Capítulo 52
Nota añadida por el mazmorrero Ikicha. Onceava edición.
Mi pueblo tiene un dicho. «Un yenk en llamas solo necesita abrazar a sus enemigos». La traducción no es del todo precisa, pero significa que algunos problemas no son problemas en realidad si piensas en ellos el tiempo suficiente.
Varios días antes
—Un momento, antes de que nos vayamos tengo una pregunta —grité al padre Carbón.
Acabábamos de salir del Templo del Sol Perecedero y vuelto al club.
La muerte de Antón seguía afectándome, así como el hecho de que sor Inés hubiese apuñalado a Paz con la bandera de su equipo.
Pero lo que más me inquietaba de todo era recordar a ese tipo chupándome el dedo del pie.
¿Eso y el descubrimiento de que Katia tenía la Corona de la furcia de la septicemia? Estaba que me subía por las paredes.
Entrando en el club Vencedor.
El pequeño clérigo hizo una pausa y miró inseguro a un guardia humanotauro que se encontraba en un rincón, admirándose los músculos frente a un gran espejo ornamentado.
—Sí, sí, qué auténtico soy —gritaba el guardia a su reflejo—. ¡Muerte a los falsos! ¡Muerte con puño de hierro!
Además del guardia, había por allí un escritorio que protegía la entrada al portal por el que acabábamos de salir.
Detrás de la mesa y justo frente a nosotros había una especie de mota de luz con alas de hada.
La criatura blanca y amarilla era del tamaño de mi puño.
No tenía ojos ni cara, pero la sentí fulminarme con la mirada cuando nos detuvimos al salir del portal.
Yasmine. Nivel 75. Fuego fatuo.
Secretaria del portal del templo del club Vencedor.
Se trata de un PNJ no combatiente.
Esta criatura venera a la diosa Áine.
—No podéis bloquear el portal —dijo el hada.
—Ven —comentó el padre Carbón mientras tiraba de mí hacia un lado, sin dejar de mirar con cautela al humanotauro—. Tenemos que llevarte hasta el sanador. Rápido. Si ese guardia ve que estás en el templo, te echará hasta mañana.
—Lo sé —dije mientras me llevaba la mano al vientre y al forúnculo que ya no tenía allí—. Pero ¿qué pasaría si no voy al sanador?
TIEMPO PARA EL DERRUMBE DEL PISO: 4 DÍAS Y 17 HORAS
Es 26 de diciembre.
Mensaje del sistema: Las ubicaciones de las escaleras ya están abiertas. Debes tener una llave para desbloquear el vestíbulo de salida. Los miembros del pelotón son los únicos que tienen permitido franquear la puerta abierta. La llave desaparecerá al usarla.
Aviso de administrador: Tu pelotón tiene una llave para el Capitolio Nacional de Cuba. La ubicación se ha marcado en tu mapa.
Hay cinco pelotones dentro de la zona de «Cuba». Dos de los cinco tienen llaves.
Que empiece la diversión.
Entrando en la iglesia de san Hilarión.
Dónut y yo nos teletransportamos desde el interior de nuestro espacio personal al interior de una iglesia católica antigua y vacía.
El episodio resumen más reciente acababa de retransmitirse y en él se había comentado que tras la teletransportación nos darían unos minutos para orientarnos y que luego recibiríamos el anuncio.
Vi la puerta de una estancia segura a nuestro lado y podíamos entrar si nos apetecía.
En el exterior estaba oscuro. Era pasada la medianoche, la madrugada del 26 de diciembre.
La luz de la luna relucía a través de las vidrieras de la iglesia.
Nos habían dejado a unos cincuenta kilómetros de la escalera de salida, al sudoeste, por una zona que no habíamos explorado.
Teníamos cuatro días y medio para llegar hasta la puerta.
—Bienvenidos de nuevo a Cuba —dije.
Acababa de llegar de misión en el refugio de personas sin hogar y esperaba muchas preguntas.
Pero lo que me encontré fue a todo el mundo despierto y sumido en sus pensamientos, deambulando de un lado a otro mientras Elle hablaba con una Imani llena de sangre, magullada y sollozante.
Aún no habían recogido los restos de la fiesta de Navidad, y el robot limpiador se dedicaba a pasar por el espacio personal mientras los estríperes paseaban en silencio y limpiaban la sala común del gremio.
El pelotón de Imani había muerto. Los cuatro.
Tenía cuatro calaveras de asesina de jugadores nuevas, que le habían dado porque su tótem había matado al pelotón al completo.
No entendí muy bien los detalles en aquel momento, pero la conmoción de lo ocurrido había hecho que los demás se quedasen muy serios.
Elle, Dónut y Katia pasaron un rato con ella mientras yo me dediqué a entrenar y a fabricar cosas en el estudio de creación.
