El ojo de la novia frenopática (Carl el Mazmorrero 6) Capítulo 64 #3
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Capítulo 64 #3

—Sí. Sí. Me llamo Don Quijote de la Verga —dijo De la Verga—.

Sí. Sí. ¿Jefferson? Bien hallado seáis… Sí.

Vamos de camino. Soy un antiguo hidalgo convertido en artista que ahora es mercenario…

Sí. Cinco monedas de oro por baile, pero más si acabamos en el armario de las corridas…

No sé qué es un fondo mutualista. ¿Por qué?

—Carl, ¿con quién habla?

—Con el calcetín —respondí mientras De la Verga se apartaba para enseñarle el calcetín a sus amigos.

D ÓNUT : VALE. VUELVO EN UN MINUTO. NO EMPECÉIS SIN MÍ.

C ARL : Que sea rápido.

Detrás de mí, Dónut, Imani, Britney y Tran se apartaron a un callejón para activar un combate rápido con el que ajustar el mazo de la gata una vez más. Por si acaso.

Mientras, los demás empezaron a hablar por el chat comentando el plan.

Ya casi no había enfrentamientos. Osvaldo y un tipo llamado Jurgen habían empezado un combate de cartas, pero Jurgen se había visto obligado a usar Darse a la fuga.

Al final había cumplido su promesa de romper las escaleras y ahora estaban trabajando juntos para apartar los escombros.

Se encontraban en algún lugar de Brasil.

Los demás estaban igual. Aún nos quedaban cuatro días, pero, a estas alturas, la mayoría de los que tenían llave ya habían bajado por las escaleras.

Recibí un último mensaje de Prepotente.

P REPOTENTE : Que no sirva de precedente, Carl, pero espero que la Princesa Dónut y tú sobreviváis a vuestro estúpido plan. Eres torpe y bruto, y es un milagro que hayas llegado hasta aquí, pero la mazmorra no sería lo mismo sin ti.

C ARL : Gracias, Prepotente.

P REPOTENTE : Si sobrevives a la primera parte, asegúrate de que lees bien las condiciones de victoria de la nueva misión.

Hay bastantes mazmorreros en Indonesia, que es la masa de tierra que se encuentra en las antípodas de Cuba.

Es posible que sean los que estén en peligro si no consigues fortalecer lo suficiente al demonio.

Vas a necesitarlos en el próximo piso si quieres ganar.

Hablando de ello, la Princesa Dónut me ha tenido informado de cómo van las votaciones de la Guerra de Facciones. Supongo que seguís en un punto muerto.

C ARL : Haré todo lo posible. Y sí, desde que todos se quedaron bloqueados y la IA del sistema se negó a ayudarlos, se han negado a votar y se limitan a intentar poner una demanda tras otra. Son unos gallinas. Mientras, los rebeldes PNJ han aprovechado para sabotearlos siempre que pueden.

P REPOTENTE : Tengo ganas de saber cómo acaba eso. Ahora, voy a bajar por las escaleras.

C ARL : Cuídate.

P REPOTENTE : Una cosa más, Carl.

C ARL : Dime.

P REPOTENTE : He decidido no matarte por dejar que mi madre se suicidase. Llevo pensándolo un tiempo y he llegado a la conclusión de que eres demasiado estúpido como para haber podido hacer algo. Tu castigo será ayudar a que me vengue de los verdaderos culpables.

Parpadeé y volví a leer esa última parte. Intenté que no se notase el sarcasmo en mi respuesta.

C ARL : Qué alivio. Gracias, Prepi.

En ese momento, me llegó la notificación de combate completado y Dónut aterrizó en mi hombro.

—Listo —dijo—. Ya no hay muchos zombis por aquí. Creo que se están alejando del edificio demoniaco.

—Mejor, porque ya hemos llegado —dije al tiempo que alzaba la mano para que todos se detuviesen.

Nos encontrábamos en una callejuela bloqueada por una pila de rickshaws a pedales que habían quedado entrelazados de alguna manera, todos con capotas de colores diferentes y carteles hechos a mano que rezaban «Taxi».

Había unos pocos que tenían adornos navideños.

Usé aquella montaña de bicicletas para ocultarme mientras echábamos un vistazo a la derecha, donde vimos una manzana llena de demonios.

Había todo tipo de criaturas. Cangrejos, focas, peces, duendes y alguna que otra criatura humanoide con cara de perro.

Y más. Todos eran de esos zombis poseídos por demonios.

Estaban quietos o tirados en el suelo, dóciles y alzando la vista hacia el huracán de gaviotas.

Ninguno nos estaba mirando. Era como si esperasen pacientemente a que llegase un tren que los llevara a casa.

Ya no se veía a Amayon debido a la cantidad de pájaros. Lo vi agitarse allí en las alturas y me fijé en que no solo había gaviotas, sino que también había murciélagos. El cono de fuego siguió alzándose hacia los cielos desde el centro del tornado. Hacía tanto calor que costaba respirar.

Me di cuenta de que llevaba un tiempo sin saber nada de sor Inés. Lo comprobé en el mapa y vi que seguía ahí, cerca de la parte alta y dentro del edificio. El sistema aseguraba que seguía viva, pero no se había movido, lo que era muy inquietante.

También me fijé en que el sistema no decía que los demonios fuesen secuaces de sor Inés. Amayon era el único que estaba bajo su control.

La parte delantera de aquel edificio blanco y verde con forma de i griega se alzaba frente a nosotros.

Había llegado el momento.