El ojo de la novia frenopática (Carl el Mazmorrero 6) Capítulo 57
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Capítulo 57

Nota añadida por el mazmorrero Tipid. Cuarta edición.

Era él o yo. Y elegí salvarme yo. Ni lo pensé.

Reaccioné. Reaccioné para salvarme. Cualquiera hubiese hecho lo mismo en mi lugar.

Es algo que me repito una y otra vez. ¿Me convierte eso en mala persona?

No, no creo que lo haga, al menos si lo pienso usando la lógica. Entonces ¿por qué me siento así?

Empecé a caminar de un lado a otro mientras pensaba en la última parte del plan.

Dónut se dedicó a reorganizar las cartas para quedarse un buen rato en combate.

Ahora sabía dónde nos encontrábamos. Nos habíamos teletransportado hacia el centro de la Habana, pero estábamos en una pequeña zona boscosa rodeada de árboles que se encontraba a unas pocas manzanas de la ciudad, a unos cinco kilómetros de la salida de la iglesia y a quince del edificio del Capitolio.

No sabía cuál iba a usar Quan, pero sospechaba que se dirigía hacia la más alejada.

Seguía oscuro en el exterior, pero no iba a tardar en amanecer.

Aún no había desarrollado por completo mi idea.

«Piensa, piensa, piensa».

R EN : Carl, una cosa te voy a decir: esas trampas de teletransportación nos han jodido bien.

Khulan ni ha vuelto aún siquiera. Activamos esas y una puñetera trampa de alarma que tuve que guardarme en el inventario porque no había forma de desconectarla.

Estaba sonando una canción de los Backstreet Boys.

D ÓNUT : TIENES SUERTE DE NO HABER QUEDADO HECHA PAPILLA CON UNA DE LAS BOMBAS DE CARL.

R EN : Si lo hubiese hecho, ¿quién estaría aquí ahora para evitar que ese tipo bajase de piso? ¿Tú?

D ÓNUT : HUBIESE MERECIDO LA PENA.

—Tranquila, Dónut. Los necesitamos.

C ARL : Hay más de teletransportación normales alrededor de las escaleras. Será mejor dejarlas ahí. Coloca más de las tuyas si es que tienes. Si va hacia tus escaleras, llegará pronto. Ten cuidado. Creo que se puede hacer invisible.

—¡No le digas dónde están las trampas! Aunque detengan a Quan, tendremos que luchar contra ellos. Esa albóndiga quiere comerse a Mongo. ¿Y quién es el tal Khulan? No tengo ni idea. ¿Es nombre de chico o de chica? Seguro que también es un ninja.

Khulan era una mujer que formaba parte del equipo de Ren.

Nunca había hablado con ella, pero sí que la había visto varias veces en los episodios resumen junto con el resto del pelotón de Ren.

No recordaba su clase, pero era humana. Se dedicaba a paralizar enemigos mientras Ren les prendía fuego con su lanzallamas.

El grupo habitual de Ren estaba formado normalmente por siete u ocho personas, por lo que no sabía quiénes eran los demás.

Sí que sabía que lo había pasado fatal en la fase dos y que solo habían sobrevivido tres.

—Esto no ha acabado, Dónut. Respira hondo y cíñete al plan.

—¿Qué plan? ¡Aún no tenemos un plan! ¡No puedo viajar tan lejos con Saltacharcos y Pies en polvorosa tampoco funciona así! ¡No sabemos adónde ha ido!

Extendí el brazo para rascarle la cabeza e intentar que se calmase. Yo también lo necesitaba. Dónut movía los ojos a toda velocidad mientras reorganizaba el mazo.

—Mira —dije en voz baja para intentar sonar más tranquilizador.

Teníamos prisa, pero aquello era más importante—.

Aunque no lo detengamos, tengo el beneficio Llave de hueso misteriosa.

Seguiremos pudiendo abrir esa puerta. Nuestra prioridad es Imani porque es nuestra amiga.

Vamos a intentar salvarla, pero nosotros lo tenemos asegurado, ¿vale?

—Vale —dijo Dónut un momento después.

—Y Ren también es nuestra amiga. Sé que no te cae bien, pero aún podemos superar esto sin hacerle daño a nuestros amigos.

Haremos lo que esté en nuestras manos. Usaré la Llave de hueso si es necesario para no hacerle daño a ninguna de las dos.

Y si sigues diciendo esas cosas, lo único que conseguirás es que no confíen en nosotros.

Dónut se quedó en silencio. Estaba temblando de miedo. Ren nunca le había caído bien. Y no confiaba en el beneficio Llave de hueso misteriosa.

Yo tampoco confiaba en él. Pensé en Tipid y en sus últimas entradas del libro de cocina. En la terrible sospecha que tenía del funcionamiento de esa llave. No había tiempo de darle muchas vueltas, por lo que no lo hice.

Extendí el brazo y agarré a Samantha con las dos manos.

La alcé y la miré a los ojos. Estaba cubierta de sangre y de arena.

La noté más pesada de lo habitual, y también sentí una leve vibración que no era normal.

Aún llevaba el logotipo del club Desperado tatuado en el cuello, donde Katia se lo había hecho con el kit de tatuaje manual, pero la tinta empezaba a emborronarse.

—Samantha, esto es importante, así que presta atención.

—Ya lo hemos hablado, Carl. Si quieres tirarme los trastos, ponte a la cola. Si luchas contra Louis en mi honor, quizá me lo piense, pero ten cuidado con su bonita cara rechonchita, eso sí.

