El ojo de la novia frenopática (Carl el Mazmorrero 6) Capítulo 28 #2
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Capítulo 28 #2

—¿Quiénes sois? —preguntó Suso mirándonos a Dónut y a mí.

Por alguna extraña razón, el tipo tenía acento de Texas.

Era blanco y ridículamente atractivo. A nuestro alrededor, la gente empezó a gritar y a correr en dirección a la salida.

La joven que estaba detrás del puesto salió por patas.

En la distancia, la pared del puesto de Papá Noel cayó al suelo mientras los padres y los niños se alejaban a toda velocidad—. ¿Y el cocodrilo aquel?

Habíamos quedado en que Dónut sería la que hablase en la mayoría de los casos. Era importante descubrir si conseguía hacer que la obedeciesen.

—Le pegaste un tiro en el vientre —dijo Dónut—, así que nos dio tu carta.

Apareció otra carta en la mano de Dónut, pero era una de trampa. La descartó al instante.

—Iba a curarlo —dijo Suso a la defensiva. Se rascó la sien con el cañón del arma. Tenía el dedo puesto en el gatillo—. Bueno, ¿a quién vamos a enviar de visita a ver a mi padre? Eh, ¿qué haces?

Pegó un brinco al ver que Samantha empezaba a rodar entre sus piernas.

—¿Qué tienes bajo la túnica, buenorro? —preguntó la cabeza sin dejar de moverse.

—Samantha, déjalo en paz —grité—. Vuelve.

—Pero quiero verle el pene —se quejó ella.

—Samantha, mierdecilla —dije—. Ven aquí o no te volveremos a sacar de aventuras.

—Aún no sabemos contra lo que vamos a luchar —dijo Dónut a Suso—. Ve por allí y mira a ver si ves encuentras algo, pero antes nos gustaría que conocieses a otra carta.

La gata empujó hacia delante la carta de Shi Maria, momento en el que apareció flotando un cráneo cubierto de telarañas que no dejaba de reírse, que luego explotó en miles de arañas.

Por unos instantes, todo quedó cubierto de telarañas.

Una tonadilla de clavecín muy ominosa empezó a resonar con un tun, tun, tuuun cuando la araña gigante apareció sobre Suso, quien se asustó por la aparición repentina.

—¡La Novia Frenopática! —gritó el presentador.

Un contador de 120 apareció sobre la araña gigante, que se alzaba hacia las alturas mientras sus patas gigantes se extendían por todo el pasillo y tiraban al suelo bastones de piruleta decorativos que había colgados de las paredes.

En el primer piso, la gente seguía gritando y huyendo.

La criatura siseó y chasqueó las fauces mientras no dejaba de mover y rotar la cabeza en el extremo de su cuello estirado.

—¡La hostia! —gritó Suso mientras empezaba a vaciar el cargador de la uzi en el vientre de la araña gigante. Una barra de salud apareció sobre la criatura, y esta empezó a descender a medida que le impactaban las balas. La multitud, que no había parado de gritar, se volvió más loca aún.

Maria se echó hacia atrás entre siseos y chasquidos. Subió al primer piso y luego bajó la cabeza para mirar a Juzicristo, quien no había dejado de gritar mientras disparaba.

—¡Parad! —dijo Dónut.

Una de las patas de Shi Maria se extendió hacia delante y atravesó el pecho de Jesús. Gritó, pero no dejó de disparar. Me dio la impresión de que el arma no se le quedaba sin munición. La araña alzó el cuerpo de Cristo y, con otra pata, le quitó de las manos la uzi, que salió volando.

—Somos del mismo equipo —siseó Maria a Jesús. Se había quedado con la mitad de la vida. Juzicristo la tenía en rojo y le bajaba muy rápido.

Shi Maria miró a Dónut.

—¿Tienes una carta de sanar tótem?

—Pues… ¿no?

—Tenemos una —dije—. Pero no la hemos metido en el mazo. Él es nuestro sanador.

—Deberías matarlo —gritó Samantha a Shi Maria—. Te ha hecho pupa en la barriguita.

Apareció otra carta en la mano de Dónut. La de Combinación. Pero la descartó.

—Cúrame —exigió Shi Maria a Suso.

