Capítulo 29 #2
Skylar Espinaca nunca hablaba ni tenía demasiada personalidad, lo que suponía que se debía a que ya fuese solo medio monstruo cuando lo habíamos atravesado con la bandera.
Normalmente, ignoraba al resto de los tótems y hacía exactamente lo que Dónut le pedía, aunque por alguna razón aquella cosa tenía mucho cariño por Mongo y Samantha.
Siempre se acercaba a ellos cuando se le invocaba, algo que el dinosaurio no llevaba demasiado bien.
Si hablábamos con él, la cabeza de burro se limitaba a soltar esos inquietantes rebuznos.
El monstruo era perfecto como distracción y ojalá su invocación durase más de 60 segundos.
Cuando lo mataban por primera vez, la cabeza de burro con alas de murciélago resultante tenía Esquivar a nivel 15 y era casi imposible darle un golpe, lo que hacía que Dónut estuviese muy segura durante el tiempo que duraba la invocación.
La mitad serpiente se volvía incorpórea y disparaba pinchos desde la distancia.
Además, Skylar Espinaca tenía un efecto secundario muy interesante.
Me había sorprendido mucho, francamente.
Solo podíamos tener seis tótems, pero si la criatura se dividía y luego se acababa el tiempo de invocación, volvía al mazo como dos cartas temporales durante el resto de la batalla, lo que permitía invocarlas por separado a partir de ese momento.
Ambas cartas eran más fuertes que la versión original y duraban mucho más una vez invocadas.
Shi Maria era sin duda la más poderosa que teníamos en nuestro haber.
El monstruo gigante aparecía, evaluaba la situación rápidamente y luego se abalanzaba hacia al campo de batalla para despachar a los oponentes, normalmente en escasos segundos.
Ahora, a veces exigía mirar el resto de las cartas que Dónut tenía en la mano, hacía sugerencias y le pedía a la gata que le lanzase algunas de las ventajas.
Una de sus mayores fortalezas era la habilidad Cucaracha, aunque nunca llegamos a verla en acción. Funcionaba diferente cuando era una carta. Si moría, algo que no había ocurrido jamás, la carta volvía simplemente al mazo de Dónut y no a la pila de descartes.
También jugaba a veces con los oponentes.
Era una sádica y los mantenía con vida mientras los devoraba parcialmente para luego terminar con ellos.
En una ocasión, luchamos contra una gorgona que no era más que una Medusa de casi dos metros y medio con cuerpo de naga.
Pues la araña paralizó al monstruo y luego empezó a arrancarle las serpientes de la cabeza una a una, mientras la criatura no dejaba de sollozar.
Luego, se inclinó y le dio un beso en los labios justo antes de morir, y con un gruñidito sexual.
Todos los que estábamos cerca, Juzicristo incluido, nos habíamos quedado mirando con la boca abierta.
Y hablando de Juzicristo…, él también iba a ser un problema.
No era tan abiertamente hostil como Asojano y, cuando Dónut le pedía hacer algo, él se limitaba a sonreír y a decir que iba a hacerlo.
El problema era que había un cincuenta por ciento de probabilidades de que lo hiciese de verdad.
Y luego mentía al respecto al momento y sin sonrojarse.
Era como si fuese un bebé. Envié un mensaje sarcástico a Florin dándole las gracias por la carta.
Él se limitó a responder con una carcajada.
La última vez que lo habíamos invocado, Dónut le había pedido que resucitase a Geraldo, que había quedado partido en dos debido al hachazo de un minotauro. El tipo había dicho que iba a hacerlo, pero se había limitado a quedarse ahí quieto.
—Suso, por favor —había dicho Dónut, cada vez más frustrada—. Se le está a punto de acabar el tiempo a Skylar.
Skylar, la cabeza de burro con alas de murciélago estaba al otro lado del campo de batalla volando en círculos alrededor del minotauro, quien le gritaba cosas en griego mientras agitaba el hacha sangrienta.
Si Juzicristo usaba el conjuro Resucitar tótem, Geraldo no solo volvería a la vida, sino que sería como si acabase de invocarlo: con el tiempo reiniciado y sin ventajas ni desventajas.
—Ya lo he hecho.
—No lo has hecho. Sigue muerto. Lo estoy viendo.
—Los cuerpos se convierten en polvo al morir —había dicho él—. Pero sigue ahí. Es la prueba de que lo he resucitado. No es mi culpa que sea un mariquita.
—Está partido en dos, Jesús.
—A lo mejor era ateo.
Dónut puso cara de estar a punto de saltar y clavarle las garras.
—Si el mazo tiene una carta de resucitar o uno de los tótems tiene un conjuro para hacerlo, los cuerpos no desaparecen. ¡Tú fuiste quien nos lo comentó la vez anterior!
—Pues ya lo he hecho. No sé qué quieres que te diga. Mira, tú déjame ir allí y meterle un tiro a ese torito.
—No me hagas luz de gas, Jesús. Ya sé que puedes pegarle un tiro. Pero ahora quiero que resucites a Geraldo. Estamos practicando. Ya lo has hecho antes. No entiendo por qué no quieres hacerlo ahora.
—Cree en mí, Princesa Dónut.
—¡Carl, haz algo!
Suspiré.
