El ojo de la novia frenopática (Carl el Mazmorrero 6) Capítulo 58
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Capítulo 58

Entrando en la Habana

Crunch.

El autómata araña quedó aplastado bajo mi peso cuando me teletransporté sobre él.

Las otras tres arañas, dos normales y una pintada de rojo, se desperdigaron a mi alrededor.

Samantha me había hecho caso, por una vez, y la cuarta araña seguía en su interior.

Guardé la extensión de la xistera , que seguía en el extremo de mi mano, y ella desapareció y reapareció justo a mi lado tras teletransportarse unos pocos metros.

Un rayo salió disparado del edificio del Capitolio a través de la puerta. Los cristales se hicieron añicos y cayeron por las escaleras.

Eché un vistazo alrededor en busca de zombis o demonios. No vi nada, pero había humo alzándose en varios puntos de la ciudad. Muchos edificios se habían prendido fuego. Un aullido distante resonó antes de que se oyesen varios golpes fuertes. No había sido cerca de nosotros, por suerte.

Empieza el combate.

D ÓNUT : ESTAMOS LUCHANDO CONTRA LOS DUENDES. MONGO SE ESTÁ COMIENDO A LOS QUE TIENE CERCA. HABÍA UNO QUE SE LLAMABA CARLOS. AVISA CUANDO QUIERAS LOS TÓTEMS. TENGO A YULE Y A SKYLAR ESPINACA EN LA MANO. AÚN NO LOS HE SACADO.

C ARL : Vale. Estoy en posición. Entro.

Miré el autómata pintado de rojo. No quería arriesgarme a que nadie le hiciese nada a ese aún.

Era un recurso de emergencia que nos permitía que todo aquel que lo tocase intercambiase su lugar con Dónut.

Como Dónut tenía la habilidad con trampas a nivel 3, solo podía programarlo para que funcionase con mazmorreros, y lo había ajustado para que fuese con mazmorreros que no estuviesen en su grupo.

Eso significaba que yo no podía activarlo, pero como tenía la habilidad tan baja, si yo o cualquier otra cosa (fuesen enemigos o PNJ) lo tocaba, se desactivaría sin funcionar.

No me gustaba estar separado de Dónut, y aquella era la opción más rápida para que volviese a estar a mi lado en un abrir y cerrar de ojos.

La segunda opción era volver a lanzar a Samantha y que la mordiese, pero también era arriesgada hasta que perfeccionase mi puntería.

Usando el autómata rojo, necesitábamos que otro mazmorrero tocase la trampa. Era una de las favoritas de Lucia Mar, aunque sospechaba que ella tenía la habilidad con trampas muy alta y podía activarlas o desactivarlas a distancia.

Bajé la vista al robot araña rojo. Gracias a mi mesa mejorada, podía darles comandos de voz a esas cosas.

—Tú, quédate aquí escondido. Los otros dos, seguidme escaleras arriba, pero quedaos fuera. Samantha, acompáñame.

Las dos arañas repiquetearon y me siguieron.

La roja zumbó y se aplanó contra al suelo pegada a la pared. Un fantasma de los recuerdos pasó por ahí y se le quedaron los pantalones pegados a la araña, que quedó cubierta con la prenda. El estómago me dio un vuelco, pero por suerte no se activó.

Me bebí una poción de invisibilidad. Corrimos por la calle y subimos por las escaleras en dirección a la puerta rota.

Oí el rugir del lanzallamas de Tserendolgor, seguido de un aullido de dolor y una oleada de calor.

Sabía que podía seguir usando el arma a pesar de estar en un combate de cartas. El suelo tembló.

Vi una babosa en llamas que salía por la puerta gritando.

La criatura de nivel 11 me llegaba hasta las rodillas.

Tenía el pelo verde y de punta sobre la cabeza llameante.

El extraño monstruo nos ignoró mientras se lanzaba por las escaleras desesperado por el fuego.

Cayó hasta abajo del todo, donde quedó inerte mientras le burbujeaba la carne.

—No veas —dijo Samantha, que bajó la vista hacia el cadáver que seguía quemándose—. Parece que va a ser una fiesta muy divertida. —Alzó la vista para mirarme—. Carl, ¿dónde estás?

—Estoy aquí, pero invisible. Ahora, silencio —dije al tiempo que me colocaba junto a la puerta y echaba un vistazo al interior. Intenté sopesar la situación lo más rápido posible.

Era la estancia donde había empezado todo. Dónut y yo habíamos aparecido allí el primer día del octavo piso, uno que se me antojaba muy lejano. Todo estaba muy tranquilo en aquel entonces, pero ahora estaba en llamas. El combate entre Ren y Quan lo había convertido en un caos.

El sistema no podía añadirnos al enfrentamiento porque Dónut tenía que estar al alcance.

Y, además, la gata estaba en medio de otro combate muy lejos.

Había elegido usar su mazo, lo que significaba que podía invocar a sus tótems mientras la batalla contra los duendes siguiese activa.

Dónut estaba a salvo, pero gracias a las trampas de teletransportación, yo iba a poder invocar sus tótems hasta donde me encontraba.

Mi idea, si todo iba como esperaba, era que Quan no pudiese usar sus cartas de trampas con nuestros tótems, ya que no formaban parte del mismo enfrentamiento.

