Capítulo 38
ENTRANDO EN EL CONDADO DE MONROE, FLORIDA
La ubicación de la llave está marcada en tu mapa
—¿El condado de Monroe? —murmuré mientras aparecía en la casa vieja y oscura.
La estancia estaba iluminada por el conjuro Antorcha de Dónut y le daba a todo un tono pálido, como a piel cetrina.
El cadáver de Robert el Humano seguía al otro lado de la estancia, mientras Mongo lo devoraba con júbilo.
La sangre no dejaba de salpicar mientras el dinosaurio metía las fauces entre las entrañas como un cerdo y no dejaban de oírse crujidos de huesos.
Había una puerta que llevaba hasta una estancia segura y otra que llevaba al exterior. Una tercera daba a un baño.
—¡Carl, se ha roto! —gritó Dónut—. ¡El juego se ha roto y no vamos a conseguir la llave!
Se había puesto el gorro de marinerito y tenía un aspecto ridículo. No dejaba de saltar, con la cola erguida. Corrió hasta mí y empezó a retorcerse entre mis piernas como solía hacer cuando llegaba a casa del trabajo.
—Vale. Cálmate. Dime a qué te refieres.
Respiró hondo.
—Nos dieron pocas opciones de lugares a los que ir, pero todas estaban marcadas.
¡Una de ellas era Iowa! Otra eran las Bahamas y otra Ibiza.
Decía que una de ellas era Miami, y elegí esa, pero luego me llegó un mensaje que comentaba que había un problema con la ubicación ¡y que iban a enviarnos a Iowa!
Pero llegué aquí, a la casa, una que está en la zona de Miami pero en la parte inferior del mapa.
¡Estamos en Los Cayos de Florida! La zona es grande, más que la que teníamos en Cuba.
Pero es muy raro porque el mensaje ese de la ubicación decía Iowa cuando llegué.
—¿En serio? ¿Dijo que estábamos en Iowa? Es muy raro. A mí me dijo Florida.
Cuando habíamos ido a Sombras de Boxeo , Rosetta nos había dado dos mensajes secretos diferentes.
Uno era sobre el ñame, pero el otro había sido cuando le mostraron a Dónut las series de televisión en la pantalla.
Todas tenían lugar en Miami. No tenía ni idea de por qué nos querían en este lugar, pero se habían tomado muchas molestias para enviarnos ese mensaje.
Era algo de lo que solo se hubiese dado cuenta una persona obsesionada con la televisión. No había sido mi caso.
Yo nunca había estado en Florida, y mucho menos en Los Cayos.
Tampoco en Iowa. Me acerqué a la ventana y miré hacia el exterior.
Era noche cerrada, pero vi la silueta característica de una palmera.
Además, hacía calor. Era imposible que nos encontrásemos en diciembre en el Medio Oeste de Estados Unidos.
Si estábamos en Los Cayos, lo cierto es que no nos encontrábamos demasiado lejos de nuestra ubicación original en Cuba.
Entonces ¿por qué habían dicho que era Iowa?
—Carl, mira el mapa. ¡Dice que la ubicación de la llave está marcada! Pero ¡la llave sigue en Iowa!
—Venga, no me jodas.
Abrí el mapa. Y así era. Nos encontrábamos en la punta meridional de Florida. Las islas destacaban a nuestro alrededor y nosotros estábamos en medio. Amplié lo máximo posible la imagen y no vi la llave por ninguna parte.
Empecé a escribirle un mensaje a Zev para quejarme, pero me quedé quieto al recibir una notificación.
Espera, por favor.
Se hizo una pausa y hubo un resplandor. Un leve terremoto hizo temblar el suelo. El mapa cambió en ese momento. La llave apareció, a unos pocos kilómetros al oeste de donde nos encontrábamos.
Gracias por tu paciencia. Puedes continuar con lo que estabas haciendo.
Me relajé.
—Parece que era un error, pero ya lo han arreglado.
—No me gustan los errores, Carl. Me ponen muy nerviosa. Oh, oh, pero ¿has visto al muerto?
Mongo gruñía contento mientras tiraba de un pedazo de los intestinos.
—Sí, Dónut. Es difícil de obviar.
—¡El combate fue muy corto! Mongo lo mató antes de que empezase siquiera. Solo tenía dos tótems y eran muñecos: una persona y un perro de juguete asqueroso. Fue muy fácil.
—Buen trabajo.
Dónut siguió brincando de un lado a otro mientras yo examinaba la casa.
Era una minimansión victoriana del siglo XIX con una tarima que no dejaba de crujir.
Vi un interruptor de la luz, así que lo usé.
Funcionó e iluminó la estancia. Había un árbol de Navidad en un rincón, pero no parecía que nadie viviese en el lugar.
Era uno genérico, con adornos azules y plateados.
Sin luces. También olía y oía el océano.
Dónut no había dejado de hablar a toda velocidad, como si tuviese demasiada energía.
—¡Pasé mucho miedo! Su mazo no era muy bueno, por suerte. Mongo se lo comió antes de que le diese tiempo a usar muchas cartas. Fue espectacular.
Solo teníamos dos días para conseguir la llave. Parecía fácil. Demasiado. Lo que significaba que iba a ser un grano en el culo. No teníamos tiempo para descansar; habría que ponerse a ello aunque fuese noche cerrada.
