El ojo de la novia frenopática (Carl el Mazmorrero 6) Capítulo 65
90%

Capítulo 65

Nos quedaba una hora. Empecé a susurrar:

—Dónut, ponte el pinganillo y prepárate para lanzar tu conjuro.

Samantha, necesito que lo mejores si puedes.

Todos entraremos por la puerta principal y tendremos las pociones listas, pero nada de tomárselas por el momento.

Dónut va a lanzar dos conjuros, y para el primero tardará cinco minutos.

Tan pronto como haya terminado, yo lanzaré unas bombas de humo y luego usaremos Saltacharcos hasta la entrada y nos abriremos paso.

Dónut tenía que colocarse en un lugar donde viese al grupo, por lo que se adelantó hasta la salida de la callejuela, dentro de la cesta de uno de aquellos rickshaws , donde se acurrucó hasta que solo se le veían los ojos.

Mordecai había dicho que el conjuro la haría brillar, por lo que lo de hacerse invisible no iba a funcionar.

Si uno de esos demonios se daba la vuelta y miraba hacia nosotros, iba a verla.

Imani empezó a flotar. Ella también podía mejorar los conjuros.

—¿Estás seguro de que va a funcionar? —susurró Elle, que miraba el grupo de demonios. Había miles—. Dijiste que solo servía para criaturas inteligentes, y diría que los zombis no es que sean muy listos.

—Son zombis demoniacos. Son inteligentes —comenté al tiempo que extendía el brazo y acariciaba a Dónut—. Dónut ha dicho que al parecer los zombis se han marchado de este lugar. Venga, gente. El conjuro tardará cinco minutos en lanzarse, así que pasad desapercibidos. ¿Lista, Dónut?

—Vaya, vaya —dijo ella un momento después—. Con mi mejora de Carisma, ¡puedo marcar al grupo entero desde aquí! ¡También a algunas de las aves! Y ahora solo tarda cuatro minutos en lanzarse. Ojalá aún tuviese esa tiara de Carisma.

—No pasa nada. Así nos vale —dije—. Venga.

Dónut empezó a brillar mientras lanzaba Ejército de secuaces.

Habíamos recibido el grimorio cerca del final del primer piso, pero aún no lo había usado porque era muy peligroso.

Era un conjuro diseñado para la guerra y, cuando lo lanzase, iba a quedarse paralizada y vulnerable durante cuatro minutos.

El conjuro solo tenía nivel 1 antes de la mejora.

Conseguía que un 2 % de los enemigos de la zona de efecto se pasasen a tu bando.

Con las mejoras de Imani y de Samantha, ese 2 % debía pasar a ser un 5 %.

Seguía pareciéndome un número muy bajo, pero tanto Mordecai como Doctor Huesos habían insistido en que serviría para sumir el lugar en el caos.

Apareció una cuenta atrás sobre Dónut y el efecto ENRAIZADA . Mongo soltó un graznido inquisitivo.

—Todo bien —le dije al dinosaurio—. Está bien.

El brillo dorado que rodeaba a Dónut aumentaba de intensidad a cada segundo.

No dejé de mirar a los demonios, que seguían sin moverse, y hablé un poco más alto:

—Muy bien, gente. Tan pronto como se lancé el conjuro, se desatará el caos a nuestro alrededor.

En ese momento, el equipo de asalto avanzará.

Cuando avisemos, el resto tendrá que ponerse manos a la obra.

Tenéis que evitar que nos persigan, pero meteos en la zona de batalla solo si es absolutamente necesario.

Atacad solo con armas a distancia. Cuento contigo para que no les pase nada, Chorreras.

—Me giré para mirar por encima del hombro—.

Y también con los babolúgalos… Mierda. ¿Dónde cojones están los babolúgalos?

—¡Chop, chop, hijos de puta! —oí gritar a alguien a una calle de distancia, mientras un pelotón de unas cuarenta babosas estúpidas con hachas se lanzaba hacia el grupo de demonios.

—Mierda —comentó Louis—. Se están haciendo un Leeroy…

—No, ni se te ocurra decir lo que falta —gruñí—. Joder.

—Era imposible predecir que harían algo así, ¿eh? —comentó Imani con ironía.

Empieza el combate.

A Dónut le quedaban tres minutos.

Si los demonios no mataban a esas babosas, ya me encargaría yo de hacerlo.

—¡Proteged todos a Dónut hasta que haya terminado de lanzar el conjuro!

La hilera de cuarenta babosas chocó contra el grupo de demonios como si fuese una carga de caballería. Era como ver un vídeo a cámara rápida de un tsunami a mocos romper contra una playa.

Me dio la impresión de que los demonios se habían quedado conmocionados.

Ninguno reaccionó al ataque hasta que recibió el golpe de una de las babosas.

Solo empezaron a responder si este primer ataque no las mataba.

Los más grandes, como las focas, dieron una voltereta hacia atrás chocándose contra sus compañeros.

Las babosas avanzaban destrozándolos como si fuesen una desbrozadora.

Era una ventaja que no iba a durar demasiado.

Pero por el momento fue algo digno de contemplar. A las babosas no se les daba demasiado bien luchar ni matar, pero lo compensaban con un entusiasmo exagerado.

