El ojo de la novia frenopática (Carl el Mazmorrero 6) Capítulo 72 #3
97%

Capítulo 72 #3

Después de tanta muerte, después de lo horrible que había sido todo, sabía que contaban con esta última parte del piso para dar el golpe de gracia y ajustar los números.

Había facilitado escapar de los combates porque querían que los últimos días fuesen una auténtica masacre.

Había conseguido evitarla. Y, debido a eso, íbamos a llegar al noveno piso sin miedo, sin estar dispersos y con la cabeza bien alta.

La cantidad de mazmorreros que iban a llegar al noveno piso no tenía precedentes.

Tarea pendiente propuesta originalmente por la Pandilla de la Princesa: eliminar las protecciones de seguridad de los patrocinadores de las facciones.

Esta tarea se ha aceptado por un 98 % de los espectadores. Tenéis más información en la pestaña Señor de la Guerra.

—¿Queríais una masacre? —grité hacia el techo—.

No os preocupéis. La tendréis. Seremos treinta mil más los mercenarios.

¿Recordáis lo que les hicimos a los cazadores?

Pues eso no fue nada. Vuestro pueblo lo ha votado.

Vuestros propios ciudadanos son los que han dicho: «Sí, nos parece bien que los mazmorreros os maten uno a uno».

No os equivoquéis: eso es justo lo que va a ocurrir.

Hice un gesto obsceno y rabioso con la mano hacia las alturas.

—Puede que hayáis destruido nuestros hogares, pero ¿sabéis qué?

Os hemos arrebatado toda la paz que podríais haber llegado a sentir en los vuestros.

Y eso si llegáis a volver a ellos. No haremos prisioneros.

No tendremos piedad. Los que quedamos sabemos luchar y somos fuertes.

Todos y cada uno de los mazmorreros que seguimos con vida tenemos muchísima más experiencia luchando que vosotros.

Preparaos. No tendréis donde esconderos.

Será una carnicería como jamás habréis visto.

Tarea pendiente propuesta originalmente por la Pandilla de la Princesa: un décimo equipo formado por PNJ obtendrá las mismas protecciones que el resto.

Esta tarea se ha aceptado por un 52 % de los espectadores.

Este equipo será el equipo local y su base estará en la ciudad de Larracos. Se aplicarán las normas de paz con efecto inmediato hasta que dé comienzo el juego. Se ha asignado a Higo y a Sir Ferdinand como co-señores de la guerra de este equipo.

Se les asignará un asistente antes de que dé comienzo la batalla.

Tenéis más información en la pestaña Señor de la Guerra.

Dónut soltó un grito ahogado al ver el nombre de Salsero.

Solo quedaban unos pocos minutos antes de que la zona fuese absorbida hacia los cielos.

Imani nos estaba esperando fuera. Dónut guardó a Mongo, y los tres nos dirigimos hacia el túnel que había debajo de la sala de las escaleras.

Chris había pintado una equis de neón grande en el techo justo donde estaban las escaleras.

En teoría, solo teníamos que quedarnos debajo de ella y todo saldría bien.

Quedaban tres minutos.

—Carl, aún no he podido usar mi habilidad Flotar en combate —dijo Dónut.

—No te preocupes —dije—. Estoy seguro de que la usarás en el siguiente piso. Tendremos muchas cosas que hacer.

—Cielos, Carl e Imani. ¿Abristeis vuestros regalos de Papá Noel?

Gruñí.

—No. Lo había olvidado.

—La verdad es que he estado un poco ocupada.

—Pues tenéis que abrirlos inmediatamente al llegar al siguiente piso.

—Dónut se había puesto a hablar con nerviosismo, como hacía siempre que necesitaba quemar la energía sobrante—.

Pasé mucho miedo cuando le quemaste el ala a Mongo.

Y a Katia también la quemaste mucho. Pero supongo que ambos estarán bien.

Mongo ni siquiera parece haberse dado cuenta.

Katia se quedó sin brazo, pero le creció otro.

—Un momento. Eso no lo sabía —dije, preocupado de repente. Recordé un combate de Katia hacía mucho tiempo, uno en el que se había agarrado la mano y lloraba por haber perdido algunos de sus dedos.

—Hizo que le creciese otro al momento —aseguró Dónut—. Comentó que no había sido nada. —Hizo una pausa y luego soltó un grito ahogado—. Carl, ¡me acabo de dar cuenta de algo! Tenemos la misión de llevar a Shi Maria a esa ciudad, pero ¡no la perdí cuando rompí la carta!

Respiré hondo.