Tenía varias notificaciones parpadeantes y las abrí en ese momento. La primera era de Emberus.
Misión actualizada. Descubre quién mató a mi hijo.
Parece que la deidad primordial Nekhebit ha vuelto a los Salones. Le tiene mucho rencor a mi familia desde hace tiempo, sobre todo a Apito. Encuentra un templo de Nekhebit y pregúntale a la sacerdotisa. Comprueba lo que sabe. Y no seas amable.
Cerré esa notificación. Era un problema para el día siguiente, si es que llegábamos vivos. El corazón me dio un vuelco cuando abrí el siguiente mensaje. Aquel era el que estaba buscando. Era una nota de Huanxin usando el chat de la misión de las arañas.
I LITÍA : He visto lo que has hecho. No suelo perdonar los fracasos, pero en este caso reconozco que no dependía de ti.
Odette no te pidió ser tu asistente, como te comenté que haría.
Es mi culpa. Honraré nuestro acuerdo, pero si descubro que has advertido a Odette sobre el trato, destruiré a todos los que conoces y amas, empezando por la dulce Katia y terminando por esa gata.
Solté el aliento durante un rato. Me sentí muy aliviado.
Misión completada. Arañas.
Dirígete al templo de Ilitía para recibir la bendición.
—¡Carl, hemos completado la misión de las arañas!
—Eso he visto.
—O sea, ha sido la misión más fácil del mundo. Casi no hicimos nada.
Pero en ese momento Dónut empezó a gruñir cuando vio que teníamos que entrar en un templo para recibir la recompensa.
Ella no podía acceder al club Vencedor, así que iba a ser complicado.
Dudaba que nos diesen algo igualmente, ya que la misión había sido una excusa para que Huanxin pudiese enviarme mensajes a través de Ilitía.
Ahora que ya no nos necesitaba, nos había dejado a nuestro aire. Y menos mal.
Pero yo estaba más preocupado que nunca por enviar a Katia al duodécimo piso.
C ARL : Katia, la cosa ha salido bien. Pero tenemos que hablar.
K ATIA : Ahora mismo no puedo. Esto se ha complicado durante la selección. Solo me dieron una opción, Ucrania, pero cuando llegué en realidad estábamos en Vietnam.
C ARL : Parece que no eres la única que está igual. Avísame cuando estés a salvo.
Me acerqué a la puerta que daba al exterior para ver mejor dónde estábamos.
Z EV : Dónut, Carl, perdón por el error.
Sé que durante las horas siguientes va a parecer intencionado.
Creedme que no lo ha sido. Al menos no por nuestra parte.
Esto es un caos. Tendríais que haber tenido tres opciones para elegir la ubicación: una elegida por nosotros, otra por la IA y una al azar.
Pero recibisteis cuatro y no sabemos por qué.
Y no os ha pasado solo a vosotros. Hay grupos que no tenían ninguna, y un líder de pelotón tenía todo el planeta y cayó en medio del océano por alguna razón.
Seguimos afanándonos por solucionarlo. Hablamos pronto.
D ÓNUT : ME ALEGRA QUE NO NOS HAYAMOS QUEDADO EN IOWA. ¿ACASO PAREZCO ALGUIEN QUE VISITARÍA IOWA POR VOLUNTAD PROPIA? ES CASI TAN HORRIBLE COMO DELAWARE.
Z EV : Sí…, claro. Quizá deberíais mirar fuera cuando se haga de día. Hemos tenido que mezclar algunas cosas para que el juego no se venga abajo.
—Iowa no tiene nada de malo, Dónut —dije mientras abría la puerta—. Nunca has estado allí.
—Pues que sepas que sí que he estado en Iowa. Hace frío, está lleno de vallas publicitarias raras y huele a patatas. Además, Carl, fue donde me robaron uno de mis galones violeta. Una no olvida fácilmente ese tipo de fechorías. Sin duda los jueces fueron unos racistas debido a mi superioridad.
—Estoy muy seguro de que eso fue en Idaho, no en Iowa.
—Es prácticamente lo mismo, Carl.
Di un paso al aire nocturno y húmedo del exterior.
La temperatura era similar a la del lugar en el que acabábamos de estar.
Nos encontrábamos en la acera de un pequeño pueblo costero.
Una carretera de dos carriles se extendía frente a nosotros, iluminada por unas farolas esporádicas.
No había coche alguno. Aun así, a pesar de lo tarde que era, había bastante actividad en la carretera.
Vi algunos fantasmas de los recuerdos flotando de un lado a otro.
El hecho de que no viésemos coches indicaba que en aquel lugar había habido mazmorreros durante la fase uno.
Al fondo de la carretera distinguí una playa, pero más que verla podría decirse que la sentí en la oscuridad.
Sabía que el otro extremo de aquella pequeña isla estaba bastante cerca detrás de nosotros.
Además de los fantasmas de los recuerdos, no vi a nadie más. No había puntos de mazmorreros, PNJ o enemigos en el minimapa. Solo vi el marcador reluciente que indicaba el lugar donde se encontraba la llave de salida, un poco hacia el oeste.
Miré en esa dirección y solo vi negrura.
—Dónut, ¿a qué nivel tienes el conjuro Antorcha?
—A 14 desde hace tiempo. Ya no me sube.
—Lánzalo por allí y aumenta la potencia al máximo, ¿quieres?