El ojo de la novia frenopática (Carl el Mazmorrero 6) Capítulo 66
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Capítulo 66

Estás en presencia de una deidad. La Hija del Carroñero ha abierto los ojos. Está ebria de poder.

Efecto temporal de Ysalte: Todas las pociones que te bebas o que saques físicamente del inventario se convertirán en vinagre. Volverán a convertirse en una versión más poderosa de lo que eran cuando la deidad desaparezca.

Esta deidad está patrocinada por el pontífice Lustre de la Armonía Nebular.

Aviso: Este patrocinador no se encuentra actualmente en el receptáculo de esta deidad. Esta hablará y reaccionará atendiendo a su naturaleza habitual. Teniendo en cuenta quién es, son unas noticias malísimas para vosotros, chicos.

Aviso: Esta criatura es una deidad. Es invulnerable en este piso.

Esta diosa se ha invocado temporalmente a esta ubicación debido a un evento de batalla de jefe especial y volverá a la Ascendencia cuando acabe dicho evento.

Los primeros ciudadanos de Larracos siempre veneraron a Ysalte, algo que les pega. No siempre se consideró la diosa de la desesperanza y de la locura. Al principio, era la diosa de la tierra. Luego, de las lágrimas. Le han cambiado el nombre hace poco. La Espiral Descendente. La Zorra Avinagrada.

Su caída concuerda con la de los ciudadanos de Larracos, quienes han venerado a esta deidad en todas sus formas.

Eso es lo que ocurre cuando todo lo que conoces cambia drásticamente y te lo arrebatan. Al principio te vilipendian. Y luego te aíslan. Después, te culpan por lo que te han hecho. Para terminar dándote caza. El paso siguiente es el más importante.

Es cuando empiezan a temerte.

Ysalte ocupa un lugar especial en el corazón de los parias, de aquellos cuyas mentes están siendo devoradas por el mundo que las rodea.

No acepta nuevos adoradores si estos no son ciudadanos de Larracos, pero se la conoce por ser una gran mecenas de las artes y también es una de las pocas deidades que ayudará a un bardo o a un artista.

No pide nada a cambio, aunque de vez en cuando sus regalos son mucho más de lo que parecen. Y algunos pueden estar malditos.

La historia de esta deidad, al igual que la de muchas que son como ella, es una larga y un poco triste.

Llegados a este punto, el principio de dicha historia es mucho menos importante que el final.

Es la medio hermana y sobrina de su antiguo amante, Taranis.

Cuando Apito la amenazó con arrastrarla hasta la Nada, escapó a Sheol.

Luego regresó a los Salones de la Ascendencia, donde todos la temen y la injurian.

No se considera alguien a quien le guste liderar, lo que la convierte en una oponente astuta y peligrosa para el trono de la Ascendencia.

La deidad apareció en forma de una enana de rostro joven y tamaño normal que llevaba un pico, un aspecto que no esperaba que tuviese alguien con ese nombre.

Nos sonreía, con gesto prácticamente amable.

Llevaba un yelmo con un velo encima, pero esta chisporroteaba como si fuese un cartucho de dinamita y me recordó a los bardos bomba de los goblins.

La cara le titilaba a veces, como si fuese una pantalla de televisión estropeada.

Y, en esos instantes donde destacaba la estática, su boca pasaba a abrirse como si estuviese gritando, aunque no brotase de ella sonido alguno.

Se centró en Louis, quien aún sostenía el cuchillo en la mano. Él lo soltó por inercia y levantó las manos como si aquello fuese un asalto a mano armada.

—Mataste a mi barda —le dijo.

Tenía una voz suave, dulce y musical. No tenía ese acento escocés de la mayoría de los enanos que habíamos conocido hasta el momento.

Era uno como francés, si acaso. Cuando habló, el pico repiqueteó contra el suelo, donde empezaron a formarse unas grietas.

Un fantasma de los recuerdos salió de uno de los apartamentos y empezó a marcharse, ajeno a todo.

—Estaba dormida y la matasteis. Su mente al fin está en paz; una bendición para ella. Pero a mí me seguía siendo útil, así que tendréis que sufrir a cambio.

En ese momento, apareció Samantha flotando entre Ysalte y Louis, quien se había echado hacia atrás hasta llegar a la pared de las escaleras. La voz de la muñeca hinchable tenía un tono alegre muy falso.

—¡Ysalte! ¡Cielo! ¡Cuánto tiempo! ¿Cómo te va? ¿Alguna novedad en tu vida? Tengo que invitarte a mi despedida de soltera. ¿Qué tal el niño?

S AMANTHA : LOUIS, TIENES QUE CORRER. ESTA ZORRA VA A ROMPERTE ESE CULO TAN MONO QUE TIENES Y A DEJÁRTELO INSERVIBLE.

—¡Ysalte! —resonó un grito desde las alturas—. ¡Libérame!

