El ojo de la novia frenopática (Carl el Mazmorrero 6) Capítulo 42 #2
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Capítulo 42 #2

—Mierda —dije mientras le daba una patada a dos pavos más.

No venían a por mí para atacar, aunque ya habían ocupado el hueco que había quedado tras la explosión, pisoteando los cadáveres de sus compañeros.

Solo nos picoteaban cuando nos tenían cerca.

Aun así, habíamos matado a muchos. Tragué saliva al ver la montaña de cadáveres de pavo que teníamos alrededor.

Era necesario que acabásemos con esto lo más rápido posible. Y lo último que necesitábamos era que la puñetera IA se enfadase conmigo.

—Perdón por haber dicho eso —dije con los dientes apretados mientras aplastaba con el pie a un pavo. El sudor se me resbalaba por las sienes. Hacía un calor de cojones en aquel lugar, más que en el desierto de las burbujas del quinto piso.

Saqué una bomba adhesiva y la lancé hacia la ogra.

¡Pum! Explotó en el aire, a medio camino entre ambos.

La detonación hizo que me cayese de culo y sentí un dolor en el pecho.

Mierda. No tenía ni idea de por qué explotaban antes de tiempo.

Los pavos empezaron a picotearme sin ton ni son mientras yo hacía todo lo posible por volver a ponerme en pie y apartarlos.

—¡Deja de matar a mi comida! —gritó Codos Afilados. Alzó una carta—. ¡Te voy a hacer sufrir, rata almizclera!

—¿Ah, sí? Ver tu cara sí que me está haciendo sufrir. ¡Mira esto!

Dónut invocó la carta que había robado a la ogra, mientras esta y Tom el pavo también invocaban sendos tótems.

El primer tótem de Tom cayó al suelo con estruendo.

Era un humanoide sin camisa y musculoso con la cabeza de un pavo que llevaba un tocado muy elaborado hecho de plumas marrones, negras y blancas de pavo.

La criatura sostenía un bastón curvado con una pelota en la parte superior.

Era algo que había visto antes, pero no recordaba el nombre, una especie a porra de guerra de los nativos del lugar.

Los pavos se desperdigaron cuando apareció.

La animación de entrada del tótem fue una explosión de lazos rojos y turquesa que se alzó por los aires y formó una criatura parecida a un águila antes de desparecer.

¡Esto no es moco de pavo! ¡Estos tíos se están pavoneando! ¡Es un pavo guardia del templo!

La criatura ignoró a Skylar Espinaca, que flotaba sobre ella, y se quedó ahí agitando la porra de un lado a otro como si fuese un jugador de béisbol preparándose para batear.

Guardia del templo wakinyano. Nivel 80.

Tanto Dónut como Codos Afilados invocaron a la misma criatura a la vez. Eran otros dos guardias del templo, pero estos tipos tenían cabezas de lagarto en lugar de cabezas de pavo. Supuse que Codos Afilados planeaba invocar a las dos, pero Dónut le había robado una de las cartas.

Los dos tótems parecían casi idénticos. El que había invocado Dónut llevaba un arco con un carcaj lleno de flechas, y el que había invocado la ogra blandía una lanza muy larga.

Un confeti negro y amarillo se esparció por los aires, exactamente igual a ambos lados, cuando los dos oponentes se enderezaron por completo.

Eran algo más grandes que el guardia pavo y también llevaban un tocado de plumas, pero mucho más ornamentado.

En la cabeza de los lagartos tenía un aspecto mucho más siniestro.

Se oyó otra explosión y ambos guardias rodaron hacia delante hasta detenerse a unos seis metros el uno frente al otro.

¡El hombre de hojalata se equivocaba! ¡Las lagartijas no son apacibles!

Guardia del templo Unk Tehi. Nivel 85.

Aviso: Esta criatura te inflige un 20 % más de daño debido a tu sello de extinción.

—Mierda —murmuré.

—Carl, ¿a qué viene eso del hombre de hojalata?

—No tengo ni idea —dijo mientras sacaba otra hobomba. Tenía que examinarla antes de lanzarla.

Aviso: El entorno actual pude causar que explote de forma prematura. De hecho, el simple hecho de sostenerla podría terminar siendo malo para tu salud. Mira…

—Cagondiós —dije al tiempo que la guardaba justo cuando le aparecía encima un temporizador de cinco segundos. Era por los radiadores. Estaban puestos ahí a propósito para afectar a mis bombas.

Dónut solo tenía una carta en la mano, pero en ese momento apareció otra. La siguiente aparecería dentro de ocho segundos más, gracias a su gorro de marinerito.

El guardia pavo rugió y empezó a correr en línea recta hacia mí. Soltó un glugluteo ahogado cuando Skylar Espinaca se abalanzó sobre él desde las alturas y le golpeó con la cola. La criatura se dio la vuelta y empezó a gritar a la serpiente mientras saltaba y agitaba la porra.

—Hermano —dijo el guardia lagarto de Dónut al otro lagarto. Había colocado una flecha en el arco mientras hablaba. Empezó a levantarse una humareda a su alrededor, en volutas revoloteantes que le dieron al momento cierto toque apocalíptico—. Nunca me caíste bien. ¡Hoy vamos a luchar!

—¡Hoy será el día de tu muerte! —gritó el otro lagarto a su hermano mientras corría hacia él.

