El ojo de la novia frenopática (Carl el Mazmorrero 6) Capítulo 47 #2
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Capítulo 47 #2

Crea una esfera no estática de fuego de Sheol alrededor del lanzador, a una distancia de treinta centímetros del cuerpo de este. El fuego se extiende 0,15 metros por nivel de conjuro hasta nivel 15, momento en el que la distancia aumenta exponencialmente y puede controlarse.

A nivel 10, el fuego se expande en una esfera a 1,5 metros alrededor de tu cuerpo. O sea, arriba, abajo, izquierda y derecha. Es posible que sea mejor que tengas cuidado con dónde lo lanzas.

¿Qué es el fuego de Sheol? ¿Sabes cuando eras niño y cogías un mechero y pasabas el dedo por la llama muy rápido y no te hacía daño?

Pues no lo intentes en este caso. Es como fuego con la rabia.

La madera se convierte en ceniza al instante.

Las rocas, en lava. La carne… Bueno, tú ten cuidado.

O no lo tengas si quieres abandonar este mundo y dejar tras de ti olor a chamusquina.

Joder. Era como el conjuro berserker de Dónut, ese llamado ¿Qué dices, zorra? No podía lanzarlo estando cerca de alguien. Sonaba bien, eso sí, pero la esfera también se extendía bajo mis pies, lo que podía llegar a ser muy peligroso y dejarme en mitad de un charco de lava.

El tiempo de recarga era interesante. Podía lanzarlo una vez al día, pero se reiniciaba al mismo tiempo que la capilla, lo que generalmente solía ser al mismo tiempo que el episodio resumen diario.

Con la mayoría de los conjuros, como con Caparazón protector, por ejemplo, el tiempo de recarga empezaba a contar justo después de usarlo.

Dónut no había dejado de hablar y se había puesto a contarme la historia de Terroncito de Azúcar, quien era al mismo tiempo su prima y su medio tía o algo así. Era muy confuso.

—Oye, Dónut —dije cuando recordé algo del combate—. ¿Por qué dijiste que Bea había conseguido que despidiesen a Sally? ¿Cómo sabes quién es siquiera? Yo no recordé su nombre hasta que lo vi en la interfaz. Trabajamos juntos un tiempo, pero casi ni hablaba con ella.

—Yo conocía a todas las cabezas menos a la de tu madrastra, a quien vi hoy por primera vez. Esa señora, Sally, te envió un mensaje por Facebook una vez para pedirte salir a tomar algo.

Parpadeé sin dejar de mirar a Dónut.

—No, no lo hizo. Si yo ni entro en mi Facebook.

—Sí, créeme que lo hizo, Carl. La señorita Beatrice siempre lo tenía abierto.

—Un momento. ¿Bea tenía abierto mi Facebook?

—Sí, Carl. Y hasta le llegaban tus notificaciones a su teléfono. Usabas «Megatron12» de contraseña para todo. Creo que ya lo habíamos hablado antes.

—¡Claro que no lo habíamos hablado!

Dónut se encogió de hombros.

—Bueno. Pues esa señora te envió una solicitud de amistad y te pidió salir de copas, por lo que Bea le dijo que se fuese a tomar por culo, la bloqueó con tu cuenta y luego envió un mensaje a tu jefe desde su Facebook y le exigió que la despidiese porque te estaba acosando.

—¿Qué? ¿Lo dices en serio?

—Sí, sí. A la señorita Beatrice y a sus amigos les pareció lo más divertido del mundo.

Y luego tu jefe le dijo: «Y si lo hago, ¿qué harás tú por mí?

». Y ella tenía una amiga llamada Tiffany, ya sabes, la que tiene los labios operados y ese bolso de imitación de Chanel horroroso.

Pues le pidió que le enviase una foto de sus tetas, aunque en realidad era la foto de unas que había sacado de internet.

Y tu jefe despidió a Sally ese mismo día.

Bea lo obligó a prometerle que no te diría nada.

Lo llamaron «Operación Chao, Guarra» o algo así.

Todos se creyeron muy listos después de conseguirlo.

Mi opinión sobre Dick cambió de repente. La de Bea ya estaba por los suelos y sabía que sus amigos eran igual de horribles, pero no tenía ni idea de que la cosa llegase tan lejos. Ponerme los cuernos ya era terrible, o ser una inmadura…, pero aquello ya parecía sacado de un villano de película.

—Esa mujer, Sally, era madre soltera. Creía…

Me quedé en silencio y sentí un sobrecogimiento repentino. Empecé a notar mucho frío.

