Capítulo 61 #2
—No tengo ni idea —dije al tiempo que saltaba sobre el carrito de un vendedor callejero. Por desgracia, levanté el pie menos de lo que debía, lo volqué y derramé galletas de coco por todas partes—. Samantha, ¿sabes qué conjuro está lanzando?
—Está intentando luchar contra el conjuro de Encanto —explicó Samantha—.
No es tan fuerte porque se encuentra dentro del cuerpo de esa señora serpiente.
Es probable que el demonio esté muy avergonzado porque lo estén controlando de esa manera.
Las señoritas del harén se burlarán sin duda de él.
Está quedando muy mal. ¿Te gusta mi nueva bandana?
—Es maravillosa —dijo Dónut. Disparó un proyectil mágico a un cangrejo zombi, que explotó antes de poder llamar la atención al resto.
—Entonces ¿crees que sor Inés lo controla por completo? —pregunté—. ¿Lo del fuego es por el Encanto?
—Está lanzando un conjuro para volver a casa. Es un portal. Es algo que se intenta mucho en la Nada, pero allí no funciona porque necesita muchas almas. Aquí es probable que sí pueda hacerlo.
«Mierda».
—¿Un portal, como los que abren los otros demonios cuando tocan a alguien?
Vi que Samantha había empezado a morder una de las galletas de coco y tenía restos por toda la cara.
—Sí, es más o menos lo mismo. Pero este es grandote y los grandotes necesitan puertas grandes y muchas almas.
Además, lo abrirá en el cielo y no aquí abajo, por lo que absorberá todo como esa cosa tan mona de metal que flota por tu casa, la que se traga paquetes de patatas fritas y limpia cuando Mongo hace pipí en el sillón.
Alcé la vista al cielo, donde una nube roja y llameante se alzaba justo sobre nuestras cabezas, creciendo poco a poco. Oh, oh.
—¿Está intentando lanzar el conjuro, pero sor Inés también lo está controlando? No entiendo. ¿Es ella la que lo está obligando a usar la magia?
—No. Creo que esa señora que se parece a Dónut no es lo bastante fuerte como para controlarlo.
Creo que ella intenta detenerlo, pero él ha empezado a lanzarlo de igual manera.
No es lo bastante fuerte para hacer lo que está haciendo ahora siquiera, así que seguro que ha recibido ayuda de algún tipo. Es probable que venere a otra deidad.
—No venera a otra deidad —dije—. Acabamos de luchar contra ella. Si venerase a otra deidad, lo habría visto. No va a hacer algo así, al menos voluntariamente. Se niega.
I MANI : Joder, Carl. Uno de los tipos cabra y un humanotauro acaban de salir del templo para intentar luchar contra uno de esos demonios de placer.
Lo vi todo. El demonio lanzó algo y se llevó consigo a esas dos criaturas.
Al parecer, tienen un ataque de portal al infierno a distancia.
Deja un agujero en el suelo del tamaño de un jacuzzi .
El portal sigue ahí. Absorbe todo lo que tiene alrededor como si fuese un agujero negro.
Durará un minuto y tiene un mensaje encima que dice: «Entrada a Sheol, piso 15».
Está absorbiendo los ladrillos del edificio. Un momento, está pasando algo.
C ARL : Mierda, joder. Vete diciéndome.
—Tenemos que tener mucho cuidado —comenté a Dónut—.
Los demonios que no están en el cuerpo de los zombis no necesitan tocarte para arrastrarte al infierno.
También tienen un ataque de portal. Al parecer, es bastante ancho y no parece que haga falta que apunten demasiado bien.
El agujero toca el suelo y se pone a absorberlo todo.
—Dios, Carl. Entonces ¿habrá agujeros por todas partes. Agujeros en el suelo y una aspiradora gigante en las alturas. ¿Cómo se supone que vamos a enfrentarnos a algo así?
—No podemos. Tenemos que conseguir que absorban a otros PNJ o a enemigos antes que a nosotros. Los demonios se marcharán si arrastran a alguien con ellos.
—¡Todos los PNJ están muertos! ¡Son zombis! ¿Esos cuentan? ¡No he visto a un PNJ de verdad desde que llegamos a la ciudad!
—Estoy muy seguro de que los zombis y los muertos vivientes normales no cuentan. Tienen que ser PNJ corpóreos o mazmorreros. Tenemos que encontrarlos en alguna parte.
—¿Y la aldea ghommid? —preguntó Dónut—. ¡Solo está a dos manzanas!
—Son muertos vivientes —expliqué—. No funcionará.
I MANI : Otro clérigo cabra acaba de salir y evitar el primer agujero, pero lo atacó otro demonio.
Ese abrió un segundo portal, que absorbió a ese clérigo nuevo, pero el demonio sigue aquí.
Se ha puesto a gritar algo a la entrada del templo.
Exige que alguien salga y se enfrente a él.
Sobre el segundo portal hay un mensaje que dice «Uno de dos».
Aún no me ha visto. Está esperando ahí fuera.
C ARL : Parece que los demonios más grandes necesitan dos almas para regresar. No te arriesgues a salir. Quédate en la estancia segura.
I MANI : Me pregunto cuántas necesitará ese tan grande.
Yo me pregunté lo mismo.
C ARL : ¿Cuántos demonios quedan en la iglesia?
I MANI : Solo uno dentro, pero hay más ahí fuera.
