Capítulo 56 #2
«Mierda, mierda».
Las crías de foca eran blancas y peluditas, sí, aunque aquello no era biológicamente correcto ya que no eran focas pía. Pero lo cierto es que me dio igual en aquel momento. Tanto Quan como sor Inés usaron sus cartas. El mazo de Dónut ni siquiera había aparecido aún.
Mientras la foca zombi se acercaba por mi izquierda, un cangrejo demoniaco saltó hacia mí desde la derecha.
Se detuvo en mitad del aire, ya que se había lanzado directamente a una de las trampas para demonios que había colocado.
Lo hizo a escasos centímetros de mí y empezó a gritar, como si fuese un motor muy revolucionado, algo que no se parecía en nada a un cangrejo.
Sus dos ojos negros parecían huracanes gemelos. El demonio se llamaba Nizzle.
La cría de foca se abalanzó sobre mi tobillo justo cuando terminó el tiempo de la penalización.
Di un salto hacia atrás y le propiné una patada.
Después, me agaché mientras otro demonio cangrejo saltaba hacia mí.
Me pasó por encima y chocó contra un cangrejo normal.
Se abrió un portal y ambos desaparecieron entre gritos.
A nuestro alrededor, los demonios no dejaban de agarrar a los combatientes y a arrastrarlos mientras más y más zombis se transformaban en demonios.
Y los que no, se dedicaban a transformar al resto de las focas y de cangrejos en zombis.
Me giré hacia Nizzle, el demonio paralizado, y usé Garrazo mientras les daba una patada con fuerza en el pecho. Cayó hacia atrás y yo salté hacia delante y lo aplasté. Lo dejé hecho pedazos.
Quan seguía flotando fuera de mi alcance.
El jefe serpiente empezó a agitarse como un potro salvaje.
Samantha, capaz de moverse al fin, se lanzó flotando como unas de esas calaveras del juego Doom .
Sor Inés seguía aferrada a la cabeza del jefe serpiente, como si tuviese activa la habilidad Pies pegajosos.
Quan había lanzado una carta mística y luego un tótem.
Este apareció sin mucha fanfarria. Era grande, pero solo una tortuga normal de caparazón blando llamada HOAN KIEM .
Solo tenía nivel 25. Cayó con un chapoteo al suelo, rodeada por un grupo de peces zombi que empezaron a acercársele dando brincos mientras abrían y cerraban las fauces.
¡Tras, tras!
Un par de ojos gigantes e inyectados en sangre apareció en el aire flotando sobre Dónut.
También lo hicieron sobre sor Inés, en la lejanía.
No era la primera vez que veía esa carta mística de Quan.
Yo no estaba viendo lo mismo que él, pero sabía que el tipo ahora conocía las cartas que Dónut e Inés tenían en la mano.
Un Mongo mecánico corrió junto a mí graznando y cubierto de crías de foca monje zombi que no dejaban de morderlo.
El Mongo verdadero se quedó en pie junto a Dónut para protegerla.
Vi cómo saltaba por los aires y destrozaba a un zombi.
Un pez demonio intentó abrir un portal bajo las patas de Mongo, pero el dinosaurio lo partió por la mitad con las garras.
La carta de sor Inés también apareció sin fanfarria alguna. Invocó al tótem y luego le lanzó una carta Fornido.
Era Paz. Acababa de invocar a Paz.
El tipo con armadura tenía un aspecto muy similar al de la última vez que lo había visto, moribundo en el suelo del templo de Yemaya después de haber recibido el castigo divino de su dios.
Estaba justo delante del jefe serpiente, mirando hacia la mujer gata, que seguía sobre la cabeza de la criatura.
Aún tenía esa quemadura horrible con forma de mano en la cara y que dejaba parcialmente al descubierto su calavera. Era obra del dios Ogun.
—Hermana —gritó Paz a la monja—. Por favor. Basta. No puedo… ¡Aggg!
La serpiente gigante se inclinó y mordió a Paz. Intentaba aplastarle la armadura entre las fauces. Lo alzó por los aires y empezó a agitarlo de un lado a otro, como si intentara tragárselo entero.
Samantha se abalanzó, aterrizó a mis pies y rebotó una vez. Rodó hasta detenerse y alzó la vista para mirarme.
—Estoy muy segura de que esto es culpa tuya, Carl.
Dónut lanzó entonces su primera carta. Geraldo la foca monje apareció justo cuando sor Inés empezaba a gritarle instrucciones a su tótem.
—Paz —aulló—, ¡acepta tu sufrimiento! Usa tu habilidad Autodestrucción cuando este falso dios…
No terminó la frase.
Quan lanzó otra carta mística. Esta desapareció en una nube de humo, lo que indicaba que era consumible.
Señaló directamente a la mano de sor Inés.
Algo me decía que conocía bien esa carta.
Sentí un vuelco en el estómago. La había visto en las listas, pero siempre había dado por hecho que era inútil. Y nunca nos había salido.
¡Elijo esa!
Una mano gigante de neón apareció en el aire, bajó y se hizo con una carta de la mano de sor Inés.
Quan acababa de usar JUGADA OBLIGATORIA . Servía para elegir una carta de la mano del oponente y obligar a este a usarla. Como él podía verle la mano, sabía exactamente la carta que iba a elegir. Y sor Inés tenía en la mano una de Darse a la fuga.
—¡Oh! —gritaron Troy y Kevin al unísono.
—¡Eso sí que no me lo esperaba! —añadió Troy.
—¡Sor Inés ha abandonado el combate!
El equipo Quiteria ha abandonado el combate.
El equipo Quiteria ha perdido la llave.
El último amo del mazo que quede en pie conseguirá la llave.
Paz, que había estado en la boca de la serpiente gigante, desapareció entre un montón de polvo. La criatura rugió rabiosa y centró su atención en el mazmorrero más cercano. Yo.
Geraldo aterrizó a mi lado y empezó a mirar a su alrededor con desesperación.
—¡Hermanos! ¡Hermanos! ¡Ha llegado el día! —gritó con un tono cargado de alegría. A su alrededor, focas y cangrejos seguían muriendo y siendo arrastrados a los portales del infierno—. ¡Esta es la batalla de nuestras vidas! ¡Oh! ¡Oh! ¿Preparados, comepingas? ¿Listo para las volteretas, chico?
Empezó a hacer ruiditos de Bruce Lee para luego dar una voltereta hacia delante y meterse entre un par de cangrejos.
—¡Así no! —gritó Dónut—. ¡Geraldo, vuelve aquí ahora mismo!
—No te preocupes por la serpiente —dijo Samantha—. ¡Yo me encargo!
Activé Caparazón protector justo cuando la serpiente atacó.