El ojo de la novia frenopática (Carl el Mazmorrero 6) Capítulo 32 #2
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Capítulo 32 #2

Terminé por darme cuenta de que el tal Emir estaba borrachísimo. Tendría que haberme dado cuenta antes, joder.

K ATIA : Hay mucho escándalo ahí fuera. Oigo a Samantha gritando desde aquí. Y a alguien más. Creo que es ese camarero tejón. Y acaba de sonar un estruendo.

C ARL : Joder. Yo sigo con los mazmorreros. Samantha está yendo más rápido de lo que esperaba.

S AMANTHA : ¿CUÁNTO TIEMPO TENGO QUE SEGUIR ASÍ? TODO EL MUNDO ESTÁ MUY ENFADADO Y CHARLES PESA MUCHO. ¿SABÍAS QUE HABÍA UN CASINO AQUÍ DENTRO? ¡NO ME DIJISTE QUE HABÍA UNO! HAY MUCHOS RUIDITOS Y ES PRECIOSO.

C ARL : ¿Qué? ¿Estás cargando con Charles? ¡No entres en el casino! ¡Quédate en el bar! Solo será un momento.

—¿Te crees muy malote, grandullón? —preguntó Emir. Oí cómo arrastraba las palabras—. Podría darte una buena paliza.

No tenía tiempo para las tonterías de aquel tipo. Algunos de los guardaespaldas cretinos habían empezado a mirarnos.

C ARL : Zeynep, ¿podrías controlar a tu amigo? Tengo que irme. Si no os marcháis, quedaos aquí en la pista de baile y no hagáis nada. Pero sería más seguro que os marchaseis.

Z EYNEP : Lo intentaré. Lo siento. Está muy celoso de ti y va muy borracho.

Asentí y me di la vuelta para dirigirme hacia el bar.

—No me des la espalda —gritó Emir.

Lo ignoré y seguí caminando.

La puerta que daba a la salida de empleados se abrió en ese momento y vi a Astrid franquearla al vuelo. Sin más advertencia. No sabía si un guardia había subido a avisarla. Me ignoró y pasó a mi lado a toda velocidad. Fue directa hacia las escaleras normales. No había usado la secreta.

«Mierda, mierda. Joder. Mierda».

El plan se había ido al carajo.

C ARL : Katia, Astrid va de camino. ¡Por las escaleras principales!

C ARL : Samantha, se acabó. Sal del club ahora mismo.

K ATIA : Joder. ¿Y qué hago ahora?

Lo pensé durante un momento.

C ARL : Ve al pasillo y entra en la tienda del gnomo joyero. Espérala. Quizá use el pasadizo secreto para volver. Si lo hace, síguela después de la explosión. Seguro que activa los explosivos.

Cuando terminé de enviar el mensaje, empezó a sonar la alarma.

No era una de trampa, sino una de verdad.

Estruendosa e irritante, como una de incendios.

Aquello tampoco estaba planeado, y no tenía ni idea de qué estaba pasando.

Vi cómo empezaba a brillar una luz roja.

La música se detuvo de repente. Todos los PNJ generados por la mazmorra dejaron de bailar y empezaron a mirarse entre sí.

Oí una voz por los altavoces.

«Ha habido una brecha de contención en el piso intermedio. A todo el mundo, evacúen o pónganse a cubierto. Todo el personal de seguridad, diríjanse al casino del Coto de Caza. Esto no es un simulacro. Repito, esto no es un simulacro».

Todos los PNJ parpadearon para luego desaparecer, y la estancia quedó vacía de repente a excepción de los cuatro mazmorreros, los guardaespaldas cretinos, el camarero tejón de este piso, unos pocos más que estaban empezando a escapar hacia las salidas o las puertas que se internaban en el club y yo.

Los guardias habían empezado a correr escaleras abajo, hacia el piso intermedio.

K ATIA : Carl, ¿qué está pasando? ¿Han salido los monstruos de aquella habitación oculta?

C ARL : No lo sé.

La alarma dejó de sonar, pero la luz roja no dejaba de titilar.

Sentí cómo temblaba el suelo, como si algo hubiese explotado debajo de mí.

Abrí mi menú de trampas para comprobar si mis claymores y las demás se había activado antes de tiempo, pero todo parecía estar despejado en aquel pasillo. Qué raro.

Y luego recordé lo que acababa de decir aquella voz por los altavoces.

El casino.

—¡Carl, cuidado! —gritó Zeynep.

Empieza el combate.

Un puño se estampó contra mi cabeza. Sentí cómo caía y chocaba contra el suelo. Era Emir. Gruñó de dolor gracias a mi habilidad Devolver el daño.

A mí también me había dolido y me había tirado al suelo, pero me sorprendió tanto que me limité a alzar la vista hacia el tipo, con incredulidad.

—Pero ¿qué cojones, tío? —dije mientras Zeynep y las demás le gritaban para que parase. Me toqué la cabeza y la mano se me llenó de sangre. Estaba sangrando. El tipo daba buenos puñetazos.

—Cabrones de mierda, que siempre queréis quedároslo todo —gritó.

No tenía ni idea de a qué se refería. No tenía sentido.

Yo seguía en el suelo. Él echó hacia atrás su bota de metal y se preparó para darme una patada en las costillas.

Atacó con una fuerza exagerada, pero conseguí agarrarle el pie.

Rodé y le hice perder el equilibrio. Cayó bocarriba mientras yo me ponía en pie sin soltarlo a él.

D ÓNUT : ¡CARL, QUÉ ESTÁ PASANDO! ME ACABA DE LLEGAR UNA NOTIFICACIÓN DE QUE HA EMPEZADO UN COMBATE Y UN ERROR QUE DICE QUE ESTOY DEMASIADO LEJOS PARA LUCHAR CON EL MAZO. ¡ESTOY EN LA ARENA DE PRÁCTICAS! ¿ESTÁS BIEN?

