Capítulo 12
La puerta sur
En una de las fotografías del primer día, la cadena parecía cerrar la salida sur.
Óscar amplió la imagen en la tableta hasta que se distinguieron los dos pilares. La cadena cruzaba el hueco de uno a otro, enganchada en una pieza metálica del lado derecho. Del último eslabón colgaba un candado.
—Mírala bien —dijo.
Mara acercó la tableta sin aumentar más la imagen. A primera vista, la entrada parecía clausurada. El candado estaba allí, la cadena atravesaba el paso y cualquiera que recordara la escena de lejos habría podido describirla como cerrada.
El problema estaba en la unión con el pilar.
—El candado no sujeta la cadena al cierre —dijo.
—Eso es.
Habían vuelto a Los Cárdenos después de comer.
El sol caía sobre la finca con la misma dureza de los días anteriores y el camino del sur levantaba polvo incluso bajo las botas.
Andrés estaba unos metros más allá, hablando con Marta Roldán junto a su todoterreno.
Óscar había preferido empezar por las fotografías antes de tocar la cadena actual, que desde las primeras actuaciones había sido movida varias veces.
En la imagen, el extremo derecho descansaba en un gancho ancho. El candado pasaba por un eslabón, pero no atravesaba ninguna argolla del pilar.
—Para abrirla no hacía falta llave —dijo Mara.
—Bastaba levantarla del gancho.
Óscar pasó a la fotografía siguiente. Se veía la misma entrada desde el interior. La posición de la cadena era más clara: estaba colocada, pero no bloqueada con candado.
—¿A qué hora se hizo esta foto?
—Después de las primeras actuaciones en el sector. No sirve para decir cómo estaba a las cinco y media. Para eso no tenemos una imagen.
Ese límite importaba. Mateo había declarado que, cuando entró antes de ver a Pilar, la cadena estaba apartada y no tuvo que bajar del pickup para moverla. La fotografía posterior mostraba otra posición. Entre ambos momentos había un intervalo que no podían rellenar suponiendo quién la había tocado.
—Entonces la foto nos da el sistema de cierre y un estado posterior —dijo Mara—. No el minuto en que cambió.
—Exacto.
Andrés se acercó con Marta.
—Dice que esto se deja cerrado siempre.
Marta lo corrigió en el acto.
—He dicho que se procura dejar cerrado. No que yo lo viera el jueves.
—Eso es precisamente lo que estamos intentando separar.
La administradora miró la cadena que en ese momento colgaba recogida de uno de los pilares. Llevaba una carpeta bajo el brazo y gafas de sol sobre la cabeza.
—Ese acceso casi no se usa. Si alguien entra por ahí y se va sin volver a poner la cadena, luego viene cualquiera y se mete.
—¿Con candado? —preguntó Mara.
Marta tardó un instante.
—Normalmente sí.
—¿Quién tiene llave?
—Yo, mis hermanos y dos personas que trabajan con nosotros. Pilar sabía dónde se guardaba una copia cuando tenía que pasar por aquí.
Óscar intervino.
—Pero esta fotografía demuestra que ese día, cuando se tomó, el candado no estaba cerrando la cadena.
Marta observó la pantalla.
—Pues alguien la dejaría puesta sin echarlo.
—¿Lo viste tú?
—No.
—¿Estuviste en esta entrada el jueves por la mañana?
—No.
Mara dejó la cuestión allí. El recuerdo de una rutina tenía valor para entender cómo funcionaba la finca, pero no podía convertirse en memoria de una mañana que Marta no había presenciado.
Andrés se agachó junto al pilar derecho. Sin tocar la pieza metálica, siguió con la vista el recorrido que haría la cadena al soltarse.
—Si está así, visualmente parece cerrada desde lejos.
—Sí —dijo Óscar—. Y si llegas en un vehículo, tienes que parar y bajarte para retirarla. Pero no necesitas llave.
