El ojo de la novia frenopática (Carl el Mazmorrero 6) Capítulo 69
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Capítulo 69

Aterricé de cabeza dentro del agujero en el cuello de Samantha.

Había que calcularlo bien. Tenía que ser ya.

Al principio no sentí nada, solo que me faltaba el aire.

Solo tenía la cabeza tapada; llevaba a Samantha como si fuese un sombrero que me cubriese la cara.

El resto de mi cuerpo no podía moverse demasiado.

Era como si la cabeza estuviese recorriendo un lugar muy estrecho justo cuando aparecía.

Podía mover un poco las piernas y los brazos, al menos, pero estaba muy caliente a pesar de mi resistencia.

Sentí que Samantha empezaba a tirar para sacarme de allí, mientras yo la agarraba con fuerza y tiraba para mantenerme dentro de ella.

Sentí que la parte inferior de mi cuerpo salía de algo, y mis piernas quedaron al aire libre de repente.

Empecé a agitarlas como si estuviese pedaleando, hacia arriba y hacia abajo.

Solo quedaban veinte segundos. Miré mi salud.

«Vamos. Vamos».

Y entonces mi cabeza empezó a arder. El dolor era cada vez mayor.

Quince segundos. Sentí cómo se me quemaba el pelo.

Diez segundos. Oí un grito en la distancia y me percaté de que me estaba zarandeando con fuerza de un lado a otro.

Cinco segundos. No íbamos a conseguirlo.

Mi salud bajaba sin remedio. No podía respirar.

El ácido me estaba derritiendo la cara. Pero Samantha también estaba rara y no dejaba de chocarse una y otra vez contra algo ahí fuera.

La cuenta atrás terminó, y la salud no me había bajado al 5 %.

Había fracasado.

Fracasado. Todo para nada.

Había fracasado.

Apareció una página entera de notificaciones, pero no podía leerlas.

Me quedaba el 7 % de la salud y me quité a Samantha de la cabeza. Todo seguía oscuro y la vida no dejaba de bajarme.

Apareció un botón en mi interfaz e hice clic mental en él con todas las fuerzas que me quedaban.

La Senda del Mártir ha sepultado tus pasos.

La Hija del Carroñero ha mejorado tu ataque de fuego.

Me ardían las piernas y, en ese momento, oí un ruido que era completamente nuevo para mí.

Estaba en una especie de prisión, pero no tenía ni idea de dónde.

El ruido era como si todas las alas del mundo hubiesen empezado a batir a la vez, como si todas las almas del cielo y del infierno suspirasen al unísono, como si todas gritasen al mismo tiempo.

Me fue imposible respirar, otra vez. Y empecé a perder la consciencia. El mundo se había quedado sin oxígeno.

Pero, justo antes de que me desmayase, conseguí coger aire. El oxígeno volvió tan rápido como se había marchado.

Cesó todo movimiento y este quedó reemplazado por una especie de carcajadas. Unas risas. La risa de Amayon. La oí sobre mí. Usé el conjuro Sanar y recuperé la vida. La salud me había bajado hasta el 2 %. Tenía una hilera roja de desventajas parpadeantes.

La música se detuvo.

Misión completada. La pieza restante. Primera parte.

¿Qué? No entendía nada. Nos habíamos quedado sin tiempo.

Había lanzado el conjuro, pero ya era tarde.

En ese momento, vi una notificación persistente en la interfaz, era una notificación de mundo.

La cuenta atrás se había detenido justo cuando quedaban dos segundos, pero no era por lo que había hecho yo.

Una deidad ha caído. Los cielos tiemblan de rabia.

Mensaje del sistema. El mazmorrero Paz Lo ha matado a la diosa Ysalte. Todas las deidades han usado Señalado por la muerte con él, excepto los enemigos declarados de la diosa fallecida.

Mensaje del sistema. Ha aparecido un cristal conmemorativo de la diosa Ysalte. Estará disponible para saquear en otro piso posterior. Habrá grandes riquezas para aquel que sea capaz de encontrarlas.

Mensaje del sistema. Todos los que veneraban a Ysalte han recibido la desventaja Abatido de manera permanente.

