especialista tenía que aportar aquello que podía sostener y dejar el resto donde correspondía.

Mara se desplazó hacia el carril. Desde allí veía el ensanche B y, a pocos metros, la estructura de hormigón.

No necesitaba recurrir al plano para comprender la relación entre ambos puntos: un vehículo podía quedar estacionado en el ensanche mientras dos personas continuaban una conversación junto a C.

Julia siguió su mirada.

—¿A qué distancia estaba el coche de Pilar?

Óscar señaló el punto fijado durante la inspección.

—Aparcado en el ensanche.

La forense observó la separación.

—No necesito el coche para explicar la lesión.

—Lo sabemos —respondió Irene—. Intentamos separar las dos cosas.

Eso era también lo que Mara estaba haciendo.

Desde el principio, la escena había mezclado elementos que no tenían por qué pertenecer al mismo instante: el vehículo de Pilar, las rodadas de Mateo, el fragmento recogido junto al pilar sur, el tráfico normal de las explotaciones y la incidencia de riego que había provocado el cambio de la cuadrilla.

La conclusión médico-legal permitía aislar al menos una parte de todo aquel ruido: Pilar había sufrido la caída junto al hormigón y los vehículos, si terminaban siendo relevantes, servirían para determinar quién había podido llegar hasta allí y marcharse después.

Andrés se acercó al borde sin cruzar el límite señalado por Criminalística.

—Si alguien la empuja desde aquí, ¿cae directamente contra la esquina?

Julia le dirigió una mirada que bastó para detener cualquier intento de reconstrucción apresurada.

—No coloquemos personas donde no sabemos que estaban ni reproduzcamos una escena que nadie vio.

—Preguntaba por la geometría.

—Y la geometría permite esa caída, pero también otras. El lugar no puede deciros por sí solo dónde estaba cada persona ni qué hizo inmediatamente antes.

Mara sonrió apenas.

—Eso también va por mí.

—Sobre todo por ti, si eres la que mira los caminos.

Julia había trabajado con ellos el tiempo suficiente para conocer la forma en que razonaba Mara, aunque no perteneciera a su equipo habitual.

La observación no tenía tono de reproche.

Precisamente porque el espacio era una de sus mejores herramientas, también podía inducirla a completar demasiado pronto aquello que faltaba.

Irene cerró la carpeta.

—Necesito entonces una redacción clara para las diligencias: caída con impacto occipital contra el borde, lesión mortal, sin atropello y sin elementos que indiquen traslado.

—Con los matices correspondientes.

—Siempre.

La especialista de Criminalística tomó algunas fotografías de referencia para documentar la visita conjunta y los puntos utilizados en la valoración. Nadie intentó recrear la posición del cuerpo ni añadió marcas nuevas al suelo.

Cuando terminaron, caminaron hacia el ensanche. El todoterreno de Pilar ya no estaba, aunque su posición se conservaba en las fotografías y mediciones del primer día. Andrés se detuvo cerca del lugar donde había quedado aparcado.

—Si Rubén vino después de la llamada, habría entrado por el norte.

Mara lo miró.

—Si vino.

—Sí.

No era una precisión innecesaria. Desde aquella mañana tenían confirmado al menos un trabajo irregular de Rubén y seis servicios que Pilar no había conseguido cerrar con la documentación disponible.

Era fácil empezar a hablar de sus movimientos como si la investigación ya los hubiera demostrado, cuando todavía seguían trabajando con una llamada, un parte que parecía situarlo en otra explotación y varias comprobaciones pendientes.

Óscar señaló hacia la entrada norte.

—Con una furgoneta larga se llega hasta aquí sin problemas.

—Eso nunca se ha discutido —dijo Andrés.

—Lo que Rubén sostiene es que su vehículo no resulta práctico en este sector porque no tiene maniobra para girar con normalidad.

Mara recordó cómo lo había explicado: Los Cárdenos era un lugar poco adecuado para su furgoneta, demasiado larga para desenvolverse cómodamente en el ensanche si había material o vehículos ocupando parte de la zona de servicio.

Hasta aquel momento no habían tenido una razón suficiente para comprobar técnicamente esa afirmación.

Ahora, después de fijar C como lugar de la caída, la forma en que un vehículo podía entrar y salir adquiría otro valor.

Irene se acercó.

—Esta tarde tendremos el vehículo de comparación.

Óscar asintió.

—Misma categoría y longitud muy parecida. No es el de Rubén.

—¿Quién hará la prueba? —preguntó Mara.

—Un técnico de automoción y un conductor acostumbrado a ese tipo de furgoneta. Nosotros observaremos y documentaremos.

Andrés recorrió con la vista el ensanche.

—Apuesto a que aquí no gira.

Mara hizo lo mismo. La caseta quedaba a un lado, el material de trabajo ocupaba parte del otro y las hileras de olivos delimitaban el espacio disponible. Un vehículo corto podía maniobrar sin demasiados problemas; uno largo necesitaría abrir mucho el giro.

—Puede que Rubén dijera la verdad en eso.

—Una novedad —respondió Andrés.

—Las coartadas buenas suelen apoyarse en alguna parte verdadera.

Irene había oído el comentario.

—Primero hagamos la prueba.

Julia se despidió junto a los vehículos, pero Mara quiso aclarar una última cuestión antes de que se marchara.

—Cuando escribas «caída violenta», ¿qué significa exactamente?

La forense apoyó la carpeta contra la puerta de su coche.

—Que el traumatismo no corresponde a una persona que simplemente sufre una indisposición y aparece tumbada en el suelo.

Hubo una caída con desplazamiento y un impacto con energía suficiente para causar la lesión mortal.

Eso no significa que yo pueda deciros quién estaba delante de Pilar ni qué hizo.

—Eso quería aclarar.

—Pues eso tendrás.

Julia arrancó y salió por el acceso norte. Irene recibió una llamada y se apartó con Óscar para atenderla mientras Andrés guardaba una de las carpetas en el coche oficial.

Mara permaneció unos segundos junto al ensanche.

La investigación había empezado con un olivar vacío y, después, había ido acumulando un problema de riego, unas rodadas, una cuadrilla enfadada y una sucesión de partes que podían esconder desde simples errores hasta algo mucho más serio.

Frente a todas aquellas líneas, el lugar donde se había producido la muerte resultaba sorprendentemente reducido: unos pocos metros entre B y C y un borde de hormigón que durante días había sido solo otra pieza de una instalación agrícola.

Ya podían sostener que Pilar había sufrido allí la caída mortal. Lo que todavía no sabían era quién había estado con ella cuando ocurrió.

Andrés cerró la puerta del coche.

—A las cuatro traen la furgoneta.

Mara observó una vez más el espacio disponible en el ensanche.

—Entonces veremos cuánto de lo que dice Rubén resiste cuando pongamos un vehículo de ese tamaño aquí.

La siguiente comprobación no resolvería la muerte de Pilar, pero podía decidir si una de las explicaciones de Rubén se sostenía en el terreno.