Capítulo 43
—Carl, creo que ya has dormido suficiente —dijo Dónut mientras yo me incorporaba aturdido.
Gruñí. Había estado soñando. Con el río, con que me alejaba en su corriente. Con esos ojos, los ojos de la ogra al morir.
—¿Cuánto tiempo he estado inconsciente?
Dónut se sentó a mi lado, cubierta de sangre por completo, pero vi que se había limpiado bien la mitad de la cabeza, lo que significaba que yo tenía que llevar bastante tiempo durmiendo. La gata siguió limpiándose con rabia.
—¡Cuarenta minutos! En serio, Carl. Siempre te quedas inconsciente.
Se te da bien matar cosas, pero lo de evitar que te maten lo llevas fatal.
¿Quién iba a pensar que convertirse en un colador te iba a dejar tantas desventajas desagradables?
¡Dejaste que esa señora erizo te clavase las púas en los ojos!
¿Y de dónde has sacado ese anillo? Te ha protegido de la mayoría de las desventajas, pero no me percaté de que no era tu anillo de Fuerza hasta que no lo vi brillar.
No, no, no te pongas en pie aún. Cielos.
Aún tienes Atontado. No he conseguido las fichas y los cuerpos cayeron por el precipicio, lo que significa que tendrás que ponerte a bucear para encontrarlos.
Es probable que también hayan quedado enterrados bajo toda esta tierra.
Tienes que darte prisa, pero primero esperemos a que se te vaya esa desventaja.
No puedo permitir que te desmayes mientras estás debajo del agua.
Francamente, me temo que los cadáveres estarán demasiado enterrados y no podremos llegar hasta ellos.
De ser así, significará que no podremos completar la misión de la llave.
Aún notaba el sabor de la ogra en los labios. Esos ojos… Madre mía. ¿Dónde los había visto antes?
Tosí.
—He guardado los cadáveres de los dos jefes en el inventario. Tienen las fichas, pero no las cartas. Joder, la cosa se complicó en un momento. Me has salvado la vida. Otra vez. Gracias. Voy a necesitar un minuto.
—¿Ya tienes las fichas? Oh —dijo, con un tono que me sonó como a decepción.
Estábamos sentados al borde de la granja, en el asfalto resquebrajado. La mayor parte del granero se había precipitado por el borde, pero algunas de las vigas de apoyo de la estructura seguían por allí, de metal y colgando como una mano esquelética de aquel borde que seguía avanzando.
—Bueno, Carl, se complicó porque hiciste ese salto de superhéroe con tu habilidad del parche de la espalda.
¡Abriste un agujero en mitad de la montaña de tierra!
En serio, ¿eh? A veces te pasas un poco.
Tuvimos suerte de que a Mongo no lo mordiese un pavo zombi.
Por cierto, esos siguen por aquí, así que tenemos que tener cuidado.
Se han metido en las porqueras y ahora hay un puñado de animales de granja zombi deambulando por los alrededores.
¿Has oído gemir a un cerdo? Es muy inquietante.
Tuve que guardar a Mongo. Ahora, límpiate.
Parece que te has arrastrado por una pila de cadáveres húmedos y asquerosos.
—Es justo lo que ha pasado, sí.
—Puede, pero no hay razón para que sigas así.
Y creo que deberías darme las fichas. —Parpadeé sin dejar de mirar a Dónut, quien seguía limpiándose con rabia—.
Ah, y no te preocupes por lo de las cartas.
Conseguí hacerme con ellas y he hecho algunos cambios a nuestro mazo.
Se quedaron flotando cerca del borde del precipicio y conseguí cogerlas todas.
La señora Codos Afilados tenía muchas, entre las que había algunas de nuestras favoritas.
No tenemos tiempo para entrar en detalles, pero que sepas que contamos con un nuevo tótem.
Dónut estaba actuando de forma muy extraña. Estaba… como seria y demasiado centrada, hablando más rápido de lo normal. El problema no era lo que estaba diciendo, sino la forma en la que lo hacía. Algo iba mal.
—Espera. ¿Qué? ¿Un nuevo tótem? ¿A quién has sacado del mazo?
—¡A nadie! ¿Recuerdas la carta de ese bastón mágico, el que la señora ogra usó para convertir en zombis a todos los cadáveres de pavo?