«¿Qué cojones? Pero ¿qué cojones?».

Ysalte ya no está en este piso.

La Hija del Carroñero ha apartado la mirada, aunque sigue teniendo los ojos abiertos debido a la presencia de Amayon. Todas las pociones avinagradas que estén fuera de tu inventario se han mejorado. El resto de los efectos de la deidad se desvanecerán con el tiempo.

Me subió la vida, pero muy poco, como si aún hubiese algo drenándomela. El calor era insoportable. Aún no tenía ni idea de dónde estaba. Paz había matado a la diosa. Pero ¿cómo? ¿Cómo era posible? Él era su tótem.

De la misma manera que el grupo de Imani al completo había muerto en manos de su propio tótem.

De la misma manera que Juzicristo había disparado a Florin.

De la misma manera que Yule había intentado comerme.

Nos habían advertido desde el principio que nuestros tótems no siempre eran seguros.

Pero ¿cómo? Se suponía que la deidad era inmortal en ese piso.

Tenía todo el cuerpo de cintura para arriba dentro de algo, pero al menos podía volver a respirar.

Estaba muy oscuro. Las piernas me colgaban en el aire y sentía muchísimo calor en ellas.

Estaba cerca de un fuego. Samantha seguía allí, sobre mí en la oscuridad, gruñendo y quejándose y gritando.

De repente, volvieron a zarandearnos y nos chocamos contra algo.

Oí cómo el demonio aullaba de rabia cerca de mí.

D ÓNUT : CARL, ¿DÓNDE ESTÁS? ¡HAS HECHO EXPLOTAR TODA LA CIUDAD!

¡TODO ESTÁ EN LLAMAS! KATIA LE DIO A PAZ UNA ESPECIE DE FLECHA Y ÉL SE LA CLAVÓ EN EL OJO A ESA SEÑORA ENANA.

Y LUEGO SE HIZO EXPLOTAR A SÍ MISMO, PERO LA EXPLOSIÓN ESTABA CENTRADA EN EL CUELLO DE LA DIOSA.

¡SE LE CAYÓ LA CABEZA! TODOS CAÍMOS VARIOS PISOS.

PAZ SE LLEVÓ LA MUERTE, AUNQUE LUEGO DESAPARECIÓ CUANDO MURIÓ LA ENANA.

Volví a golpearme con algo. Intenté usar una poción de Sanar, pero aún era vinagre.

Usé un pergamino de Sanar, de los que no tenía tantos.

Me sentía como si estuviese dentro de un barril que rodase colina abajo.

No podía seguir así. Intenté gritarle a Samantha, pero ella no había parado de aullar de pura rabia.

—¡Mataré a tu madre! ¡Lo juro por los cielos y los infiernos! ¡Está muerta! ¡Y esta vez me aseguraré de que se queda bien muerta! ¡Libérame ahora mismo!

C ARL : ¡Estoy con Samantha! ¡No sé dónde!

D ÓNUT : ¡NO PUEDES ESTAR CON SAMANTHA! EL DEMONIO LA COGIÓ EN EL AIRE, PERO ¡ÉL SE SIGUE DANDO PUÑETAZOS A SÍ MISMO! CREÍA QUE MI CONJURO NO IBA A FUNCIONAR CON ÉL, PERO SÍ LO HA HECHO. ¡AÚN QUEDAN DOS MINUTOS!

«Mierda. Estoy en la mano del demonio. Y no deja de darse puñetazos».

E LLE : Hemos completado la puñetera misión, pero ¡mi mazo sigue activo!

L I N A : Es por los demonios. Están rodeando el edificio y están demasiado cerca. ¡No va a dejarnos terminar el combate hasta que mueran ellos también! Nuestros mazos no desaparecerán hasta que no estemos lejos.

L OUIS : Gente, ¡he recibido una caja celestial por sobrevivir al Señalado por la muerte de una deidad!

D ÓNUT : ¿DÓNDE ESTÁ CARL? QUE TODO EL MUNDO DEJE DE HABLAR. TENEMOS QUE ENCONTRAR A CARL.

C ARL : Estoy dentro de la mano del demonio. Y este no deja de darse puñetazos conmigo dentro.

