Capítulo 32
Después de colocar bien la segunda pared, me alejé por el pasillo hasta llegar a la tercera puerta a mi derecha.
Había algunas más que llevaban a las partes traseras de las tiendas.
La primera era la del joyero, la segunda una de ladrones y aquella tercera que tenía delante se suponía que llevaba hasta una habitación vacía tamaño armario.
Era pequeña y tenía un agujero en el techo y otro en el suelo.
El de arriba llevaba a la pared del pasillo de empleados del piso superior.
Aquel pasadizo era la manera en la que Astrid el hada se movía rápidamente desde el piso superior al intermedio.
También era el camino que iba a usar dentro de poco, cuando tuviese que poner orden por culpa de una cabeza de muñeca hinchable borracha que se negaba a abandonar el club.
Samantha desconocía los detalles del plan.
Ella solo tenía que armar jaleo cuando yo se lo pidiese y luego negarse a salir del bar.
Todos los guardias del piso intermedio eran cocodrilianos y no iban a poder cogerla si ella no se dejaba, así que se verían obligados a llamar a Astrid.
El hada saldría del armario, entraría en aquel pasillo y luego se dirigiría al pasillo de tiendas principal para después ir al bar.
Era el camino más rápido y, según la Sierpe Nocturna, el que siempre usaba cuando entraba en el piso intermedio.
Cuando saliese del armario, la muerte la estaría esperando. Y, si no era el caso, Katia estaría allí con su mazo, aguardando para acabar con ella y recoger su cuerpo antes de escapar.
Según el mapa, el despacho de Astrid se encontraba en el piso superior, detrás de un pequeño conducto de ventilación al final del pasillo de empleados, lo que explicaba por qué nunca lo había visto.
Era la misma zona donde se encontraba el despacho de Orren el intermediario, que ahora estaba vacío.
La entrada a la habitación de Astrid era pequeña y estaba en el techo.
Supuestamente, ese pasadizo llevaba a un árbol hueco donde trabajaba, dormía y hacia lo que quiera que hiciesen las hadas de sangre.
La parte del árbol era interesante. No tenía por qué preocuparme de algo así para el plan que teníamos en mente, pero me recordó al todoárbol.
Signet me había contado poca cosa sobre aquel árbol enorme y sobre cómo crecía en todos los mundos al mismo tiempo, conectándolo todo.
Su marido Grimaldi, el director del circo, a quien Escolopendra había convertido en un tallo pestilente, había pasado a vincularse con él.
Planté una trampa de humo con detección de movimiento en la parte alta de la puerta y luego las minas anti-PNJ con detección de movimiento en la pared opuesta. Las configuré para activarse si algo se movía en la puerta. Cuando Astrid la abriese…, bum.
En teoría, la potencia de los explosivos era más que suficiente para acabar con ella.
Las bombas contaban con tecnología orca que supuestamente era mortal para las hadas, pero tuve en cuenta el consejo de Rosetta en el libro de cocina.
Esas cabronas tenían mucha suerte. No dejaríamos ningún cabo suelto.
Teníamos las trampas de teletransportación y luego a Katia.
Mientras trabajaba no podía dejar de pensar en Paz.
Contaba con ese conjuro Autodestrucción que podía apuntar a un único objetivo.
Las minas que yo había colocado podían ajustarse en una dirección concreta, pero había que hacerlo manualmente y seguro que la explosión no se llegaba a concentrar del todo en el objetivo.
Algún día esperaba llegar a dominar la habilidad de apuntar mágicamente con las explosiones.
Si llegaba a hacerlo, hasta una muy pequeña serviría para matar cosas que de otra manera serían resistentes.
Una explosión dirigida a un objetivo muy concreto podía llegar a matar cualquier cosa.
Desanduve mis pasos para salir de aquel pasillo secreto.
C ARL : Todo listo por aquí. Voy a subir por las escaleras. Usaré las principales del casino.
K ATIA : Vale. Yo estoy en el baño de mujeres del piso intermedio. Tan pronto como termines, saldré al pasillo.
C ARL : Ten cuidado con las claymores. No te internes mucho. Y no te olvides de la poción de invisibilidad.
C ARL : Samantha, prepárate. Te aviso en unos pocos minutos.
S AMANTHA : LOS DIRTY SHIRLEY SON LA MEJOR BEBIDA DEL MUNDO.
Salí al armario y luego de nuevo al pasillo.
Corrí por el corredor público vacío hasta llegar de nuevo al bar.
Lo atravesé, deteniéndome el tiempo suficiente como para oír a Samantha hablando con Charles el camarero, diciéndole que para conseguir su afecto tendría que enfrentarse a Louis.
Salí rápido de allí, a través del restaurante, y llegué a las escaleras principales que había junto a la entrada al casino del piso intermedio, llamado el «casino del Coto de Caza».
Nunca había entrado en aquel, pero sabía que muchos de los juegos eran los mismos que los del piso superior.
Vi una ruleta de la fortuna similar a la que había jugado antes, por ejemplo.
Me abrí paso hasta el piso superior y atravesé la pista de baile principal sin dejar de mirar a la multitud, para identificar a los mazmorreros.
Vi cuatro, todos bailando juntos. No conocía a ninguno.
Llegué a los baños, entré en el de hombres y encontré la entrada secreta al armario. Abrí la puerta y tiré en el interior todas las balizas de las trampas de teletransportación.
