El ojo de la novia frenopática (Carl el Mazmorrero 6) Capítulo 46 #3
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Capítulo 46 #3

M ORDECAI : Madre mía. Vale. Cada una de las cabezas le da a las demás un tipo de resistencia diferente, y todas tienen un ataque relacionado con esa resistencia.

Va a ser complicado matarlas con magia. Al principio, tendréis que usar ataques físicos o tus explosiones, y solo contra los cuellos y las cabezas.

El cuerpo será prácticamente indestructible.

Si cercenáis una cabeza, esta volverá a crecer.

Encontrad la cabeza que sea resistente al fuego, cortadla y cauterizad la herida para evitar que vuelva a crecer.

Luego podréis quemar a la criatura entera.

Tiene ataques lentos, pero son mortíferos.

Cada uno será más poderoso que el anterior.

Aquello hubiese sido un enfrentamiento de locos incluso sin las cartas.

Dónut iba a tener que dedicarse a acabar con las defensas de las cartas mientras yo me ponía con las cabezas de la hidra.

La de mi jefe ya había empezado a crecer de nuevo, inflándose como un globo a partir de las entrañas de aquel cuello alargado.

Tenía que descubrir qué resistencia tenía cada una.

Saqué otra poción de invisibilidad, una pelota de pociones con invisibilidad dentro para Mongo y varias pociones de sanar buenas que tiré al suelo.

—¡Bébelas cuando puedas! Y cuidado con dónde pisas.

—¡Va a destruirlas otra vez!

—No, no debería poder lanzar ese conjuro antimagia de nuevo. ¡No hasta que se quede sin cartas!

M ORDECAI : Otra cosa, podréis averiguar cuál es su resistencia si os fijáis en sus ataques.

O también podríais usar una poción de Inspeccionar.

¿Tenéis collares de sellado? Acabar con una cabeza anulará la resistencia hasta que vuelva a crecer, pero para que no regrese tendréis que hacerle un corte limpio.

C ARL : Tengo los collares, sí.

M ORDECAI : Bien. Pues sería un buen momento para usar esa varita que le compraste a Chaco.

Hubiese sido mejor que Dónut se encargase de esto. Rebusqué en el inventario, encontré una de las pociones de Identificar de Prepotente y me la bebí. Me centré en la hidra e hice clic en IDENTIFICAR .

Examinando. No pierdas de vista a la criatura. El informe completo estará disponible en noventa segundos.

La nieve empezó a caer por el parque de caravanas cuando Dónut invocó a Yule.

La música se entremezcló con la del jefe, lo que creó una cacofonía ensordecedora.

Pero luego la del jefe cesó y solo quedó la endecha orquestal.

Cuando el gato navideño gigante empezó a formarse, Dónut también usó la carta LADRÓN para robar una carta de la mano de la hidra, pero resopló con rabia al ver lo que quiera que acabase de conseguir.

En ese mismo momento, Lucian el del Jurado lanzó sus primeras dos cartas. La primera era una de trampa con la que atacó a Yule nada más formarse, y la segunda era un tótem.

—Carl, ¿por qué no me visitaste nunca? —gritó la cabeza de Asher, amplificada y ensordecedora, más de lo normal.

—Porque es un perdedor. Por eso —respondió la cabeza de la madre de Bea, con tono burlón.

Asher abrió la boca y brotó de ella un rayo que trazó un arco hacia mí.

—Joder —grité al tiempo que saltaba para apartarme mientras explotaba el suelo junto a mis pies.

Rock You Like a Hurricane de los Scorpions empezó a sonar cuando se formó el tótem enemigo. Unas explosiones de humo rojo, blanco y azul restallaron alrededor de la criatura de tamaño humano. Empecé a lanzar como loco cortinas de humo mientras volvía a ponerme en pie.

Identificar ha fallado. Has perdido contacto visual con el enemigo.

—¡Joder!

Yule había terminado de formarse, pero el gato gigante tenía encima la desventaja TULLIDO .

La carta de trampa había ralentizado a nuestro aliado y también reducido en gran medida su Fuerza.

Me quedó bastante claro que la había enfadado mucho.

El felino gigantesco empezó a gruñir algo en islandés y se abalanzó hacia el nuevo enemigo justo cuando Lucian el del Jurado lanzó un segundo tótem. Este era mucho más pequeño.

Los dos Mongo mecánicos empezaron a moverse para atacar, mientras el de verdad se quedaba atrás para proteger a Dónut.

Uno de los mecánicos saltó con las patas por delante contra el primer tótem, pero canceló el ataque en mitad del aire cuando vio lo que acababa de aparecer entre el humo rojo, blanco y azul.

El dinosaurio de metal cayó al suelo, derrapó hasta detenerse y luego alzó la vista para mirarnos, tras lo que soltó un graznido inquisitivo.

En ese mismo instante, el recién llegado lanzó una hobomba adhesiva que chocó contra la cara del Mongo mecánico.

El dinosaurio pio confuso antes de explotar y dejar tras de sí un reguero de partes mecánicas.

—Explota, hijo de puta —dijo el nuevo tótem.

—¡Carl! —gritó Dónut—. ¡Se parece a ti pero con pelazo!

Tenía la voz de mi padre, no la mía.

—¿Estás de coña? —murmuré al tiempo que lo miraba de arriba abajo.

