Capítulo 72
Me desperté entre los brazos de Louis mientras corríamos por la ciudad.
Parpadeé, intentando procesar qué era lo que estaba pasando.
A mi lado, Dónut iba sobre Mongo mientras serpenteábamos por las calles, evitando las zonas que seguían ardiendo.
Me sentí aliviado al ver que el dinosaurio seguía vivo, pero luego vi que su ala derecha había desaparecido y que a toda esa parte de su cuerpo le faltaban escamas y plumas.
Estaba lleno de cicatrices y de quemaduras.
«Oh, no —pensé—. Eso ha sido culpa mía».
—Mongo —dije a duras penas—. Lo siento.
—¡Está despierto! —gritó Dónut—. ¡Carl está despierto, gente! ¡Carl, siempre te desmayas en los mejores momentos!
—Le he hecho daño a Mongo —insistí.
—¡Una de las pociones que mejoraste servirá para que le vuelva a crecer el ala!
—dijo Dónut—. Pero Mordecai ha dicho que se la tome después.
Primero quiere examinarla para estar seguro.
Las que tiraste al suelo a mi lado antes de irte a la playa con Raúl se han convertido en cosas maravillosas. Mordecai está muy emocionado.
—¿Y Katia?
—Está bien —dijo Katia detrás de mí. Me giré para mirarla, corriendo junto a todos los demás.
Se había convertido en una criatura parecida a un humanotauro, pero con cuatro patas en lugar de brazos.
Aferraba el cuerpo inconsciente y sin piernas de Tran, quien tenía encima toda una hilera de desventajas.
—¿A quién hemos perdido? —pregunté.
—A nadie —respondió Louis—. A ninguno de los mazmorreros, quiero decir.
Sí que hemos perdido a algún estríper, y creo que las babosas que salieron han muerto.
Y ese anciano del calcetín está muy enfadado.
Pero nosotros estamos bien. Eso sí, Tran se ha quedado sin silla de ruedas y Li Jun ha perdido un ojo.
Y tú… te has quedado sin pelo. Pero no ha sido tan terrible como…
Se quedó en silencio.
«No ha sido tan terrible como la Mascarada del Carnicero», había estado a punto de decir.
—Mierda. Bájame —dije mientras empezaba a zarandearme.
—Perdón, tío —dijo Louis, que se detuvo un instante para colocarme con cuidado en el suelo. Me tambaleé un poco.
Me llevé una mano a la cabeza. Me había sanado la piel, pero no tenía pelo. Se me había quemado. Las cejas también.
Mongo graznó de alegría y me dio un empujoncito. Incliné la cabeza para apoyarla contra la suya. Dónut saltó a mi hombro.
—Parece como si llevaras un disfraz de Halloween de uno de esos cimera, Carl. No pienso tener un compinche sin cejas, que lo sepas.
—Tranquila —dije al tiempo que me frotaba de nuevo la cabeza calva—. Tengo una poción que hará que vuelva a crecer. Restauración de pelo mágica de Beneficios Ya. Los humanotauros la dejaron caer en el cuarto piso, pero he oído que los efectos son un poco… intensos. Ya veré luego.
—¿Te has fijado en tu nivel? —preguntó la gata—. Cuando prendiste fuego a la ciudad, mataste a muchos de los zombis y criaturas restantes. ¡Tienes nivel 73! ¡Y yo 63!
—¿Cómo habéis escapado del edificio?
—Tuve que usar mi conjuro Agujero, pero lo conseguimos. ¡El edificio se derrumbó! ¡Y no se me reseteó el mazo hasta que no nos habíamos alejado una manzana entera!
Miré por encima del hombro y aún lo vi a varias manzanas de distancia. Amayon seguía allí, completamente rodeado por aquel huracán de aves demoniacas. El mundo entero había adquirido una tonalidad roja, lo que me recordó que aquello aún no había terminado. Quedaba un último obstáculo.
Elle, De la Verga, Imani y Samantha aparecieron por allí de repente.
Samantha flotó hasta mí y dijo:
—Carl, tenemos que romper. Lo he estado pensando y he decidido que me quedo con mi rey.
—Vale —dije.
Ella asintió con tristeza.
—Espero que sigamos siendo amigos. —Miró a Louis, le gruñó y luego se marchó en dirección a la iglesia a toda velocidad.
—Rompí su carta —dijo Dónut un momento después—. La de Shi Maria. Tan pronto como acabó el enfrentamiento, la rompí. No volverá a hacerle daño a Mongo nunca más.
Respiré hondo.
Aún la sentía ahí, justo en mi pecho. El tatuaje. No tenía ni idea de qué era o qué significaba.
—Otra cosa, Carl —dijo Dónut, que sacó una carta de su inventario. Flotó hasta mi mano—. Tenía esto en el banquillo. Katia me dejó cogerla después de la muerte de la diosa.
Era la carta de Paz. Me sentí sucio al agarrarla.
Había matado a una deidad. La descripción de la carta había cambiado.
Paz Lo. El depredador de deidades. Antiguo mazmorrero. Nivel 101.
—¿Qué hago con él? —preguntó la gata.
—La rompemos —dijo Katia—. Es lo que él querría.
—Estoy de acuerdo —convino Imani.
Elle también asintió.
—Tú deberías de haberte llevado la muerte de la deidad —le dije a Katia mientras seguía examinando la carta—. Tuviste que usar el virote de Ofiotauro para ello.
