Capítulo 37
—Vale, allá vamos —dijo Odette—. En estos mismos momentos, todos los mazmorreros de la mazmorra se están teletransportando a un lugar de selección para la fase dos. Tenemos permiso especial para veros entrar en directo en esa segunda zona. Iréis a la sala de selección directamente desde aquí.
—Un momento —dijo Dónut—. ¿Eso significa que nunca volveremos a venir a tu programa? Si estás en la mazmorra, no podremos volver. ¿No es así? Cielos, ¡qué tristeza! ¡Odette! ¡Esto es el fin de una era!
La máscara de insecto de Odette bajó la vista impasible hacia Dónut.
—La verdad es que no lo había pensado, pero supongo que tienes razón, Dónut. A menos que podamos hacer algo y me dejen emitir el programa desde el planeta, este será el último. Pero estoy segura de que nos veremos en la mazmorra.
Lo dijo con tanta naturalidad, tan animada, que me dieron ganas de responder con rabia. Si nos veíamos, sería en el campo de batalla. ¿Nos perdonaría Odette si nos interponíamos en su camino? Lo dudaba. Hizo que se me revolviese el estómago, pero mantuve la boca cerrada.
Dónut saltó al escritorio de Odette y fingió darle un cabezacito a uno de sus pechos enormes.
—Supongo que esta es nuestra despedida. No sé si nos volveremos a ver, pero cuídate, Odette.
La presentadora bajó la vista a Dónut. Vi que estaba sorprendida de verdad. Tardó más tiempo de lo normal en reaccionar, extendió el brazo y le dio una palmaditas virtuales a la gata.
—Y hasta… —Odette se quedó en silencio, como si el afecto de Dónut le hubiese sorprendido. Se recuperó muy rápido—. Y hasta aquí el programa, gente. ¡Quedaos para ver cómo el Séquito elige destino! ¡Y volved mañana por la noche para el episodio especial!
Teletransportación en veinte segundos.
Z EV : Dónut, Carl, no os asustéis. Dónut será la única que se teletransportará.
Carl, te quedarás en el sillón. Es un pequeño giro que acaban de anunciar.
El líder del pelotón es el único que entrará en la sala de selección.
Después tendréis vuestro primer enfrentamiento.
Estarás sola, Dónut, pero no te preocupes.
Es un oponente fácil con cartas cutres. Tan pronto como acabes, teletransportarán a Carl hasta el lugar donde te encuentres.
Intenta prolongar el enfrentamiento lo máximo posible.
«Mierda».
Dónut saltó a mi regazo.
D ÓNUT : NO QUIERO HACERLO SOLA. NO QUIERO LUCHAR SOLA EN UN ENFRENTAMIENTO REAL.
—Carl —dijo la gata, que alzó la vista para mirarme—. No quiero estar sola.
—Recuerda el plan —susurré mientras intentaba sonar seguro de mí mismo. Le acaricié el costado y noté que estaba temblando. Yo tampoco quería que lo hiciese sola—. Todo saldrá bien. Tú puedes. Solo es un combate.
—Tengo miedo.
Teletransportando.
La habitación parpadeó y se intensificaron las luces. Dónut desapareció, y vi que Quasar ya no estaba por allí. Nos habíamos quedado Odette, Zev y Lexis.
La pantalla permaneció encendida y vi cómo Dónut aparecía en aquella estancia vacía con el globo terráqueo.
No había sonido. Corrió en círculos varias veces, muy asustada.
Después se detuvo e intentó calmarse. Sacó a Mongo y se apoyó en él.
Se detuvo y miró hacia el techo. Al parecer estaban anunciando algo que yo no podía oír.
—Muy bien, chicos. Tenemos un minuto —dijo Zev, que se acercó al sillón—. No sé dónde ha ido Heraldo, pero…
Zev parpadeó y desapareció en ese instante.
Odette suspiró mientras se quitaba el casco de insecto. Se apartó hacia atrás para separarse de esos pechos enormes, pero siguió unida al cangrejo, lo que le daba un aspecto aterrador.
—Habéis elegido a la mejor asistente —dijo mientras rodeaba el escritorio—.
A Ripper le gusta mucho chupar cámara y parece que tiene un palo metido por su culo peludo.
Y Drick es un psicótico que aún tiene que forjarse un nombre.
Hiciste bien en preguntar por lo de los Valtay.
Es raro que lo dejen entrar. La baronesa es una sosa de cojones, pero es la única que está a la altura de lo que hacéis.
Le gusta permitir y aprovechar las lagunas legales.
Al principio no las tenía todas conmigo con ese abogado vuestro, pero me ha sorprendido que os aconsejase que la eligieseis a ella.
—¿Qué cojones acaba de pasar? —pregunté, sin dejar de mirar el lugar donde antes estaba Zev—. ¿Qué le has hecho a Zev?
Odette hizo un ademán con la mano para indicar que no me preocupase.
—Han convocado ahora mismo una reunión general en la sede y la han teletransportado.
Al parecer, acaban de derribar una nave de intermediarios no tripulada en órbita, por lo que es una respuesta de seguridad automática.
Ahora mismo, todos los mazmorreros excepto los líderes de pelotón están en estasis temporal mientras tiene lugar la transición.
