Capítulo 11
Una furgoneta larga
La furgoneta permanecía en pantalla menos de cuatro segundos.
Óscar hizo retroceder la grabación y volvió a dejarla correr.
La imagen era en blanco y negro, tomada todavía en modo nocturno por una cámara privada orientada hacia un cruce agrícola.
Primero aparecía el resplandor de los faros sobre el firme.
Después, un vehículo claro atravesaba el encuadre de izquierda a derecha y desaparecía detrás del borde de una nave.
—Otra vez —dijo Andrés.
Óscar repitió la secuencia.
Era lunes por la mañana y la sala de trabajo de la UOPJ estaba más llena que durante el fin de semana.
Irene ocupaba una silla junto al extremo de la mesa; Mara y Andrés se habían colocado frente al monitor.
Sobre la pared seguía abierta la cronología del jueves, aunque la pizarra había ganado hojas, referencias y nombres desde la última vez que Mara la había mirado con calma.
—La cámara la localizó una patrulla el sábado —explicó Óscar—. El propietario conserva varios días y nos facilitó la grabación. Ayer comprobamos el reloj del sistema. Tiene una desviación pequeña y estable. Corregida, esta pasada queda en las cinco cuarenta y dos.
—¿Dónde está la cámara? —preguntó Mara.
Óscar señaló un plano de caminos que había extendido junto al teclado.
—Aquí. Bastante lejos de Los Cárdenos como para que la imagen no nos diga de qué finca viene. Este cruce recoge tráfico de varios carriles agrícolas y acaba comunicando con la carretera local.
Mara siguió las líneas sin intentar convertirlas todavía en una ruta.
Desde Los Cárdenos se podía llegar a aquella red por más de un camino.
También podían hacerlo vehículos procedentes de otras explotaciones, de naves cercanas o de pueblos de la zona.
La grabación aportaba una hora y una clase aproximada de vehículo; todo lo demás necesitaba comprobación.
Óscar pausó el vídeo en el fotograma más limpio.
—Lo que podemos sostener es esto: furgoneta clara, larga, probablemente de batalla larga. La matrícula no se lee.
Andrés acercó la silla.
—Se parece a la de Rubén.
Irene lo miró.
—Y a unas cuantas más.
—He dicho que se parece.
—Eso sí.
Mara observó la silueta. La longitud se apreciaba mejor que cualquier otro detalle porque el vehículo ocupaba buena parte del encuadre al atravesarlo.
La parte trasera era alta y recta. El frontal quedaba parcialmente quemado por los faros y la matrícula se convertía en una mancha blanca sin caracteres distinguibles.
—¿Marca o modelo? —preguntó.
—No con fiabilidad —respondió Óscar—. Criminalística puede trabajar sobre proporciones y altura, pero de aquí no vamos a sacar una matrícula que no existe ni un logotipo que no se ve.
—Mejor así.
Andrés sonrió sin apartar la vista del monitor.
—Eso ha sonado a alivio.
—Me alivia que nadie intente ampliar seis píxeles hasta inventarse una prueba.
Irene pidió que dejaran el fotograma fijo y se levantó para mirar el plano.
—Tenemos una furgoneta compatible en una franja interesante. Eso es todo por ahora. La pregunta es cuántas más pueden estar en la misma situación.
Óscar ya había empezado a responderla. Durante el domingo, la UOPJ había pedido información sobre vehículos de empresas agrícolas, mantenimiento, riego y servicios que trabajaban habitualmente en aquella zona.
No se trataba de construir un censo imposible de todas las furgonetas blancas de Jaén, sino de identificar las que tenían una razón conocida para circular por esos caminos antes de las seis.
Había varias.
Algunas pertenecían a empresas con trabajo programado en fincas próximas.
Otra era de un instalador que empezaba temprano durante el verano.
Dos vehículos semejantes figuraban vinculados a servicios agrarios con rutas todavía pendientes de concretar.
La furgoneta de Rubén encajaba por tamaño y color, pero la imagen no permitía separarla de las demás solo por apariencia.
—¿Qué sabemos de esas rutas? —preguntó Mara.
—Lo suficiente para descartar alguna, no para quedarnos con una —dijo Óscar—.
Hay una que aparece en otra cámara más al norte poco después.
Otra tiene dos trabajadores que dicen haber salido juntos desde una nave.
Hay que comprobarlo. Y de las demás seguimos pidiendo partes, avisos y quién conducía.
Andrés señaló la hora de la grabación.
—Si esta fuera la de Rubén, el parte de las cinco y cuarto no aguantaría.
—Si fuera la suya —repitió Irene.
—Ya.