—Psámate, ¿eres tú? —preguntó Ysalte, que ignoró al demonio en las alturas—. ¿Te atreves a aparecer frente a mí después de lo que hiciste?

C ARL : Louis, hazle caso a Samantha. Sal cagando leches de aquí. Ya.

La música no cambió, pero empezaba a acentuarse con el resonar silenciado de un riff de guitarra con distorsión. Louis, que abrió los ojos como platos, empezó a bajar despacio por las escaleras aún con las manos en alto.

—Pero ¿qué he hecho yo? —preguntó Samantha, a la defensiva de repente—.

Espera. ¿Todavía estás enfadada por lo del puercoespín inverso?

Porque eso fue hace muchísimo tiempo. Y en la fiesta todo el mundo pensó que era divertidísimo.

Excepto el puercoespín, claro. Y tú, por lo que veo.

Pero no es mi culpa que no sepas encajar una broma sobre lo feo que es tu hijo.

La diosa rugió y atacó a Samantha directamente con el pico.

Pero, al parecer, ni siquiera un pico en manos de una deidad era suficiente como para hacerle daño a la cabeza de la muñeca hinchable.

Rebotó en ella como si hubiese intentado romper una pelota medicinal.

La cara de la diosa se torció en un gesto de sorpresa y luego empezó a volar hacia atrás, alzándose del suelo.

En ese momento, todo quedó paralizado. Yo. Samantha. La Zorra Avinagrada, que seguía flotando.

El techo del fondo se derrumbó, y vimos el cuerpo de la Madre de Aguas cayendo al pasillo desde las alturas, de repente y con violencia. Fue como si hubiese arrancado de un plumazo la parte superior del pasillo y aterrizado sobre nosotros.

El pico de Ysalte se había detenido en mitad del aire al caérsele de las manos.

Detrás de ella, la serpiente seguía cayendo en el pasillo, a pesar de que era más ancha que él.

El hormigón y el metal se vaporizaban mientras aquel jefe de ciudad caía al suelo.

El techo sobre nuestras cabezas también se derrumbó, pero cayó hacia los lados, como si estuviesen pelando un plátano, lo que hizo que milagrosamente nadie resultara herido.

Unos segundos después, no teníamos nada encima.

Tampoco paredes a nuestro alrededor, por lo que vimos a muchos fantasmas de los recuerdos en sus apartamentos viviendo su día a día.

Había desaparecido todo menos el suelo que teníamos debajo, era como si nos hubiésemos teletransportado a la azotea, prácticamente.

E LLE : Madre mía. ¿Qué está pasando ahí arriba?

Estábamos fuera, pero permanecíamos paralizados. El remolino de aves y murciélagos no había dejado de girar, ahora a nuestro alrededor. Las llamas habían desaparecido. Sentí un vuelco en el estómago al verlo.

La serpiente se había detenido un instante en el piso en el que nos encontrábamos, justo detrás de la diosa paralizada.

El jefe de ciudad tenía muchas notificaciones sobre su enorme cabeza, entre las que había una llamada ESCLAVIZADO .

Hizo una pausa antes de que la cola, a lo lejos, empezase a deslizarse como la cadena de un ancla y tirase de la serpiente al completo hacia un lado.

El demonio siseó mientras algo lo alejaba.

Vi movimiento justo encima de la serpiente y lo entendí todo.

Era el pequeño autómata que había dejado en las escaleras, quien también caía brillando como una estrella fugaz.

El robotito, que tendría que haber quedado destruido junto al resto del piso superior, giraba en el aire y terminó por aterrizar milagrosamente sobre la serpiente.

«Venga ya», pensé mientras la criatura titilaba y volvía a aparecer en el mismo sitio tras la teletransportación.

Ysalte había sido invocada mientras estaba en un pasillo normal y, gracias a eso, había entrado al piso como una enana de tamaño normal. Pero, cuando Amayon apareció gracias a la teletransportación de la serpiente, se encontraba al aire libre.

Por eso, adquirió un tamaño mucho mayor que el de la enana.

El mundo entero se estremeció, como si estuviésemos en un accidente de coche. Oímos el estruendo de las patas del demonio al caer en el suelo abajo del todo.

La versión liberada de Amayon se alzó en toda su envergadura, con las patas en la calle, de pie frente al edificio sin parte superior y mirándonos.

Nosotros nos encontrábamos en el piso 32 del edificio y, aun así, le llegábamos al pecho al demonio, que nos contemplaba desde arriba.

El cuerpo parecía ser similar a un cuadrúpedo, como el de un centauro, pero no le vi las patas desde el lugar donde me encontraba. Su pecho humanoide se alzaba por encima de nosotros y había roto la formación de remolino de aves y murciélagos, quienes se apartaban para seguir rodeándolo.

De la cintura para arriba, tenía un aspecto similar al de los demonios de placer, pero su piel roja burbujeaba como si estuviese hecha de lava rematada de franjas negras.

