Capítulo 37 #3
—Lo veo todos los días —interrumpió Odette—.
Ha pasado mucho tiempo. Tienes que comprender algo: cuando Mordecai llevaba unas temporadas trabajando por contrato en la mazmorra, cambiaron la forma en la que funcionaban los grupos de PNJ, separándolos por organización, y esto amplió los contratos de todos.
Y me di cuenta de que yo aprovechaba cualquier momento que tenía para verlo, bebiendo hasta quedarse sin sentido.
Llorando por su hermano. Por su familia.
Por sus amigos. Y pensaba: «Es culpa mía.
Yo maté a Pieter. Yo maté a Armita. Y a este…
A este lo destrocé. Lo destrocé tanto que no hay esperanza para él».
Eso es lo que pensaba, Carl. Pensaba que encontraría la manera de que lo matasen antes de conseguir la libertad, porque sabía que aquello sería de una crueldad infinita: liberarlo sin propósito en el vacío helado del universo. Mordecai no tenía a nadie.
Alzó la vista para mirarme.
—El ojo de la Novia Frenopática. Lo he vuelto a mirar. No veo otra cosa. Mi propósito en este universo es único. Todo lo que hago tiene el objetivo de mitigar esta culpa que siento por lo que hice.
Tragué saliva. Seguía sin tener muy claro si todo aquello era una mentira o si era cierto y tenía que creerla. No sabía qué decir, así que me limité a soltar lo primero que se me pasó por la cabeza.
—Mordecai me dijo que hiciese cualquier cosa que me ordenase Huanxin.
—Eso es porque le tiene miedo, Carl. Y así es como tiene que ser.
Ella es mayor, más lista y más rica de lo que era antes.
Este es el primer año que ha vuelto. Estoy segura de que tiene un plan para ayudarte a desactivar esas protecciones.
Quería que yo entrase en la mazmorra como asistente para que su venganza fuese legal.
Pero, en lugar de eso, Carl, vamos a hacer algo un poco más extremo.
Es probable que también acabe muerta, pero no pasa nada. Yo también la mataré.
A mi lado, Lexis respiró hondo con brusquedad.
—¿Y en qué ayudará eso a Mordecai? —pregunté.
Ella negó con la cabeza.
—No lo entiendes, Carl. Si esto no funciona, yo habré hecho todo lo que está en mi mano para que su paso a la libertad sea lo más llevadero posible.
He separado un buen crédito para él. Y también para Chaco.
Y para algunos que he conocido por el camino que siguen conmigo.
Pero esto no solo es por Mordecai. Todas las personas que toca este programa cruel acaban destrozadas. Tenemos que detenerlo.
—Pero si formas parte de él —espeté, cada vez más rabioso—. Me cago en la puta. Eres la animadora mejor pagada de esta farsa. Nosotros morimos y tú aplaudes. Sufrimos y estás ahí apuntándome con un micrófono. ¿Y ahora vas a patrocinar a una deidad? ¿Cómo voy a confiar en ti?
Lexis tocó la tableta.
—Ya casi no queda tiempo.
Dónut volvió a aparecer en la imagen. El tipo llamado Robert el Humano invocó dos tótems. Uno era un muñeco alto y sin cara que también llevaba un traje de marinerito. El otro era un pequeño perro de peluche con ojos de insecto. El muñeco se llamaba ROBERT EL MUÑECO y el perro PERRO , sin más.
—No lo entiendes —insistió Odette—. No tenemos elección.
De no haber sido yo, habría sido alguien peor.
Tuve que conseguir renombre para poder hacerlo bien.
Toda esta maquinaria existe por una razón que va más allá de lo que ves.
Las mántides buscan y resucitan a las IA para luego injertarlas en los motores planetarios por una razón.
Todos los elementos que sacan de los planetas… ¿Para qué te crees que son?
Me distrajo el enfrentamiento de Dónut. Había invocado a Geraldo, quien apareció con una explosión ridícula y exagerada. La foca monje empezó a girar alrededor del muñeco por toda la estancia.
—Yo… ¿Qué? ¿Qué tiene que ver eso con Huanxin? ¿Cómo hemos pasado de hablar de ella a esto?
Odette me miraba muy fijamente.
—Todos los planetas que se usan para el mazmorreo o para cualquier otro juego, como el battle royale o la guerra de territorios, se usan para conseguir combustible.
Los elementos del planeta. Los productos que son fruto del crecimiento biológico de los planetas sembrados.
El entretenimiento es algo que vino después, pero es necesario a su manera.
Lo que hacen es algo muy caro, pero sin ello no funcionaría nada.
Absolutamente nada. Tenemos que acabar con el mazmorreo, pero de una manera responsable.
De no hacerlo así, mataremos a la mitad del universo conocido.
Si lo hacemos bien, la recolección que se haga a partir de entonces será una mucho más compasiva.
Se hará de una forma que evite el sufrimiento.
Lo que yo le hice a Mordecai, a Armita, a Pieter, lo que te están haciendo a ti…
Nunca volverá a ocurrir. Y tenemos la oportunidad de conseguirlo esta temporada.
Es nuestra oportunidad. Finalmente, después de tantos siglos. Es nuestra oportunidad.
—Pero ¿de qué cojones estás hablando?
En la pantalla, cuando Geraldo empezó a atacar al muñeco, Mongo saltó por los aires y le dio un mordisco en el cuello a Robert el Humano, quien murió al instante.
El combate terminó de repente. Todos los tótems desaparecieron en una nube de humo.
Dónut empezó a brincar por la habitación y lo primero que hizo fue coger el gorro de marinerito del cadáver.
Aparecieron varias cartas flotando en el aire y empezó a examinarlas.
Podía quedarse con todas las que no eran tótems, pero si quería hacerse con alguna criatura tenía que desechar una de las nuestras.
Aquello era muy improbable, teniendo en cuenta lo que acababa de ver.
—Perdón —dijo Lexis—, pero se ha acabado el tiempo. Teletransportando.
Odette me sonrió con tristeza.
—Nos vemos dentro, Carl.