Epílogo #2
No. No. Aquello tenía que acabar. Habían acabado así por andarse con medias tintas. No. Si Agatha se hacía con la suya, se eliminaría al fin la vida biológica de aquel universo al completo.
«En esta ocasión, funcionará».
Sacó un encendedor del inventario y encendió un fuego en un barril. Espero unos minutos antes de dejar que las llamas se alzasen demasiado.
Tenía que cronometrarlo a la perfección.
—Tendremos que usar el plan de respaldo —dijo la princesa Formidable—. Esto es ridículo. Se ha descontrolado por completo. Tenemos que hacerlo saltar todo por los aires antes de que la IA infecte el sistema central.
—Las cosas no van así —dijo el representante de Fortent—. No hay pruebas de que pueda ocurrir algo así. Solo quieres usar el plan de respaldo porque mataría a tus hermanos y a tu padre al mismo tiempo.
La princesa Formidable gruñó.
—Yo misma estoy dentro del sistema. Estoy en órbita. ¿No ves que yo también moriría, idiota?
Un silencio fruto de la sorpresa se extendió por el consejo.
La princesa Formidable siguió hablando:
—Pero tienes razón. Me encantaría que destronasen a mi familia, porque todos son igual de tontos que tú, y los ciudadanos del Imperio Calavera llevan demasiado tiempo sufriendo bajo el yugo del torpe control de los míos.
Pero aquí hay mucho más en juego. Tenemos que hacer que esa estrella explote.
Tenemos que borrar del mapa este sistema planetario al completo.
Tenemos que hacerlo antes de que sea demasiado tarde.
Y no me refiero a hacerlo mañana. Tiene que ser ya.
—Señaló a la representante del gobierno de los Excavadores.
La mántide no había dicho una palabra desde que había dado comienzo aquella reunión del consejo de emergencia del Sindicato—.
Y ellos lo saben. Vendieron a los kua-tin una IA defectuosa y perturbada y permitieron que se instalase en el planeta.
—¡Eso es mentira! —gritó la mántide.
—¿Ah, sí? Entonces ¿por qué os habéis marchado del sistema?
Mirad lo que está pasando. Nuestras normas son las que provocaron la cuarentena, ¿no?
Pero ya no tenemos el poder de anularla.
La IA controla las puertas locales. ¿Crees de verdad que se está imponiendo una cuarentena a sí misma?
No, ¡lo que está haciendo es retenernos como prisioneros!
Somos rehenes y vamos a seguir siéndolo hasta que no nos necesite.
—Eso no es cierto. Aún permite que nos lleguen suministros de emergencia —gritó alguien.
—Que lleguen sí. Pero no permite que salga nada del sistema —respondió Formidable, cada vez más rabiosa. Estaba rodeada de idiotas. ¿Cómo no podían ver el peligro en el que se encontraban?
—Estoy de acuerdo con el Imperio Calavera —dijo el representante de la Insaculación Lemig—. Votaremos, por supuesto, pero estoy seguro de que todos nos decantaremos por la seguridad.
—Repito —dijo el representante de Fortent—. ¡Alguien se beneficiaría enormemente si el gobierno actual fuese vaporizado!
—Repito —gruñó la princesa Formidable, quien ya ni se molestaba en ocultar su rabia—. Yo no voy a «beneficiarme» si hacemos estallar el sistema, pero…
—¿Sabéis quién está en el sistema? —preguntó el primer ministro Glory, que los interrumpió.
El glíner soltó una vaharada de burbujas.
El líder, que habitualmente era una persona estoica, estaba claramente estresado—.
Además de todos los líderes de sistemas que van a la Guerra de Facciones, además de las trescientas inscripciones a las batallas de la Ascendencia de esta temporada, ¿sabéis quién más está atrapado en el club Escolopendra?
Más de la mitad de la riqueza de la galaxia, lo que incluye a mis propios hijos.
Y muchos más, como tú, princesa, que están en órbita.
Si usamos el plan de respaldo ahora, ¿sabes lo que pasará?
¡La galaxia entera entrará en guerra! Habrá hambrunas.
Revueltas. Sistemas enteros quedarán aislados.
Nos estás pidiendo que acabemos con la economía y el bienestar de la galaxia entera.
Supondrá la muerte de miles de billones de personas.
Sociedades enteras serán erradicadas. Ya tenemos una solución preparada.
Probémosla antes de considerar siquiera medidas tan drásticas.
—El hecho de que hayamos permitido reunirse tanta riqueza y poder en un lugar al mismo tiempo, toda acumulada en muy pocas personas, es simplemente ridículo —gritó Formidable en respuesta.
Tenía el temperamento de su padre y lo sabía.
Pero también le gustaba creer que contaba con el honor de su madre, algo que ninguno de sus hermanos había heredado—.
Esa es justo la razón por la que se implementó el plan de respaldo.
Son las circunstancias exactas bajo las que este concilio determinó que podría activarse.