Y, al mismo tiempo, que nuestras criaturas pudiesen atacar a Quan directamente sin tener que preocuparse de si él tenía tótems invocados o no.

Nos estábamos aprovechando de un error, sí.

Más que eso, podía decirse que era una táctica propia de un tramposo.

Pero me daba igual. Teníamos que ponernos a ello antes de que lo parcheasen.

Preparé una hobomba adhesiva.

Quan estaba allí, dándome la espalda y bastante cerca del techo, gritando algo que no entendí.

En ese momento, aulló de dolor cuando otra babosa brotó de su cuerpo y cayó al suelo.

La criatura de nivel 12 gruñó dolorida en las baldosas antes de recuperarse.

Era una hembra con maquillaje de payaso y unas coletas extrañas y ralas a los lados de su cabeza de babosa.

Quan había vuelto a invocar a esa tortuga, que estaba allí en mitad de la estancia.

Mientras, Ren daba la espalda a la puerta de salida, lanzallamas en ristre y agitándolo de un lado a otro.

El tal Chuluuna estaba junto a ella. Era un tipo grande de Mongolia con una presencia muy sobrecogedora.

Parecía estar lanzando un conjuro o algo así.

Garret, el Dolor de barriga mascota de Ren, estaba al otro lado y era incluso más grande que Chuluuna.

También era un tanque y podía tragarse casi cualquier cosa de un bocado.

Reía mientras Ren lanzaba fuego por toda la estancia.

La tercera integrante de su pelotón, Khulan, no estaba por ninguna parte. Seguramente no hubiese regresado aún después de la teletransportación. Había demonios y zombis por todas partes, así que seguro que iba a tener problemas para llegar.

El pelotón de Ren había invocado un tótem alto y peludo que se encontraba delante de ellos.

El lanzallamas de la líder lo atravesaba sin hacerle daño, y la criatura había empezado a caminar hacia la tortuga.

También vi que Ren había tenido en cuenta nuestra advertencia sobre las tácticas de Quan.

Había lanzado una carta mística que estaba girada hacia nosotros.

Servía para evitar que Quan le mirase la mano o la obligase a descartarse.

Me preparé para lanzar una hobomba a Quan, pero me detuve cuando me llegó una notificación.

Mensaje de zona:

La Madre de Aguas ha sucumbido a la maldición del zombismo. Ha caído y se ha vuelto a levantar. Pero dicha maldición la ha dejado vulnerable y un demonio superior ha conseguido colarse en el piso. Amayon ha llegado. Cuidado todo el mundo. Mucho cuidado.

El infierno mismo está aquí y lo reducirá todo a cenizas.

Un estallido de llamas se alzó hacia los cielos a varios kilómetros hacia el oeste, seguido de un grito que hizo temblar el suelo.

Amayon ha aparecido en el piso.

Estás en presencia de un príncipe demonio de Sheol. La Hija del Carroñero ha abierto los ojos. Está ebria de poder oscuro.

Efecto temporal: Todos tus conjuros de fuego usarán fuego de Sheol en lugar de fuego normal.

¡Logro desbloqueado! ¡Por todos los infiernos!

¡Estás en presencia de la realeza de Sheol!

Esto es muy emocionante. Sois unos cachos de carne que no aguantan nada, los cabrones ricos de la Ascendencia son muy aburridos y encima no me dejan jugar con los juguetitos escondidos debajo de la mesa, ya sabes a qué me refiero.

¿Sabes hace cuánto que uno de los míos no desempolvaba uno de estos?

Desde hace una ETERNIDAD, que casualmente es el tiempo durante el que arderá tu alma si termina por matarte.

Recompensa: Has recibido una caja Me llevan los demonios de platino.

—Esto…, Samantha —susurré sin moverme—. ¿Quién es Amayon?

—Anda. ¿Está aquí? ¿Conoces los cuatro príncipes herederos de Sheol, esos de los que el mayor se llama a sí mismo rey aunque su mami siga reinando?

Las señoras del harén creían que me lo había tirado, pero en realidad estaba hablando de otra persona.

Qué asco, ¿eh? Ni regalado. Pues Amayon es el hermano de ese tipo.

Creo que es el más joven. No lo conozco, al menos cara a cara.

Nunca nos hemos relacionado con la gente de ahí abajo, no sé si me entiendes.

Terminamos por entremezclarnos en la Nada, pero él no estaba allí.

Le gusta prender fuego a las cosas. Como Emberus, en realidad. No se caen muy bien.

Actualización de misión. Descubre quién mató a mi hijo.

Tienes una oportunidad muy poco habitual de preguntarle a Amayon, uno de los cuatro príncipes de Sheol, quién mató a mi hijo Geyrun. Puede que tenga algo de información al respecto. No la desperdicies.

—¿Estás de broma? —susurré cuando un aullido más grave resonó a nuestro alrededor. Una explosión distante hizo temblar el suelo.

D ÓNUT : CARL, ¿ESO HA SIDO COSA TUYA O DEL DEMONIO?

I MANI : ¿Qué está pasando ahí?

Empecé a escribirles la respuesta, pero tuve que tirarme al suelo cuando Chuluuna lanzó un Relámpago en cadena. Le dio a la tortuga, al cerdo, a la babosa (que explotó) y a Quan. Algunos rayos se dispersaron en otras direcciones, incluido hacia la puerta. Trazó un arco por encima de mi cabeza.