Capítulo 60 #2
M ORDECAI : Pues tú verás, pero yo los guardaría mientras pueda. ¿Has decidido qué vas a hacer con Imani?
C ARL : Voy a darle la llave. Dónut y yo correremos el riesgo.
M ORDECAI : Imani no te la va a aceptar.
C ARL : Elle la convencerá.
Mordecai no respondió.
—¡Mira ese pescadito! —gritó Samantha.
Un pez zombi entró en la callejuela brincando con las aletas.
Se nos quedó mirando y borboteó algo mientras una espuma roja le brotaba de las aletas.
Empezó a saltar por el suelo hacia nosotros.
Pruch. Pruch. Pruch. Oí un gruñido muy estruendoso que venía del fondo de la calle cuando más zombis se giraron hacia nosotros.
—Mierda —dije—. Vamos, chicas.
—Entonces ¿lo mataste con su brazo? Le prometí a la Pandilla que si volvías a luchar con Quan, ibas a matarlo con su brazo. Hasta lo escribí en el boletín de noticias.
Esperamos en otra callejuela mientras Samantha despistaba a un grupo de zombis para alejarlos de nosotros.
Habíamos quedado atrapados entre dos edificios, y yo la había enviado fuera para que los zombis la siguieran.
Ella no se había negado en ningún momento.
La oía gritar con entusiasmo a casi dos manzanas de distancia mientras los zombis la perseguían y nos abrían paso.
—No tuve la oportunidad —dije—. Juzicristo y Asojano dorados lo habían dejado hecho papilla, prácticamente. Fue una combinación buenísima.
—Has llevado su brazo encima todo este tiempo y no has podido usarlo.
Es un poco decepcionante. Cuando lo matamos, recibí las llaves, pero no sus cartas.
Apuesto lo que sea a que tenía algunas buenísimas.
Pero al menos conseguiste las de esa señora perro.
Supongo que al final se redimió con todas esas confesiones en su lecho de muerte.
—Quan tenía algunas cartas buenas —convine, tras decidir no discutir por lo de Ren.
Sabía que Dónut estaba actuando de cara a la galería y que, en realidad, había quedado muy afectada por la muerte de la mazmorrera.
A pesar de todo, seguía pensando en las visualizaciones—.
Pero no creo que fueran mejores ni peores que las nuestras.
Ahora, se le daban muy bien las estrategias.
Prácticamente, tuvimos que hacer trampa para vencerlo.
—Usar un vacío legal no es hacer trampa, Carl. No si lo hacemos nosotros. Ah, y ¿qué pasó con esa albóndiga repugnante?
Antes de que me viese obligado a contarle la verdad, nos interrumpió un nuevo mensaje.
S OR I NÉS : Carl y Dónut, ¿estáis ahí?
Intercambié una mirada con Dónut.
C ARL : Hola, hermana. ¿Cómo estás?
S OR I NÉS : Sé que tenéis la última de las llaves.
La puerta que buscáis es la de la iglesia de Jesús de Miramar, un lugar sagrado.
He rezado en ella y sé lo que debo hacer.
No puedo dejaros entrar. Si abrís esa puerta, será nuestro final.
Es lo que ellos me han dicho. Este infierno que contempláis no es más que una muestra de lo que nos espera si pecamos.
D ÓNUT : Intenta detenernos si puedes, zorra mestiza.
Dónut se giró hacia mí.
—Guau. Eso ha sonado más racista de lo que pretendía.
C ARL : Hermana…, ¿qué está pasando? ¿Quiénes son «ellos»? Creí que éramos amigos. Dinos qué está pasando.
S OR I NÉS : El poder fluye en mi interior, Carl.
Cada demonio que aparece me vuelve más fuerte.
No dejan de llegar, y yo soy la última muralla que nos protege a todos.
Es por mi fe. Puedo salvaros. Debo liberaros de este lugar antes de que arrastren vuestras almas al infierno.
No puedo salvar a la gata, claro, ya que ella no es más que una bestia nauseabunda.
D ÓNUT : ¡EH!
S OR I NÉS : Pero puedo salvarte a ti, Carl. Ven adonde estoy y te mostraré el camino. Se lo mostré a mis hermanas y también puedo mostrártelo a ti. No es demasiado tarde. Pero si intentas entrar en esa iglesia, no podré hacer nada por ti. Me obligarás a detenerte.
—Carl, ¡se ha vuelto majareta del todo! ¡Diría que se le ha acabado el efecto de la medicación!
Negué con la cabeza.
—Es más que eso. Desconozco qué desequilibrio mental tenía antes, pero han hecho que le vuelva a aparecer deliberadamente.
Creo que es cosa de uno de sus patrocinadores.
Durante la última batalla, los presentadores dijeron que los nebulares la representaban.
Y también son sus mecenas, que supongo será algo muy parecido.
Creo que le han dado algo que ha hecho que vuelta a perder la cabeza.
—¿Qué? ¿Por qué iban a hacer algo así? Los nebulares esos eran los cazadores con los gorros, ¿no?
—Sí. Y no pertenecen a una única especie, sino que son una secta.
Recuerda, eran los tipos que estaban de público en la arena de pruebas de los combates de cartas, la primera vez que la probamos.
Veneran a esa cosa que gobierna en el sistema central y tienen algunas creencias muy extrañas.
—Esa secta había intentado acabar con Prepotente en el Coto de Caza antes de que yo me viese obligado a luchar contra ellos y contra la gente de Vrah al mismo tiempo.
Me daba la impresión de que estaban muy resentidos conmigo y con Dónut por acabar con todos ellos.
Aún no sabía cuáles eran sus creencias en realidad, pero empezaba a hacerme una idea—.
Tenemos que tener cuidado. Intentaré tranquilizarla hasta que podamos salir por patas de aquí.
C ARL : Muy bien. ¿Podríamos vernos en alguna parte? Quiero hablar contigo. ¿Dónde quedamos?
—No vamos a quedar con ella, ¿verdad?
—Claro que no, joder. Pero hay que distraerla.
S OR I NÉS : Bien, bien. No te arrepentirás de esto, Carl. Ven al edificio Focsa.
C ARL : No sé dónde está.
I MANI : Tres demonios acaban de entrar en la iglesia. ¡Son enormes! No son zombis poseídos, sino demonios de placer nivel 140. Carl, aquí dice que son secuaces de sor Inés. ¿Cómo es posible? Creía que habías dicho que no podía controlar a los demonios de verdad.
En la distancia, la serpiente gigantesca poseída por el demonio seguía lanzando llamas hacia los cielos.
—Aquí, Carl —bramó la serpiente. La voz resonó e hizo temblar el suelo. Los cristales se hicieron añicos a mi alrededor. Me había quedado claro que alguien la estaba obligando a hablar. Era como si se resistiese—. Ven aquí.
—¿Qué cojones? —pregunté.
—Carl…, ¿está controlando a ese demonio gigante? —preguntó Dónut—. ¡Creía que esa cosa era una deidad! ¿Cómo lo hace?
—Puta mierda —dije al tiempo que contemplaba la criatura en la lejanía. Oh, oh.
S OR I NÉS : Ven, Carl. Ven o los demonios que están bajo mi control destruirán esa iglesia. No me gustaría destruir ese lugar sagrado, pero lo haré. Lo derrumbaré si así evito que abras esa puerta.
—Carl, esto te pasa por no dejar que Mongo se la comiese cuando tuvimos la oportunidad —dijo Dónut.
—Ya veo, ya —dije.