—Siempre que estuviera así en ese momento —añadió Mara.
Óscar asintió.
Marta se volvió hacia ella.
—¿Creéis que alguien salió por aquí?
—Estamos comprobando si podía hacerse —respondió Mara—. No es lo mismo.
La frase no pareció tranquilizarla, aunque tampoco insistió.
El acceso sur resultaba más estrecho que el norte incluso sin la cadena.
Los pilares de piedra reducían el hueco y el carril exterior se desviaba apenas unos metros después.
Desde dentro, un conductor tenía que centrar bien el vehículo antes de pasar; fuera, el firme empeoraba y obligaba a avanzar despacio.
Óscar sacó una cinta métrica.
—Criminalística ya tomó las medidas generales el primer día. Quiero comprobar que trabajamos con la misma referencia.
No pidió a Mara ni a Andrés que sostuvieran la cinta. Un agente de la UOPJ que los acompañaba se encargó del otro extremo. La medición confirmó la anotación previa.
—Para un turismo sobra —dijo Andrés.
—Para una furgoneta también puede haber anchura suficiente dependiendo de cuál sea —respondió Óscar—. Otra cosa es cómo llegue al hueco y qué margen tenga con los retrovisores.
Mara miró el trazado desde el interior. La longitud de un vehículo afectaba sobre todo a las maniobras anteriores, no a la anchura de un paso recto.
Aun así, no tenían ninguna razón para convertir aquella observación en una prueba improvisada.
La línea de la furgoneta grabada a las 05:42 acababa de abrirse y aún existían varios vehículos compatibles.
—No hagamos una prueba con una furgoneta porque tenemos una furgoneta en un vídeo —dijo.
Óscar recogió la cinta.
—No pensaba hacerlo hoy.
—Te lo digo también a ti —añadió Andrés.
Mara lo miró.
—Gracias.
Marta terminó por sonreír, aunque fue algo breve.
Caminaron unos metros por el carril exterior.
Desde allí se alcanzaba otra vía agrícola que después comunicaba con la red de caminos de la zona.
Ya lo habían visto durante la primera visita, pero esta vez el interés no estaba en reconstruir una ruta completa.
Bastaba con fijar una cosa: la salida sur no desembocaba en un espacio cerrado ni obligaba a regresar a Los Cárdenos.
—La cámara de esta mañana queda hacia allí —dijo Óscar, señalando una dirección que el terreno ocultaba.
—¿Distancia? —preguntó Andrés.
—La mediremos cuando tengamos una ruta concreta que comparar. Hay más de una forma de llegar al cruce.
Mara agradeció la respuesta. Habían cometido pocos errores de precisión hasta ese momento y no quería empezar a fabricar minutos porque un vehículo borroso hubiera aparecido en una pantalla.
Volvieron a los pilares.
Marta había abierto su carpeta y revisaba varias hojas.
—Aquí tengo una foto del invierno pasado —dijo—. No sé si os sirve.
Era una imagen hecha con el móvil desde el carril exterior. Se veía un tractor pequeño junto a la entrada y la cadena recogida en un lateral. El pilar derecho mostraba ya varios roces y manchas claras.
—Nos sirve para saber que algunos daños son anteriores —dijo Óscar.
—Ese pilar lleva años recibiendo golpes. Por eso digo que por aquí no se suele meter nadie grande.
—Que no se suela usar no significa que no pueda usarse —dijo Andrés.
—No he dicho que sea imposible.
Mara miró la fotografía antigua y después el pilar real. Los roces se extendían a distintas alturas y no podían leerse como una marca única. Era justo el tipo de superficie en la que una señal reciente podía confundirse con años de uso.
Óscar abrió entonces el inventario de Criminalística.
—Hay una cosa más que quiero recuperar ahora que estamos revisando este punto.
No necesitó explicar cuál. Mara recordó la pequeña pieza negra que les habían enseñado durante la primera visita, recogida junto a la base del pilar.