Ahora, cualquier guardia que activase una de las trampas que había en el piso intermedio, aparecería en aquella estancia.
No había picaporte al otro lado. También tiré una trampa de humo, por si acaso.
Era probable que los guardias saliesen de allí muy rápido, pero tardarían en averiguar qué cojones estaba pasando y adónde se habían teletransportado.
Después, regresé a la pista de baile y pasé junto a un elfo PNJ que me pidió salir a bailar.
C ARL : Vale. Todo listo. Voy a hablar con estos mazmorreros.
K ATIA : Lista.
Hice clic en el segundo chat.
C ARL : Vale, Samantha. Empieza a portarte mal con el camarero.
S AMANTHA : QUE SEPAS QUE ME ESTÁS OBLIGANDO A ARRUINAR UNA POSIBLE RELACIÓN DE REPUESTO MUY BUENA. CHARLES PODRÍA SER MI ALMA GEMELA. SE APELLIDA ELLIS, Y SAMANTHA ELLIS SUENA MUY BIEN, PERO ME ESTÁS OBLIGANDO A TIRARLA POR LA BORDA.
C ARL : No le hagas daño ni nada. Ya me irás diciendo cómo va la cosa.
S AMANTHA : ¿QUE NO LE HAGA DAÑO? ¿NO ÍBAMOS A ASESINAR GENTE?
C ARL : Sí, pero a él no. No te puedo decir a quién porque perderíamos la misión. Ya te lo había contado todo.
S AMANTHA : NO SOY YO, ¿VERDAD?
C ARL : Claro que no.
S AMANTHA : ¿Y SEGURO QUE NO ES CHARLES?
C ARL : No, no es el camarero.
S AMANTHA : OH, OH.
C ARL : Oh, oh, ¿qué?
S AMANTHA : NO TE PREOCUPES. ES POSIBLE QUE LOS GUARDIAS YA ESTÉN DE CAMINO.
—Mierda —murmuré mientras me dirigía hacia la pista de baile.
Sabía que los cocodrilianos no estaban muy dispuestos a llamar a Astrid, pero terminarían cediendo, lo que significaba que aún me quedaban unos pocos minutos.
La experiencia me decía que ya habrían enviado a uno escaleras arriba, al pasillo de empleados, para llamarla.
Yo iba a quedarme por el bar de este piso, vigilar a ese guardia y enviar una advertencia a Katia. Volví a centrarme en los mazmorreros.
Los cuatro estaban formando un círculo, riendo y bailando juntos.
Eran tres mujeres y un hombre. Dos de las mujeres eran humanas y la tercera era una elfa.
El tipo parecía humano a simple vista, pero tenía la piel algo azulada.
Una de las humanas me vio y puso gesto sorprendido.
Le dio un codazo a su compañera más cercana, momento en el que activé mi burbuja de privacidad y le pedí con gestos que hiciese lo mismo.
La mujer era una TÍPICA MAGA ABURRIDA DE SIEMPRE de nivel 52 llamada ZEYNEP . Supuse que era de algún lugar de Oriente Próximo. Era mayor, me atrevería a decir que de cincuenta y algo.
—¿Carl? —preguntó. Echó un vistazo alrededor—. ¿Dónde está tu amiga la gata?
—Hola, chicos —dije—. Mirad, tengo que pediros algo. No preguntéis por qué, por favor, pero ¿podríais marcharos? Ya mismo.
—¿Por qué? —preguntó el hombre.
Era de especie ZEBANI , un GAZI de nivel 55 llamado EMIR AKBAS .
No tenía ni idea de qué era un GAZI ni un ZEBANI , pero el tipo alto tenía unos brazos enormes y un sable colgado del hombro.
También tenía la segunda uniceja más poblada que había visto en toda mi vida.
El primer puesto seguía siendo para mi amigo Sam.
El tipo también parecía mayor, también de cincuenta y algo.
Sospechaba que estaba casado con la mujer.
Los cuatro tenían números de mazmorreros similares, lo que significaba que llevaban juntos todo el tiempo.
Las otras dos mujeres, la elfa y la otra humana, eran más jóvenes, quizá de veintipocos.
El hombre me miró de arriba abajo con rabia.
—¿Por qué deberíamos hacerte caso? Ya tenemos pelotón. Estamos relajándonos antes de que empiece la fase dos —continuó él.
—Mirad —expliqué—. Va a pasar algo por aquí y no quiero que nadie salga herido.
—¿Qué es lo que va a pasar? —exigió saber Emir.
—¿Necesitas ayuda? —preguntó Zeynep, casi al mismo tiempo.
—No —dije con firmeza—. Mirad, no tengo tiempo para esto.
—Levanté el puño—. Añadámonos al chat y os prometo que os lo explicaré dentro de unos quince minutos.
En realidad, hay muchas probabilidades de que no pase nada en este piso, pero me gustaría que os marchaseis antes de que empiece, por si acaso.
Zeynep se encogió de hombros y me chocó el puño. Fue la única.
Las tres mujeres empezaron a dirigirse a la salida, pero Emir se quedó en el sitio. Era un imbécil muy cabezota. Todos se quedaron quietos y me dio la impresión de que estaban discutiendo por el chat. Estaba claro que él no quería marcharse.