En realidad, estaba protegido de los golpes gracias a la mano en sí, pero cada vez que se golpeaba me hacía muchísimo daño. Samantha seguía gritando sobre mí.

E LLE : Madre mía. ¡Te veo! Veo tus piernas. ¡Que no te suelte! Tiene fuego de Sheol ardiendo bajo sus patas. Si te caes, estás muerto.

I MANI : Los demonios siguen atacando. Necesito ayuda. Tran y yo estamos atrapados. ¡Estamos en un hueco entre los escombros!

Intenté volver a usar una poción de Sanar y, en esta ocasión, sí que funcionó, pero surtió la mitad del efecto.

Ninguno de mis conjuros podía sacarme de allí.

Tampoco iban a servirme para que me soltase o, peor aún, para que apretase más fuerte.

A Samantha no le iba a pasar nada, pero yo estaba en peligro.

—¡Eh, tú! ¡Demonio! —aulló una voz. Era Dónut a voz en grito. Estaba usando el pinganillo al máximo. El autotune también estaba encendido.

—Disipa ese conjuro —bramó el demonio—. ¡Disípalo o te destruiré!

—Yo lo disipo, pero tú suelta a mis amigos. ¡Los tienes en la mano!

¡Pum!

Amayon gruñó mientras volvía a pegarse a sí mismo. En esta ocasión, me dio la impresión de que había sido un gancho.

Sentí como si me alzase por los aires, y luego aflojó el agarre de la mano y nos dejó al descubierto a Samantha y a mí. Empecé a acercarme lo máximo posible a la cabeza para agarrarle las coletas…

Pero, en ese momento, la criatura giró la mano y caí rebotando en su mano izquierda con un fuerte golpe. Me alzó para colocarme frente a sus ojos, todo mientras volvía a pegarse un puñetazo con el puño libre. Nos llovió encima saliva de demonio.

—¡Suéltalos! —volvió a gritar Dónut.

Estuve a punto de caer desde la mano llameante de la criatura.

A nuestro alrededor, la ciudad estaba incendiada.

Todos los lugares por los que había pasado y que estaban fuera de un edificio no dejaban de arder.

El fuego llegaba hasta la costa y luego volvía de nuevo a la ciudad.

Me pregunté si Florida y Iowa también estaría ardiendo. Era probable que sí.

Samantha agitó la cabeza como un perro y empezó a flotar a mi lado.

—Carl, es la segunda relación sexual más rara que he tenido en toda mi vida —gruñó—.

Si quieres hacerle eso a una chica tiene que haber más preliminares.

—Me miró de arriba abajo—. Y vamos a tener que hacer algo con tu pelo antes de anunciar que hemos empezado a salir.

Voy a romper con Louis, pero tendrás que aceptar que a veces no estaré ahí para ti.

Si te pillo poniéndome los cuernos en algún momento, que sepas que habrá problemas.

—Te dije lo que iba a hacer —dije mientras intentaba recuperar el aliento. Me tomé otra poción de Sanar. Aún me dolía la cabeza—. Y no estamos saliendo. Y eso tampoco ha sido una relación sexual.

Tenía resistencia para sobrevivir dentro de Sheol, pero el fuego era casi insoportable a pesar de tenerlo a varios cientos de metros de distancia.

Alcé la vista al cielo y, aun así, sentí un alivio enorme.

El demonio seguía golpeándose una y otra vez, pero a pesar de todo lo había hecho, Amayon había empezado a lanzar el conjuro para volver a casa.

Una nube roja y enorme cubrió el cielo y empezó a crecer por momentos.

Aún no tenía ni idea del tiempo que iba a tardar en lanzar algo así, o de si le habíamos dado el poder suficiente como para cubrir el mundo al completo, pero al menos ya lo había lanzado.

Detrás de nosotros, el edificio Focsa seguía en pie de milagro.

Más o menos. La zona con las escaleras se había derrumbado por completo sobre sí misma.

Era el lugar donde se encontraban Imani y Tran.

La fachada del edificio que daba al norte había desaparecido, lo que me permitía ver casi todos los pisos por dentro.