Katia sonrió.
—Me alegro de no haberme llevado la muerte. ¿Viste el mensaje? Decía que todas las deidades estaban enfadadas con él. Lo curioso de los virotes mágicos… —dijo mientras sacaba un objeto del inventario y me lo enseñaba—. Es que mientras no se rompan, pueden volverse a usar.
Le dediqué una sonrisa. Había conseguido aquel proyectil en el cuatro piso, en una caja de benefactor de la princesa Formidable del Imperio Calavera.
Esta quería que Katia lo usase para matar a su hermano el príncipe Maestro cuando estaba dentro del cuerpo de Grull. Me alegraba saber que aún podíamos hacerlo.
—¿Llegaste a saquear a la diosa?
—No —dijo ella con tristeza—. Paz se llevó todo el equipo. Le mejoró la armadura.
Volví a examinar la carta. Empecé a pensar en las posibilidades que se nos planteaban con algo así.
—Podemos quedarnos una carta al bajar —dijo Dónut, quien no había dejado de mirar la cara sonriente de Paz en la carta—. Íbamos a quedarnos a Lázaro o esa de Combinación dorada, pero quizá deberíamos quedarnos esto. Quizá haya una forma de liberarlo.
—No —dije un instante después, al recordar el gesto en su cara cuando sor Inés lo había invocado antes.
«Por favor —había dicho—. Basta».
—No podemos —dije mientras le devolvía la carta a Dónut, quien la sostuvo contra mi hombro con la pata—. No tendríamos que haber dejado que sor Inés lo transformase en carta. Fue mi culpa. No está bien. Y tampoco nos vamos a llevar Combinación dorada.
—Bueno, vas a tener que contarme qué te ha hecho esa señora araña loca.
El tatuaje de mi pecho era invisible porque el ojo estaba cerrado. Lo único que sentía era un dolor parecido al de un moratón. Los únicos que lo habían visto eran Li Na, Li Jun e Imani.
—Luego te cuento —dije—. Ahora mismo no es importante.
Dónut suspiró y bajó la vista hacia la carta de Paz.
—Supongo que tienes razón. ¿Crees que me aparecerá otra calavera de asesina de jugadores por romperla?
—No —le aseguré—. Ahí dice que es un antiguo mazmorrero. No sé lo que significa, pero tampoco es que quiera descubrirlo.
Y luego, sin más dilación, Dónut se llevó una esquina de la carta a la boca. Mantuvo la otra esquina sobre mi hombro con la pata y giró la cabeza para romperla. Sin más. La carta desapareció en un estallido de humo. No le apareció la calavera de asesina de jugadores.
—Adiós, Paz —dije.
El fuego de Sheol empezó a remitir al fin.
Había arrasado con todo lo que había tocado.
Por suerte, no se había acercado a la iglesia.
Chris y los demás se habían pasado todo aquel tiempo trabajando duro, asegurándose de que no había nada justo encima.
Zhang me había enviado un mensaje para comentarme que solo había necesitado usar dos cargas de mi varita, lo que la había dejado con siete cargas.
También tenía un pergamino raro de Recargar varita en el inventario, por si la gastaba al completo.
Cuando al fin llegábamos a la iglesia, el mundo volvió a quedar paralizado.
Apareció un contador de treinta minutos en mi interfaz. Mi corazón se aceleró al verlo. Era mucho antes de lo que había anticipado.
Misión actualizada. La pieza restante. Segunda parte. «Caer hacia arriba».
La Zorra Avinagrada ha desaparecido.
Por cierto, su patrocinador está leyendo la letra pequeña del contrato en estos momentos. Y que sepas que se ha enfadado mucho. Seguro que dentro de unos días se enfada muchísimo más, pero vamos paso a paso.
Amayon está libre y volverá a casa para plantarle cara a su hermano. Si tenéis suerte, la guerra de Sheol no saldrá del decimoquinto piso.
Gracias al poder de miles de millones de almas y fortalecido gracias a las llamas de su hogar, Amayon ya conseguido lanzar el conjuro. Pronto se abrirán los cielos, y él ascenderá hacia dicho portal.
Debido a la enorme cantidad de almas que se han consumido para darle la energía al conjuro, la zona de lanzamiento se ha ampliado desde el punto de origen y ha cubierto el mundo entero.
En otras palabras, sí, los mazmorreros de Cuba lo habéis conseguido.
Sobre todo Carl, quien también ha conseguido que un tipo llamado Raúl lo diese todo para que al final saliesen las cosas bien.
Y por si no habéis entendido a qué viene eso de «darlo todo», que sepáis que Carl ha masturbado a un cangrejo.
—¿Qué cojones? —grité a los cielos—. ¡Eso no es verdad!
Todos se me habían quedado mirando.
—Tío… —dijo Louis.
—Pero ¿eso cómo es? ¡¿Los cangrejos no tienen dos pililas?! ¿Estabas ahí a dos manos o qué?
—¡No hice nada de eso! ¡De verdad! Él… lo hizo solo.
La notificación continuó.
La cuenta atrás que tenéis en la interfaz indica cuándo ocurrirá en la región en la que os encontráis.
Cuanto más cerca estéis de Cuba, menos tiempo tendréis para prepararos.
Cuando dicha cuenta atrás llegue a cero, los cielos se abrirán sobre vuestras cabezas y todos los seres vivos, los objetos y las estructuras serán absorbidos hacia el portal. El mundo enteró quedará vacío