Han empezado a reunirse en el exterior, y no los veo demasiado bien desde aquí.
No sé cuántos habrá. No son demasiados, pero más de cinco seguro.
Aún dice que son secuaces de sor Inés, pero no me cabe duda de que aprovecharán cualquier oportunidad para escapar y bajar al decimoquinto piso.
C ARL : Vale. Tengo una idea, pero tienes que hacerlo lejos de la salida.
Hace un tiempo… encerré a los estríperes en la galería de entrenamiento.
Es probable que estén bastante enfadados a estas alturas.
Van a ayudarme con algo en el siguiente piso.
Mordecai te pondrá al día, pero tan pronto como veas lo que hice, lo comprenderás.
Eso debería servir para librarnos de los demonios.
Con suerte, despejará la zona de la iglesia.
I MANI : Me pongo a ello.
Mientras esperaba, abrí los chats de grupo, que estaban llenos de personas enfrentándose a los demonios.
Era algo que ocurría incluso a los que estaban alejados de las zonas costeras.
Como era habitual en la mazmorra, los problemas se habían extendido más rápido de lo normal.
Empecé a leer hasta que encontré la información que buscaba.
R EZAN : Por Dios. ¡Masoud ha muerto! ¡Lo tocó una mofeta zombi poseída por un demonio! Solo lo agarró por el pie e intentó arrastrarlo hacia un portal. El demonio lo atravesó, pero ¡Masoud explotó al tocarlo! ¡Explotó como mi madre cuando entró al baño en el primer piso!
M ANDLA : Si es como lo de los baños, no explotas al tocar el portal.
El problema es que tu equipamiento se ve absorbido por él, pero tú no puedes pasar, por lo que todo lo que llevas te aplasta contra el agujero.
Es como una trampa de portal. Si te acercas, intentará absorberte, pero como es un portal al decimoquinto piso y los mazmorreros no podemos bajar aún, todo lo que llevamos encima cruza al otro lado igualmente. Por eso explotamos.
R EZAN : Tampoco quería que me diese una clase de ciencias, ¿eh, zoquete? Da igual cuál sea la razón. Si lo tocas, estás muerto.
M ANDLA : Si vas en bolas no.
R EZAN : Entonces ¿me estás diciendo que luchemos en pelota picada contra esos zombis demoniacos?
M ANDLA : Es lo que estoy haciendo yo.
Me detuve en seco en mitad de la calle. No conocía a esos mazmorreros, pero los había visto en persona hacía mucho tiempo.
Su conversación me recordó algo, algo relacionado con Katia, Louis y Firas, algo que había ocurrido en el quinto piso a bordo del Tetamen.
Eso y unas cuantas entradas del libro de cocina. Me metí en la conversación.
C ARL : Rezan, ¿qué pasó cuando se cerró el portal?
R EZAN : ¿A qué te refieres? ¿Cómo que qué paso?
Pues que explotó como si le hubiesen metido un cartucho de dinamita por el culo.
Tengo cachitos entre los dientes, tío. Era un capullo, pero tampoco merecía morir así.
Está por todas partes. Todo su equipo atravesó el portal, pero él explotó a lo grande.
No pude saquear su inventario siquiera. También llevaba encima la mayor parte de nuestro oro.
El resto estaba en la estancia segura. Era quien nos había comprado las mejoras y ya no está. Vamos a tener un problema.
C ARL : Pero ¿el demonio también se marchó? ¿Y el agujero desapareció sin más?
R EZAN : Sí, claro.
C ARL : ¿Y solo desaparecieron las cosas que llevaba encima?
R EZAN : Sí, joder, tío. ¿Alguna pregunta más? Estoy aquí huyendo a la carrera por mi vida, ¿sabes?
Alcé la vista hacia el demonio gigante. Los zombis demoniacos solo necesitaban un alma.
Tocaban a una persona, se abría un portal y el demonio regresaba a casa.
El portal se cerraba de inmediato. En el caso de los demonios de nivel 140 que campaban a sus anchas, el portal duraba un minuto o dos, absorbía todo lo que tenía cerca y necesitaban dos almas para regresar a casa.
El demonio encerrado en el cuerpo poseído del jefe de ciudad aún se alzaba sobre nosotros escupiendo fuego hacia arriba, a varios cientos de miles de metros. Aún no tenía ni idea de qué tenía que ver sor Inés con todo aquello, pero empezaba a olerme algo.
—Carl, diría que no deberíamos quedarnos quietos en mitad de la calle —comentó Dónut mientras disparaba otro proyectil, en esta ocasión a una gaviota zombi.
—Espera —dije—. Estoy pensando.
—¡Pues piensa más rápido!
S OR I NÉS : Empiezo a perder la paciencia, Carl.
El corazón empezó a latirme desbocado. ¿Qué era lo que había dicho Ren, que tres de los cuatro equipos no tenían llave?
Antes me había equivocado. El juego sí que estaba intentando equilibrar lo injusto que era que se rompiesen las puertas.
Ahora lo entendía. Lo estaba haciendo, pero a su manera, claro. Y ya sabía cómo eran sus maneras.
C ARL : Todos los que oigan esto, rápido, comentadme si habéis recibido más de esos pergaminos de Hacer trinchera. Yo tengo unos cincuenta.
M ANDLA : Yo también tengo muchísimos.
L OUIS : Son como las vendas y las antorchas del primer piso.