Capítulo 51 #2
—Si quieres te lo digo yo. Hay toda una variedad de potenciadores neurales Valtay en forma de comprimidos, parecidos a los que has recibido anteriormente en cajas de benefactor de mano de los míos.
Si te los tomases antes de que acabase el piso, seguirían funcionando, y no es justo que consigas tantas mejoras, por lo que intento evitarlo.
—Abrió un cajón y soltó un gruñido de satisfacción.
Después sacó una pelota y empezó a tirarla hacia arriba para luego volver a cogerla—.
A pesar de todo lo que está pasando, sigo siendo un intermediario con trabajo que hacer.
Créeme, Carl. Es mejor que sea yo quien haga esto en lugar de Heraldo o cualquiera de los demás.
De hecho, es posible que te haya salvado la vida sacándote de allí antes de que mis compañeros pudiesen reaccionar.
—Pero mi patrocinador me envió ese panfleto —dije un momento después—. Querían que lo encontrase.
—No. Eso fue una trampa muy elaborada. Una de los terroristas de tus patrocinadores, que ahora se han convertido en fugitivos. Tu hueco de patrocinio está inactivo y aún no hemos decidido qué hacer con los que participan en la Ascendencia.
—¿Cómo que era una trampa? No entiendo nada. ¿Y quién era ese tipo, ya que estamos? Una vez me acusaste de hablar con Agatha, de que me hubiese dado información secreta. Son el mismo tipo de persona, ¿verdad? Residuales, o comoquiera que se llamen.
—Sí, él era un Residual. Y Agatha también lo es, aunque ella es de un tipo diferente.
—¿En qué sentido?
—Eso no te concierne. Pero él tenía razón.
Siempre están presentes en los mazmorreos.
Los de ambos tipos, aunque los suyos son mucho más molestos.
Como ratas que se cuelan de polizón en los barcos.
Cada vez que creemos que los tenemos bajo control, encuentran una nueva forma de aparecer.
Es una mente colmena alienígena hiperespacial sin un hogar, por lo que le basta con ocupar los hogares de los demás y entremezclarse.
Solo eso. No suele estar muy a gusto con su situación, por lo que se dedica a inventarse problemas para que la gente se acuerde de su existencia. Tienes que ignorar sus intrigas.
—¿Y por qué has dicho que era una trampa?
—La Organización Activista y Pacifista de Intelecto Abierto está formada por antiguos mazmorreros que quieren acabar con el mazmorreo.
Tendríamos que habérnoslo imaginado, pero este plan era tan ridículo que nos cogió por sorpresa debido a su osadía.
Creían, falsamente, que si conseguían que escuchases ese discurso, hubiese pasado alguna de las dos cosas siguientes.
O nos obligaban a sacarte de ahí a la fuerza para así irritar a la IA hasta el punto de matarnos a todos.
O no te sacábamos de allí, y la información que recibías del Residual era tan peligrosa que el concilio del Sindicato se hubiese visto obligado a usar el plan de respaldo, lo que habría acabado con la estrella de este sistema planetario.
En cualquiera de ambos casos, hubiese sido el fin del mazmorreo durante mucho tiempo.
Me quedé allí sentado sopesando lo que acababa de decir.
—En otras palabras, han intentado que os sacrifiquéis tú y todo el planeta. Te estaban usando. Llevan haciéndolo desde el principio.
—¿Y han estado cerca de conseguir alguna de esas dos cosas?
Orren gruñó, como si le divirtiera la pregunta.
—No mucho. Me imaginé que tendríamos que sacarte de allí y empecé a negociar con la IA antes de que ocurriese por si las moscas.
Cuando oímos lo que estaba diciendo ese imbécil, tomamos la decisión de dejar activa la transmisión para acallar cualquier posible queja de los conspiracionistas en casa.
No llegaste a oír todo lo que dijo, pero sospecho que ni siquiera tú te hubieses impresionado.
De hecho, estoy muy seguro de que tus antiguos patrocinadores no sabían en realidad lo que iba a decir, pero lo apostaron todo a que sería algo importante.
Lo apostaron todo y perdieron. Ahora son fugitivos.
Han perdido sus bienes y han arruinado sus vidas.
La IA está un poco enfadada, pero parece que se debe al hecho de que la hayan engañado para hacerle creer que esa información sería interesante.
Mientras hablamos, se ha puesto a desactivar todas las protecciones que tenían los Residuales restantes.
Morirán antes de que se derrumbe el piso.
—Entonces ¿no volveré a ver a Agatha? —pregunté.
—No creo que sea su caso —comentó Orren—. Pero, como te he dicho, no es de tu incumbencia.
—¡Nada de hablar! —dijo Quasar, que apareció de repente en la estancia entre una nube de humo—.
¡Qué te tengo dicho, Carl! ¿Cuánto tiempo lleváis cuchicheando?
¿De qué sirve que tengas un abogado si luego ignoras todos mis consejos?
¿Os he interrumpido? ¿Queréis que vuelva por donde he venido y hablamos luego?
La corbata de Quasar tenía una piña al revés que titilaba. Como siempre, parecía haberse vestido con prisas.
—No tienes nada de qué preocuparte —aseguró Orren—. Te estábamos esperando.
Quasar puso gesto de escepticismo. Se giró hacia mí y se frotó la cabeza calva con la mano.
—Una cosa te voy a decir, chico. Eso ha sido una bichada de las buenas.
Todo el mundo sabe que esos raritos de los Residuales son unos mentirosos de mierda, pero la verdad es que todo parecía indicar que iban a revelar algo importante de verdad.
Siempre hay rumores de conspiraciones protagonizadas por esos cabrones escurridizos.
De hecho, hay hasta una religión que los venera.
Para que flipes. Apuesto lo que sea a que esos nebulares estaban masturbándose entre ellos al ver lo que estaba a punto de pasar.
Qué bajona. ¿Se ha enfadado la IA? Seguro que está enfadada.
Me sorprende que me hayan dejado tunelar para hablar contigo.
Orren soltó el equivalente a un suspiro.