Capítulo 40 #2
Lo cierto es que tenía más logros de lo que esperaba, incluyendo uno por matar a ese pez espada con el pie.
Ese me granjeó una caja subida de tono de bronce.
Mi habilidad Despachurrar base había subido a nivel 12.
Las bonificaciones por usar el kit de pedicura la subían 3 niveles, supuestamente, pero seguía apareciéndome a nivel 14.
Como siempre, las habilidades empezaban a fallar cuando las bonificaciones de los objetos hacían que subiesen hasta 15.
Empezaba a darme cuenta de que recibíamos una cantidad exagerada de experiencia por aquellos combates de cartas. Tenía que subir Golpe poderoso. La mayoría de los demás logros no eran demasiado interesantes. Los más destacados fueron:
¡Logro desbloqueado! ¡Taco turquesa de Cascadia!
Es importante recalcar todo el trabajo que ha costado que llegases hasta aquí, mazmorrero.
Mucho antes de que naciesen los monos que sois, muchísimo antes, este planeta se eligió para ser la sede de Planeta mazmorrero .
Cuando ocurrió, los productores de aquella época, la Corporación Borant, tuvieron que enviar una propuesta con los 18 pisos de la Mazmorra Planetaria.
Dicha propuesta incluía un esbozo de lo que iba a ocurrir en este piso, el octavo.
Como bien sabrás, es un juego que usa las cartas T’Ghee.
Artistas, ingenieros y guionistas, tanto de carne y hueso como artificiales, se pusieron manos a la obra para diseñar el sistema.
Llevar a buen puerto algo así requirió un esfuerzo gargantuesco, ya que es algo que pueden jugar miles de personas al mismo tiempo.
Requiere mucho trabajo crear y equilibrar todas las cartas para que el juego sea justo a la hora de jugarlo y, al mismo tiempo, que los espectadores se entretengan viéndolo.
Hicieron falta millones de horas de trabajo para llegar hasta aquí, hasta el punto en el que tu pelotón se enfrenta a un oponente que tiene un mazo propio.
La pez del fango Cascadia, la ingeniera jefe recién divorciada y productora ejecutiva actual de Planeta mazmorrero: Tierra , quedó muy humillada por el desastre que se produjo en el piso anterior.
Súmale eso a su incapacidad para controlar lo que sigue pasando en el noveno y…
¿Cuál es el resultado? Pues una administradora que está al borde de un ataque de nervios, ese es el resultado.
Está ahí a puntito, tío. Al mismísimo borde del abismo.
Ahora, imagina si quieres cómo se sentirá cuando se dé cuenta de que la mayoría de los humanos, esos monos, seguís intentando acabar los combates tan bien pensados antes de que dé tiempo a robar una carta siquiera.
Tú mismo terminaste un combate antes de que empezase.
Recompensa: ¡Has recibido una caja de oro de Prepotente!
Me negué a creer que les había costado tanto trabajo diseñar este sistema de cartas tan ridículo.
Parecía una copia barata de Yu-Gi-Oh! creada por alguien puestísimo de anfetas para el TDAH.
No estaba nada equilibrado. No era justo.
Mi opinión, antes incluso de entrar en la mazmorra, siempre había sido que cómo iba a ser justo cualquier juego de este tipo cuando nadie tenía acceso a las mismas cartas.
Mi amigo Sam había jugado muchísimo a Magic: The Gathering y discutíamos muchas veces al respecto.
Terminé por ver el nombre de la caja y me reí.
Era la misma que habían recibido muchos, pero seguía sin tener claro lo que era.
Había una versión del mismo logro para líderes de pelotón, pero el premio era el mismo.
Sabía que Dónut también había recibido esa caja.
De hecho, casi todos los mazmorreros habían conseguido la misma caja de una forma u otra.
¡Logro desbloqueado! ¡Masilla!
¡Has participado en un combate de cartas como guardaespaldas secuaz de un líder de pelotón!
¿Sabes en qué te convierte eso? En alguien prescindible. En carne de cañón. En paté para untar. En la materia prima que se usa para lubricar el avance de la galaxia hacia su caída inevitable.
Oye, tampoco te sientas mal. La lubricación es algo muy importante para todas las máquinas.
Recompensa: Has recibido una caja de carne en lata de bronce.
Ese me lo habían dado cuando había empezado nuestro primer enfrentamiento de verdad, lo que significaba que casi todos los mazmorreros también lo habrían recibido.