«¡Te escribí, pero no me respondiste nunca! Necesitaba ayuda. ¡Mira en qué me he convertido por tu culpa! ¡Mira lo que me has obligado a hacer!».

—Dijiste que habías reconocido todas las cabezas, ¿no? ¿También al chico?

—Sí, lo de ese fue muy raro. Me había olvidado de él.

Lo vi varias veces, pero seguía sin saber quién era.

La señorita Beatrice tenía su foto en el teléfono y siempre hablaba de él con su madre.

Asher, ¿no? Creo que era su sobrino o algo así.

No me enteré de nada de ese drama, pero la madre de la señorita Beatrice siempre le decía que lo ignorase. Fue muy raro verlo en la hidra.

Asentí.

—No era su sobrino. Era mi medio hermano. No sabía que existía hasta ahora. Hasta hoy.

—No. Eso es imposible, Carl. Eso lo convertiría en el hijo de la señora del pitbull, así que… —Se quedó en silencio—. Cielos. Entonces a eso se refería la IA. Y la señorita Beatrice sabía que tenías un hermano. ¿Te lo estaba ocultando? Eso… ¡Eso es algo propio de Georgina!

Tragué saliva. Me agobié al momento. Ni siquiera me planteé preguntarle a Dónut quién era Georgina.

«Vete a la mierda, Beatrice».

Hasta ese momento no había estado enfadado con ella. Ni siquiera después de que me pusiese los cuernos ni de que me mintiese. No había sentido rabia. Solo estaba irritado conmigo mismo por haber sido tan estúpido e inocente. Pero aquello acababa de cambiar.

Sabía lo que había pasado. Tami-Lynn me había escrito, seguramente por Facebook.

Yo no lo había visto, pero Bea sí. ¿Por qué no me lo había contado?

Esto no era lo mismo que una compañera de trabajo tirándome los tejos.

¿Habría sido porque no quería que supiese de la existencia de mi hermano?

¿Por qué? ¿Cómo podía sentir celos de algo así?

Bea no quería que me marchase. Esa era la única explicación.

De haberme enterado, hubiese ido a Iowa y ella lo sabía.

Empecé a sentirme fatal, pero una parte de mí, una muy pequeña, quería darle a Beatrice el beneficio de la duda.

Era algo ridículo teniendo en cuenta lo que sabía ahora, pero siempre había una parte de mí que creía que había bondad en las personas.

En todas y cada una de las que conocía, aunque me hubiesen demostrado lo contrarío una y otra vez.

Quizá, y solo quizá, Bea lo había hecho para protegerme. Para protegerme de mi padre.

«Eso da igual. Se acabó. Forma parte del pasado y te está cegando. Te está debilitando. Es lo que quieren. Quieren destrozarte por dentro».

—Carl —dijo Dónut—, ¿crees que se acabaron ya? Los combates de cartas, quiero decir.

Extendí el brazo y le di unas palmaditas en la cabeza. El chat había empezado a llenarse de historias terroríficas. Todo el mundo había empezado a enfrentarse a hidras similares a la nuestra. Algunos habían escapado. Otros estaban muertos. Y otros incluso se negaban a luchar.

—No, Dónut. Creo que no. Aún no.

—Muy bien —dijo la gata—. Vamos, Mongo. Creo que ya no hay peligro. Veamos qué botín nos han dejado.

Todo un mazo de cartas se desplegó flotando sobre los restos de la caravana quemada donde había muerto mi padre. Dónut se acercó para echarles un vistazo. La hidra solo había invocado a dos tótems, pero tenía cuatro en el mazo. Carl Macho Alfa, Rey Cruasán y dos más.

Dónut resopló al ver el tercero. Era un Dolor de barriga de nivel 70 llamado BAM-BAM .

La albóndiga mascota era del mismo tipo que la que tenía la archienemiga de Dónut, Tserendolgor.

Había sido una de las opciones que nos habían dado cuando habíamos encontrado a Mongo.

En la carta había una frase que rezaba: «Como dinosaurios.

Ñam, ñam». Recordé haber visto a la mascota de Ren luchando en la Mascarada del Carnicero. Lo hacía muy bien, la verdad.

El cuarto de los tótems era FRANK CON MÁS NIVEL . Se llamaba así. Era el mazmorrero Frank Q, marido de Maggie My y padre de Yvette. Llevaba muerto mucho tiempo, ya que lo había matado la misma Maggie cuando controlaba a Chris en la Maraña de Hierro.