El ojo de la novia frenopática (Carl el Mazmorrero 6) Capítulo 29
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Capítulo 29

Condición de victoria: Darle un único golpe al amo del mazo.

Condición de derrota: Que un tótem enemigo o un amo del mazo te dé un golpe.

Empieza el combate.

—Muy bien —dije—. Allá vamos.

—¿Qué? ¿A qué viene esto? —dijo Dónut de repente—. ¡Carl, esto es un ultraje!

Llevábamos horas luchando en la arena de simulación y habíamos gastado una cantidad ridícula de dinero. Acabábamos de superar la dificultad desafío tras sacar a Shi Maria el primer turno. Nuestro oponente era un ratón o rata gigante de la mitología hindú llamado Mushika. Solo tenía nivel 50.

La criatura había estado a punto de invocar algo, pero Maria se había abalanzado sobre ella, la había paralizado con un conjuro, había abierto la mandíbula inferior como si no tuviese hueso alguno y luego se la había tragado entera.

El combate había durado segundos escasos.

No tenía ni idea de por qué aquello se consideraba un desafío, pero sospechaba que habíamos tenido suerte al acabar con esa cosa antes de que terminase de lanzar la invocación.

La puñetera araña era terrorífica a la vista. Parecía obtener un placer casi sexual al actuar con violencia. Después de devorar a la rata, se había girado hacia nosotros para gritar «Quiero más», antes de desaparecer en una nube de polvo.

Después, habíamos desbloqueado el modo «Desafío secreto», donde teníamos que enfrentarnos a un contrincante de dificultad media superior con un mazo propio.

Esos enfrentamientos eran gratuitos, pero solo podíamos activarlos tres veces.

Era nuestra primera oportunidad de enfrentarnos a alguien con cartas y yo necesitaba que Dónut se concentrase.

La gata estaba en mitad del lugar del enfrentamiento y echó un vistazo alrededor rabiosa.

Se encontraba en el suelo a mi derecha. En la mano inicial solo le había salido un tótem, Raúl el cangrejo, y acababa de invocarlo.

La extraña criatura se estaba estirando frente a nosotros mientras canturreaba un conjuro.

Aún no sabíamos quién era nuestro oponente.

El entorno era «Colinas verdes», un grupo de colinas pequeñas y ondulantes cubiertas de una hierba que me llegaba hasta los tobillos.

Las colinas más altas se encontraban en el centro, lo que significaba que no veíamos todo lo que nos rodeaba.

Samantha y Mongo se lo estaban pasando genial persiguiéndose por el lugar.

Dónut resopló.

—¡Esto es un ultraje! —repitió.

—¿Qué pasa? —pregunté mientras miraba a mi alrededor—. Dime.

La gata alzó la vista para mirarme. Llevaba las gafas de sol, y vi mi reflejo en ellas observándola con gesto preocupado. Le temblaba el labio inferior como ocurría siempre que estaba muy enfadada.

—¡Acabo de recibir una notificación que dice que la emperatriz D’Nadia ha vendido mi patrocinio a alguien!

Gruñí.

—No me sorprende. Sobre todo si tenemos en cuenta algunas de las tareas pendientes que no dejas de proponer en el chat de los señores de la guerra. Ya hablaremos cuando acabe el combate.

—No soy un cromo que pueda coleccionar y cambiar con los demás, Carl. No te ofendas, Raúl.

Las pinzas del cangrejo brillaron cuando lanzó el conjuro Bris. Lo tenía listo para atacar cuando hiciese falta. El cangrejo se giró e hizo una reverencia.

—El sendero hacia el trono celestial está lleno de ultrajes, gran señora Dónut. Este siervo se denigra y se marchita bajo vuestra luz resplandeciente. Si alguien no es capaz de percibir la luz que emana de vos, sin duda no será capaz de reconocer la vastedad de vuestra presencia.

—Gracias, Raúl —dijo la gata—. Un momento, ¿acabas de insinuar que estoy gorda?

Raúl se dejó caer al suelo.

—¡Soy una deshonra! ¡Soy una deshonra y un gusano! ¡Os suplico permiso para suicidarme a causa del deshonor que he sugerido!

—Da igual. Tú sigue estirándote. Activa el caparazón mágico cuando veas a los malos. —Dónut refunfuñó y se giró hacia mí—. Carl, pensaba que le caía bien a la emperatriz.

Me mordí la lengua.

—Y le caes bien, pero no es apropiado que te patrocine cuando vamos a enfrentarnos a ella.

—No añadí que era muy probable que hubiese gastado mucho dinero haciéndose con ese hueco en la Guerra de Facciones.

Vender el patrocinio de Dónut había tenido que hacerle recuperar gran parte.

En realidad, era algo que esperaba que ocurriese.

—Mi nuevo patrocinador es… —Se quedó en silencio.

Vi cómo recuperaba la compostura. En la distancia, el resplandor de la invocación de una carta se extendió por las colinas.

Nuestro oponente acababa de invocar el primer tótem, pero aún no lo habíamos visto—.