—Madre me quería más a mí. —El lagarto de Dónut chilló al tiempo que soltaba la flecha. Esta pasó volando sobre la cabeza de la otra criatura y atravesó a Codos Afilados sin hacerle daño alguno a la ogra.

Mientras ocurría todo aquello y en silencio, Tom lanzó otra carta con un movimiento del ala.

Era una mística que se quedó flotando y luego se giró para encararnos.

Una persistente, lo que significaba que le ocuparía un espacio de carta en la mano mientras permaneciese activa. Siempre eran muy poderosas.

A la distancia a la que me encontraba no veía la ilustración de la carta, pero brotaban de ella unos haces de luz solar que me cegaron temporalmente.

¡Idolatrado!

Y en ese momento todo se volvió en nuestra contra.

Los puntos de los pavos pasaron a volverse rojos. El glugluteo volvió tan de repente como había cesado, un sonido que hizo que el corazón me diese un vuelco. Lancé a la ogra una esfera pelotazo normal, que se incrustó en su hombro como un chasquido húmedo. Ni se inmutó.

Mierda. Iba a tener que acercarme y matarla a la antigua usanza. Pero, para eso, necesitaba acabar primero con los pavos. Lancé Miedo, lo que me dejó sin puntos de maná, ya que usé la versión de máxima potencia de nivel 11.

Los pavos empezaron a chillar y a batir las alas con fuerza.

Tom lanzó otra carta, que se mantuvo activa al lado de la de Idolatrado. Apareció un regalo navideño digital que luego se prendió fuego.

La IA puso tono burlón:

¡Te sacarás un ojo!

El icono de Miedo sobre los pavos desapareció al momento. Las criaturas volvieron a girarse contra nosotros y empezaron a correr.

—Pero ¿qué…?

Aviso: Se ha disipado toda la magia activa. Todos los secuaces y tótems de tu equipo permanecerán silenciados y no podrán lanzar conjuros mientras esté activa la carta de Ralphie.

Por cierto, ¿te has fijado que durante las batallas de cartas se te considera un secuaz? Diría que es algo que deberías tener en cuenta.

—Carl, ¡estamos en apuros! —chilló Dónut mientras lanzaba garrazos a diestro y siniestro a todos los pavos que se le acercaban. Se encontraba sobre el cuerpo inconsciente de Mongo, esperando a que el sistema le dejase robar más cartas mientras giraba en círculo bufando y atacando a los pavos.

Los pavos «idolatrados» no eran tótems, lo que significaba que podían atacar a Dónut directamente. Lancé otra cortina de humo y pateé algunos pájaros más. No dejaban de chillar y batir las alas, apilándose unos sobre otros para alcanzarnos.

Tenía preparado el Caparazón protector como último recurso, pero ahora no podía ni lanzarlo.

Saqué otra esfera pelotazo, de las que tenían púas, y la tiré contra el jefe pavo. La criatura graznó de rabia al intentar esquivarla, pero la pelota le golpeó un ala y se la rompió con un chasquido muy estruendoso.

«Sí», pensé.

Saqué otra, pero Tom se dejó caer de las vigas y desapareció entre la muchedumbre de pavos rabiosos que no dejaban de acercársenos.

¡Pum!

Todos se detuvieron para girarse. Una luz brilló en aquella estancia recalentada cuando el extremo más alejado del granero se despedazó y empezó a caer por el borde del acantilado.

El tejado se hundió, y uno de los radiadores chocó contra el suelo y prendió fuego a algunas de las aves.

La cañería de alimentación empezó a deslizarse hacia el vacío, como si fuese una cadena conectada a un ancla que se hundiese en las aguas.

El tubo se rompió y una pasta amarilla empezó a derramarse por todas partes.

—Atrás. ¡Alejaos de Mongo, pájaros asquerosos! —seguía gritando Dónut. Mongo y ella estaban rodeados de pavos enfadados que intentaban picotearlos y arañarlos. Me acerqué para ayudarlos, justo cuando otra carta apareció en la mano de la gata. La lanzó de inmediato.

Shi Maria. Me sentí aliviado en ese mismo instante y vi cómo la carta empezaba a girar y a formarse.

En ese momento, el guardia pavo golpeó a Skylar Espinaca con un golpe de suerte de su porra ahora reluciente.

El ghommid se partió por la mitad. La mitad serpiente se abalanzó y empezó a enroscarse en la criatura sorprendida mientras la cabeza de burro flotaba en las alturas.

Y luego se oyó el estruendoso clavecín que anunciaba la invocación de Shi Maria.

Codos Afilados lanzó una carta de trampa a la araña justo cuando se materializó.

¡PONTE A LA COLA!

Shi Maria aulló de rabia cuando, de repente, se esfumó del campo de batalla y volvió al mazo en forma de carta.

—¡Oye! —gritó Dónut. Pero Codos Afilados aún no había terminado. Lanzó otra carta, la última de su mano por el momento. Otro tótem. Empezó a sonar una guitarra, igual de alta que la canción de presentación de la araña de hacía un momento.

Aplasté un pavo con el pie y luego despejé los alrededores de Dónut y Mongo.

La Hija del Carroñero se ha alimentado. Desata su rabia.

Me quedé quieto contemplando la barra de estado brillante en mi interfaz. ¿Me dejaría? No podía lanzar conjuros, pero aquello era una habilidad.