Capítulo 40 #3
Aun así…, ¿por qué darle algo así a casi todos los que estaban dentro de la mazmorra?
La descripción era un poco alarmante. Uno nunca sabía cuándo la IA hablaba en serio o no.
Recordé el mensaje del logro con el que me habían dado la caja.
Era sobre Cascadia, la señora de matad, matad, matad.
La caja de botín tendría el nombre de Prepotente porque la había hecho enfadar mucho.
Y «enfadar» se quedaba corto seguro. Había destrozado un piso entero.
Frente a mí, Dónut había recibido la misma caja y la estaba abriendo.
La miraba con gesto de sospecha. Cuando apareció, el libro que seguía en mi mano empezó a vibrar como un teléfono.
Lo abrí y vi que había dos apartados. El primero era mi nombre y el segundo el de Dónut.
Cuando me quedé mirando el suyo, apareció un nuevo tipo de ventana en la interfaz.
Era parecido a una de chat para misiones en grupo.
Escribí mentalmente:
Estás toda despeinada por dormir, Dónut.
Vi cómo el libro de la gata vibraba, ella daba un brinco hacia atrás del susto y luego le daba con la pata.
Después, extendió la pata hacia delante y el volumen se abrió solo como por voluntad propia.
Leyó el mensaje y resopló. Pasó las páginas hasta mi apartado y se lo quedó mirando un momento.
El libro me zumbó en la mano y lo abrí por la página de Dónut.
ESTO ES UN PASO ATRÁS, CARL. ES EL EQUIVALENTE A CHATEAR DEJANDO PÓSITS EN LAS TAQUILLAS DEL INSTITUTO. EL SISTEMA DE MENSAJERÍA NORMAL ES MUCHO MEJOR, ASÍ QUE NO PIENSO USARLO.
Me quedé mirando las palabras y se iluminaron sobre la página. Copié el texto y lo añadí a mi bloc de notas.
—Interesante —dije en voz alta al tiempo que guardaba el libro en el inventario—. Vamos. Hoy no entrenaremos. Nos daremos una ducha, reiniciaremos las mejoras y volveremos ahí fuera.
A la luz del día, aquel pedazo de tierra reubicado parecía más peligroso e inestable todavía.
La montaña entera se había convertido en barro.
Me di cuenta de que se debía a una mezcla de las olas que batían en la base y la nieve que se derretía en la cima.
Aun así, la pendiente no era tan inclinada ni había tanto lodo por la zona en la que habíamos matado al buzo aquel.
Empecé a escalar con Dónut en el hombro, lo que resultó ser un error.
Se pasó todo el rato comentando en voz alta y en mi oído mi capacidad para escalar.
Me había olvidado de que el nuevo parche de mi espalda me daba el beneficio Escalada. Resultó ser muy útil. Me abrí paso hacia la cima a pesar del barro resbaladizo. Pero Dónut no pareció percatarse de mi nueva habilidad y no dejaba de ofrecerme sus «consejos».
Mientras subía, me puse al día con los mensajes de grupo.
La mayor parte de los que estaban en mis grupos habían acabado con los cuatro o cinco primeros oponentes sin muchos problemas.
El séptimo oponente de Imani usó una carta de Darse a la fuga y, cuando se acercó al octavo, esté permaneció incorpóreo y paralizado, lo que significaba que había que enfrentarse y acabar con esos tipos en orden.
Es por ello por lo que ahora se encontraba recorriendo las calles de Detroit para intentar descubrir dónde se había metido el tipo.
Katia iba de camino también al séptimo. Se había deshecho de uno de sus tótems para meter en el mazo a una especie de cabra vietnamita gigante llamada kting voar o algo así.
El equipo de Li Jun seguía experimentando, intentando eludir las protecciones y matar o atrapar a los oponentes antes de que se acercase el líder del pelotón.
No habían tenido mucha suerte. Chris se había adelantado para echarle un vistazo al jefe final, pero al parecer la zona estaba bloqueada.
Había comentado que había una máquina expendedora gigante que no dejaba pasar, y que había que meter las nueve fichas para hacerlo.
Louis quería saber si íbamos a reunirnos para celebrar la Navidad después de medianoche.
C ARL : Pero sabes que en realidad no es Navidad, ¿no? Estamos a principios de marzo o algo así.
L OUIS : Tío, ¿en serio? Parece que llevamos un año metidos en esta mazmorra.
D ÓNUT : CARL NI SIQUIERA HABÍA RECOGIDO EL ÁRBOL ANTES DE QUE NOS METIESEN AQUÍ.
C ARL : ¡No había pasado ni una semana desde Navidad! Y mi «árbol» era uno de treinta centímetros que compré en el supermercado. Ese al que no dejabas de morderle las agujas de pino, ¿te acuerdas?
D ÓNUT : Y ESTABAN POR TODAS PARTES. TENÍAS LA CASA FATAL, CARL. NO HABÍAS LIMPIADO. ERA COMO SI VIVIÉSEMOS EN UN VERTEDERO.
L OUIS : Yo creo que deberíamos hacer algo igualmente. Y regalarnos cosas incluso.
Dónut soltó un grito ahogado en mi hombro.
I MANI : Primero, asegurémonos de que todos conseguimos las llaves, ¿de acuerdo?
La pendiente tenía poco más de doscientos metros de alto, que no sería para tanto de haber subido a pie. Pero escalarlo estaba siendo todo un desafío a pesar de la mejora del beneficio. Me concentré en la tarea y seguí subiendo.