El matiz era importante. El sábado, el documento de Andaraje había colocado a Rubén en otro servicio desde las 05:15.
Todavía estaban verificando quién había visto llegar la furgoneta, a qué hora y cómo se había confeccionado aquel parte.
La grabación no destruía la coartada porque no identificaba el vehículo. Tampoco permitía ignorarla.
Mara repasó mentalmente el orden de la madrugada.
Mateo había situado a Pilar viva entre las cinco y cinco y las cinco y ocho.
A las 05:11, Pilar había hablado con Rubén.
Cuatro minutos después, según el parte, él ya trabajaba en otra explotación.
Y a las 05:42 una furgoneta larga circulaba por una red de caminos compatible con varios orígenes.
La secuencia seguía teniendo demasiados huecos para elegir el que más convenía.
—Quiero ver el original, no solo esta exportación —dijo.
Óscar asintió.
—Lo tenemos conservado. Esto es una copia de trabajo.
—Y el encuadre completo, unos minutos antes y después.
—También.
Reprodujo la grabación desde las 05:35. Durante dos minutos no pasó nadie.
Después cruzó un turismo pequeño en sentido contrario.
A las 05:42 apareció la furgoneta. Un minuto más tarde, la cámara volvió a mostrar el camino vacío.
Hacia las 05:47 pasó un tractor despacio, ocupando casi todo el ancho del cruce.
—¿El agricultor del tractor está localizado? —preguntó Andrés.
—Sí. No recuerda una furgoneta concreta. Dice que a esas horas se cruza con vehículos todos los días en verano.
—Tiene sentido.
Óscar adelantó unos minutos más. No apareció nada que ayudara.
—El cruce tiene polvo —dijo Mara—. ¿La furgoneta deja algo visible al pasar?
—En esta imagen, no de manera útil. Y aunque viéramos una nube de polvo, no nos diría de dónde viene.
Mara dejó el vídeo y volvió al plano. Una cámara fija podía dar una falsa sensación de precisión. Ponía un vehículo en un punto y una hora, pero no mostraba los kilómetros anteriores. Había que resistirse a rellenarlos con el recorrido que mejor encajara.
—¿Desde la salida sur de Los Cárdenos se puede llegar a este cruce sin incorporarse antes a una carretera principal?
Óscar señaló dos enlaces.
—Sí, por caminos agrícolas. También puedes llegar desde al menos tres explotaciones grandes y varias parcelas menores. El trazado exacto que escogería una furgoneta depende del estado del firme y de adónde vaya después.
—¿Habéis recorrido ya la opción desde Los Cárdenos?
—Una vez, pero no quiero darte un tiempo todavía. La hicimos a media mañana y había maquinaria donde el jueves no sabemos si la habría. La repetiremos cuando tengamos claro qué recorrido merece la pena comparar.
Mara agradeció que no hubiera convertido una prueba aproximada en un dato de cronómetro. En investigaciones de ese tipo, un minuto mal tratado podía terminar pareciendo más sólido que un testigo.
Irene regresó a su silla.
—Vamos a separar trabajo. Óscar sigue con las furgonetas y las cámaras.
Andrés, quiero que revises con él los servicios que empiezan antes de las seis y quién puede confirmar la presencia física de cada vehículo.
Mara, tú y yo vemos qué necesita Noelia para cruzar esto con los movimientos de Andaraje sin meter la matrícula de Rubén en cada casilla desde el principio.
—Le va a encantar que se lo digamos así —comentó Andrés.
—Precisamente por eso.
Noelia respondió a la videollamada desde Madrid unos minutos después. Tenía detrás una pared blanca y, en la pantalla compartida, la tabla de Pilar ocupaba casi todo el espacio.
—No me metáis una furgoneta anónima como si fuera una persona —dijo en cuanto Irene explicó el hallazgo.
—Buenos días para ti también —respondió Andrés.
—Son las nueve y cuarto. Ya hemos superado los buenos días.
Mara le resumió la grabación: furgoneta clara, larga, 05:42, matrícula ilegible, varias alternativas locales.
Noelia amplió una hoja con asignaciones de vehículos.
—Entonces necesito características, no conclusiones. Longitud aproximada cuando la tengáis, tipo de carrocería, si se puede estimar altura y, sobre todo, qué vehículos de Andaraje estaban asignados a primera hora. Después ya veremos cuáles tenían que estar realmente donde dicen los papeles.
—La de Rubén está en la lista —dijo Andrés.
—La de Rubén estaba asignada a Rubén. Eso ya lo sabemos. Lo que no sabemos es si la que sale en el vídeo es esa.
Andrés levantó las manos ante la cámara.
—Nadie ha dicho lo contrario.