Reprimí las ganas de agitarla de un lado a otro.

—No tenemos tiempo para tonterías. No has sido sincera con nosotros. Tienes que contarnos todo lo que puedes hacer.

Se me quedó mirando.

—¿Con la lengua, quieres decir?

—Cagondiós, Samantha. Teletransportaste una playa entera hacia el lugar donde nos encontrábamos.

Puedes volar. Hace un rato, cuando estábamos en la sala de simulación, estuviste a punto de lanzar una especie de conjuro de ataque.

Siento la energía fluyendo por tu interior.

Pero necesito saber de qué eres capaz. Todo lo que puedes lanzar.

Ella abrió la boca y la cerró.

—Por favor —dije.

Empezaron a temblarle los labios.

—Yo… No sé por qué, pero a veces me siento más fuerte de lo normal.

Antes de que me desterrasen a la Nada, cuando tenía mi cuerpo normal, me hacía más poderosa cada vez que alguien rezaba por mí o compraba un talismán con mi cara o cuando derretía a alguien con Baño de ácido cuando esa persona no quería salir con uno de mis devotos.

Lo normal, ¿sabes? Pero ya no ocurren esas cosas.

Mi padre me arrebató ese poder y la zorra de mi madre intentó robarme a mi hombre. Todo cambió.

—Vale, pero cuando te sientes más fuerte, ¿qué eres capaz de hacer?

—Puedo volar. Y también reventar a cualquiera que me mire raro.

Respiré hondo.

—¿Podrías ser más específica?

—Puedo ayudar con los conjuros. Puedo hacerlos más poderosos, pero no siempre hacen lo que quiero.

A veces, son mucho más fuertes de lo que esperaba que iban a ser.

Y otras no funcionan demasiado bien. Antes tenía un conjuro para disolver que era genial, pero no conseguía hacerlo funcionar en…

el exterior. Y a veces mi magia hace cosas sin que yo haga nada.

Rompió a llorar de repente.

—Es por este estúpido cuerpo. Tienes que conseguir que MaeMae bajé al noveno piso para conseguir los suministros y meterme en ese gólem de carne. Puedo hacer cosas maravillosas cuando tengo un cuerpo de verdad.

—Además de volar y de mejorar conjuros, ¿puedes lanzar algo ahora mismo? ¿Podrías teletransportarme?

Ella siguió sollozando y habló a duras penas.

—¿Teletransportarte? No. Soy una inútil.

Dioses, es cierto. ¡Soy una inútil! —Se retorció entre mis manos—.

No me mires. Ahora conoces mi secreto mejor guardado.

Llevo fingiendo desde el principio. ¡Todo es mentira!

—Me llenó la mano de mocos y empezó a frotarse la nariz contra mis manos—.

Soy una farsante. ¿Cómo va a quererme alguien?

Vas a contárselo a Louis, ¿verdad? ¡Se lo vas a contar y me rechazará!

Como hizo mi rey cuando me dejó por mi madre. Todo el mundo me deja siempre.

—Samantha —dije, intentando que no se me notase la desesperación en la voz—. No eres nada inútil. Nos has ayudado muchísimas veces. Y cada vez eres más poderosa. No voy a abandonarte. Formas parte del equipo.

Ella sorbió los mocos y luego expulsó aún más. Gruñó y se giró hacia mí otra vez.

—¿En serio? ¿Formo parte del equipo?

—Sí, claro.

Volvió a sorber los mocos.

—¿Y por qué quieres teletransportarte?

—Necesito llegar a un lugar muy rápido, pero no sabremos qué lugar será hasta el último momento. Hay dos opciones y ambas están lejos. Pensé que, como llegaste tan rápido hasta donde se encontraba Shi Maria, podrías teletransportarte más de lo que nos has contado.

—No me teletransporté hasta donde estaba MaeMae.

Ya te he contado lo que ocurrió. Me llevaron.

Intenté detener un tren y me quedé clavada en la parte delantera.

Cuando el tren llegó al final del mapa, me aplastó contra una barrera invisible, salí volando y aterricé en una de sus telarañas.

Y puede que también haya descarrilado el tren.

—Eso no me lo habías contado.

—¿Por qué no haces lo mismo que esa señora que da miedo, la mala a cuyo perro Dónut le cortó la cabeza? Sé que tú también tienes una de esas trampas.

—Es demasiado tarde. Tendría que colocarlas… —Me quedé en silencio y parpadeé. Joder. ¡Claro! Abrí el inventario al momento y busqué las trampas de teletransportación de dos partes. ¿Cuántas tenía? Solo necesitaba una, pero cuantas más, mejor—. Samantha, te daría un beso ahora mismo.

—No soy una zorra, Carl.

M ORDECAI : Solo hay uno más de esos conjuntos de dos partes a la venta en el mercado. Solo. Y son muy caros. Es una desgracia que el club Desperado siga cerrado.

C ARL : Yo tengo cuatro. ¿Florin?

Florin: Un momento, chaval. Estoy entrando.

Odio bajar tan pronto, pero ahora te digo.

Vale. Atravieso la puerta. Tienes razón.

Es una habitación. De unos cinco metros de lado con una escalera en medio.

Es una de esas escaleras que brillan, no de las que parecen escaleras normales, como las de la habitación con aquel globo terráqueo gigante que había al principio del piso.

C ARL : ¿Tienes alguna trampa? Mira a ver si te deja soltar alguna en el suelo.

F LORIN : Tengo muchas. Voy a hacerlo.

Se hizo un largo silencio.