A mi lado, Dónut se había puesto con sus recompensas. Tenía muchas más que yo, la mayoría gracias a jugadas específicas con las cartas en el primer combate y en el último.
Abrí las cajas, que eran casi todas cajas de aventurero de bronce.
La caja de carne en lata de bronce contenía varios pergaminos.
5 pergaminos de Hacer trinchera.
Chico, espero que estés al día con las tácticas de guerra de la Primera Guerra Mundial.
Esto te permite excavar una trinchera permanente de dos coma tres metros de profundidad y dos de ancho. El largo de dicha trinchera varía según la suma de la Inteligencia y la Fuerza del usuario. Se pueden combinar pergaminos para añadir barracones reforzados y otros accesorios para el frente.
Los guardé y esperé a que se abriese la caja de Prepotente. Esta estaba hecha de madera pintada de dorado y se parecía, más o menos, a la cabeza de Prepotente.
—Carl —llamó Dónut, que alzó la vista de las cajas de aventurero que había recibido ella—, ¿por qué hay una estatua de Prepotente flotando en mi habitación?
Parecía abrirse con unas bisagras que tenía en la parte superior, como si fuese un compartimento que diese al cerebro.
—Joder —empecé a decir—, la verdad es que me encantaría que estuviese aquí para verle la cara cuando…
La caja gritó y estuvo a punto de darme un infarto. El ruido fue tan estruendoso que despertó a Mongo, quien se puso en pie a duras penas y empezó a mirar de un lado a otro desesperado.
Gruñí cuando apareció el premio. Era un libro muy pesado. No era un grimorio, sino una especie de diario lleno de hojas en blanco. Tenía unas trescientas o cuatrocientas páginas. La cubierta era de cuero negro y no tenía título.
El Libro de vudú del mazmorrerito tramposito.
Aviso: No puedes comerciar con este objeto. Este objeto no puede destruirse. Puedes sacarlo del inventario para usarlo, pero no podrás dejarlo por ahí. Si lo sueltas, volverá automáticamente a tu inventario.
Antaño, antes de que los sacos de carne que sois inventasen los buscas y los teléfonos móviles, era complicado ponerse en contacto con los demás si estabas fuera. Y si estabas en un evento lleno de gente, como una convención de ciencia ficción, mejor ni intentarlo. Estabas solo.
Pero luego llegó el Tablero Vudú.
Estos empezaron a aparecer en las convenciones de frikis.
Eran algo muy simple, en realidad. Un tablero enorme con el nombre de todas las personas que estaban registradas en la convención.
Si querías dejarle un mensaje a alguien, como hacerle saber que tu mami iba a ir a buscarte a una hora concreta, cogías una chincheta y la colocabas junto a su nombre.
Y ellos, al pasar por ahí, veían que tenían un mensaje y buscaban la nota en un casillero ordenado por orden alfabético. ¡Adiós a la privacidad!
Sí, se llamó Tablero Vudú por las chinchetas. Pues este libro es lo mismo. Se llama Libro de vudú para honrar el tablero y no porque se pueda usar en secreto para ningún propósito funesto, algo que quedará muy claro más adelante, así que quítate esa idea de la cabeza ahora mismo.
Cuando te encuentres con un mazmorrero que tenga el mismo objeto, su nombre aparecerá permanentemente en este libro mágico.
Podéis usar el libro para intercambiar mensajes.
Lo escribes debajo de su nombre y esa persona será la única que lo reciba.
Si escribes algo bajo tu nombre, todos los que te tengan en el libro verán el mensaje.
Los mensajes los puedes escribir manualmente o usando la interfaz de mensajes cuando abres el libro por la página que vayas a usar.
También hay que abrir el libro para leer los mensajes, pero se te dará la opción de copiarlos.
Los mensajes pueden borrarse a voluntad, lo que permite escribir más notas.
El libro se ha llenado con los nombres de las personas que has conocido hasta el momento. Para añadir a alguien nuevo hay que estar cerca de esa persona. Solo funciona con mazmorreros que también tengan este libro en su inventario.
—Anda —dije al tiempo que examinaba el libro entre las manos.
Básicamente, era una mezcla entre el Kit de escritor de cafetería y el sistema de mensajes normal.
Facilitaba escribir mensajes a todo el mundo, pero había que sacar el libro físicamente, abrirlo por la página con el nombre del mazmorrero y leerlo. No me convencía demasiado.