Capítulo 36
Respiré hondo. Hice todo lo posible para que se me notase la absoluta consternación en el gesto.
—¿Por qué no puedes? —pregunté.
—Créeme —dijo Odette, que agitó la mano con gesto desdeñoso—.
Iba a pedíroslo, pero me han ofrecido algo que no puedo rechazar.
—Se envaró—. Así es, espectadores. Los rumores son ciertos.
El programa se interrumpirá pronto porque entraré en la mazmorra.
He patrocinado a una deidad e intentaré ganar la Ascendencia Celestial.
Se hizo el silencio, y luego el público se volvió loquísimo.
Sentí náuseas. Odette lo sabía. Claro que sí. Sabía desde el principio que Huanxin planeaba algo y no iba a permitir que esa directora ejecutiva rica le sacase ventaja. Iba a entrar en la mazmorra, pero lo haría en igualdad de condiciones.
Todo aquello de los asistentes no tenía nada que ver con nosotros en realidad. Era la manera que había usado Odette para anunciar al público lo que iba a hacer. La entrevista era en realidad una conferencia de prensa poco disimulada.
Dónut empezó a brincar arriba y abajo en el sillón.
—¡Cielos, Odette! ¡Son unas noticias maravillosas! ¿Puedo venerarte? Carl, eso sería genial, ¿verdad? ¡Voy a poder venerar a Odette!
Odette rio.
—Pero si ni siquiera sabes a qué deidad he elegido.
—Pero estoy segura de que será una genial. ¿Cuál es?
—Gracias por preguntar —dijo la presentadora.
—Cagondiós —gruñí en voz baja.
Los tres retratos de los alienígenas desaparecieron para dejar paso a una nueva pantalla en la que se veía una escena del mazmorreo.
Era un grupo de cuatro personas que no reconocí.
Tres eran humanas y la otra un monstruo de roca llamado máquina de vapor, parecido a la especie ígnea de Chris.
Cruzaban a toda velocidad las calles de una ciudad desértica, atravesando recuerdos de personas a su paso.
Las prendas de ropa no dejaban de salir despedidas por los aires.
El monstruo de roca llevaba en las manos un huevo moteado enorme, apretado contra el pecho como si fuese una pelota de fútbol americano.
Los perseguía un leopardo monstruoso con el cuello y la cabeza de una serpiente.
La criatura mezcla de serpiente y leopardo tenía el tamaño de un autobús escolar y la cabeza no dejaba de chasquear los dientes.
Había estado a punto de alcanzar a uno de los humanos.
Otro de ellos se dio la vuelta y disparó un rayo, momento en que el monstruo cayó al suelo, girando y siseando.
Los cuatro siguieron avanzando, doblaron una esquina y perdieron de vista a su perseguidor.
—¡Ya viene! —gritó el de la especie máquina de vapor. Todos se detuvieron mientras el tipo extendía los brazos aún sosteniendo el huevo. Lo rodearon.
Un momento después, el huevo eclosionó. La parte superior de la cáscara cayó al suelo y dejó a la vista una cría de pájaro muy fea. Esta graznó, extendió las alas y ascendió por los cielos dejando tras de sí un rastro de humo. Se alzó más y más sin dejar de crecer. Pronto se perdió de vista.
Apareció una notificación de ¡ MISIÓN COMPLETADA !, seguida de un mensaje del sistema que anunciaba que NEKHEBIT había vuelto a ascender. No recordaba haber oído esa notificación en particular.
—Eso ha sido anticlimático —gruñó uno de los humanos.
La escena cambió y apareció una deidad enorme con forma de buitre girando en tres dimensiones en la pantalla.
Odette se preparó mientras no dejaban de saltar chispas de la imagen rotatoria.
—Así es, espectadores míos. ¡Seré la legendaria diosa Nekhebit de la antigüedad!
Suspiré mientras la multitud seguía perdiendo los papeles.
Esperaba que aquello fuese suficiente para Huanxin y no se nos torciese el plan.
Odette iba a entrar en la mazmorra de igual manera.
Si aquella directora ejecutiva era razonable, se daría cuenta de que nosotros no podíamos hacer nada.
Esperaba y rezaba para que nuestro trato para salvar a Katia siguiese en pie.
Examiné la imagen rotatoria de la diosa.
Me recordó a otra diosa que también era un ave.
Quetzalcoatlus del quinto piso, aunque esa había sido un fantasma.
Además, ella se parecía más a un dinosaurio con un toque sudamericano.