En la ficha aparecía fotografiada sobre una escala métrica. Era un fragmento de plástico oscuro, irregular, de pocos centímetros.
—Sigue sin origen asignado —dijo Óscar—. Está documentado y embalado desde el jueves.
Marta se acercó.
—¿Eso estaba aquí?
—Junto al pilar, sí.
—Puede ser de cualquier cosa. Aquí se rompen cajas, tubos, protectores...
—Puede —respondió Óscar.
Andrés examinó la fotografía.
—¿Criminalística ha podido concretar algo?
—De momento, material plástico y morfología. Nada que permita decir de qué objeto procede. Sin una pieza con la que comparar, no nos lleva a ninguna parte.
Mara devolvió la tableta. La importancia del fragmento no había cambiado por aparecer una furgoneta en una cámara. Si empezaban a tratar cada resto oscuro como parte de un vehículo, terminarían obligando a la escena a contar la historia que acababan de imaginar.
—Déjalo donde está en la relación —dijo—. Si aparece algo con lo que compararlo, se compara. Antes no.
Óscar cerró el inventario.
Marta miró de nuevo los pilares.
—¿Entonces vais a revisar todos los coches que pasan por aquí?
—No —dijo Andrés—. Vamos a comprobar los vehículos que tengan una relación razonable con la franja y con el recorrido. Y aun así, una coincidencia de color o tamaño no bastará.
—La furgoneta de Andaraje es grande.
La mención llegó sin que nadie se la hubiera pedido.
Mara la observó.
—Andaraje tiene varios vehículos.
—Ya. Pero Rubén lleva normalmente la larga.
—Eso también lo sabemos.
Marta se encogió de hombros.
—Solo lo digo porque me habéis preguntado por furgonetas estos días.
—Y haces bien en decirlo. Nosotros decidiremos qué valor tiene.
Mara no quiso ir más lejos. La fotografía de las 05:42 hacía inevitable que la furgoneta de Rubén apareciera en las conversaciones, pero todavía no podían dejar que cada persona del entorno empezara a construirles la misma hipótesis.
Había otras furgonetas, una coartada documental sin terminar de verificar y un paso sur cuya apertura física acababan de confirmar sin saber quién lo había utilizado.
Óscar llamó a Irene para resumir la comprobación.
Habló unos minutos apartado del grupo y terminó con una formulación que Mara consideró exacta: la cadena podía ofrecer apariencia de cierre sin estar candada; el acceso sur era practicable y no había una barrera física que obligara a descartarlo.
La posición de la cadena durante la franja crítica seguía sin fijarse.
Cuando colgó, Andrés señaló la salida.
—Entonces eliminamos «puerta cerrada».
—De nuestras notas, sí —dijo Mara—. De los testimonios, no. Si alguien dijo que estaba cerrada, tiene que quedar como lo dijo.
—Aunque sepamos que estaba recordando la costumbre.
—Precisamente por eso.
Marta guardó sus papeles y se marchó hacia el todoterreno. El agente territorial tomó unas últimas fotografías del mecanismo de cierre y Óscar comprobó que las medidas coincidían con las del primer día.
Antes de regresar al vehículo, Mara se quedó un momento frente a la salida. Los dos pilares seguían haciendo que el paso pareciera más incómodo de lo que era desde el plano. La cadena añadía una impresión todavía más sencilla: entrada cerrada, recorrido inútil.
La escena real admitía más matices. Había un paso estrecho, una cadena que podía levantarse sin llave y un carril que continuaba hacia el exterior. Nada de eso identificaba al vehículo de las 05:42 ni explicaba el fragmento negro.
Al volver a la carpeta de trabajo, Mara sustituyó la anotación «salida sur cerrada» por una descripción más precisa: «cadena colocada; candado sin cierre acreditado».
Era suficiente por aquella tarde.