También usé dos de los tres pergaminos Cracker Jack para desbloquear un par de escudos alienígenas para mí y para Dónut.
Teníamos una montaña de cosas tecnológicas que habíamos saqueado de los cazadores del sexto piso, pero no podíamos usarlas hasta que se desbloqueasen.
El mío era un ESCUDO PERSONAL VALTAY EDICIÓN PLATINO , que era idéntico al que habría recibido de Paulie, y que no era más que una chapa con alfiler que se parecía un poco a Saturno.
No ocupaba una ranura de equipamiento, pero una vez puesta podía apagarla y encenderla en la interfaz.
Al activarse el escudo, me rodeaba una barrera de unos tres centímetros de grosor que me protegía del daño físico y, de alguna manera, también me protegía de cualquier ataque mágico que me lanzase algo corpóreo, como Proyectil mágico, Bola de fuego o Rayo.
No era perfecto ni tan poderoso como mi Caparazón protector.
Tenía que encenderlo y apagarlo manualmente y contaba con energía suficiente como para mantenerse durante dos minutos antes de desconectarse solo.
Una vez se gastaba, tardaba más o menos una hora en cargarse por completo, aunque podía activarlo por cortos periodos de tiempo antes de que así fuese.
No me impedía coger objetos ni lanzar cosas, lo que me alegró.
También protegería a Dónut en caso de estar sentada en mi hombro cuando lo encendiese, pero tendría que calcular bien cuándo hacerlo.
Si la gata no me estaba tocando, saldría despedida fuera del escudo.
Gracias al sexto piso, sabía que aquellas cosas eran lo bastante buenas como para evitar algunos golpes al principio, pero que se gastaban muy rápido. Mejor eso que nada.
La armadura corporal era mucho mejor que el escudo personal, pero era incómoda y estaba ajustada a cada persona. Si quería algo así, tendría que conseguirla de los patrocinadores que me quedaban.
El escudo de Dónut también era una chapa pequeña y opalescente que parecía un vaca longhorn, y se lo coloqué directamente en el collar.
Por suerte, le gustaba el diseño y no se quejó al respecto.
También era más poderoso, según Mordecai.
El ESCUDO PERSONAL INDIVIDUAL DE EMBESTIDA .
Lo había creado una empresa de propiedad taurina llamada Máquinas de guerra Hereford, Inc.
, que eran famosos por crear equipamiento para los mejores pelotones de mercenarios de la galaxia.
Lo habíamos sacado de un mercenario tigador los últimos días antes de la Mascarada del Carnicero.
El tipo también tenía un fusil de plasma automático que se suponía que valía mucho dinero, aunque el arma no era tan buena como la mayoría de nuestros conjuros.
Todo aquello según Mordecai y algunos de los comentarios del tablón de redes sociales de Dónut, que resultó ser una gran fuente de información para averiguar cosas sobre el equipo que estábamos recogiendo.
Obviamente, el cazador era de familia rica y habían gastado mucho dinero para que sobreviviese esos últimos días.
No le había ido bien, claro, e íbamos a aprovecharnos del equipo.
El escudo de Dónut funcionaba como el mío, pero en lugar de cubrirla con una barrera con su forma, la rodeaba con una burbuja que se movía con ella.
También tenía opción para monturas, por lo que protegía a Mongo si lo estaba montando o incluso un vehículo entero, aunque en ese caso la protección sería más débil.
No habíamos llegado a verlo en acción, ya que el inútil al que se lo habíamos arrebatado nunca lo había encendido cuando lo emboscamos.
Tampoco habíamos tenido la oportunidad de probarlo en un combate real. Después de desbloquear el equipo, volví a la costa y saqueé más cadáveres de cangrejos y focas que seguían apareciendo en las orillas de Florida. Dónut y Katia se quedaron dentro para hacerle compañía a Imani.
Yo pasé algo de tiempo en la galería de entrenamiento de mercenarios, la sala de práctica donde los estríperes pasaban las horas haciendo ejercicio, perfeccionando sus habilidades de combate y practicando con la miríada de armas que habíamos saqueado a los cazadores.
La habitación era muy grande y en ella se podían hacer muchas más cosas de las que esperaba.
La IA sargento instructor que había en el lugar era el mismo tipo de la sala de entrenamiento normal, y había varias copias de él por toda la estancia.
La diferencia era que en este caso aquel tipo los mataba a veces, y ellos se regeneraban un minuto después, como había sido el caso de Gary el Ronco.
También estaban practicando una lucha entre ellos a muerte, lo que la verdad era muy siniestro, pero supuse que era una forma genial de practicar si eras capaz de ignorar el drama que suponía morir una y otra vez.
El sistema me advirtió que yo no tendría esas medidas de seguridad en caso de entrar, pero podía luchar contra ellos si quería.
Decidí que no era muy buena idea, por lo que me limité a mirar cómo se daban de hostias.