El ojo de la novia frenopática (Carl el Mazmorrero 6) Capítulo 55 #2
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Capítulo 55 #2

Aviso: Está criatura sufre de prezombismo.

Eso significa que es igual que ese tipo que aparece en todas las putas películas de zombis, ese al que han mordido y que aún no ha muerto, pero que se lo oculta a todo el mundo porque es un capullo.

En otras palabras, que aún está viva pero, cuando muera, volverá a alzarse y tendrá nuevos poderes.

Aviso adicional: Podría pasar mucho tiempo explicando lo peligroso que es tener un zombi que es un jefe en realidad paseándose por ahí durante un Desahucio Demoniaco, pero veamos cómo acaba todo. A veces es mejor dejarse sorprender.

Miré a los ojos a sor Inés, quien seguía sobre la serpiente gigante.

Samantha aún le estaba mordiendo el brazo.

La mujer gata no parecía tener miedo. Tampoco parecía enfadada.

Se estaba riendo, a pesar de que la serpiente que tenía debajo había empezado a darse cuenta de que la gata que tenía sobre la cabeza era quien la había esclavizado.

Todo quedó paralizado.

¡B-b-b-b-b-batalla contra jefe!

¡Evento especial de supervivencia campal!

Apareció una ventana en el cielo, momento en el que Kevin el lagarto de cuatro ojos naranja de los episodios resumen apareció en ella con un micrófono.

Iba acompañado de un presentador orco, igual que la vez anterior.

Recordaba que el nombre del otro tipo era Troy el Magnífico.

Ambos llevaban esmóquines, pero parecía como si llevasen un día entero bebiendo alcohol.

Se habían desanudado la corbata y esta les colgaba alrededor del cuello.

El orco se balanceaba un poco y parecía tener lápiz de labios en la mejilla.

—Carl, ¿qué está pasando? —gritó Dónut, que alzó la vista. Nadie se podía mover, pero aún podíamos hablar y girar el cuello. La gata soltó un grito ahogado—. ¿Eso es una ventana de muerte en grupo? ¿Estamos en directo? ¿Es lo que os ocurrió a Katia, a Tran y a ti en el submarino?

Ella no estaba presente cuando había ocurrido la vez anterior y se había quejado durante una hora seguida al respecto.

—Sí —dije con los dientes apretados—. Prepárate.

—Damas y caballeros, ¿qué tenemos aquí? —gritó Kevin, sin duda sorprendido porque le hubiesen conectado para retransmitir aquel enfrentamiento—.

¡Menudo caos! Interrumpimos la matanza unilateral de Lucia Mar en Pekín para conectar con lo que quiera que sea esto.

—Se quedó en silencio—. Ah, entiendo. Esto es de locos.

Mirad ese campo de batalla. ¡Se abren las apuestas!

Estoy aquí con Troy el Magnífico y, si acabáis de uniros a nosotros, sabed que estamos en directo desde la órbita de la Tierra.

¡Estamos atrapados y encima tenemos que seguir trabajando a pesar de que todo se ha ido al carajo!

—Así es, Kevin —dijo el orco, con una sonrisa falsa en su cara de agotamiento.

Sabía que estaba borrachísimo—. Es una locura nivel armagedón, sin duda.

Las apuestas de hoy están patrocinadas por Controles de Estación de Paso Dictum, como no podía ser de otra manera.

Y ahora, ¡mirad qué tenemos aquí! ¿Nos lo explicas?

—Supongo que no me queda elección, Troy el Magnífico —dijo Kevin—.

Sería una larga historia explicar qué hacen todos sentados ahí abajo y qué tiene que ver algo así con la trama de Lika-Samantha que comentamos a fondo hace unas semanas.

Pero eso no importa ahora mismo. En este enfrentamiento tenemos a ocho grupos diferenciados, por lo que va a tardar lo suyo en desarrollarse.

Espero que tengáis una bebida fuerte a mano, porque la vais a necesitar.

Se abrió otra ventana y apareció la foto de una foca monje.

—Si no habéis seguido la trama del Séquito, os hago un resumen.

Esto es una foca monje. Estaban luchando contra estos tipos.

—Apareció un cangrejo debajo de ella, seguida de una imagen giratoria de sor Inés y de la serpiente, la Madre de Aguas—.

Durante los enfrentamientos entre los cangrejos y las focas, la mazmorrera sor Inés Quiteria usó su habilidad de bardo de nivel 15 Libro de rimas, que acababa de conseguir de su mecenas y mejora su conjuro Tejedora de palabras, para usar Encanto con esa criatura, un jefe de ciudad de nivel 125.

Y, a su vez, dicho jefe tiene el poder de controlar a todas las criaturas de la zona.

—Anda. Usar Encanto con ese jefe ha sido una buena estrategia por parte de la monja, la verdad —comentó Troy.

—Claro que lo fue, Troy. Pero, por desgracia, la hermana no actuó lo bastante rápido.