—Mi pueblo me confirma que es del todo seguro —dijo la representante Valtay.
Era la asistente del vicepresidente de operaciones de los Valtay, y la princesa Formidable no recordaba el nombre de aquella caragusano.
Lo único que sabía era que el cuerpo de la glíner que habitaba había sido la madre del primer ministro actual del Sindicato, Glory, lo cual resultaba inapropiado, extraño y confuso, sobre todo porque esos peces tenían todos el mismo aspecto—.
El consejo del mazmorreo y el gremio de intermediarios están en contacto constante con la IA.
Es cierto que es ostentosa y grandilocuente, pero me han asegurado que la comunicación sigue abierta y que no está ocurriendo nada fuera de lo normal.
Esto es algo que ocurre todas las temporadas.
El dinero sigue fluyendo. Los índices de audiencia están más altos que nunca.
Todo lo que está haciendo la IA encaja a la perfección con las normas, y ha aceptado sin problema nuestra solución.
Ha asegurado en más de una ocasión que la cuarentena acabará cuando lo haga el mazmorreo, al igual que ha ocurrido el resto de las veces que una IA corrupta le ha arrebatado el control a los productores.
—¿Que no está ocurriendo nada fuera de lo normal?
—gritó Formidable—. No sé si os habréis dado cuenta, pero estamos en una reunión de emergencia del consejo del Sindicato gracias a esas acciones de la IA que no son «nada fuera de lo normal».
Está ignorando nuestros filtros de censura.
Por todos los dioses, los espectadores están a punto de ver, tunelado en directo, cómo asesinan a sus líderes uno a uno.
—Eso no va a ocurrir —dijo el primer ministro—. Creemos que la solución de los Valtay es viable.
Formidable se puso en pie, lo que fue un error, ya que se golpeó la cabeza contra el techo de la cabina de su crucero.
—Si no activamos ahora el plan de respaldo, esto…
—Propongo que pongamos una sanción a la representante del Imperio Calavera —dijo la representante de las mántides.
Se te ha silenciado durante el resto de la sesión tras una votación positiva del 86 %.
—Cagonlosdioses —gritó la princesa Formidable, que lanzó su comunicador sobre el cuadro de instrumentos mientras se dejaba caer sobre el asiento.
¿Por qué se molestaban en convocar siquiera una sesión de emergencia si no iban a hacer nada? Sin el plan de respaldo, los únicos que podían ayudar eran la Abundancia, y a pesar de tener un asiento en el concilio, las puñeteras cabras nunca aparecían.
Miró por las cámaras los cientos de naves que había estacionadas en órbita.
Justo encima, se extendía la curva de aquel maravilloso orbe azul que era el planeta de los humanos.
Recordó el mensaje que le había enviado su madre cuando había llegado a la órbita, unos pocos días antes de que la asesinasen. «Es maravilloso. Qué pena».
Lo único que arruinaba el paisaje de la superficie eran las llamas que se extendían por ese continente donde los humanos no dejaban de batallar contra las fuerzas de seguridad, todo para intentar colarse en las instalaciones infantiles.
No los culpaba. Respetaba ese espíritu indomable.
Tanto los que se encontraban en la superficie como los mazmorreros luchaban con más ímpetu que cualquiera que hubiese visto antes.
Los del exterior no dejaban de morir a manos de los muchos gremios de mercenarios a los que Valtay había contratado para proteger los recursos que había en la superficie.
Formidable sabía que, en aquel mismo momento, estarían llamando a filas a todos esos mercenarios.
No solo a los gnolls, sino también a los menos profesionales.
Habían tomado la decisión de abandonar la superficie del planeta.
La solución de los Valtay era peligrosa.
Creían que la forma más sencilla de resolver el problema era crear una extinción masiva lo más pronto posible.
Una vez todos los mazmorreros estuviesen muertos, se anularía la cuarentena.
Eso habría sido muy fácil de preparar antes de que el sistema se hubiese vuelto primigenio.
Ahora dependían de los engaños para conseguirlo.
El sistema no iba a permitirles matar a los mazmorreros indiscriminadamente.
No. Tenía que ser un espectáculo. A pesar de lo que decía todo el mundo, estaba claro que ahora todo aquello era el espectáculo de la IA.
Los vestigios de la Corporación Borant que aún seguían fingiendo que gestionaban el día a día de la mazmorra no eran más que una farsa, una encerrada en su sede oceánica, ya que al igual que todos los demás ellos también estaban atrapados hasta que finalizase el mazmorreo.
A pesar de lo que estaba diciendo el representante Valtay, la IA estaba haciendo todo lo posible por reprimir los intentos de que los mazmorreros se matasen entre sí.
Quería que el juego continuase. Se lo estaba pasando bien.
Había permitido que aquella absurda trama del escape siguiese adelante.
Aun así, también daba la impresión de que iba a permitirles continuar con la propuesta de los Valtay.