También se habían derrumbado techos y suelos en el interior, creando zonas bloqueadas por todas partes.

Los pisos superiores no eran más que vigas de acero.

Los mazmorreros y los tótems, así como algunos estríperes y varios de los animales de Bautista, deambulaban por las vigas de metal de la parte superior, intentando descender mientras los demonios intentaban subir, muchos escalando por fuera como arañas.

Las criaturas solo intentaban llegar arriba, más cerca del cielo y de Amayon, para asegurarse de que conseguían volver a casa.

Al parecer, se habían rendido y no pretendían hacerlo atrapando a alguien.

Desde el lugar donde me encontraba, vi enfrentamientos de todo tipo que tenían lugar al mismo tiempo.

Mientras miraba, De la Verga agitó su nuevo calcetín para golpear a un demonio, que cayó al vacío, en el fuego de Sheol de debajo.

Steve el trol gritaba mientras zarandeaba la porra de un lado a otro.

Li Jun y otro tótem que sabía kung-fu luchaban codo con codo, colgándose de las vigas de metal mientras el hormigón no dejaba de caer sobre ellos.

Volví a céntrame en Amayon. El demonio bajó la vista para fulminarnos con la mirada. Luego se dio un puñetazo en la cara con la mano derecha.

—Eres vástago de Emberus —me gruñó. Luego se giró hacia Samantha—. Y tú. Ese disfraz no me engaña. Sé quién eres en realidad.

—Ah, hola —dijo Samantha mientras alzaba la vista hacia él—. Y… ¿tú madre qué tal?

El demonio empezó a gruñir.

D ÓNUT : CARL, ¿QUÉ HACEMOS? HAY DEMONIOS POR TODAS PARTES. TENEMOS QUE SALIR DE AQUÍ. AÚN TENGO EL MAZO. A CARL MACHO ALFA Y A RAÚL SE LES HA ACABADO EL TIEMPO Y HAN VUELTO AL MAZO. ¡AHORA RAÚL ES MUCHO MÁS FUERTE!

C ARL : Espera un momento.

Alcé una mano.

—Tengo un mensaje de Emberus.

I MANI : Hay demasiados. Dios. No dejan de venir.

El demonio ladeó la cabeza. Yo no dejaba de tomarme pociones de Sanar para evitar que me bajase la vida del todo. Me sentía como si me estuviese cocinando vivo. El demonio había centrado la atención en mí por completo.

—Supongo que, más que una pregunta, es un mensaje. Quiere saber si sabes qué fue lo que le ocurrió a su hijo. Eh… ¿Cómo se llamaba?

—¿El papi de Orthrus? —preguntó Samantha—. Qué perrito más bueno. Se llamaba Geyrun. Lo asesinaron.

Amayon estalló en carcajadas, pero la risa se interrumpió de repente cuando se dio otro puñetazo en la cara a sí mismo. Yo me tambaleé mientras todo se agitaba a mi alrededor. El conjuro estaba a punto de disiparse.

—¿Te ha enviado a preguntarme eso? ¿Sobre su hijo? Dile que sé exactamente lo que le ocurrió a su hijo. Fui testigo de ese trato. Si me ayuda a matar a mis tres hermanos, se lo diré.

Mierda.

Me llegó una nueva notificación, pero se guardó en la carpeta.

Respiré hondo.

—Yo fui quien lanzó el conjuro que te ha dado más fuerza. También llené este mundo con las almas que necesitas para volver a casa. Diles a esos otros demonios que dejen en paz a mis amigos y entregaré tu mensaje.

El conjuro Pero ¿por qué te pegas? se disipó en ese momento.

El demonio suspiró aliviado.

—También ayudaste a matar a Ysalte, la madre de mi hijo, así que estamos en paz y no te debo nada, mortal.

Hablar contigo ya ha servido para que Emberus reciba el mensaje.

Pronto, el mundo acabará destruido, pero has servido bien a tu dios.

Serás recordado como un mártir, estoy seguro.

Considérate afortunado por haberme dirigido a ti.

Giró la mano y nos lanzó a Samantha y a mí hacia ese fuego que no se apagaba nunca.