Se parecía a Emberus en ese sentido, aunque su cabeza contaba con cuatro enormes cuernos demoniacos parecidos a los de un reno.

Dos de ellos se alzaban hacia las alturas y perforaban las nubes, mientras que los otros dos se curvaban hacia abajo como colmillos.

La boca tenía el extremo afilado como un pico, parecida a la de un dinosaurio.

Rugió, y en el interior de ese pico solo vi dientes y fuego.

La marca ESCLAVIZADO seguía sobre su cabeza.

«Mierda».

No se había liberado del control de Ysalte tras la teletransportación. Solo habíamos conseguido hacerlo más poderoso.

Cuando dejó de gritar, él también quedó paralizado, lo que hizo que lo único que resonase a nuestro alrededor fuese esa guitarra heavy metal con distorsión silenciada con música sinfónica de fondo. Imani, que se encontraba en el primer piso del edificio, me envió un mensaje cargado de pánico.

I MANI : Mierda. Yo también estoy paralizada. ¡También hemos entrado en combate!

No cambió nada durante un instante, como si la IA estuviese pensando qué hacer a continuación.

La cuenta atrás parpadeó para luego desaparecer. Apareció una nueva, esta de diez minutos.

Misión completada. Al borde del peligro.

Espera…

Nueva misión. La pieza restante.

Se trata de una misión de mundo híbrida. Todos los mazmorreros que sean lo bastante imbéciles como para seguir en el octavo piso se han añadido a esta misión.

Todos los mazmorreros que estén en la región de Cuba han pasado a ser los anfitriones de esta misión.

La misión tiene dos partes. La primera se llama «La gran O».

En la primera parte solo pueden participar los que se encuentren en Cuba.

Si la superan con éxito, empezará la segunda parte, en la que podrán participar todos los demás.

Mientras, la batalla que está a punto de tener lugar se emitirá en todas las pantallas de la mazmorra para los que estén fuera de Cuba.

El demonio Amayon, príncipe de Sheol, está atrapado en este mundo, desterrado aquí por culpa de uno de sus tres hermanos.

Ysalte, su antigua novia y madre de su hijo, también está en este piso, y se ha hecho con el control del demonio, igual que aquella vez que él la retuvo cuando ella intentó escapar de la relación que tenía con él.

Amayon solo quiere volver a casa.

Pero ella quiere mantenerlo bajo su control y llevarlo a la Ascendencia, donde se convertirá en su criado hasta que terminen los enfrentamientos.

Mientras que el resto de los dioses se ha hecho con deidades largo tiempo olvidadas para convertirlas en sirvientes, la Zorra Avinagrada sabe que tener a su lado a un príncipe del infierno la ayudará a asegurarse el trono.

Volverá a marcharse dentro de diez minutos. Si Amayon sigue bajo su control cuando termine la cuenta atrás, ambos se teletransportarán de vuelta a la Ascendencia.

Si eso ocurre, todos los que no tengan llaves morirán. No habrá más oportunidades.

Para liberar al demonio del control de Ysalte, Amayon debe empezar a lanzar su conjuro para volver a casa. Y, para ello, tiene que tener las fuerzas necesarias. ¿Cómo darle esas fuerzas? Quizá deberías preguntarle.

Si se libera de su control antes de que se acabe el tiempo, ella se marchará y él se quedará aquí hasta que el conjuro lo lleve a casa.

Cuanto más fuerte sea, más poderoso tendrá que ser su conjuro. Si está al máximo de su poder, el conjuro cubrirá el planeta al completo y todos tendrán la esperanza de llegar al siguiente piso.

Ah, y una cosa más.

Recuerda que seguimos en el octavo piso.

Clanc, clanc, clanc, clanc.

Aparecieron cuatro cartas frente a la enana, aún paralizada y aún en el aire. Cada una cayó frente a ella como el impacto de un martillo.

—¿Qué cojones? ¿En serio? —pregunté—. ¿Estás de broma?

Clanc, clanc, clanc, clanc.

Aparecieron cuatro cartas más frente al demonio gigante. Cada una del tamaño de la puerta de un garaje.

Amayon tiene un mazo pequeño con seis tótems. Pondrá en juego cada tótem desde que lo tenga en la mano.

No intentará escapar hasta que todos sus tótems estén muertos.

¿E Ysalte? Ella tiene una versión ligeramente mejorada del mazo de la fallecida sor Inés.

No puedes matar a la diosa, así que tendrás que contenerla.

El mundo dejó de estar paralizado y la diosa siguió cayendo hacia atrás.

Cayó al suelo y derrapó por él. Se puso en pie a unos treinta metros de distancia e intentó lanzarnos un conjuro, pero no ocurrió nada.

Gruñó con frustración antes de que centrase al fin la mirada en las cartas que flotaban frente a ella.

Que empiece la última batalla de cartas.