Tiré y le quité la bota metálica, que lancé bien lejos.

Él se zarandeó para intentar levantarse. Alzó la mano, pero Zeynep lanzó un conjuro. No contra mí, sino contra su compañero. Silencio. La notificación apareció sobre la cabeza del tipo. Acababa de evitar que me atacase con magia.

—¿Ya has terminado? —le pregunté al tiempo que enviaba un mensaje a Dónut para que se tranquilizase. Noté otro temblor debajo—. Estás borracho y no sé por qué estás enfadado conmigo. Sal de aquí ahora mismo.

K ATIA : Carl, está pasando algo raro. Voy a salir a mirar.

—Mi Burcu acabará contigo —gruñó, mientras intentaba levantarse y las demás tiraban de él para sacarlo de allí.

—Pues va a tener que esperar hasta mañana. Lárgate.

Burcu era una mazmorrera que solía estar en el puesto diez de la clasificación.

Nunca había hablado con ella, en realidad, pero sí que la tenía en el chat tras haberla visto brevemente en la Mascarada del Carnicero.

Al igual que los camareros, también era una porsuk.

Un tejón. Su clase era espadachina, la misma que Bautista y Tran.

Había sido una de las tres personas que había luchado por el cristal conmemorativo tras el enfrentamiento contra el jefe.

Lo único que sabía de ella es que era una persona muy seria.

Me recordaba a Hekla. Y también que era turca.

Supuse que estos tipos quizá eran de la misma familia.

Zeynep murmuró una disculpa mientras seguía arrastrándolo hacia la salida. Dejaron la bota en el suelo.

Aún me dolía la cabeza a causa del golpe.

S AMANTHA : VALE. NO TE ENFADES.

C ARL : ¿Qué cojones quieres decir con eso? ¡Tienes que irte!

S AMANTHA : NO TE PREOCUPES. ¡CHARLES Y YO LE DAREMOS UNA BUENA PALIZA!

Una voz grave y estruendosa retumbó por todo el club. La pista de baile de madera se levantó por algunas partes debido a las vibraciones de los graves de la voz.

—¡PSÁMATE! ¡TE HUELO! ¿DÓNDE ESTÁS, ZORRITA?

Y en ese momento me di cuenta. Aquello no tenía nada que ver con los monstruos del pasillo secreto.

Samantha había ido al casino y allí había entradas a la Nada.

Una de esas cosas había conseguido escapar.

Una demonio feral menor. Había un grupo entero de ellas encerradas ahí dentro.

Todas hermanas. Formaban parte de algún tipo de harén y odiaban a Samantha porque había insultado a su rey. O algo igualmente estúpido.

La última vez que una de aquellas cosas había escapado, tenía el tamaño de un kaiju. La había matado una diosa, la madre de Samantha, quien la había partido por la mitad. Se llamaba Hendidura.

Y tenía nivel 200.

Al final de la Mascarada del Carnicero, cuando Signet, ya moribunda, había caído en la Nada, había entrado en contacto con otra.

Solo había sido una voz, una que brotaba de la Nada y que llamaba a Samantha.

Las entradas a aquel lugar eran de un solo sentido, excepto en algunos casos poco habituales, como cuando usé el Portal de los dioses ferales.

¿Acaso la presencia de Samantha había cambiado esa regla?

Astrid tenía la habilidad Sentido cósmico. Sabía con qué íbamos a enfrentarnos. Había bajado por las escaleras principales en lugar de usar el pasadizo secreto porque era la manera más rápida de llegar al casino.

Mierda.

Teníamos que salir por patas de allí. El suelo volvió a temblar. Oí el ruido de un combate en la escalera principal del piso intermedio.

C ARL : ¡Katia, cancelamos la misión! Entra en el pasadizo del baño y sube por las escaleras. Usaremos la salida que hay ahí arriba.

C ARL : Samantha, ¡sal de aquí cuanto antes!

S AMANTHA : TENGO A ESA ZORRA JUSTO DONDE LA QUERÍA.

K ATIA : Carl, no. Tengo que hacerlo. Esa cosa va a destruir el club. Tengo que acabar con Astrid y luego llevar su cadáver al gremio. Si no lo hago ahora, no tendremos otra oportunidad. El combate será una buena distracción.

C ARL : Pero ¿estás de puta broma o qué?

K ATIA : Carl, esto es culpa mía. Tengo que solucionarlo. Sal tú, pero yo me voy a quedar. Tengo que acabar con ella.

C ARL : No, Katia. Esa cosa tiene nivel 200. No podemos con ella.

K ATIA : No voy a luchar contra la demonio, solo contra Astrid. Pero si no lo hago yo, esa cosa matará a Astrid y fallaremos la misión. ¿Recuerdas lo que dijiste, que no ibas a rendirte conmigo? Pues yo tampoco pienso hacerlo con Dónut y contigo. No se hable más.

—Cagondiós —murmuré. Corrí a toda velocidad hacia el baño de mujeres.

Abrí de una patada el cubículo con la escalera secreta, el primer pasadizo oculto que habíamos encontrado en aquel sitio, y luego abrí la puerta y salté al interior.

Las paredes no habían dejado de temblar.

Salí por el baño de mujeres del piso intermedio.

Oí el resonar de más gritos. Las luces normales se habían apagado y me iluminaba el resplandor de las de emergencia, que titilaban a un ritmo muy característico.

Un silencio ominoso se había apoderado del lugar.

Salí del baño a la carrera y me detuve en la esquina previa al restaurante.