—Mira, Suso, ¿lo harás si la gata retira lo que dijo antes?
Él se cruzó de brazos.
—Puede.
Miré fijamente a Dónut.
Ella parecía estar a punto de estallar. Nunca había visto a nadie ponerla tan de los nervios desde los encontronazos con Tserendolgor.
Yo ya habría roto la carta de aquel capullo, pero era demasiado poderosa.
Quería dejar que ellos llegasen a un acuerdo.
No quería aconsejar demasiado a Dónut, porque en los combates reales estaría luchando y no iba a poder aconsejarla.
—Se supone que esto no funciona así. Las cosas no deberían ser así —dijo Dónut. Al otro lado del campo de batalla, Skylar desapareció con un puf. El minotauro rugió y empezó a cargar hacia nosotros—. Suso, perdón por decir que no eras el verdadero Jesús.
Suso suspiró con dramatismo.
—Me hiciste llorar, Princesa Dónut. Me hiciste llorar. Solo espero que mi padre sea capaz de perdonar tu blasfemia. ¡Arg!
Apretó sin querer el gatillo de la uzi y se disparó en el hombro. El arma salió por los aires, mientras él brincaba agarrándose el brazo y sin dejar de soltar tacos. En ese momento, Dónut había sacado a Raúl, quien se dirigió a toda velocidad hacia el minotauro y lo mató con una patada giratoria.
Y eso fue más o menos lo que ocurrió durante los entrenamientos. Habíamos ganado con facilidad, pero no fue porque Dónut controlase a la perfección a sus tótems, lo que me preocupaba.
Ahora, unas horas después, al fin teníamos la oportunidad de enfrentarnos en un combate mazo contra mazo, pero la que estaba distraída era Dónut.
Miré la mano que le había salido. Solo tenía tres cartas y la siguiente iba a aparecer de un momento a otro.
Tenía DESCARTE OBLIGATORIO , la de recuperar el maná llamada MOVIDA AZUL y la que aumentaba la vida llamada FORNIDO .
Cuando apareció aquel lobo etéreo y gigante en lo alto de la colina, la gata recuperó la compostura de repente. El tótem tenía un contador de 76 segundos. El lobo fantasmal nos miró y gruñó. Mongo graznó a mi izquierda. Samantha escupió hierba y empezó a gritar insultos.
Der Kornwolf. Nivel 100.
Tótem invocado de Der Schachmeister.
Era la única información disponible.
Raúl empezó a canturrear para preparar su caparazón mágico. El tótem de Shi Maria apareció en la mano de Dónut. Se preparó para invocar a la araña, pero apareció frente a ella una cerradura animada gigante y en llamas. Tenía un contador de 30 segundos encima.
—¡Bloqueo de invocación! —gritó el presentador. Unas cadenitas etéreas aparecieron en sus cartas.
—Carl, ¿qué está pasando? —gritó la gata—. ¡No me deja invocar a Shi Maria! No puedo hacer nada.
—Nuestro oponente te ha lanzado una carta mística —expliqué.
El lobo aulló. Otro resplandor de invocación restalló en la distancia. Apareció otro lobo. Este también tenía nivel 100, pero se llamaba Die Kartoffelwölfin. Quitando el nombre, no había ninguna diferencia.
—¿Dónde está el amo del mazo? —preguntó Dónut, desesperada—. ¡No lo veo!
Nuestro oponente apareció en ese momento, como si lo hubiese invocado.
Era un niño humano con un esmoquin y gafas redondas.
Tendría unos doce años. Estaba en lo alto de una colina distante, entre los dos lobos.
Tres cartas tamaño revista flotaban frente a él, y vi un hilo titilante que indicaba que estaba a punto de invocar una cuarta.
El niño se limpió la nariz con la manga y luego nos hizo un gesto obsceno con un dedo.
—¡Pero niño! —gritó Dónut.
Der Schachmeister. Nivel 25.
Su mazo está compuesto por veinte cartas, entre las que hay seis tótems.
Tiene un tiempo de recarga de invocación de ocho segundos.
Se centra en las desventajas y en bloquear al oponente. Es un incordio que no tiene aprecio alguno por su seguridad personal. Tendrás que tratar con él igual que si estuvieses en el patio de recreo de una escuela. Dale una buena tunda antes de que sea más listo que tú y llame a un adulto.
Ese tiempo de recarga de invocación de ocho segundos tenía muy mala pinta.
Cuando Dónut jugaba o descartaba una carta, la siguiente tardaba diez segundos en aparecer.
Creía que era así siempre y no había pensado que algunos oponentes podían llegar a robar cartas del mazo más rápido.
Eso significaba que algunos de esos tipos serían más difíciles de vencer de lo que había creído en un principio.
Me pregunté si eso también quería decir que algunos enemigos tendrían más o menos de seis tótems.
Los dos lobos tamaño caballo intentaron morderse entre sí antes de empezar a galopar en nuestra dirección. A mi lado, Mongo graznó de rabia.
—No —dije al tiempo apoyaba una mano en el dinosaurio para tranquilizarlo, quien a su vez se giró hacia Dónut en busca de confirmación.
—Recuerda lo que te dijo mami, Mongo. Tienes que hacerle caso a tío Carl cuando yo saco las cartas.