Esto no lo está viendo nadie. Tenemos unos quince minutos para hablar, más o menos.
Sentí que la cabeza me daba vueltas.
—¿Acabas de derribar una nave solo para hablar conmigo?
Odette gruñó.
—Había que destruirla de una forma u otra. Y podría considerarse una sonda, en realidad. Creían que nadie los había descubierto, pero la detectamos desde que llegó. Lo único que hemos hecho ha sido aprovecharnos de su destrucción. Ahora, escúchame.
En la pantalla, Dónut se colocó junto al globo terráqueo enorme, como había hecho antes, pero en este caso solo había unas pocas ubicaciones iluminadas. Dos en Estados Unidos, una que sin duda eran las Bahamas y otra en el Mediterráneo.
Vi cómo la gata fingía dudar sin saber qué elegir. Se estaba pasando un poco de la raya, la verdad. Ya sabíamos cuáles iban a ser las opciones, gracias al mensaje oculto que le habían enviado a Dónut en nuestra aparición en el programa de Rosetta.
—No, escucha tú —dije—. Nos jodiste bien jodidos por no querer ser asistente.
Odette gruñó.
—Oh, lo siento mucho. ¿No os he dejado entregarme en bandeja de plata a una asesina?
Ni siquiera fingí sorprenderme.
—¿Qué vamos a hacer ahora?
—No te preocupes —aseguró ella—. Ahora querrá a Katia con ella allí abajo más que nunca.
—¿Y si no es el caso?
Odette se encogió de hombros.
—Pues tendréis que encontrar una alternativa.
Os sugiero que Katia se coma esa orquídea más pronto que tarde, eso obligará a Huanxin a actuar.
Eso es parte de lo que quería hablar contigo.
No confíes en nada de lo que diga esa zorra grixista.
Está obsesionada con la venganza. Y nada más.
No ayudará a Katia de manera altruista. Es la persona más malvada que conozco, y ese adjetivo no le hace justicia.
También es muy lista, por lo que tenemos que…
tener mucho cuidado a la hora de lidiar con ella.
En la pantalla, vi a Dónut extender la pata para elegir Miami. Apareció una puerta que llevaba a otra estancia. La gata puso gesto valiente, pero vi que en realidad estaba muy asustada.
La rabia se apoderó de mí. La gente siempre intentaba aprovecharse de nosotros, de decirnos qué hacer, de abusar de nosotros para conseguir sus propósitos.
Se estaban pasando de la raya.
—¿«Tenemos»? ¿«Tenemos» que tener mucho cuidado?
¿Sabes qué? Que te den, Odette. No pienso seguirte el juego.
Nada de nosotros. Te agradezco todo lo que nos has ayudado hasta ahora, pero cagondiós, ¿eh?
Lo único que intentamos es sobrevivir, y cada vez que doblamos una esquina nos topamos con alguien que intenta usarnos.
Y no sé cómo, pero siempre te las ingenias para estar involucrada.
Has dicho que es malvada, ¿verdad? ¿Y tú? ¿Cómo eres tú, Odette?
Dónut titubeó al entrar en la otra habitación. Cruzó el umbral y llegó al salón de lo que parecía una casa antigua. Parecía enfadada por algo, pero no sabía por qué. Empezó a gritar y a agitar las patas como hacia cuando se cabreaba.
Después apareció su primer oponente, lo que hizo que se quedase muy quieta.
Era un tipo de aspecto trastornado que se encontraba frente a ella.
El hombre encorvado tendría unos setenta años.
Llevaba lo que parecía un traje de marinerito antiguo que parecía quedarle demasiado pequeño.
En el pecho llevaba una placa con el nombre «Gene», pero el que flotaba sobre él rezaba ROBERT EL HUMANO .
Tenía nivel 40 y se agitaba un poco mientras miraba fijamente a Dónut.
Sostenía un mazo de cartas contra el pecho. No vi nada más.
Se quedaron paralizados. Era el principio de la batalla contra el jefe.
O quizá le estaban explicando a Dónut cómo luchar con las cartas.
Sospechaba que aquello iba a durar un buen rato.
La descripción sería más bien para el público en sus casas que para la gata, quien ya sabía cómo funcionaba todo.
Tal y como esperaba, la imagen cambió y aparecieron cartas mientras el presentador naranja hacía acto de presencia.
Empezó a repasar todos los tipos de cartas.
Mordecai nos había advertido que aquello podía llegar a pasar.
Dónut se iba a quedar allí paralizada varios minutos mientras emitían el repaso.
—¿De verdad crees que lo que me motiva es el dinero? —preguntó Odette. En ese momento me di cuenta de que me había estado fulminando con la mirada—. ¿O la fama? Pues te equivocas. Es Mordecai. Y siempre lo ha sido.
Parpadeé.
—¿Mordecai? Ni de broma.
De repente, me pareció muy vieja y cansada.
—Voy a decirte algo, Carl. No me vas a creer, pero te lo diré igualmente. Y vas a escucharme porque he esperado muchísimo tiempo para decirle esto en voz alta a alguien.
—Eh… —dije, sorprendido por el cambio repentino—. Vale…