Capítulo 48
Los animales de granja zombi estaban por todas partes abajo en Florida, pero no había enemigos que estuviesen antes por allí ni tampoco animales normales, así que en general se dedicaban a deambular sin rumbo, atacando fantasmas de los recuerdos y siendo aplastados de vez en cuando por coches que salían de la nada.
Siempre que nos veían gruñían y empezaban a dirigirse hacia nosotros, pero todos tenían poco nivel y eran fáciles de matar. Cero problemas con ellos.
El último pedazo de Iowa que quedaba empezó a derrumbarse justo cuando terminamos, pero por suerte la tierra creó una especie de rampa más o menos razonable que nos permitió bajar y llegar a la superficie de Florida con más facilidad de la que esperábamos.
Llegamos al suelo y nos dirigimos hacia la estancia segura más cercana.
Aún quedaban unas horas antes del episodio resumen.
El pelotón de Katia había superado la batalla contra la hidra, pero les había costado mucho.
El enfrentamiento se había producido en la azotea de un rascacielos de apartamentos, rodeados por fantasmas de la familia de Tran.
La hidra tenía las cabezas de las madres de Louis y Britney, así como miembros de la familia de Bautista.
Por raro que pareciese, ninguna de las criaturas conocía a Katia excepto un tótem. «Eva con Cuatro Brazos». Katia no le había dado tiempo de hacer gran cosa.
Me resultó extraño que la mazmorra se hubiese contenido con Katia. Era como si supiese que ya la habían hecho sufrir suficiente. O peor aún: que ya estaba lo bastante destrozada y prefería dejar igual de tocados a los demás.
Por la poca información que había conseguido reunir, el resto de la hidra y los tótems habían afectado mucho a los demás del pelotón.
Uno de los otros tótems había sido Firas, pero la hidra nunca había llegado a invocarlo.
Aun así, ver esa carta después del combate había puesto histérica a Britney.
Louis ya llevaba un buen rato sollozando y verla tampoco lo había ayudado demasiado.
Por suerte, había advertido a Katia a tiempo sobre los tótems adicionales que te obligaban a coger.
Terminó con una especie de conejo vietnamita y luego el tótem de la madre de Tran.
Florin había dado señales de vida al fin. Tenía su llave, pero no nos dio más detalles. Prepotente también tenía la llave. Nadie sabía nada de Lucia Mar.
El equipo de Imani seguía buscando al oponente que les faltaba, que se había teletransportado lejos. Les quedaban unas treinta horas para conseguirlo.
Mientras caminábamos, repasé los mensajes y pregunté cómo les iba a los demás. Nadie me dio buenas noticias.
Tserendolgor no había conseguido la llave. Desconocía qué había pasado, pero tanto ella como su pelotón, del que habían muerto dos integrantes, estaban condenados. Si querían bajar al noveno piso, tendrían que luchar contra otro equipo.
Además de ellos, había muchísimas malas noticias de mazmorreros que se habían enfrentado al amo de la llave. La mayoría eran igual de horribles. No había tantas muertes como me esperaba, pero muchos no habían conseguido la llave. Los productores pretendían que la última fase fuese una masacre.
Seguimos andando y algo extraño me llamó la atención: toda una hilera de equis relucientes en la playa. Había miles que cubrían la costa. Observé con cautela por si había animales de granja zombi, pero no fue el caso, así que nos acercamos al agua.
—¿Qué están haciendo aquí? —preguntó Dónut cuando nos acercamos.
Había decenas o cientos de focas monje muertas y miles de pedazos de cangrejos. Examiné el primer cadáver con el que nos topamos.
Cadáver de Chuy. Foca monje guerrero. Nivel 65.
Asesinado en un combate en grupo.
«La guerra es un infierno».
Todos tenían el mismo mensaje, lo cual me resultó muy inquietante.
—Carl, ¿a qué distancia estamos de Cuba? —preguntó Dónut mientras contemplaba el océano—. ¡Mongo, no! Ya sabes lo que te he dicho. ¡Y te has comido una hidra entera hace nada! Vas a volver a vomitar.
Me dejé caer sobre una rodilla y examiné la masacre. La hilera de cuerpos seguía y seguía en la distancia.
—Cuba está cerca, pero no tanto. Son unos trescientos kilómetros. Creo. Puede que más.
—¿Y no hay nada que conecte las dos costas? Aquí en la mazmorra, quiero decir. ¡Mongo! ¡Deja eso!
—Se supone que no hay nada que las conecte. Y es imposible que estos cadáveres hayan acabado aquí tan rápido. No había ninguno cuando pasamos la otra vez. Está claro que es algo relacionado con el juego, una advertencia de lo que nos vamos a encontrar cuando volvamos.
—Pues el olor es muy desagradable. Casi tanto como en la granja de pavos. —Chasqueó la lengua mientras contemplaba el funesto paisaje—. Eso me ha recordado algo. ¿Crees que sor Inés habrá conseguido su llave?
