El ojo de la novia frenopática (Carl el Mazmorrero 6) Capítulo 67
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Capítulo 67

Apareció un gráfico en la esquina inferior de la interfaz.

Aquello era nuevo. En él estaban los nombres de todos los equipos.

Mientras lo miraba, aparecieron varias cartas en miniatura y bocabajo al lado de cada nombre.

Plic, plic, plic. Era un contador en el que se podían consultar las cartas que les quedaban a los equipos.

Dónut tenía veintiuna, tal y como ya sabía.

Katia y Li Na, veinte. Imani tenía quince y Elle, veintidós.

Las primeras seis cartas de cada mazo estaban marcadas con un resplandor, que supuse que indicaba que eran tótems.

En la parte inferior y separado vi el nombre de YSALTE , seguido de una hilera de diecisiete cartas.

Amayon solo tenía seis. Todos tótems.

Nuestro objetivo estaba muy claro, pero también era complicado.

Teníamos que atacar a Amayon y acabar con sus seis tótems lo antes posible, lo que nos permitiría hablar con él.

Todo mientras nos defendíamos de lo que hiciese la Zorra Avinagrada.

No podíamos hacer daño directo a la diosa, pero cuando esta se quedase sin cartas, iba a poder destrozarnos con uno de sus conjuros.

Teníamos que evitar que se quedase sin cartas y defendernos de ella durante los próximos diez minutos.

Iban a ser complicado de gestionar, aunque fuésemos cinco contra dos.

Dónut estaba poniendo gesto de determinación, pero yo sabía que en realidad estaba aterrorizada.

Se puso el gorro de marinerito. Antes me había parecido ridículo, sobre todo cuando llevaba las gafas de sol, pero ahora de alguna manera me pareció apropiado, por algún motivo que no fui capaz de explicar.

No había tenido tiempo de sacar las pociones, y si yo sacaba las mías estas se convertirían en vinagre. Lo hice de igual manera, al recordar lo que decía la desventaja, y las enterré en el suelo detrás de ella.

—¿Estás preparada? —pregunté mientras las colocaba lo más rápido posible.

—Soy la gata persa campeona actual de toda la galaxia. Tengo más trofeos y lazos púrpura que cualquiera con vida. Y, más importante aún, soy la señora de la guerra del equipo de la Pandilla de la Princesa en la Guerra de Facciones. —Se giró para mirarme—. Claro que estoy preparada, Carl.

Le di unas palmaditas y me giré hacia nuestros oponentes.

La deidad y el demonio que esta había esclavizado.

Y

Allá

¡Vamoooooos!

En ese momento dio comienzo la cuenta atrás de diez minutos.

Li Na, Katia y Dónut se abrieron en abanico detrás de nosotros mientras sus mazos aparecían frente a ellas.

Mongo se quedó junto a Dónut, tal y como lo habíamos enseñado.

La música de guitarras heavy subió de volumen y empezaron a castañetearme los dientes.

Li Jun, Bautista y yo nos abrimos en semicírculo mientras comentábamos la estrategia a seguir.

Louis seguía bajando por las escaleras a toda prisa para reunirse con Britney y Tran.

Luego los tres se dirigirían hacia el vestíbulo.

La marca de Señalado por la muerte era todo un problema para él, pero mientras mantuviésemos a la diosa ocupada durante diez minutos, podría salir indemne.

Samantha se quedó flotando en la habitación mirando de un lado a otro.

E LLE : Oh, mierda. Vienen más demonios. Han intentado atravesar la puerta de aquí abajo. Vuestra batalla contra el jefe nos ha obligado a Imani y a mí a sacar los mazos. Estamos haciendo todo lo que podemos para contener a estas criaturas, pero puede que tengamos que subir con vosotros.

Teníamos que tener cuidado con dónde pisábamos, porque había agujeros y grietas por todo el suelo. Y cada vez que Amayon se movía, este se resquebrajaba un poco más. El edificio estaba a punto de derrumbarse.

Nadie se movió durante unos instantes. Nos miramos, evaluando la situación.

Y luego empezó.

El caos estalló a mi alrededor. Pasaron muchas cosas al mismo tiempo, tantas que fue difícil enumerarlas todas.

Li Na lanzó el primero de los tótems, que explotó en el suelo y lanzó una lluvia de nieve y chispas rojas.

¡Preparaos para perder la cabeza! ¡Es Xing Tian!

—Cielos, ¿qué es eso? —gritó Dónut mientras ella lanzaba una de sus cartas.

El tótem Xing Tian de Li Na era una criatura humana de nivel 80 sin cabeza. El hombre corpulento y sin camisa tenía un rostro ancho y en el que destacaba una sonrisa en mitad de su pecho sin pelo. Llevaba un hacha en una mano y un escudo grande en la otra.

—¡Mantén la posición y bloquea! —gritó Li Na a su carta, quien respondió algo entre farfulleos.

El primer movimiento de Dónut había sido usar la carta el LADRÓN , que lanzó a Amayon mientras el demonio sacaba el primero de sus tótems. Una carta, que no era la que la criatura estaba intentando invocar, salió de su mazo, reajustó su tamaño y aterrizó en la mano de la gata.

—Madre mía. ¡Menuda carta! —gritó Dónut.

El tótem de Amayon cayó al suelo con un estruendo. Era una criatura de roca llameante. No tuve tiempo de leer la descripción antes de que atravesase el suelo y siguiese descendiendo.

