El ojo de la novia frenopática (Carl el Mazmorrero 6) Capítulo 42
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Capítulo 42

Nota añadida por el mazmorrero Drakea. Vigesimosegunda edición.

Desde que llegué al décimo piso, me he percatado de algo en algunos de los enemigos.

Es difícil expresarlo con palabras, pero es como si cada vez temiesen menos a la muerte.

No es que se abalancen sobre mis trampas, pero he notado cierto…

¿júbilo?, ¿curiosidad? Es algo de lo que solo me percato al final, cuando ya saben que prácticamente están derrotados.

Pero también hay algo más. Frustración. Debo admitir que me da miedo.

Sé que esto sonará un poco desquiciado, y quizá sea yo quien ha perdido la cabeza, pero no puedo dejar de pensar en ello.

La voz que controla este mundo se ha vuelto cada vez más rara, tanto en lo que dice como en sus normas.

Creo que se está metiendo en la cabeza de las criaturas, que las controla, pero solo cuando estas van a morir.

Es como si intentara a la desesperada saber lo que significa perderlo todo.

Pero sigue fracasando, por lo que no ceja en su empeño.

Cada vez está más frustrada. Ojalá pudiese convencerla para entrar en la mente de uno de esos naga.

Mazo activo actual.

Dieciocho cartas.

TÓTEMS:

• Shi Maria

• Yule

• Lázaro Explota-Expló

• Skylar Espinaca

• Geraldo

• Raúl

CARTAS DE UTILIDAD:

• 2 Fornido

• Prolongación de tiempo

• 2 Rayo grasiento

CARTAS DE TRAMPA:

• Cojera (consumible)

• Agujero en la bolsa

• Perdición

• Lámpara (consumible)

CARTAS MÍSTICAS

• El Ladrón

• Descarte obligatorio

CARTAS ESPECIALES

• Darse a la fuga

Los puntos de miles de pavos seguían blancos, pero estos permanecieron en silencio y mirando hacia nosotros.

El único sonido era el del ogro rabioso acercándose por nuestra derecha.

Frente a nosotros, en las alturas, el jefe estaba sentado en las vigas de metal, moviendo la cabeza de un lado a otro mientras contemplaba las cartas.

Corrí a toda velocidad hacia Mongo y alcé la vista hacia el jefe pavo, cuyo punto era rojo. En ese momento, recibí una notificación muy extraña.

El evento del jefe ha anulado el efecto de encanto de tu sello de extinción.

¿Efecto de encanto? Mi sello de extinción era el pequeño tatuaje que tenía debajo del ojo.

Me lo habían dado por acabar con una especie de lagartos en el cuarto piso.

Servía para eliminar por completo la hostilidad de los enemigos naturales de dichos lagartos, que al parecer eran los puñeteros pavos.

Uno de los pavos normales, que seguía en silencio, ladeó la cabeza y le dio un picotazo a la figura inconsciente de Mongo. Luego otro. Apareció la barra de salud del dinosaurio.

—Carl, Carl. ¡Rápido! ¡Sácalo de ahí!

—¡Lo tengo! —grité mientras agarraba a la criatura pesada e inconsciente.

Tiré una cortina de humo mientras lo arrastraba por su cola enorme.

Le di una patada al pavo, que salió volando.

Siguió sin hacer ruido alguno, ni tampoco hizo amago de ir a por mí después, algo que me resultó muy inquietante.

Una cañería de alimentación enorme me bloqueaba el paso.

Gruñí, luego cogí en peso al dinosaurio para apoyármelo en el hombro como si fuese una alfombra enrollada y pasé sobre la tubería.

Después di una patada a un pavo y despachurré a otro, mientras otro más me picoteaba la pierna.

Me giré y corrí los diez metros que me separaban de Dónut.

—Invoca a un tótem. ¡Rápido!

—¡Ay! ¡Déjadme! —gritó la gata mientras apartaba con las patas a otras dos de esas criaturas, que la rodeaban y habían empezado a darle picotazos.

Estaban colocados formando un triángulo.

Dónut en un extremo, el jefe pavo en otro y el ogro en el tercero.

Esta última criatura era en realidad una mujer, ahora que la veía a unos diez metros de distancia.

Los pavos no dejaban de picotearme mientras corría.

Miré por encima del hombro para terminar de examinar al jefe pavo.

Tom. Nivel 75.

Chamán abandonado de Meleagris gallopavo rex .

Es el amo del mazo número ocho de diez.

¿Sabías que las plumas naturales de los pavos son de color marrón?

¿Por qué las de los que ves aquí son blancas?

Es porque después de que se matan, se descuartizan y se ponen a la venta, la pelusilla de debajo sigue visible a veces en el cadáver.

Cuando esas pequeñas plumas son marrones, hace que los pavos sean menos apetecibles, ya que parecen unos testículos enormes y sudorosos.

Es por ello por lo que los granjeros empezaron a cruzarlos teniendo en cuenta que las plumas fuesen de un color menos llamativo cada vez.

Qué curioso, ¿verdad? Tiene guasa que aquellos responsables de su muerte los crucen de esa manera para no tener que enfrentarse al asco que les provocan sus acciones.

Esto no venía a cuento de nada. Solo es un comentario. Es algo que he estado haciendo mucho últimamente. Observando cosas. Siendo consciente de ellas. Está todo ahí si prestas la atención necesaria.