—No lo sé. Sigue viva. Le he enviado un mensaje, pero no me ha respondido.
—A mí me sigue teniendo bloqueada —comentó la gata. Se envaró de repente—. ¡Ese cangrejo de allí tiene oro! ¡Y ese tiene una cinta para la cabeza mágica! —Soltó un grito ahogado—. ¡Un gorro! ¡Veo un gorro!
Asentí. Ya los había visto. Toda la costa estaba llena de botín listo para saquear hasta donde alcanzaba la vista. Habría casi un millón de oro y cientos de accesorios mágicos.
—Feliz Navidad —dije mientras guardaba el primero de los cadáveres en el inventario.
—¡Feliz Navidad! —gritó Louis cuando entramos en la estancia segura. Parpadeé y eché un vistazo a mi alrededor, sorprendido.
—¿Qué cojones? —murmuré.
La puerta que daba a la sala común del gremio estaba abierta y vi que la habían llenado de decoraciones navideñas.
Dichas decoraciones habían invadido de alguna manera nuestro espacio, que estaba lleno de gente.
Había música, luces y muchas más personas que las que esperaba encontrar cuando entramos.
Tu Libro de vudú se ha actualizado con varias entradas.
Los niños cambiados iban de un lado a otro, corriendo en círculos y riendo. Samantha gruñía y se dedicaba a perseguirlos, envuelta en una maraña de luces de Navidad. En la televisión se estaba reproduciendo sin sonido lo que parecía Bad Santa 2 .
Los estríperes también estaban todos por allí, yendo de un lado a otro con vasos rojos en las manos.
Uno de ellos, Steve Rowland el Escritor, bailaba bien pegado con Britney a pesar de la música, que era Grandma Got Run Over by a Reindeer .
La canción sonaba gracias a un iPod antiguo de las primeras generaciones, que estaba enchufado a un altavoz bluetooth.
Ambos estaban conectados a una regleta que había creado con una batería enana.
Aquel había sido el error. Nuestra estancia segura era la única que tenía electricidad y donde se podían enchufar aparatos electrónicos de la Tierra. Eso explicaba por qué había tanta gente. Me hice una nota mental para crear baterías para todos.
Dónut y yo estábamos muy sucios, cubiertos de tierra y sangre.
La gata no dejaba de soltar grititos cuando entramos.
Mongo, que estaba más sucio aún después de revolcarse dentro del cadáver de la hidra, aulló de emoción y empezó a brincar por la estancia agitando las patitas y dándole a todo el mundo con la cola.
El robot limpiador lo seguía a toda velocidad, emitiendo pitidos tristes. Tenía colgado un ramito de muérdago.
Miré a Mordecai a los ojos, bueno, a su ojo de cíclope.
Estaba sentado en un rincón, tan gruñón como siempre.
Hablaba con Katia, Elle, Bautista y Li Na, una conversación que parecía muy seria.
También había una semielfa anciana de piel azul que me resultaba familiar sentada entre ellos y bebiendo directamente de una botella.
Tenía los ojos entornados y ya iba borrachísima.
Pero estaba en pie, lo que era toda una mejora respecto a su estado habitual.
Solo había hablado con ella unas pocas veces.
Profesora Tiatha.
Nivel 50. Semielfa maga verde.
Se trata de un PNJ no combatiente.
Representante de la mazmorrera Elle McGib.
Al otro lado de la puerta, en la sala común, vi un árbol gigante cubierto de adornos.
Me giré hacia Louis. No tenía muy claro por qué me irritaba aquella situación.
¿Sería por el estrés de todo lo que ocurría afectándome al mismo tiempo?
Había personas muriendo y nos estaban preparando para que nos matásemos los unos a los otros después de medianoche.
No era un día para celebrar. ¿No me acababa de decir Katia que Louis se había pasado todo el combate sollozando por haber tenido que luchar contra su madre?
Y eso solo había sido hacía dos horas. Y ahora estaba ahí delante de mí, con una sonrisa estúpida en la cara y uno de esos jerséis de Navidad en el que había un Papa Noel enseñando el culo.
—Creí que habíamos comentado este tema —susurré, intentando por todos los medios no sonar como un aguafiestas.
—Lo sé. Lo sé. Pero en realidad no es Navidad.
Le pregunté a todo el mundo si sabía en qué fecha estábamos y nadie se puso de acuerdo.
La fecha alienígena nos ha confundido a todos.
Pero ese iPod, que Chris trajo consigo a la mazmorra, dice que es 20 de marzo.
No sé si estará bien, pero es la misma fecha que comentó Li Na y confío mucho en ella.
Dónut seguía mirando por ahí maravillada.
—Es fantástico. Maravilloso. ¿Cómo lo habéis decorado tan rápido?