Capítulo 30
Z EV : Tenéis que estar de vuelta dentro de cuatro horas y media. Iréis al programa de Odette y, desde allí, de cabeza a la estancia de preparación de la fase dos.
D ÓNUT : ¡Vale, Zev!
Z EV : Y que sepáis que Heraldo volverá a estar allí, observándoos virtualmente. Ha insistido. Y sí, hemos avisado a tu abogado, Carl, quien también estará presente.
El mensaje llegó justo cuando entramos en el club Desperado. Yo lo ignoré y seguí caminando.
—La mayoría de esos mazos parecen temáticos —dije. Clarabelle nos dejó pasar sin pronunciar palabra—. Las cartas se combinan muy bien. Tenemos que encontrar la manera de hacer algo parecido con las nuestras. Lo que tenemos ahora mismo es demasiado ecléctico.
—Tampoco es que podamos hacer mucho al respecto a estas alturas —dijo Dónut—.
Todos están diciendo lo mismo. Los malos siempre usan cartas consumibles.
Nosotros tenemos que luchar una y otra vez, pero ellos solo una, por lo que usan cartas muy caras o difíciles de encontrar.
¡No es justo! Si usamos todas las consumibles, nos quedaríamos sin nada para el siguiente combate.
Ahora, todo el mundo parece pensar que se nos darán más opciones cuando empiece la siguiente fase, que podremos empezar a cambiar bastante los mazos cuando podamos robar cartas a los enemigos.
—Eso es cierto.
Me alegraba que Dónut estuviese centrada al fin en el tema de las cartas y, sobre todo, que hubiese empezado a hablar sobre estrategias con los demás mazmorreros. Yo podía pasarme todo el día haciéndolo, pero prefería centrarme en ser la persona que tomase decisiones improvisadas.
Habíamos perdido el segundo de nuestros enfrentamientos mazo contra mazo contra una masa amorfa de barro cuyas cartas eran todas tanques y trampas. Me había quedado atrás deliberadamente para ver qué clase de estrategia usaba con un mazo así.
La masa amorfa había lanzado la misma carta Perdición que teníamos nosotros contra Shi Maria, y luego la araña había perdido todo su tiempo peleando contra una pelota de barro rodante que tenía la habilidad Esquivar muy alta.
Había terminado por matarla cuando Dónut usó Rayo grasiento, pero el amo del mazo enemigo volvió a sacar otro tótem igual.
Cuando se le había acabado el tiempo a Shi Maria, esta acabó en la pila de descartes por culpa de Perdición, lo que había hecho que la araña gritase de rabia antes de desaparecer.
Después, paralizaron y mataron a Raúl y Asojano debido a varias cartas de trampa. Cuando Dónut se había quedado sin tótems, una de las pelotas de barro rodó hasta nosotros y explotó para salpicarnos con ese cieno, lo que hizo que perdiésemos el combate.
En el tercero, nos enfrentamos a una orca enormemente gorda de piel rosada llamada Luau.
Iba vestida con ropa hawaiana: un lei, una falda de hojas y sujetador de cocos, y también iba a acompañada de un tipo de cerdo de un tercio de su tamaño que tocaba las congas, por alguna razón.
La criatura invocó de inmediato a una especie de lagarto llamado Mo’o, que parecía una versión tamaño humano de la lagartija que salía es esos estúpidos anuncios de seguros de coches, aunque esta tenía una lanza y escupía fuego.
Usé una hobomba de poca potencia y la lancé hacia ellos.
Pues funcionó. La pequeña explosión había acabado con las tres criaturas.
El enfrentamiento duró menos de cinco segundos.
—Eso ha sido un desperdicio de tiempo de entrenamiento —había dicho Dónut poco después.
—Quizá —comenté yo—. Pero es lo que intentaremos hacer en los combates de verdad.
Si me permiten usar mis ataques normales, intentaré aprovecharme al máximo.
Si los matamos rápido, podremos hacernos con su mazo al completo antes de que desperdicien algunas de esas valiosas cartas consumibles.
Ahora, volvamos a la arena fácil para combatir un poco más. Tenemos que hablar con nuestros tótems.
Habíamos pasado algo de tiempo convenciendo a nuestras cartas para que atacasen lo más pronto posible.
El problema era que nuestro mazo actual no estaba enfocado a la velocidad, precisamente.
Shi Maria era rápida cuando le apetecía.
Geraldo lo era. Y también Skylar Espinaca.
Pero ya. Raúl el cangrejo necesitaba tiempo para lanzar todos sus conjuros.
Asojano y Jesús eran unos imbéciles inmaduros.
Necesitábamos mejorar el mazo y también practicar más.
—Como sigamos gastando dinero, no nos va a quedar nada para practicar, Carl. En serio, gastas más que la señorita Beatrice en una tienda de zapatos.
Entramos en el comedor principal del club Desperado y vi a Katia junto a una mesa, rodeada por Bautista, Imani, Elle y Louis. No parecía muy contenta.
—Ya veremos —dije, momento en el que Dónut soltó un grito ahogado y se alejó a la carrera.
Saltó sobre la mesa y luego al hombro de Katia, donde le dio un cabezacito en la mejilla.
