El ojo de la novia frenopática (Carl el Mazmorrero 6) Capítulo 41 #3
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Capítulo 41 #3

Lo mejor sería que matásemos a los pavos y luego sacásemos de allí los cadáveres.

Había que limpiar la estancia antes de enfrentarnos al jefe.

Era la manera más fácil de hacerlo, pero ¿cuánto íbamos a tardar?

Matarlos no era el problema. Sería muy cruel, sí, pero sencillo.

Librarnos de los cadáveres ya era otra historia.

Miré por encima del hombro, a las enormes puertas dobles que daban al borde del acantilado que no dejaba de acercarse.

Aquello sería más fácil que matarlos a todos, seguro.

Mientras Dónut mantuviese las distancias con esa especie de ogro y no lo activase, no habría problema.

Miré el tractor que había fuera. Quizá podría arrancarlo y despejar así el lugar.

—Carl —gritó Dónut mientras yo seguía sopesando las opciones—. No me extraña que esto oliese como las partes bajas de un…

Se quedó en silencio cuando oyó un graznido de júbilo.

—¡Mongo! ¡Mongo, no! ¡Malo! ¡Malo!

Mongo, que había estado muy interesado en algo que había fuera del granero, vio finalmente lo que había en el interior. Cuando oí su graznido, supe que habíamos cometido un grave error. Tendríamos que haberlo dejado en el transportín. Para Mongo, aquello era como un bufet libre interminable.

Volvió a graznar y saltó hacia los pavos mientras soltaba un aullido de alegría. Cogió uno entre las fauces y masticó, para luego lanzarlo a un lado. Se quedó allí quieto un momento, abriendo y cerrando la boca como si estuviese paladeando el sabor.

Por desgracia, llegó a la conclusión de que los pavos estaban deliciosos.

Se abrió paso entre las aves estúpidas e inconscientes como una puñetera desbrozadora. Los atacaba uno a uno, despedazándolos, agitándolos y luego comiéndose sus cabezas antes de lanzar los cuerpos a un lado y pasar al siguiente. Los pavos casi ni reaccionaron.

Por suerte, Dónut aún no había lanzado Triplicado mecánico. Los otros dos Mongo seguro que hubiesen hecho lo mismo. Teníamos que calmarlo antes de que se acercase al amo del mazo.

—¡Mongo! —gritó Dónut, con su voz amplificada—. Vuelve aquí ahora mismo. ¡No permito que comas cabezas de pavo como si fueses un dinosaurio circense de tres al cuarto! ¡Se te va a quitar el hambre y no vas a cenar!

—Espera —le dije a Dónut, que estaba a punto de correr hacia Mongo—. Quédate atrás o activarás a ese ogro. Yo iré a buscarlo.

—Está demasiado emocionado, Carl. No te va a hacer caso. Y lo he entrenado muy bien para que solo obedezca mis órdenes.

Un pavo voló por los aires dejando tras de sí un rastro de entrañas.

—Lo has entrenado muy bien, ¿no?

—Son pequeños animales de granja. Sabes que no se controla cuando hay cerca pequeños animales de granja, Carl. Es como tú con el porno japonés.

—Deja de decir tonterías.

—¡Mongo! ¡Mongo!

Empecé a acercarme, chapoteando a través de un reguero de cadáveres y pasando por encima de una tubería diseñada para repartir comida.

—¡Mongo! —grité. Se había acercado al centro de la estancia dejando al pasar un rastro de aves muertas y decapitadas—. Para ya, cagondiós. Madre mía. Esto es una locura. ¡Para!

Me acerqué a ese dinosaurio idiota. Contemplé al otro con cautela, aún a varias decenas de metros.

Nunca había visto nada igual. Se parecía a un ogro normal, como hubiesen sido Dmitri y Maxim si no los hubiesen echado del juego, pero tenía la espalda llena de unas púas de apariencia muy peligrosa que le sobresalían por aquí y por allá.

Estas también le brotaban de los codos y las rodillas.

—Carl, no le grites. ¡Es muy sensible!

Mongo se había detenido para morder algo una y otra vez, sin dejar de graznar con frustración. Di otro paso hacia él para intentar ver qué era lo que estaba haciendo. Estaba como a unos doce metros y se afanaba con un pavo, pero los dientes atravesaban a la criatura sin hacerle daño.

—Qué raro —dije mientras me paraba—. ¿Por qué ese pavo es un fantasma de los recuerdos y los demás no?

—Oye, Carl —dijo Dónut—. ¡Acaba de aparecer en el mapa! Creo que no es un fantasma de los recuerdos. Creo que es…

Empieza el combate.

El pavo voló hacia las alturas en dirección a las vigas del techo, mientras Mongo caía hacia atrás inconsciente.

—¡Mongo! —gritó Dónut.

En ese mismo instante, todos los pavos de la estancia, hasta el último de ellos, dejaron de gluglutear. Se giraron hacia nosotros, completamente en silencio.

«Oh, oh», pensé.

El jefe pavo aterrizó en las vigas justo cuando una mano de cartas apareció frente a él. Y entonces oí un nuevo rugido que venía de mi derecha. Me giré y vi que el ogro se había despertado y que también tenía varias cartas frente a él mientras se dirigía hacia nosotros.

¡Logro desbloqueado! ¡¿Buscáis problemas?!

… ¡Pues escuchad nuestro lema!

¡Te están obligando a luchar contra dos oponentes con cartas al mismo tiempo! Las buenas noticias son que, si ganas el enfrentamiento, ¡tendrás fichas suficientes para enfrentarte al malo de verdad!

Las malas son que a estos dos tipos se les da muy bien luchar juntos. Esto no se va a parecer en nada a lo que has visto antes.

Recompensa: Si sobrevives, recibirás una freidora para pavos y acceso a las entradas guardadas del grupo de Facebook «Recetas de pavo de la abuela».

Gluglú, hijos de puta. Bienvenidos a Iowa.