El ojo de la novia frenopática (Carl el Mazmorrero 6) Capítulo 29 #3
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Capítulo 29 #3

Él gruñó otra vez y obedeció. No queríamos que Mongo formase parte de los combates de práctica, al menos no contra los tótems de los enemigos.

Y teníamos que obligarlo a que obedeciese mis órdenes.

Los lobos no iban a poder hacerle daño aquí, por suerte, pero la simulación no era nada realista.

En un enfrentamiento real, los tótems enemigos no podían hacer daño a Dónut si había invocado al menos un tótem, pero sí que podían y seguro me harían daño a mí, a Mongo y a todos los que no fuesen amos del mazo.

Mongo no tenía posibilidad alguna contra dos lobos nivel 100.

Sí que podía atacar al niño directamente. De haber sido un combate real, el camino a la victoria estaba claro. Hubiésemos ignorado los tótems e ido directos a por el chiquillo. Sospechaba que, en el futuro, los enemigos no serían tan vulnerables.

Me contuve por el momento. Teníamos que practicar todo lo posible.

—¡Tras, tras! —dijo el presentador. Un par de ojos extraños e inyectados en sangre aparecieron flotando sobre Dónut, mirando hacia abajo. En ese momento, se vieron los nombres de las cuatro cartas que tenía en la mano flotando sobre ellas.

El niño acababa de lanzar una carta mística que le permitía ver nuestra mano.

—¡Fuera! —gritó la gata a los ojos. No desaparecieron, lo que implicaba que podría ver lo que teníamos en la mano durante el resto del combate—. ¿Qué hacemos?

—Tú veras —dije.

—Gracias por la ayuda, Carl.

Los lobos desaparecieron al llegar a la parte baja de la colina. Tenía claro que iban a volver a aparecer, pronto y muy cerca de nosotros.

—Raúl, no hay tiempo para que termines el conjuro. ¡Tendrás que contenerlos! —dijo la gata.

El cangrejo dio una voltereta y aterrizó junto a Dónut.

Frente a nosotros, vi cómo el niño jugaba otra carta de su mano. Era otra mística.

—¡Vete al infierno! —anunció el presentador.

La carta de Shi Maria voló de la mano de Dónut, giró en mitad del aire y estalló en llamas.

—¡Eh! —gritó la gata.

No íbamos a poder invocar a la araña durante el resto del combate. Había sido una carta legendaria que obligaba a descartar todas las versiones de una carta concreta que tuvieses en la mano o en el mazo. Pero solo teníamos una Shi Maria.

Los dos lobos subieron a toda prisa por nuestra colina, ladrando y gruñendo. Raúl lazó el conjuro Bris sobre el primero.

El lobo llamado Der Kornwolf, que a saber qué significaba, explotó en un reguero de polvo.

Raúl le había reventado la cabeza a distancia.

El segundo se abalanzó sobre el cangrejo, quien dio una voltereta mientras agitaba las pinzas.

La criatura le hizo un placaje y empezaron a rodar colina abajo entre gruñidos, siseos y chasquidos.

Raúl no iba a poder contenerlo por mucho tiempo.

Aún quedaban unos pocos segundos para que se desbloquease el mazo y Dónut pudiese hacer algo, pero no tenía tótems en la mano.

Sospechaba que el niño contaba con otra de esas cartas para bloquear el mazo y que la tenía preparada.

El combate iba a terminar muy mal si yo no intervenía cuanto antes.

Suspiré. Estuve a punto de enviar a Mongo para que acabase con todo, pero en ese momento Samantha saltó por los aires y se quedó flotando unos instantes.

Empezó a brillar con una luz azul y chisporroteante, como si fuese un sol en miniatura.

Di un paso atrás, sorprendido por el calor que emanaba de ella. Aquello era nuevo.

«¿Qué cojones?», pensé.

— Nein! Nein! —chilló el niño en la lejanía. Empezó a retirarse, como si supiese lo que estaba a punto de ocurrir.

—¡Mirad esto! —empezó a decir Samantha mientras las llamas se avivaban. Pero justo en ese momento, se apagaron y la cabeza cayó al suelo.

—Cagonlamadrededios —dijo Samantha—. Lo he gastado.

Gruñó y empezó a alejarse rodando.

El tótem ha muerto.

Me giré para ver cómo le iba al lobo, pero fue demasiado tarde. Este saltó colina arriba y golpeó directamente a Dónut.

Justo cuando impactó el golpe, la estancia brilló y desaparecieron todos los oponentes.

La simulación ha fallado.

Felicidades. Si esto hubiese sido un combate real, ahora todos estaríais muertos.

Combate completado.

—Ese niño era un tramposo —dijo Dónut—. ¿Cómo se supone que vamos a ganar si no podemos usar las cartas? ¡Y me distrajo lo de mi nuevo patrocinador! Ese combate no debería contar.

Pensé en nuestro enfrentamiento anterior, el de dificultad desafío, ese en el que habíamos luchado contra el monstruo rata de la India.

—La táctica principal de Shi Maria es la mejor.

Tenemos que ser más rápidos. Hay que atacar de inmediato, sin importar la mano que nos salga.

Y yo tengo que ir directamente a por el enemigo.

Mongo y yo, de hecho. —Desplegué la xistera e hice aparecer una pelota pesada en la mano.

La lancé por la arena vacía. Chocó contra una pared invisible en la distancia.

Recordé el consejo de Mordecai en lo referente a los magos:

«No pueden lanzar conjuros si les das un puñetazo en la cara».

Continué:

—También tenemos que conseguir que los tótems ataquen lo más pronto posible.

Deberíamos practicar jugadas que podamos anunciar, como hacemos nosotros normalmente.

Ojalá pudiésemos sacar las cartas normalmente para hablar con ellas.

Creo que lo mejor es pasar más tiempo en la dificultad más fácil para hacerlo.

—Asojano y Suso casi ni me hacen caso —aseguró Dónut—. No van a recordar ninguna jugada.

—Lo sé —dije.

Asojano y Juzicristo eran cartas muy poderosas, pero si tardaban en hacernos caso, podían considerarse casi inútiles. Si luchábamos contra alguien parecido a ese chiquillo y estaba mejor protegido, no tendríamos nada que hacer.

Pensé en Katia. Aún quedaban unas pocas horas antes de que se despertase.

Recordé que me había ofrecido un tótem. Estaba teniendo el mismo problema que nosotros con Raúl y Geraldo.

Tenía dos cartas que se odiaban mutuamente, y su Carisma no era lo bastante alto como para evitar que se peleasen.

Por eso me había ofrecido una. Si la conseguíamos, podríamos dejar de usar una de las nuestras.

Pero ¿de qué tótem podríamos deshacernos?

Teníamos que tomar una decisión. Y rápido. Quedaba poco más de un día.

Había que seguir practicando.

—Probemos otra vez.