Capítulo 46 #6
Tenía el ojo mágico abierto en el centro de la frente. Era el ojo que se suponía que no tenía que mirar porque podía llegar a volverme loco. Y también dejarme ciego.
Había tomado una poción que se suponía que iba a protegerme, pero en ese momento me quedó claro. Me quedó claro que no iba a funcionar. Conmigo no.
El ojo estaba abierto y sentí cómo me sondeaba los recovecos de la mente.
Conectó directo con algo que había en las profundidades de mi psique, como si dos imanes se juntasen atraídos en ese mismo instante.
A pesar del fuego que me consumía, sentí de repente el pinchazo de una aguja que conectaba la cabeza de la araña con la mía.
«Ah, sí. Entiendo. No te preocupes, Carl. No voy a cegarte. No de la manera que crees».
—Carl, me hubiese gustado conocerte —gritó la cabeza de Asher justo antes de que la araña se la tragase y luego la escupiese.
Quedan tres cabezas.
«Listo, Carl. El eco de tu linaje se ha silenciado al fin. Ya descansa. Te he hecho un favor. Y pronto, muy pronto, tú me harás uno a mí».
Sentí como si me partiesen en demasiados pedazos.
El fuego siguió ardiendo. Los tatuajes que tenía en el dorso de las manos también.
Las palabras de Asher me habían sentado como un puñetazo en la boca del estómago, como si alguien hubiese lanzado más leña al fuego.
La punzada que sentía en el cerebro era como una presa en el río; había dejado de sentir el fluir del agua y este había quedado reemplazado por un aumento de caudal, una sensación de que había empezado a acumularse.
Seguía prendido fuego, pero las llamas ya casi se habían extinguido.
La poción de salud y mi resistencia habían conseguido mantenerme con vida, en medio de la balanza entre la vida y la muerte.
Nunca había llegado a tener la barra en rojo, aunque no había dejado de sentir que me moría una y otra vez.
Recuperé la compostura justo en el momento en el que Shi Maria gritó. Fue entonces cuando me di cuenta de que antes me había hablado en la mente. Me pregunté si habría sido real. Si todo aquello era real.
Alcé la vista y vi morir a la araña. Aún tenía visión.
Había tres cabezas de Sam el Unicejo en lugar de una y las tres habían lanzado su rayo de muerte a la araña al mismo tiempo.
No murió al instante como Geraldo, sino que su salud bajó a toda velocidad y empezó a agitarse.
Agarró una de las cabezas con esas patas segmentadas suyas y esta estalló en un reguero de partes mecánicas.
Lucian había conseguido usar el bastón y crear dos copias mecánicas de Sam.
La araña siguió sacudiéndose mientras moría. Intentó hacerse con el bastón y luego decapitó otra de las cabezas mecánicas. Mordió al Sam de verdad antes de desaparecer en una nube de humo.
Tótem eliminado. Este tótem tenía la habilidad Cucaracha y ha vuelto al mazo.
Quedan dos cabezas.
Solo quedaban Lucian el del Jurado y mi madrastra, Tami-Lynn.
—Papi Carl, he venido a ayudar —gritó una nueva voz cuando noté de repente un chorro de agua. Raúl. El cangrejo tenía un ataque de chorro—. ¡El demonio de fuego se ahogará con mi chorro sagrado!
Gorjeé mientras Raúl me lanzaba aquel ataque de agua directo a la cara.
—Para —intenté articular. Ya se me habían apagado las llamas—. ¡Para!
—Él no es tu papi. Ahora tu papi soy yo —dijo una voz de repente. Era Carl Macho Alfa.
Se hizo el silencio, y luego se oyó un crujido cuando Raúl gritó:
—¡Demonio! No perteneces a los cielos. No mereces respeto alguno por mi parte.
—Pues tu madre no me dijo lo mismo.
Crac.
Tótem eliminado.
Me enjugué el agua de los ojos y alcé la vista.
Estaba bocarriba en el suelo y él se encontraba de pie sobre mí.
A Carl Macho Alfa solo le quedaban unos pocos segundos de invocación.
El guantelete blanco no dejaba de brillar.
Detrás de él, la hidra empezaba a sucumbir a las llamas.
Cayó de lado. La cabeza de Lucian el del Jurado había quedado inconsciente. No tardaría en morir.
—Abandonaste a tu familia —dijo Carl Macho Alfa. Apoyó el pie descalzo en mi pecho y empezó a apretar—. Un buen hijo siempre habría permanecido junto a su padre.
Pum. Mongo se chocó contra él por detrás y el tótem gritó mientras caía hacia delante y desaparecía en una nube de humo cuando se le acabó el tiempo.
Me puse en pie a duras penas y me giré hacia la hidra, pero ya estaba casi muerta y el fuego de su lomo seguía oscilando y ardiendo con intensidad.
La última cabeza que quedaba consciente era la de Tami-Lynn. La miré a los ojos.
—No me arrepiento —dijo—. Vi lo que te pasó y no quería que Ash pasase por lo mismo. Me aseguré. Me aseguré de que saliese bien.
Cerró los ojos justo cuando Lucian el del Jurado balbuceó y murió al fin.
El cuerpo entero de elefante de la hidra se sacudió para luego partirse en pedazos y derramar sangre roja por todas partes, como si hubiese sido una bolsa de papel llena de espaguetis que explota de repente.
Mongo soltó un graznido de alegría y empezó a lamerlo todo.
El suelo tembló ominoso bajo nuestros pies.
¡Ganador!
Combate completado.