—Todavía.
Irene intervino antes de que siguieran.
—El parte lo sitúa en otro servicio a las cinco y cuarto. Estamos comprobándolo. No quiero que el vídeo nos haga trabajar hacia atrás para demostrar que el parte es falso.
—Perfecto —dijo Noelia—. Yo seguiré con las rutas documentales. Si una furgoneta figura en una finca a una hora y en otra demasiado pronto, os lo marco para que comprobéis qué ocurrió. Pero no voy a convertir distancia teórica en presencia física.
Mara miró la tabla que compartía. Desde el domingo, algunas filas habían cambiado de estado. Varias diferencias estaban ya explicadas por traslados reales, averías o correcciones ordinarias. Otras seguían abiertas.
—¿Te aparece algo de la madrugada del jueves? —preguntó.
—Todavía no quiero mezclar la revisión de Pilar con la investigación de su muerte. Son conjuntos que pueden cruzarse más adelante, pero si los uno ahora voy a acabar tratando cada anomalía como si fuera una ruta homicida.
—De acuerdo.
—Sí tengo una cosa útil para Óscar —añadió Noelia—. El listado de vehículos de Andaraje de esa semana. Os lo mando con las asignaciones tal como estaban antes de las correcciones posteriores. Así podéis comparar tamaños sin depender de quién dice hoy que llevaba qué.
Irene aceptó.
La llamada terminó y Óscar volvió a reproducir el vídeo, esta vez a velocidad normal. La furgoneta apareció, cruzó el encuadre y desapareció casi antes de que Mara pudiera fijarse en ella.
—Si no supiéramos la hora —dijo Andrés—, esto no nos llamaría la atención.
—Probablemente no —respondió Mara.
—Y si fuera una furgoneta corta, tampoco.
—Depende de qué estuviéramos buscando.
Andrés señaló el monitor.
—Pues ahora buscamos esta.
Mara no estaba segura de que fuera la expresión correcta, pero entendía lo que quería decir. Habían pasado cuatro días reconstruyendo personas, horarios y motivos para mentir. Por primera vez, un elemento ajeno a los testimonios introducía un vehículo largo en una franja próxima a la muerte.
Eso justificaba una comprobación. No una identidad.
Óscar cerró el reproductor y abrió una carpeta con fotografías de vehículos localizados durante el fin de semana. Había furgonetas de mantenimiento, servicios eléctricos, riego y empresas agrícolas. Algunas eran claramente más cortas que la del vídeo. Otras tenían proporciones parecidas.
—¿Cuántas quedan si descartamos las que no dan la longitud? —preguntó Irene.
—Hasta que Criminalística no nos dé una estimación razonable, prefiero no recortar demasiado. A ojo puedo equivocarme tanto como cualquiera.
—Bien.
Mara pasó las fotografías sin detenerse más en la de Andaraje que en las demás.
La furgoneta de Rubén tenía sentido dentro de la investigación por la llamada de las 05:11 y por el parte que estaban comprobando.
No necesitaban añadirle una semejanza visual exagerada para justificar que siguiera en la lista.
—Hay otra cosa —dijo Óscar.
Sacó una copia del plano de Los Cárdenos y marcó el acceso sur.
—Si un vehículo largo hubiera salido por aquí, el paso es estrecho. Ayer, al revisar fotografías del primer día, me llamó la atención la posición de la cadena. Los testimonios no coinciden sobre si estaba cerrada, echada o simplemente colocada.
Mara recordó el hueco entre los pilares y la cadena apartada durante el reconocimiento con Mateo.
—Eso sí podemos fijarlo mejor.
—Tenemos imágenes de las primeras actuaciones y gente que trabaja allí todos los días. Quiero volver esta tarde y separar lo que recuerdan por costumbre de cómo estaba realmente el jueves.
—Hazlo con Mara y Andrés. Yo me quedo con las comprobaciones del servicio de Rubén y las declaraciones que faltan.
—Volvemos a la puerta sur.
—A la puerta, no a la furgoneta —dijo Mara.
—Te prometo que intentaré contenerme.
Óscar guardó el vídeo original en la carpeta de trabajo y anotó la referencia de conservación.
En la pantalla quedó congelado el fotograma de las 05:42: una carrocería clara, demasiado larga para pasar inadvertida una vez que sabían qué estaban mirando y demasiado borrosa para decirles a quién pertenecía.
Irene apagó el monitor.
—Primero la puerta. Luego veremos qué vehículos podían usarla.
La reunión se disolvió en tareas concretas. Mara dejó la copia del fotograma junto al plano de Los Cárdenos y salió con Andrés y Óscar hacia el aparcamiento.