—Lo sé, Dónut. —Me di unas palmaditas en el pecho—. Shi Maria sigue conmigo, de una manera algo diferente. Ya veremos qué hacer cuando lleguemos al siguiente piso.

—No… No entiendo nada —dijo Dónut—. Un momento. ¿Está bien?

—Estoy contigo, Dónut. Eso es lo único que importa. —La gata se me acercó aún más.

Imani estaba a nuestro lado y nos envolvió con sus alas. Sentimos también su calidez.

—Ocurra lo que ocurra, ninguno saldremos indemnes de esto —dijo Imani—. Conseguiremos cosas y perderemos otras. La guerra es así. Gracias, Carl y Dónut. Gracias por no abandonarme.

—No pienso abandonar a mi familia —dije—. Si no, ¿qué sentido tendría todo esto?

Además de las alas, Imani me rodeó con los brazos por la cintura. Después apoyó su cabeza en mi hombro y empezó a sollozar en silencio. Las calaveras de asesina de jugadores brillaban en la oscuridad. No era capaz de imaginarme el peso que tendría cada una de ellas en su consciencia.

Tarea pendiente propuesta originalmente por la IA del sistema: el campo de juego de la Guerra de Facciones aumentará de tamaño para compensar el número ampliado de participantes.

Esta tarea se ha aceptado por un 68 % de los espectadores.

Tenéis más información en la pestaña Señor de la Guerra.

—Qué raro —dije—. ¿Creéis que lo ha hecho porque cree que llegaremos muchos al noveno piso?

Dónut soltó un grito ahogado.

—Carl, Carl. ¡Me acaba de llegar una caja de benefactor de los señores del camión de la basura!

Quedaba menos de un minuto.

—¿En serio? Bueno, pues van a tener que esperar hasta el siguiente piso para que puedas abrirla.

—¡Es celestial! Mi primera caja celestial y tiene que ser de una empresa de camiones de basura… La Pandilla se va a escandalizar.

Cogí a Dónut de mi hombro y la sostuve con fuerza contra mi pecho. Ella alzó la vista para mirarme.

—Carl, no quiero que Katia se coma esa flor. No quiero que se vaya.

—Seguro que se nos ocurre una alternativa —dije.

—¿Y si no lo conseguimos? —preguntó Dónut.

—¿Viste ese 98 %? —pregunté—. Dónut, da igual lo que ocurra de ahora en adelante. Ya hemos ganado.

Antes de que la cuenta atrás llegase a cero, Dónut se recolocó entre mis brazos. Luego, hizo una pausa y miró detrás de mí antes de que yo volviese a apretarla contra mi pecho. Soltó un grito ahogado.

—Carl, ¡te está brillando la chaqueta! No es un cerdo hormiguero, como pensaba. ¡Es un ciempiés gigante! ¡La imagen es la de un ciempiés gigante arrastrándose entre las calaveras! ¡Qué repugnante!

En ese mismo momento, una voz habló en mi mente.

«No liberaste tu poder de alma de la Hija del Carroñero. Fue un error. No deberías dejar que fluyese por tu interior. Te necesito con vida, Carl. Tenemos mucho que hacer».

Sentí un escalofrío ominoso, tanto por las palabras que alguien estaba pronunciando en mi mente como por haberme dado cuenta de que me había olvidado de usar el Beso de la Hija.

«Conseguiremos cosas y perderemos otras. La guerra es así».

En las alturas, el cielo se abrió sobre Cuba y el mundo empezó a desaparecer.

Todo se alzó por las alturas hacia los cielos, incluyéndome a mí, a Imani y a Dónut.

En la superficie solo quedaron miles de fantasmas de los recuerdos que continuaban con su día a día, ajenos a los pocos que iban a quedar dentro de unos pocos días.

«No os preocupéis», pensé mientras bajaba la vista hacia la superficie cada vez más alejada.

No conocía a ninguna de esas personas, pero sentí la necesidad de conseguir que estuviesen orgullosas de mí.

Pensé en Asher, el hermano que jamás había conocido.

Tenía que conseguir que se enorgulleciese de mí.

No podía decepcionarlo. Y estaba dispuesto a recorrer el infierno a cuatro patas, literalmente, si era necesario para conseguirlo.

Yo no había estado allí para él durante su vida, pero tenía muy claro que no iba a permitir que su muerte hubiese sido en vano.

«No podréis conmigo.

»Os vengaré.

»Lo juro.

»Os lo juro a todos y cada uno de vosotros».

Misión completada. Un semental en la mazmorra.

Misión completada. La pieza restante.

.

.

.

Bienvenido, mazmorrero.

Bienvenido a la Guerra de Facciones.