Capítulo 55 #3
En la pantalla volvió a aparecer sor Inés a lomos de la serpiente, aún en la playa. La imagen era de unos pocos minutos antes.
La cámara siguió a Samantha mientras rodaba por el campo de batalla en dirección a la monja.
—¡Tú! ¡Zombi! Apártate de mi camino —gritó a la pantalla—. ¡Apártate o mataré a tu madre! ¡Estoy en una misión para el señor pedigüeño Carl!
A su alrededor, se abrieron portales en el suelo cuando los zombis se transformaban en demonios y empezaban a arrastrar focas y cangrejos al infierno.
Apareció un párrafo de texto sobre Samantha que no pude leer, mientras ella flotaba por los aires y se lanzaba contra la chica gata, quien seguía recitando el poema, ajena al caos que empezaba a formarse a su alrededor.
Samantha mordió a la mujer y, un momento después, guardé la xistera y la hice aparecer a mi lado.
El caos del campo de batalla que era la playa desapareció entre volutas de humo.
La cámara siguió enfocada en la costa. Habían quedado allí unos cien demonios, todos libres de repente de sus receptáculos zombi.
Medirían unos dos metros y medio y todos eran la misma criatura: un varón demoniaco de piel roja.
Tenían nombres diferentes, eso sí, pero aparte del nombre tenían un mensaje sobre la cabeza que rezaba: DEMONIO INSIGNIFICANTE PROLETARIO DEL PLACER . NIVEL 140.
—Carl, esos tipos se parecen al malo de la película aquella, Leyenda —dijo Dónut—. ¡Ya sabes! ¡Esa en la que convierten a la novia de Ferris Bueller en una gótica!
En la pantalla, uno de los demonios se giró hacia otro y dijo:
—Al menos aquí hace buen tiempo.
Después, volvieron a aparecer Kevin y Troy de repente.
—Pues así están las cosas, chicos —comentó Kevin—.
La teletransportación de Samantha de todo el grupo ha interrumpido el conjuro de Encanto de sor Inés, pero también ha sacado a varios demonios de su receptáculo.
Espero que los dioses no hayan visto nada, porque las cosas podrían complicarse aún más.
Por suerte para nuestros mazmorreros, los demonios liberados están un poco fuera de lugar y no forman parte de ese enfrentamiento.
Pero ¡el Desahucio Demoniaco continúa! ¡Más zombis siguen transformándose a cada momento que pasa!
Tras la interrupción del conjuro de sor Inés, tenemos ocho grupos diferentes de combatientes…
¡Y están a punto de luchar al mismo tiempo!
—Son muchos —dijo Troy—. ¿Podrías enumerarlos?
—Claro que sí. Tenemos al Séquito de la Princesa Dónut, a sor Inés, a los zombis estúpidos, a los zombis poseídos por demonios, a los cangrejos, a las focas y, como no podía ser de otra manera, a la mismísima Madre de Aguas, ¡que ya no está controlada por nadie!
—Mientras mencionaba a cada uno de los grupos, apareció una imagen de cada uno en la pantalla—.
Las apuestas se cierran dentro de un minuto, ¡así que toca tomar una decisión!
Aviso: La batalla comenzará tan pronto como los líderes de pelotón terminen de elegir bando. Las criaturas no tienen cartas. Si los mazmorreros deciden aliarse, el uso de los mazos será opcional.
—Carl, ¡me está preguntando si quiero tratar a sor Inés como amiga o enemiga! ¿Qué elijo?
—Elige amiga. Así no empezará la batalla de cartas. ¡Y luego sácanos cagando leches de aquí!
—Dice que si elijo «amiga» y ella elige «enemiga», ¡ella tendrá diez segundos de ventaja!
—Mierda —comenté mientras miraba de un lado a otro. Eso era una putada—. Elige «amiga» de todas formas.
«Quizá sea una persona razonable y elija lo mismo que nosotros».
—¿Lo entiendes ahora, Carl? —giró sor Inés desde lo alto de la serpiente, aún paralizada—.
¿Lo entiendes? Nada de esto es real. Nunca lo ha sido.
No es más que el diablo susurrándonos cosas al oído.
No existen los alienígenas. Son demonios.
Siempre han sido los demonios. Se ha abierto el mismísimo infierno y nos arrastran hacia él.
Les dije que no adorasen a dioses falsos.
Lo advertí. Pero no me hicieron caso… ¡Ni antes ni ahora!
Este es el precio a pagar por nuestros pecados.
¡Y no hay nada que podamos hacer para evitarlo!
—Parece que alguien no ha desayunado bien esta mañana —dijo Kevin.
—Típico de los habana brown —murmuró Dónut—. Mira que les gusta el drama.
Cagondiós. Alcé la voz.
—Tienes razón, hermana. Nada de esto es real.
No de la manera en la que estás pensando.
Pero tampoco son auténticos demonios. Esto que ha pasado es culpa nuestra, y lo siento, pero tienes que escucharme.
No dejes que te arrastren. Por favor. Primero tenemos que hablar.
Elígenos como aliados y te prometo que no te atacaremos.
Nos teletransportaremos juntos fuera de aquí.
—Espera un momento, Kevin —dijo Troy. Estaba contando con sus dedos gordos de orco—. Dijiste que había ocho combatientes, ¿verdad?
Tu Libro de vudú se ha actualizado con una entrada de Quan Ch.
—¡Carl! —empezó a gritar Dónut—. Hay otro…
Se han establecido todas las alianzas. Que empiece la batalla…