Esta era más de tipo egipcio. Tenía un cuerpo esbelto y humano con un traje rojo y holgado.
La cabeza era la de un buitre egipcio, amarillo y con plumas que se extendían a su alrededor, como si fuese un afro.
Del hombro le colgaba un arco hecho de roble.
No parecía tener alas de verdad, sino unos brazos de apariencia humana cubiertos de brazaletes.
Cuando la miré más detenidamente, me percaté de que la diosa era vieja y estaba sucia, además de tener heridas por todo el cuerpo, ya sanadas.
El pico amarillo estaba resquebrajado y astillado.
La piel que se le veía estaba cubierta de cicatrices.
Las joyas que llevaba estaban deslustradas y empañadas, y también les faltaban algunas piedras preciosas.
El vestido rojo parecía ajado y andrajoso, casi como si perteneciese a un cadáver que acabasen de exhumar.
—¡Eh! Parece maligna, pero en el buen sentido —comentó Dónut—. No me suele gustar la estética de chica indigente, pero esta sí que me llama la atención. Te pega. Es muy siniestra. Espero que no huela mal, eso sí. Da la impresión de que podría oler muy mal.
—Gracias, Dónut —dijo Odette—. El origen de Nekhebit está cargado de traición y venganza. Se ha ganada todas y cada una de esas cicatrices. Que se la considere heroína y villana depende de la perspectiva que tenga cada uno.
Vi un extraño resplandor en la interfaz, como si acabase de recibir una notificación importante, pero quedó bloqueada porque estábamos en el programa. Odette continuó:
—A diferencia de otras deidades resucitadas en este piso, Nekhebit no es sierva de ninguna deidad existente.
Y sí, tendrá su propia sierva. —Agitó un dedo en dirección a los espectadores—.
Ya veréis las consecuencias que tiene algo así en la mazmorra.
Emitiremos un especial más sobre la historia de Nekhebit mañana por la noche, mientras llego al campo de batalla en directo.
Pero esa no es la razón por la que estamos hoy aquí, ¿verdad?
Os pido disculpas. Me he salido un poco del guion.
Agitó la mano y volvieron a aparecer las cabezas flotantes de los tres posibles asistentes.
—Elijamos a vuestro asistente. Sé que os estoy poniendo en un apuro, pero no tenéis por qué decidir ahora. Pero, también os digo que estos son los únicos que quedan disponibles, que yo sepa. Así que, si no lo hacéis, es posible que terminéis con uno de ellos igualmente.
Miré de reojo a Quasar, quien asentía para indicarme que Odette estaba en lo cierto.
Los tres parecían estar igual de molestos que yo por haberse tenido que tragar aquella revelación de Odette que no estaba en el guion. Los examiné.
El primero era una criatura peluda parecida a un oso. Se llamaba Ripper Wonton. Era un tipo de criatura llamado quokka y era el presentador de un programa llamado Zona de peligro con Ripper Wonton , el programa donde estábamos Dónut, Hekla y yo cuando el Imperio Calavera había asesinado a Manasa.
El segundo era una orca que parecía muy enfadada. No la reconocí. Tenía el mismo aspecto parecido a un jabalí que el príncipe Maestro y el príncipe heredero Fornido. Me recordó a una cazadora orca que habíamos matado en el sexto piso.
El tercero era un elfo calvo del Sueño. El tipo se llamaba Drick y yo había compartido una charla con él en la MazmorraCon.
Recordé que el Drick original había sido un mazmorrero, y estaba muy seguro de que su especie de nacimiento no había sido elfo.
Pero todo aquello daba igual porque la versión que tenía delante era en realidad un caragusano, o sea, que tenía un gusano Valtay en el cerebro.
—¡Holita, Ripper! —dijo Dónut mientras saludaba al único que reconoció. Ella no me había acompañado a la MazmorraCon. Miró con sospecha a la orca—. ¿Eres la princesa Formidable? A mi amiga Katia le gustan mucho las cajas que le envías. ¿Por qué odias tanto a tus hermanos?
El público estalló en carcajadas, así como Ripper Wonton y Drick. A la orca no parecía haberle hecho gracia.
—No, no es la princesa Formidable —comentó Odette—. No creo que le permitiesen ser asistente.
—Tampoco es que esta sea mucho mejor —murmuró Drick.
—¿Y tú quién eres? No me caes bien —dijo Dónut a Drick. Hizo un ademán—. ¿En el universo no hay soláriums? —Se giró hacia Odette—. Elegimos a Ripper Wonton. Me cae bien y es adorable.
