El ojo de la novia frenopática (Carl el Mazmorrero 6) Capítulo 62 #2
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Capítulo 62 #2

C ARL : Estoy trabajando en ello, pero no lo tengo claro. Tenéis que hacerlo después de que todos los que tienen llave salgan de aquí. No tiene sentido que ellos también se arriesguen.

J URGEN : No, tío. Voy a romper la puerta ahora mismo. Si tenemos que despejar esto, vamos a necesitar ayuda.

O SVALDO : Dios, Jurgen. Como rompas esa puerta antes de que la crucemos, acabaré contigo.

J URGEN : Ups. Demasiado tarde. Supongo que ahora estás aquí atrapado con el resto. Vente y nos ayudas a excavar.

Respiré hondo.

C ARL : Cagondiós, ¿eh? Parad ya todos. Antes no dejaba de pensar en lo inútil que era todo, que no dejaban de acabar con nosotros para debilitarnos, que teníamos que cumplir con una cuota de muertes y daba igual cuánto nos resistiésemos, que no podíamos hacer nada.

No. Que les den. Me equivocaba. No somos como los que han estado aquí antes.

Esta es nuestra oportunidad. Es nuestra oportunidad de demostrarles que somos duros de pelar, que no vamos a morir cuando ellos quieran.

Cada persona que sobreviva a esto será una persona más contra la que esos cabrones de verdad tendrán que luchar en el piso siguiente.

Nos necesitamos. Os necesito. Dejad de pelearos, joder.

Se hizo un silencio muy largo.

K ATIA : Estoy contigo, Carl.

Katia ya tenía llave. No hacía falta que dijese nada, pero se lo agradecí.

E LLE : Nosotros también lo estamos.

L I N A : Y nosotros.

Llegaron una multitud de mensajes de personas que estaban dispuestas a colaborar. Me sentí muy aliviado.

Y finalmente llegó lo que estaba esperando. La confirmación.

Apareció un cronómetro en mi interfaz. Era una cuenta atrás a la que le quedaban dos horas.

Nueva misión. Al borde del peligro.

Esta es una misión regional. Se ha añadido a la misión a todos los mazmorreros que se encuentren en la zona de Cuba.

Tu pelotón ha sido nombrado anfitrión de esta misión.

Venga, vale. Por Dios, ¿eh? La verdad es que llevaba un rato pensando en si permitir esto o no, pero ahora que sois tantos los que estáis deseando morir de manera tan espectacular, habrá que hacerlo oficial.

Amayon, uno de los cuatro príncipes de Sheol, ha sido traicionado por uno de sus hermanos.

Después de ser expulsado del reino de Sheol bruscamente, el príncipe demonio ha conseguido aferrarse a lo que podría considerarse como el equivalente de una plataforma muy muy pequeñita antes de caer.

El señor demoniaco de nivel 250 se encuentra ahora en el cuerpo de una deidad menor, una serpiente marina a la que se adoraba en el pasado llamada Madre de Aguas.

Para volver a casa, Amayon solo necesita lanzar un conjuro. Pero nadie, ni siquiera un príncipe, puede tener gratis todo lo que quiere. Se necesita un diezmo de almas para regresar. Y, para un demonio de su poder, por muy debilitado que esté, el diezmo es muy alto.

Por eso tiene que lanzar el conjuro. Cuando lo haga, aparecerá un portal enorme que absorberá todas las almas que se encuentren dentro de la zona de Cuba. Y será una cantidad que, a duras penas, le permitirá volver a casa.

Por desgracia para Amayon, su expulsión no ha pasado desapercibida.

Otras entidades se han percatado de que está lejos de casa y están haciendo todo lo posible para evitar que regrese.

Intentan chafarle los planes. Pero, a pesar de estar debilitado, sigue siendo fuerte y cada vez queda menos para que lance el conjuro.

Estas son vuestras opciones:

• Primera opción. No hacer nada.

Recompensa: Dentro de dos horas, se abrirá el portal y toda la región de Cuba ascenderá absorbida hacia el portal de Sheol.

