El ojo de la novia frenopática (Carl el Mazmorrero 6) Capítulo 30 #3
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Capítulo 30 #3

C ARL : No. No voy a abandonarla y no quiero que vuelvas a sacar el tema.

Mordecai no dijo nada más. Sabía que pensaba que yo era un cabezota. Un estúpido. O un suicida, incluso.

Tenía razón. Y me daba igual.

«Las cosas van a empeorar mucho antes de que empiecen a mejorar siquiera. Vamos a perder más amigos. Vamos a tener que hacer cosas horribles para sobrevivir».

Katia me miró, soltó un gruñido y se enjugó la boca. Me había quedado mirándola.

—¿Carl? —preguntó.

—Samantha está en el gremio —dije—. Lo haría yo, pero a ti es a quien se le da bien dibujar. Imani te dará el parche para los palitos luminosos. Vas a recuperar la compostura y vamos a hacerlo. Tú y yo. Solo tenemos tres horas y no sabemos si tendremos otra oportunidad. Tiene que ser ahora.

—Vale —dijo. Empezó a ponerse en pie.

—¿Adónde crees que vas? —preguntó Bautista, que la empujó de nuevo hacia la silla.

—No me toques así —espetó Katia, que volvió a impulsarse para ponerse en pie—. Ni se te ocurra tocarme así.

—Puedes hacerlo más tarde —insistió Bautista, que me fulminó con la mirada—. Tenemos tiempo. Habrá entradas al club en la fase dos. Y, aunque no las haya, volveremos aquí para la última fase. Ya tendrás tiempo.

—Carl… —empezó a decir Imani.

—No —dije dirigiéndome a todos—. No. Tiene que ser ahora.

D ÓNUT : CARL, ¿QUÉ HACES? NO TE PORTES MAL CON KATIA.

—Carl tiene razón —dijo Katia, que se colocó a mi lado. Temblaba y apestaba a vómito—. Estoy bien. Estaré bien.

—Vale. Pues suicídate. Pero no pienso quedarme a ver cómo lo haces —dijo Bautista. Se dio la vuelta y salió del club a toda velocidad.

—Tienes más de una decena de desventajas que no desaparecerán como mínimo hasta dentro de unas horas —comentó Imani con voz insensible. Las alas de mariposa translúcidas batían con rabia.

—Pues ayúdame como puedas. Por favor —dijo Katia.

Los ojos negros de Imani fulminaron a Katia.

—Muy bien. Pero antes de que te vayas, deja que te ponga ese parche anti palitos luminosos en el culo. Te pondré también unas pocas ventajas que pueden marearte otra vez por poco tiempo, pero evitarán que te desmayes.

Katia me miró y yo asentí. Extendió el brazo y me apretó la mano con la suya. La sentí alarmantemente débil.

—Muy bien —dijo Katia a Imani—. Pero hagámoslo en el baño. El cubo de Louis sigue lleno.

—¡Os acompaño! —gritó Dónut, que brincó tras ellas antes de que me diese tiempo a objetar—. En este piso tienen unos baños maravillosos.

Elle, quien llevaba todo el rato en silencio por raro que pareciese, miró cómo Katia, Imani y Dónut desaparecían tras doblar una esquina.

Se giró hacia mí y me miró a los ojos. Los únicos que quedaban en el restaurante éramos Louis, quien aún tenía el cubo de vómito en las manos, ella y yo.

Al parecer, no le habían dejado ir al baño con él.

Terminó por rendirse y guardárselo en el inventario.

—Eh —dijo—. Me acaban de dar un logro por guardar el cubo de vómito.

Elle se cruzó de brazos. No había dejado de mirarme.

—Espero que sepas lo que estás haciendo, fiera. Si le ocurre algo, vamos a tener un buen problema con Tigretón. Y si nos abandona, dejará de prepararnos el té todas las mañanas. Estoy segura de que el té es lo único que ha conseguido que Imani no se empiece a subir por las paredes.

—Lo sé —dije—. Estos problemas vienen de lejos. Si este plan de ahora nos sale bien, estaremos en el buen camino para solucionarlo todo.

—¿Y por qué tanta prisa?

—Tiene que ser ahora —insistí—. Algo me huele muy mal en la fase dos. Creo que todo está a punto de cambiar.

Elle asintió.

—Tú asegúrate de que no se muera. Y hablando de té, no has venido a ningún desayuno.

—He estado muy ocupado.

Elle suspiró.

—Qué me vas a contar. Vosotros aseguraos de conseguir la llave en la siguiente fase.

—Lo mismo digo de ti y de Imani —comenté—. Odio que estéis en equipos separados.

Ella volvió a asentir.

—Vamos a asegurarnos de elegir lugares distintos en la segunda fase, para que no nos obliguen a luchar entre nosotras.

Las dos tenemos buenos equipos. Mi pelotón de sasquatch puede acabar con cualquiera.

E Imani cambió ese alienígena por el hombre polilla único y por el hada de los dientes inversa.

Creo que le irá bien. —Se quedó en silencio y miró hacia la esquina por la que había desaparecido Katia—.

Juro que creía que Louis iba a ser el primero de nosotros en perder la cabeza. Pobre niña.

—Que estoy aquí al lado —dijo Louis.

—Pero ¿sabes qué? —continuó Elle, que lo ignoró—.

Creo de verdad que nos viene bien. Que es mejor que la obligues a ponerse las pilas.

No sé a quién tendréis que matar, pero el hecho de que tenga que ser aquí…

—Negó con la cabeza e intentó no decir nada más.

Yo sabía que fallaríamos la misión si alguien decía lo más mínimo en voz alta—. Espero que tengáis un buen plan.

Miré la esquina por la que Dónut, Imani y Katia se habían marchado.

—Lo tenemos. Pero es peligroso, eso sí. Y también un poco loco.

Elle gruñó.

—Nada nuevo, entonces.