El nuevo tótem era yo. Más o menos. La única diferencia era que tenía el pelo peinado hacia atrás con gomina como si fuese un extra de Grease .

Los bóxers tenían estrellas en lugar de corazones, con un bulto exagerado que parecía que se había metido ahí debajo un pollo asado.

La chaqueta con parches tenía dos chapas.

La primera rezaba «El hijo perfecto» y la otra «Hermano del siglo».

Carl Macho Alfa. Nivel 69.

Mola.

El tótem avanzó por la tierra y se arrodilló frente al otro tótem mientras el otro Mongo mecánico graznaba y se lanzaba al ataque.

Carl Macho Alfa cerró el puño y le dio un golpe al autómata sin mirarlo siquiera.

El guantelete de guerra era blanco como el hueso y no negro como el mío.

El dinosaurio explotó igual que el primero.

—Ven, pequeño —dijo Carl Macho Alfa al gato que se acababa de formar, quien saltó a su hombro.

Era muy pequeño, una bolita de pelo negra.

También tenía un pinganillo chiquitito—.

Tenemos cosas de las que ocuparnos por aquí.

—Se giró y me señaló. No consiguió ver mi posición exacta gracias a las cortinas de humo—.

Tú quédate ahí y no te muevas. Dentro de un momento estaré contigo, Carl Inferior.

Tenemos que hablar sobre la manera en la que tratas a tu familia. Terapia de puños, la llamo.

El gatito del hombro de Carl Macho Alfa bufó y disparó un proyectil mágico a Yule, quien se tambaleó hacia ellos atravesando el humo como un navío que avanzase a cámara lenta a través de la niebla. El proyectil rebotó en el gato navideño gigante sin hacerle nada. El gato bufó de nuevo y gruñó.

Examiné a la bola de pelo. Era del tamaño de mi puño y ridículamente adorable.

Rey Cruasán, el gato más joven, mejor y más listo. Nivel 60.

Es el gato que Beatrice y Carl querían de verdad.

—¡Eh! —gritó Dónut.

Gruñí. Si Bea hubiese conseguido vender a Dónut, su plan era hacerse con una de las hermanas o de los primos de esta.

Se suponía que aquella cosa sería uno de ellos.

No sabía si Bea tenía pensado algún nombre, pero era muy probable que Rey Cruasán fuese uno que se le hubiese ocurrido.

Toda la familia tenía nombres de comida.

—Es un gato muy superior —gritó Lucian el del Jurado.

Tenía una voz nasal e irritante. Mientras hablaba, rebusqué en el inventario en busca de mis jarras de aguardiente.

Solo me quedaban unas pocas de las normales.

Hacía mucho que se me habían acabado las jarras explosivas, pero estas eran casi lo mismo.

Lucian el del Jurado emitió un extraño sonido de satisfacción mientras bajaba la vista hacia el gato que acababa de aparecer. Todas las cabezas de hidra tenían voces exageradamente estruendosas.

—¡Y sin marcas descalificatorias! Es maravilloso. De hecho, hasta Terroncito de Azúcar es una gata muy superior a esa con sobrepeso llamada Princesa Dónut.

—¿Gorda? —gritó Dónut—. ¿Acabas de llamarme gorda, pervertido?

—Ignóralos. Son unos capullos —grité al tiempo que lanzaba la jarra por encima de la cabeza de Carl Macho Alfa en dirección a la hidra.

Trazó un arco hasta que estalló contra la cara de Sam el Unicejo.

El fuego se extendió por ella. La hidra no se vio afectada por el ataque, pero el aguardiente era muy insistente y se iba a quedar ardiendo un buen rato.

Le dio a la monstruosidad un resplandor rojo y chisporroteante, lo que hizo que fuese más siniestra aún.

La pared trasera de la caravana se derrumbó detrás de la criatura.

El jardín al completo había empezado a quemarse.

El suelo tembló y, en la distancia, se derrumbó un pedazo enorme de la montaña de Iowa.

Yule llegó al fin a la refriega y le intentó dar un garrazo a Carl Macho Alfa, pero él se dio la vuelta y lo evitó. Después lanzó otra hobomba adhesiva por encima del hombro, que voló y quedó pagada a un lateral de la cabeza de Yule.

¡Pum!

El gato rugió cuando se le desintegró la mitad de la cara. Apareció una barra de salud que se redujo hasta la mitad.

—¡Chúpate esa! —dijo Carl Macho Alfa, que siguió retirándose con un bailoteo. Había formado sendas pistolas con los dedos y fingía que disparaba al gato enorme.

Clic.

—¡Oh, oh!

Pisó una de mis trampas en ese momento. Un cepo. Iba a quedarse paralizado durante quince segundos. Yule bufó con alegría y se acercó a toda velocidad.

A mi lado, Dónut, quien no había dejado de quejarse porque la acabasen de llamar gorda, saltó a lomos de Mongo mientras invocaba otro tótem. Eso la dejó con tres cartas en la mano.

Geraldo la foca monje apareció de un brinco y aterrizó junto a mí con una explosión. Agitó las aletas en el aire y luego empezó a hacer ruidos de kárate mientras le aparecía el nombre encima entre focos relucientes.

—¡Al fin un combate de verdad! —gritó la criatura mientras observaba el caos que la rodeada—. ¿A quién hay que matar?