Me alegra mucho tener un nuevo patrocinador.

Sí. Aunque, la verdad, no sé cómo puede llegar a encajar en mi marca una empresa de tratamiento de desechos.

—¿Una empresa de tratamiento de desechos? —pregunté. Apareció una nueva carta en la mano de Dónut. Era una de Prolongación de tiempo. La usó con Raúl, quien se postró al recibir la bendición de su ama. Se añadieron 70 segundos más a su contador.

—Este siervo indigno acepta vuestra bendición, gran señora.

—Raúl —dije—. ¿Recuerdas nuestra última conversación? Tienes que dejar de actuar así. Ya se lo tiene bastante creidito. Me gustaría que confiaras más en ti mismo.

—Sí, papi Carl. Es difícil confiar en mí mismo cuando no soy más que un piojo indigno que se consume ante el resplandor radiante de mi señora.

—Mira, los demás se van a burlar de ti si no dejas de decir ese tipo de cosas. Tú limítate a obedecernos y ya está. No tienes por qué insultarte a ti mismo cada vez que Dónut te da una orden. Y deja de llamarme papi.

D ÓNUT : EL NUEVO PATROCINADOR SE LLAMA COMPAÑÍA DE GESTIÓN DE RESIDUOS BIOLÓGICOS DE LARGAS DISTANCIAS. NO LO SOPORTO. SÉ QUE SE SUPONE QUE TENGO QUE PARECER AGRADECIDA, PERO SUENA ABSOLUTAMENTE ASQUEROSO, CARL. ¿VAN A CONTRATAR ANUNCIOS DE CAMIONES DE BASURA EN MI CANAL? ES INACEPTABLE.

¿Desechos biológicos? No me gustaba nada cómo sonaba eso, pero no era el momento de tener aquella conversación. Volví a centrarme en lo que nos rodeaba.

Para entonces, ya habíamos probado todas las combinaciones de tótems.

Tal y como esperaba, Asojano era un completo imbécil. Lo primero que había hecho era intentar lanzar una desventaja horrible a Dónut, pero la seguridad de la simulación se lo había impedido. Solo lo intentó una vez, pero yo no confiaba en él.

Aun así, era muy fuerte. Cuando Dónut le gritó, se puso firme y empezó a hacer lo que le ordenábamos.

Luchaba con mucho entusiasmo. Acabó el solo con todo un escuadrón de cerdos bombarderos con un simple gesto de una de sus manos rechonchas.

Las criaturas habían caído del cielo, con la piel bullendo y llena de llagas, todas muertas antes de chocar contra el suelo.

Era la primera vez que alguien que no fuese Shi Maria había conseguido matar a un enemigo mientras estaba invocando.

También como esperaba, Raúl y Geraldo no se podían ni ver y empezaban a luchar entre sí a menos que Dónut les gritase que se estuviesen quietos.

Geraldo la foca monje era un gran tanque y guerrero cuerpo a cuerpo.

Normalmente, obedecía a Dónut y solo titubeaba cuando también se invocaba a Raúl.

Cuando ocurría, se giraba y empezaba a insultar al cangrejo, quien le respondía con peroratas sobre tronos celestiales y cosas del chi, ki o como cojones se pronunciase eso.

Solo habían llegado a las manos en una ocasión porque Geraldo había dicho algo sobre la madre de Raúl.

Dónut les gritó para que parasen, y el cangrejo, quien parecía tener ventaja en el enfrentamiento, se detuvo de inmediato, momento que Geraldo aprovechó para resquebrajarle el caparazón y matarlo.

Dónut obligó a la foca monje a pedirle perdón al cangrejo la próxima vez que estuviesen juntos en el campo de batalla.

Pero estaba claro que no iban a dejar de odiarse.

Raúl, quien había tenido problemas de confianza en sí mismo desde antes incluso de que se uniese a nuestro mazo, se había convertido en un lamebotas llorica que acataba las órdenes de la gata sin rechistar.

Por suerte, también era un luchador muy bueno.

El conjuro Bris, que solo podía lanzar una vez por combate y que para hacerlo requería un tiempo corto de meditación, terminó por ser un gran conjuro a distancia.

Se lo lanzaba sobre las pinzas y le permitía golpear cosas con fuerza desde la lejanía.

El mayor problema con Raúl era que todo le daba miedo.

Luchaba y se le daba muy bien, pero siempre se achantaba y se sometía a cualquier otro tótem invocado.

La primera vez que lo habíamos invocado al tiempo que Shi Maria, la araña lo había agarrado para luego empalarlo con una de sus patas y usar su cuerpo como si fuese un mazo, con el que había atacado hasta la muerte a un grupo de monstruos japoneses con cabeza de cuenco llamados kappas.

El cangrejo no había dejado de gritar, lloriquear y aullar mientras Maria lo machacaba sin piedad como un bebé con un martillo de juguete.

Después, la araña se lo había contado a Geraldo en un combate posterior, y la foca monje había empezado a llamar al cangrejo «la jinetera de la señora araña».