—Espera —dije. Yo me había quedado mirando a Quasar, quien negaba muy fuerte con la cabeza—. ¿Cuál de estos tipos tiene experiencia en lo que vamos a hacer? ¿Y quién es la orca? ¿Alguno de ellos está preparado para esto?
—Es una buena pregunta, Carl. Por suerte, la IA controlará su comportamiento, por lo que no tendrás que preocuparte por si ellos tienen preferencias.
Te haré un pequeño repaso por cada candidato.
Primero tenemos a Ripper Wonton. Es un entrevistador muy experimentado y sabe cómo desenvolverse frente a las cámaras.
Es un juez firme pero justo. Lo ha hecho unas cuantas veces.
Hay quien considera que es demasiado rígido.
Además, tiene las patas cortas y le cuesta seguir el ritmo en las batallas muy intensas.
—¿En serio, Odette? —dijo Ripper, que se rio entre dientes al oír la descripción—. ¿Te vas a burlar de mis patas? ¿Tú?
El público se partió la caja.
—Después tenemos a la letrada baronesa Victoria, antes integrante del Imperio Calavera.
Es la hermanastra de la reina consorte Ugloo, pero diría que es la más experimentada en lo que nos ocupa de todos los presentes.
No le van las tonterías, pero a la gente le gusta su información objetiva sobre las batallas. Es abogada y jueza.
Miré a Quasar, quien hizo un gesto con los pulgares hacia arriba muy entusiasta.
—Y finalmente tenemos a Drick. Sé que lo conociste hace poco, Carl. Y también es producto de la ampliación de vida Valtay. Hace poco que ha aprobado el examen de árbitro. Es un mazmorrero y asesor experimentado, pero esta sería su primera vez como asistente.
Quasar hizo un gesto inseguro con los pulgares hacia abajo. Estaba claro que mi abogado prefería a la orca.
Antes de darme la vuelta, ocurrió algo extraño. Sin mediar palabra, Heraldo parpadeó y desapareció. Todos los que estaban en la sala se miraron entre sí, sorprendidos. Quasar se encogió de hombros.
—¿Tenéis alguna pregunta? —preguntó Odette—. Si queréis, podemos hacer una votación entre el público.
Volví a centrarme en las tres opciones. Lo pensé durante un minuto. No iba a permitir que el público votase por nosotros.
—¿Drick tiene permitido ser asistente aunque sea Valtay?
—Es poco habitual —convino Odette—. Pero dicen que ha aprobado todas las certificaciones.
Me gustaba Drick, pero elegirlo me inquietaba. No parecía ser un buen candidato para lo que nos esperaba y el hecho de que fuese Valtay no me gustaba nada. Algo me decía que era mejor evitarlo.
Dónut tenía razón, Ripper era la elección más obvia. Aun así, Quasar parecía no tenerlo tan claro. Me pregunté por qué.
Además, tampoco tenía muy claro lo crucial que era aquella decisión. Hasta aquel momento estaba seguro de que íbamos a elegir a Odette, así que no me había preocupado al respecto. No tenía ni idea de qué tendría que hacer durante todo el día la persona a la que eligiésemos.
Me giré hacia la baronesa Victoria. La orca abrió las fosas nasales. Tenía algo similar a un reloj de arena grabado en uno de los colmillos.
—¿He matado a algún miembro de tu familia?
El público rio con nerviosismo mientras ella me miraba impasible.
—Los únicos que te creen responsable de la muerte de mi hermanastra la reina Ugloo son mi cuñado y mis sobrinos. Sí que mataste a algunos familiares lejanos durante ese fiasco llamado el Coto de Caza.
Sentí cómo se me arqueaba la ceja.
—¿Y crees que serás una asistente imparcial?
—No la elijas a ella, Carl —dijo Dónut.
Ella se encogió de hombros.
—Todo lo que has hecho hasta ahora no se ha salido de los márgenes de la ley.
—¿Y eso te ha afectado de alguna manera? Eran de tu familia.
—Hace poco he sentenciado a mi tía a hacer trabajos forzados porque no pagó sus impuestos.
Creo que soy la mejor elección posible. —Me dedicó una sonrisilla leve y artera, la primera emoción que veía en su gesto—.
Además, soy la única a la que han intentado demandar para no tener la posibilidad de entrar en el juego.
Volví a mirar a Quasar. Estaba brincando de un lado a otro mientras la señalaba y volvía a alzar los pulgares.
—Te vienes con nosotros —dije a la baronesa Victoria—. Lo siento, Drick y Ripper. Nos vemos al otro lado.