Pues estaba en su mazo. No es consumible, sino una carta especial.
Sea como fuere, no ocupa un espacio de tótem, aunque sí que cuenta como si la tuvieras en la mano cuando está activa.
Tengo que lanzarle uno de mis conjuros antes de empezar el combate y, al hacerlo, después me permite usar dicho conjuro durante el enfrentamiento, pero solo una vez.
El bastón en sí funciona como un tótem y su aspecto cambia dependiendo del conjuro que hayas almacenado en él.
—Pues está muy bien —dije—. Si usas Triplicado mecánico, podrías crear tres Shi Maria o tres Yule.
—Es justo lo que pensé. Ya lo he preparado todo y funciona. Tuve que probar en un combate rápido con pavos zombi mientras seguías inconsciente. Saqué el mazo y lo puse en práctica. Lo usé con Geraldo y las copias y él empezaron a pelearse entre sí mientras yo no dejaba de gritarles. ¡Pero funcionó!
—Bien, bien. —Empezaba a dolerme un poco menos la cabeza—. ¿Qué más has conseguido?
—Tenemos otra carta de Combinación, pero ¡es única! ¿No es genial? Se llamaba COMBINACIÓN DORADA . Hace lo mismo… ¡y no es consumible! Podemos usarla siempre. ¡Imagina las posibilidades!
—Dónut —dije al fin al tiempo que me incorporaba—. ¿Por qué hablas como si…?
—Pues eso —me interrumpió—. He pensado que quizá debería enfrentarme yo sola al último jefe. Con estas cartas nuevas, soy prácticamente indestructible.
Parpadeé.
—¿Estás de broma?
—Ni lo más mínimo. Mira, Carl. El combate es justo allí. Hay una máquina expendedora que abrirá la caravana cuando meta las fichas. Entro en ella, supero ese combate fácil y rápido y luego vuelvo con la llave. Será pan comido. Tú quédate aquí y descansa.
Me la quedé mirando sin decir nada.
—O bueno… —continuó—. También podríamos pasar del último combate y prepararnos para la última parte de… —Se quedó en silencio.
—Dónut, ¿prefieres que nos enfrentemos a otros mazmorreros a conseguir nuestra llave?
—Yo… —Se quedó en silencio y soltó todo el aire—. No, supongo que no.
Respiré hondo. Al fin empezaba a entender lo que estaba pasando. Extendí el brazo y ella saltó sobre mi regazo.
—Dónut, ¿recuerdas cuando viste a Ferdinand y me asusté? Lo único que quería en ese momento era pasar de la Mascarada del Carnicero y bajar por las escaleras.
—Lo recuerdo, Carl. Y también recuerdo que después dijiste que ojalá hubieses bajado por las escaleras.
Asentí.
—Me hubiese gustado encontrar la manera de evitar ese último enfrentamiento. Pero, de haberlo hecho, habría muerto aún más gente. —Me quedé en silencio mientras ella se apoyaba en mi pecho. Alzó la vista para mirarme y su rostro ocupó todo mi campo visual—. Pero ¿cómo sabes quién es?
Ella parpadeó unas pocas veces.
—Pues… Bueno, hay dos en realidad. El primero tendrás que verlo por ti mismo, pero el segundo es la motocicleta.
Es la misma que te ofrecían como premio en el carrusel del cuarto piso.
Tiene esa abolladura enorme. Recuerdo que te quedaste muy afectado al verla.
No dijiste nada en aquel momento, pero sabía que la habías reconocido.
Y ahora la misma moto está fuera de la caravana esa de ahí, y sé quién va a estar dentro.
Siempre has dicho que no vas a darles esa satisfacción, Carl. Intento ser más como tú.
Le di un abrazo fuerte a Dónut.
—Gracias —dije
Me preparé mentalmente y me puse del todo en pie mientras Dónut se me subía al hombro.
—¿Sabes qué? No pasa nada. Le están haciendo lo mismo a todo el mundo. Tenemos que superarlo. Y no intentes ser como yo, Dónut. Tienes que ser tú misma.
Dónut suspiró mientras se acomodaba sobre mí.
—Supongo que tienes razón. No sé en qué estaba pensando.
—Buena chica. Ahora, vamos allá. Saludemos a papá.