Tenía dos cosas en su contra. La primera de ellas era esto.

—Cambió la escena y aparecí yo dándole una patada a un pavo zombi al borde del acantilado de Iowa.

La cámara siguió al pavo mientras caía al océano, donde al momento le mordió la cola a un pez que se hundió hasta el fondo.

La imagen se amplió en el ojo del pez, que pasó a brillar de amarillo.

El pez se volvió loco y empezó a morder al resto de los peces que lo rodeaban.

Troy rio entre dientes.

—Oh, oh. Nunca tires a un muerto viviente contagioso a un océano. Carl, tendrías que haberlo sabido. Es como mear en el sintetizador de comida de un hábitat.

—Tienes toda la razón, Troy.

Dónut gruñó.

—Te dije que no tirases pavos al océano, Carl.

—¿Ves? ¡Hasta la Princesa Dónut está de acuerdo con nosotros! —comentó Troy.

—¡Eh! ¡Me oyen! —dijo Dónut—. ¡Hola, Troy el Magnífico! ¡Hola, Kevin!

—Está claro que la Princesa Dónut está de buen humor. Esperemos que continúe siendo así, ya que no creo que sepa el peligro que le espera —comentó Kevin.

La imagen volvió a cambiar y apareció un mapa de la Tierra en el que se veía una marea roja extendiéndose por el océano alrededor de todo el mundo.

—La pandemia zombi y el hecho de que la IA haya decidido que el esperma de cangrejo cuente como una criatura independiente… ¡ha provocado el Desahucio Demoniaco más prematuro de la historia del mazmorreo!

—Así es —convino Troy—. ¿Por qué no? Que le den a todas las normas establecidas al respecto. Vamos a inventárnoslas sobre la marcha.

Kevin rio entre dientes.

—Al parecer, el esperma de cangrejo es la resurrección física de sus ancestros, así que según la IA cuenta como criatura.

A saber. De todas maneras, el evento zombi había empezado a afectar al poema de Encanto de sor Inés, pero como sus patrocinadores y mecenas, los nebulares, la habían ayudado a subir el conjuro Tejedora de palabras a nivel 15, consiguió control tanto sobre el jefe como sobre los conjuros que este pudiese lanzar, lo que conllevó que también fuese capaz de controlar a los zombis.

De hecho, ese conjuro es tan poderoso que hasta los peces empezaron a salir del océano para acercarse.

—¡Eso es un nivel de Encanto que jamás estaría al alcance de la Princesa Dónut! —dijo Troy.

—¡Eh! —gritó Dónut.

—Pero… —continuó Kevin, que alzó una garra y le dio un sorbo a lo que se me antojó como una cerveza. Soltó un suspiro de satisfacción—. Por muy poderoso que sea el conjuro, todo aficionado a la Guerra de Facciones sabe lo difícil que es controlar a un demonio desahuciado.

La imagen de la cámara pasó de nuevo a mostrar un demonio rojo tipo heavy metal cubierto de cadenas y con cuernos que se abría paso por un paisaje llameante formado por rocas de lava.

Unas sombras enormes de criaturas gigantescas se movían al fondo.

El demonio tenía el nombre YUGULETH sobre la cabeza.

Miró hacia arriba y murmuró: «Mierda», para luego salir despedido hacia los cielos como si acabase de abducirlo una nave alienígena.

La imagen volvió a cambiar y enfocó a una foca monje zombi que estaba sentada, babeando mientras miraba a sor Inés recitando un poema en la playa.

En ese momento, apareció una exclamación roja sobre la foca monje y el nombre Yuguleth, momento en el que la silueta de la enorme criatura demoniaca se introdujo en la foca.

Los ojos amarillos del animal se volvieron del todo negros.

La criatura sonrió, se dio la vuelta y se abalanzó sobre un cangrejo cercano que no era un zombi.

Mientras se peleaba con él, un agujero llameante apareció en el suelo y ambos cayeron a través de un portal.

La imagen volvió al paisaje demoniaco, en el que apareció la foca y el cangrejo que seguían cayendo desde los cielos.

El cuerpo de la foca se quemó al instante y recuperó su forma original de demonio mientras el cangrejo gritaba horrorizado.

Ambos chocaron contra el suelo de lava. El demonio se puso en pie, se sacudió cientos de pequeños ciempiés llameantes que cayeron al suelo y luego empezó a devorar el cangrejo, que había empezado a quemarse.

El demonio Yuguleth alzó la vista al cielo y giró en círculo mientras cientos de sus compañeros demonios eran abducidos como si los estuviesen secuestrando.

De vez en cuando, se abría un portal en las alturas de aquella chisporroteante oscuridad y regresaban dos criaturas, que caían a plomo para indicar la vuelta a casa de un demonio que había conseguido hacerse con un alma y atravesar un portal.

—Odio este puñetero sitio —murmuró el demonio.