Esto puede ser bueno o no dependiendo de dónde os encontréis cuando ocurra.

El portal seguirá abierto durante el tiempo que quede para que se derrumbe el piso. Traducción: Salid cagando leches.

• Segunda opción: Liberad a Amayon de su receptáculo.

Recompensa: Esto hará que Amayon adquiera su verdadera forma. El tiempo se reiniciará y la misión pasará a convertirse en una misión de mundo. Nunca hemos tenido a un príncipe demoniaco con todo su poder desatado tan pronto en la mazmorra. Tengo claro que no será para tanto.

• Tercera opción: Matad a Amayon.

Ya, claro. Vosotros veréis. Pero deberíais saber que es invulnerable en este piso.

Recompensa: Recibiréis una bendición infernal celestial.

Respiré hondo. Ahí estaba.

C ARL : Prepi, joder. Tenías razón. Hemos recibido la misión, como dijiste.

P REPOTENTE : ¿Cuántas veces voy a tener que decirte que no me llames así?

Dónut permaneció muy quieta en la callejuela. Había alzado la cabeza para mirarme.

—Carl, si lo hacemos, podríamos perder la oportunidad de bajar por las escaleras.

—Lo sé, Dónut —dije al tiempo que me arrodillaba a su lado—. Si quieres bajar tú, me aseguraré de que lo consigas. Pero esto es culpa mía y la gente cuenta conmigo, así que me tengo que quedar.

—Pero ¿cómo sabes que el conjuro del demonio afectará a todo el planeta?

—No lo sé, Dónut. Solo es una corazonada, pero creo que tengo razón.

Y la manera en la que estaba redactada la misión parece corroborarlo.

Cuando más fuerte es el demonio, más grande necesita que sea el conjuro para volver a casa.

Voy a hacerlo lo más fuerte posible. No sé si llegará a cubrir todo el planeta, pero haré todo lo que pueda para que así sea.

—Pero ¿cómo?

Evité la pregunta, porque sabía que a Dónut no iba a gustarle la respuesta.

—Tenías razón antes, Dónut. Tendríamos que haber matado a sor Inés cuando tuvimos la oportunidad.

Ahora no tenemos elección. Primero hay que acabar con ella.

Luego, liberaremos al jefe de su receptáculo y mejoraremos su poder todo lo posible.

—Tragué saliva—. Y después me colocaré debajo de la sala de las escaleras.

—Pero, si haces todo eso, no tendrás tiempo de excavar para liberar la sala. Una está dentro de una iglesia enorme y la otra está enterrada debajo del Capitolio. Tú mismo lo dijiste. Hay que limpiar los escombros de alrededor si es posible.

Respiré hondo. Esa era la parte del plan que tenía menos clara.

—Yo haré todo lo que esté en mi mano, pero el demonio está aquí en nuestra zona.

Y soy el único que puede mejorar su poder.

Dónut, no me gusta estar en esta posición.

—Hice un ademán para abarcar lo que tenía alrededor—.

Pero todo esto se ha hecho para obligarnos, para obligarme, a hacerlo.

Soy el único que puede. Si no, vamos a tener verdaderos problemas el próximo piso.

Esta es nuestra oportunidad de salvar a toda la gente posible.

Ella me dio un cabezacito en la pierna.

—No seas tonto. Haremos todo lo que está en nuestras manos, Carl. Los dos. Si tú no bajas por las escaleras, yo tampoco lo haré. Somos la Pandilla de la Princesa, y la Pandilla de la Princesa nunca abandona a nadie.

Extendí el brazo, la agarré y la acuné contra mi pecho. A unas calles de distancia, un edificio se derrumbó mientras las llamas se alzaban hacia las alturas. Amayon volvió a rugir. Samantha flotaba en el extremo de la calle, gritando y chillando sorprendida al ver tanta destrucción.

—Esa frase ha sido un poco moñas —dije mientras le enterraba la cabeza en el pelaje.

—Sí, sé que tengo que mejorarla —comentó—. Creo que la saqué de una película. Ahora, matemos a esa monja.