Él gruñó de dolor. Levantó las manos como si fuese a lanzar un conjuro, pero luego desapareció en una nube de polvo.

El tótem ha muerto.

En el otro extremo del centro comercial, apareció una silueta que flotaba sobre el suelo. Luego otra. Y otra.

Eran renos. Puñeteros renos. Había ocho que flotaban formando una V perfecta y, a pesar de la distancia, vi que estaban cubiertos de vísceras.

Cada uno tenía una marca extraña y triangular sobre la cabeza.

De las astas de uno de ellos colgaban entrañas, y me quedé muy asqueado al comprobar que un hombrecillo seguía colgado del otro extremo de estas.

Era alguien vestido de elfo. Gritó antes de volver a caer al suelo.

El rastro de intestinos siguió colgando de los cuernos del animal.

Esperaba que ahora apareciese Papá Noel, y lo hizo, pero no como me había imaginado.

Vi a un noveno reno alzándose frente a los demás. La cabeza decapitada de Papá Noel, o del pobre tipo que trabajaba en el centro comercial haciéndose pasar por él, colgaba de la boca de la criatura. La escupió y esta se alejó rodando.

El animal rugió como un león. Y luego la nariz le empezó a brillar.

El cuerpo entero relució amarillo, lo que significaba que era invulnerable.

—¿Qué cojones? —dije.

Aquel también tenía un símbolo sobre la cabeza, pero no era un triángulo, sino un círculo. Estaba muy seguro de que sabía lo que significaban esas cosas. Era la primera vez que veíamos aquel tipo de monstruo.

Rudolf el Rudo, venado asesino de nariz sangrienta. Nivel 100.

Criatura legendaria de la zona oriental de Estados Unidos.

Aviso: Es un titiritero. Esta criatura es intangible hasta que se haya matado a todas las marionetas.

Ocho de ocho marionetas siguen con vida.

Ya nadie se ríe de él.

Los nueve renos empezaron a galopar por los aires hacia nosotros.

Teníamos que matar a los ocho para poder siquiera hacerle daño a Rudolf el Rudo.

—Carl, ¿has visto eso? —gritó Dónut—. ¡Es una copia barata de Rudolf! ¡Y se ha comido a Papá Noel!

Apareció otra carta en la mano de Dónut. Era Skylar Espinaca, el ghommid separador. Dónut empujó la carta hacia delante con la pata para invocarlo. Apareció una explosión, seguida de volutas de lo que parecían figuras fantasmales. La serpiente con cabeza de burro tenía un contador de 60 segundos.

—¡Skylar Espinaca! —gritó el presentador.

—Por los dioses, pero ¿qué es esa cosa? —preguntó Samantha.

—La verdad es que la presentación no ha sido tan emocionante como las otras —murmuró Dónut, justo cuando Rudolf el Rudo disparaba un láser por la nariz.

El haz de luz emitió un zumbido. Era como una andanada interminable de proyectiles mágicos.

Una de las columnas que sostenía el techo del centro comercial se derrumbó.

El láser empezó a moverse por el lugar y le cercenó una pata a Shi Maria para luego atravesar de lado a lado a Skylar Espinaca.

No le dio a Mongo por escasos centímetros, aunque tampoco le hubiese hecho daño en la simulación. Atravesó como si nada a Dónut.

—¡A por ellos! —gritó Dónut, momento en el que Shi Maria siseó y avanzó rabiosa hacia nuestros enemigos.

—¡Primero tienes que matar a los otros ocho! —chillé.

Skylar Espinaca se había quedado partido por la mitad y ahora era dos criaturas.

Skylar y Espinaca. Skylar aún tenía una cabeza de burro, pero le habían salido unas alas de murciélago con las que se alzó por los aires en dirección a los renos.

La mitad inferior, Espinaca la serpiente, se agitó como un gusano mientras le brotaban unos pinchos de la parte donde se había separado del resto de su cuerpo.

La serpiente sin cabeza se enderezó sobre el suelo y los pinchos salieron volando hacia el rebaño, atravesando a los renos que se nos acercaban con estacas de treinta centímetros.

Uno de ellos, Relámpago, explotó en una nube de polvo.