—Al menos han cargado desde la calle de al lado —dijo Elle, que flotaba a mi lado mientras los demás también se acercaban a mirar.

—Guau. Qué rápido van, ¿no? —comentó Tran—.

Una de las babosas más pequeñas saltó por los aires y mordió a una foca en el cuello, pero no pareció conseguir nada con ello.

El adversario empezó a reaccionar como si hubiese estado dormido hasta ese momento.

Antes de que pudiese hacer nada, varias babosas cayeron sobre ella gritando y vitoreando, agitando las hachas de un lado a otro.

—Pero ¿cómo pueden controlar bien esas pedazo de hachas? —dijo Britney, fascinada—. Si ni siquiera tienen brazos.

—He aprendido a no fijarme demasiado en ese tipo de cosas. Así es todo mucho más sencillo —respondió Elle.

No todas tenían armas siquiera, pero las que sí, blandían esas hachas mortíferas que flotaban junto a sus cuellos enormes agitándose arriba y abajo, como si estuviesen en un balancín.

Algunas tenían armas diferentes, como navajas y bates de béisbol cubiertos de púas.

Una tenía una maza cilíndrica de metal unida al extremo de su cuerpo y giraba como un perro que intentara morderse su cola.

Estaba golpeando a más de los suyos que a los demonios, eso sí. Era rarísimo.

—Si conseguimos a unos pocos miles de babosas, podríamos ganar la guerra el primer día —dijo Louis—. Imagino todo un batallón de esas cosas tirándose en paracaídas tras las filas enemigas.

Imani rio entre dientes.

—Cuidado con lo que deseas. No olvides que esto es obra de Carl.

Se oyó el primer estallido del primer portal infernal al abrirse.

El ruido reverberó por todo el campo de batalla como una cuerda de bajo.

Luego se repitió. La mayoría de los demonios permanecían inertes, y yo empecé a preguntarme si deberíamos intentar una táctica diferente para acercarnos al edificio. Era demasiado tarde.

Treinta segundos después, la mitad de las babosas habían desaparecido. Los demonios que se habían despertado empezaron a abalanzarse sobre los atacantes, que parecían ajenos al cambio de tornas.

—¡Retiraos, babolúgalos! —gritó la mayor babosa de todas, una de nivel 52 con maquillaje de payaso verde y un pliegue alrededor del cuello.

—¡No! —grité yo, revelando nuestra posición—. ¡Nada de retirarse!

Las babosas restantes terminaron por decidir que querían salvar el pellejo y se alejaron gritando improperios a los demonios que tenían detrás, quienes se apresuraron para perseguirlas.

Se abalanzaron directos hacia nosotros.

—¡No vengáis hacia nosotros, imbéciles!

Dejaban tras de sí ese reguero anaranjado de sangre, mientras focas, cangrejos, peces y una mezcla de demonios nos veían al fin en la callejuela.

A Dónut le quedaba menos de un minuto. Brillaba con intensidad, como si fuese una estrella.

—Supongo que es mi turno —dijo Elle con un gruñido—. Apartaos todos. Este conjuro tiene un tiempo de recarga de una semana, pero supongo que es el mejor momento para usarlo. Ahora, no sé si empeorará o mejorará las cosas.

El hada de tierra y hielo se alzó por los aires. Las manos le brillaban azules.

—¡Ya llegamos! —gritó la babosa líder mientras alcanzaba al fin nuestra posición, zigzagueando como una serpiente que avanzara por las aguas.

Esa cosa era casi tan grande como yo, y no tenía ni idea de qué estríper había salido y cómo era posible que hubiese brotado de una sola ampolla.

Había otra de más nivel incluso. Aquella se llamaba DESMADRADA .

Chocó contra la pila de rickshaws y los lanzó volando por los aires.

Extendí el brazo para agarrar la bicicleta en la que se escondía Dónut, pero no lo conseguí.

El vehículo salió despedido, pero se abolló por completo al chocar contra la gata, como si esta estuviese hecha de acero.

Dónut no se movió; flotaba a treinta centímetros del suelo y había recibido un poco de daño. Mongo rugió rabioso.

La babosa se quedó quieta y alzó la vista hacia Imani.

—Eh, 313. ¿Viste esa movida? ¡Epiquísima!

Y luego siguió alejándose.

Me giré para encarar a los demonios mientras el resto de las babosas, que puede que fueran seis o siete, pasaban a mi lado a toda prisa. Las seguían unas setenta u ochenta de esas cosas. Detrás de los demonios activos, el resto permanecía paralizado.

Elle lanzó Granizo blando.

—Mierda, mierda —gritó la mujer mientras el brillo azul que la rodeaba aumentaba de intensidad—. Chicos, dice que se está lanzando con más potencia de la habitual. ¡Todo el mundo atento!

Un trueno nos tiró a todos al suelo mientras una descarga de granizo caía del cielo.

Elle había recibido el conjuro en una caja de botín después de nuestro primer enfrentamiento con el Maestro en forma de Grull, al final del cuarto piso.

Solo lo había lanzado una vez antes, para superar el cuadrante de aire de su burbuja en el quinto piso.

Mordecai nos había advertido que era un conjuro de guerra que solo debía lanzarse en exteriores. Y ahora lo entendí.