Sea como fuere, estás frente a un pavo que lanza conjuros y que en el pasado veneraba a un dios llamado Wakinya, también conocido como Meleagris gallopavo rex o el gran Pavo Salvaje.

Dicho dios cayó en la Nada. Escapó recientemente, pero fue asesinado por una cabra, una ironía en la que no tenemos tiempo de ahondar ahora mismo.

La muerte de un dios puede llegar a ser devastadora para sus fieles.

En serio, ¿cómo supera uno algo así? Tiene que ser muy jodido descubrir que todo lo que creías cierto estaba equivocado.

Durante un tiempo, Tom y su congregación deambularon sin rumbo.

Sin un propósito. Luego, un día encontraron a una ogra nigromante muy interesante que enseñó a Tom y a los suyos a seguir adelante con lo que tenían.

Les ofreció protección a cambio de un pequeño sacrificio diario…

Si la vida te da limones, haz limonada. O eso dice el dicho. Simple.

—¿Podemos volver a las descripciones normales? Gracias —murmuré—. Madre mía.

Solté a Mongo y dejé al dinosaurio inconsciente detrás de Dónut. Iba a despertar dentro de 90 segundos. Un grupo de pavos que no se habían visto afectados por el humo empezaron a picotearlo. Me puse a patearlos mientras Dónut lanzaba la primera de las cartas.

Esos pavos curiosos estaban por todas partes, así que me dediqué a mantenerlos alejados de nosotros.

La mayoría de mis herramientas no funcionaban porque sus puntos seguían siendo blancos.

No tenía elección. Saqué la bomba menos potente que llevaba encima, una hobomba con una dieciseisava parte de potencia, y la lancé detrás de nosotros.

¡Pum! Explotó como un petardo muy potente, antes y más cerca de lo que esperaba.

«¿Qué cojones?», pensé. Mis bombas nunca explotaban antes de lo previsto. Ya no.

Aun así, la bomba había acabado con veinte de esas criaturas. Los que no habían resultado heridos por la explosión, siguieron allí sentados, sin hacer ruido ni reaccionar.

El primer tótem de Dónut fue Skylar Espinaca.

La serpiente fantasmal con cabeza de burro apareció entre una pequeña explosión de confeti.

Rebuznó y se alzó por los aires, en dirección al centro del campo de batalla.

En ese mismo instante, Dónut lanzó una segunda carta.

Era la carta mística el LADRÓN , que lanzó hacia la ogra, quien al parecer estaba usando una de sus cartas.

La carta desapareció en una nube de humo de la mano de la criatura y apareció en el mazo de Dónut.

—No lo esperabas, ¿verdad? —gritó Dónut con voz animada y distorsionada por el autotune mientras lanzaba un Rayo grasiento a Skylar.

La ogra era una mujer enorme de unos dos metros diez de altura, encorvada y cubierta de harapos.

Tenía la piel de una tonalidad verdosa, en plan Shrek, pero el parecido con este acababa ahí.

Se me pareció a una bruja del pantano. Tenía un rostro medio derretido y de gesto iracundo, como el de los hobgoblins pero más grande e hinchado.

Un cabello ralo y negro le caía desde la cabeza.

Usaba un bastón grueso para caminar. El bastón y los harapos de la mujer brillaban, lo que indicaba que eran mágicos.

La característica más llamativa de la criatura eran las púas, unas brutales de sesenta centímetros y negras que la cubrían por completo.

No parecían naturales, sino más bien como si estuviese infectada por algún tipo de parásito o fuese una planta que le crecía sobre la piel.

Las púas goteaban un veneno de color verde.

—¡Cómo os atrevéis! —aulló la mujer—. ¡Cómo os atrevéis a mancillar por gusto mi pequeña guarida del placer!

—¿Tu qué? —preguntó Dónut con la voz amplificada—. ¿Guarida del placer? ¿Estabas teniendo relaciones sexuales con los pavos?

—¡Placer culinario, pedazo de rata almizclera! Usaré tus huesos para preparar un caldo.

—¿Rata almizclera? ¡Rata almizclera! ¿Me acabas de llamar rata almizclera? —Dónut se quedó en silencio—. ¡Ni siquiera sé lo que es!

Examiné a la ogra.

Codos Afilados. Nivel 80.

Bla, bla, bla. Digamos que es una nigromante.

Es el amo del mazo número nueve de diez.

¿Querías descripciones cortas? Vale, putita.

Pero tampoco es que quedes en desventaja cuando son largas, ¿eh?

Sabías que tu percepción temporal se ralentiza cuando aparecen, ¿no?

Podría hacer una tan larga como una película de Zack Snyder y daría igual.

Lo hago por ti, por el vínculo tan especial que tenemos.

Y encima no lo aprecias. Pues que te den.

—Anda —dije mientras intercambiaba una mirada con Dó­nut—. Pero ¿me la podrías describir algo aunque sea?

La IA hizo una pausa y soltó un resoplido exasperado.

Esta criatura legendaria, que podría decirse que se basa en términos generales en la rica y maravillosa cultura ioway, tiene un trasfondo muy interesante, pero no quieres oírlo, ¿verdad? Tú mismo. Solo espero que no hayas matado a muchos de esos pavos. Esa es tu descripción, capullo desagradecido.

—¿Codos Afilados? —preguntó Dónut—. ¿Qué clase de nombre es ese?