Katia e Ysalte también lanzaron sus primeras cartas, ambas invocando tótems al mismo tiempo. El de Katia fue un ave que daba muchísimo miedo a la que le lanzó la carta Atemporal, que hacía que esta se quedase invocada durante todo el combate.

La criatura aterrizó sobre el hombro de Katia entre ascuas coloridas y ardientes, mientras unos chupetes de bebé revoloteaban a su alrededor.

Sí, fue raro de cojones, pero tampoco es que tuviese tiempo de ponerme a pensar en ello.

El tótem era una especie de cuervo de tamaño gato, pero su cabeza era el cráneo de un bebé humano.

Esa calavera tenía unos pequeños agujeros llenos de dientes.

En una ocasión había visto la calavera de un bebé y sabía qué aspecto tenían, pero verla en la vida real fue realmente aterrador.

Annie. Útburður. Nivel 80.

Katia se inclinó hacia delante y empezó a susurrarle instrucciones al tótem.

La invocación de la Zorra Avinagrada era una que me resultaba familiar. Era el primer tótem que había capturado el equipo de sor Inés con mi ayuda. Yago, la foca monje. Era el mismo tipo de criatura que Geraldo.

No obstante, esa versión de Yago era diferente. Ahora tenía 25 niveles más de 70, que era el que tenía antes. A su alrededor chisporroteaban ondas de energía de color obsidiana y era más ancho.

Yago. Foca monje de la Orden de la Tierra. Nivel 95.

Lo habían mejorado con magia de tierra adicional. La bandana de su cabeza también había cambiado: era negra con un remolino rojo.

—Oh, oh, sí. Comepingas contra los que luchar. —Me señaló con una aleta y dio un brinco mientras soltaba ruiditos de kárate—. Toca revancha. Es hora de que Yago les dé un buen meneo, chico. —Empezó a agitar las aletas directamente hacia mí—. ¡Yip, yip, yip, yip!

¡Crash! La foca atravesó también el suelo y se cayó sin remedio entre gritos.

Ysalte gruñó irritada.

—¡Tú! ¡Foca! ¡Encuéntralo! —aulló a través del agujero en el suelo—. ¡Encuentra al que tiene la marca y acaba con él!

D ÓNUT : LOUIS, TEN CUIDADO. UNA FOCA MONJE VA A POR TI.

E LLE : Acércate a nosotras, Louis. ¡Estamos subiendo por las escaleras!

L OUIS : ¡Estamos luchando contra un monstruo de roca que se parece a Chris! ¡Tiene nivel 120! ¡Cayó por el techo!

I MANI : ¡Ya vamos!

Mientras ocurría todo eso, aparecieron tres tótems más.

Todos eran de Amayon. Solo tenía cartas de tótem y estaba vaciándose la mano lo más rápido que podía.

El suelo tembló cuando aparecieron todas las criaturas al mismo tiempo, con una cacofonía de explosiones y fanfarrias.

Dos eran iguales, aunque tenían nombres diferentes. La tercera era algo distinto.

Gallu. Demonio inferior. Nivel 100.

Mavet. Demonio inferior. Nivel 100.

Esos dos primeros eran altos, gordos y con alas, de rostros anchos y malignos con un látigo y cubiertos de cuero y cadenas, como si acabasen de salir de un bar de moteros del inframundo.

Todos eran versiones masculinas y en pequeñito de aquella demonio llamada Hendidura que nos había atacado en el quinto piso.

Samantha gritó al verlos y voló por toda la estancia directa hacia ellos.

Gallu el demonio reaccionó con una velocidad sorprendente. Hizo chasquear el látigo, y Samantha recibió el golpe y empezó a gritar algo sobre la madre del demonio mientras salía despedida en otra dirección.

El tercer recién llegado era una demonio con forma humana ridículamente atractiva y unos pechos exageradamente grandes. No del tamaño de los de Odette, pero casi. Flotaban por cuenta propia delante de ella, desafiando las leyes de la física y la gravedad.

Naamah. Súcubo reina del nido. Nivel 120.

—Hola, chicos —gritó la súcubo después de que se desvaneciese el grito de Samantha. Nos saludó desde el pasillo. Y luego me señaló—. Te elijo a ti, semental. Bailemos.

—Estas representaciones no son nada fieles —gruñó Amayon, con una voz que dolía de verdad escuchar. No le quedaban cartas en la mano, pero faltaba poco tiempo para que pudiese robar la siguiente.

A mi derecha, Bautista estaba lanzando animales de peluche por todas partes, arrancando etiquetas mientras las criaturas volaban de sus manos.

Varias de esas cosas eran ranas grulke, pero versión con armadura que no había visto antes.

También había otros monstruos, desde trols a dragones pequeños pasando por otros llenos de garras y dientes.

Bautista gritó y, en ese momento, todas se giraron al unísono hacia los dos demonios inferiores gemelos.

Mientras se abalanzaban hacia los monstruos, algunas de esas cosas cayeron por los agujeros del suelo, gritando antes de desaparecer.

L OUIS : ¡Tran ha caído! ¡Britney y yo estamos escapando! Dios, es la foca. ¡Está aquí!

T RAN : ¡No estoy muerto! Me caí a otro piso. Mi silla de ruedas no deja de chisporrotear. ¡Creo que va a explotar! ¡Estoy atrapado!

I MANI : Ya casi hemos llegado. Hay demonios subiendo por las escaleras detrás de nosotros.