Katia estaba en su forma humana normal y no dejaba de sollozar.
Estaba hecha unos zorros. El hedor de los vómitos se extendía por el restaurante.
—Lo siento —dijo cuando me senté—. Lo siento.
Le puse la mano en la rodilla. Aún no tenía ni idea de qué era lo que estaba pasando en realidad.
—Estás bien —dije, aunque me sentí extrañamente inseguro—. Ahora estás con nosotros.
—Fue muy real, Carl. Fue como si estuviese allí de verdad. Es mucho mejor que los palitos luminosos.
—¿Palitos luminosos? —pregunté. Intercambié una mirada con Imani, quien no había dejado de frotarle la espalda a Katia. Louis estaba a su lado y sostenía un cubo.
—No puedo —continuó ella—. Yo… —Se inclinó hacia delante y vomitó en el cubo mientras Dónut aullaba y se bajaba de su hombro.
D ÓNUT : GUAU, CARL. ESTÁ VOMITANDO UN ARCOÍRIS ENTERO DE COLORES.
—Tranquila —le dije cuando había terminado—. No tienes que explicarnos nada.
Mis palabras sonaron mucho más insensibles de lo que pretendía.
—El cubo empieza a llenarse —dijo Louis, que bajó la vista al interior, preocupado—. No sé cómo puede tener tanto ahí dentro. —Luego se giró hacia una camarera elfa que pasaba por ahí y le dijo—: Oye, ¿podrás traernos otro cubo?
La elfa lo ignoró.
—Dios —dijo Katia, que volvió a inclinarse otra vez para vomitar.
D ÓNUT : MORDECAI, ¿SABES LO QUE LE OCURRE A KATIA?
Mordecai seguía en el gremio trabajando con su mesa de alquimia.
Ahora que todos sabían lo de los niños cambiados a los que estaba cuidando, no dedicaba todo su tiempo libre a estar con ellos, sino que delegaba aquel trabajo a los trabajadores que había en la zona comunitaria del gremio.
Gracias a ello, tenía más tiempo para ponerse con sus pociones.
Llevaba tiempo sin salir de allí. Solo lo hacía para ir a comprar suministros.
M ORDECAI : Sí que lo sé. He estado hablando con Imani.
Katia es adicta a cuatro drogas diferentes.
Las buenas noticias son que tenemos una cura para las cuatro, incluyendo los palitos luminosos.
Una cura para la adicción en sí, quiero decir.
Dos de ellas se pueden comprar en el mercado e Imani ya lo ha hecho.
Yo estoy trabajando en las otras dos. Imani le ha dado la primera a Katia, y esa es la razón por la que se ha puesto a vomitar así.
El problema es que las drogas le han afectado a las características.
No pinta nada bien. Es un caos. Le ha bajado la Inteligencia, pero lo cierto es que la sigue teniendo más alta de lo creía gracias a los palitos luminosos, que lleva consumiendo desde hace mucho tiempo.
Su característica más alta, la Constitución, ha bajado muchísimo.
Tiene más Fuerza. Le ha bajado el Carisma.
Y, a partir de ahora, será más susceptible a los conjuros de adicción.
Es probable que también haya olvidado uno o dos conjuros de los que tenía.
Y que también haya perdido algún que otro punto de habilidad.
C ARL : Madre mía.
Pensé en mi padre de inmediato. La imagen apareció de repente y sin anestesia. Me sobrevino un acceso de rabia, en parte por Katia y en parte por el hecho de que algo en mi interior los estuviese comparando.
Aun así, tuve que contenerme para no ponerme a gritarle allí mismo.
«Pero ¿qué cojones te pasa? Contábamos contigo. La gente que te quiere contaba contigo. No te entiendo».
Respiré hondo.
C ARL : ¿Por qué ha acabado así? ¿Cómo ha podido hacerse esto a sí misma?
D ÓNUT : CREO QUE ESTÁ MUY TRISTE POR ALGO.
Katia siguió vomitando. Yo me la quedé mirando. No confiaba en ser capaz de decir algo útil. Miré a los ojos a Bautista y vi que también estaba enfadado, aunque no tenía muy clara la razón en su caso.
M ORDECAI : Todos lidiamos con ese tipo de cosas de formas diferentes. Esta es su manera. No está bien. No es sana. Pero es lo que hizo y ya no se puede revertir. Necesita ayuda y también vuestra comprensión.
«Dios», pensé. Miré la mano derecha de Katia a la que le faltaban los dedos mientras ella volvía a vomitar.
El enfrentamiento con el humanotauro. La habíamos dejado sola en el andén y la había visto llorar.
Podía hacer que le volviesen a salir los dedos fácilmente, pero había decidido dejarse la mano así.
«Estoy perdiendo mi ser poco a poco», había dicho entonces.
La rabia no cesó, pero al fin empezaba a comprender que con quien estaba enfadado no era con Katia.
«Tiene nuestra comprensión —dije un momento después—. Pero esto no tendría que estar pasando. Ese es el problema».
Envié a Mordecai un mensaje privado mientras Dónut volvía a acercarse a Katia.
C ARL : Háblame de las drogas que se toma.