El ojo de la novia frenopática (Carl el Mazmorrero 6) Capítulo 26 #2
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Capítulo 26 #2

Shi Maria volvió a chasquear. El ruido era rápido y desconcertante, como el de un solenoide en un bombín de arranque.

O como el de un pájaro carpintero puesto de coca.

La lluvia seguía cayendo sin parar. La cabeza de la araña se retorció varias veces y giró en el sentido de las agujas del reloj.

Dio tres vueltas completas antes de colocarse recta.

Un fluido blanco le resbalaba por uno de sus enormes colmillos.

El árbol enorme que tenía debajo crujía cada vez que se movía.

Una de las patas largas y afiladas no dejaba de subir y bajar.

Era lo bastante larga como para alcanzarnos desde donde se encontraba y atravesarme como un pinchito.

Di otro paso atrás.

—Oh, sí —dijo Samantha—. Shi Maria, esta es Dónut y este es Carl.

Dónut, Carl, os presento a mi nueva mejor amiga.

Se llama Shi Maria, pero prefiere que la llamen MaeMae.

Es muy tímida, pero divertida cuando llegas a conocerla.

Quizá esta noche os cuente la historia del paquidermo. Me reí tanto que casi me atraganto.

D ÓNUT : SUS ESTADÍSTICAS SON COMO LAS DEL LIbrO DE LAS BAHAMAS, PERO TIENE ALGO DIFERENTE: LA MISMA HABILIDAD CUCARACHA QUE YO. ¡A NIVEL 15!

«Mierda», pensé. Eso podía salvarla de un golpe mortal.

A nivel 15, seguro que la curaba por completo.

Y estaba muy seguro de que no solo podía llegar a activarse dos veces en un mismo enfrentamiento, sino que también le daría un pequeño escudo.

Un combate que ya era peligroso de por sí acababa de convertirse en algo mucho peor.

Llegados a este punto, estaba claro que íbamos a tener que clavarle la bandera, teniendo cuidado de no bajarle demasiado la salud.

Shi Maria siseó, un ruido que se pareció al del gas saliendo de una lata. Flexionó las enormes patas. Se quebraron un par de ramas del árbol. Coloqué mi dedo mental sobre Caparazón protector en la barra de acceso rápido.

—¡Ja! —dijo Samantha al monstruo—. No me había fijado.

D ÓNUT : CARL, ¿DE VERDAD ESTÁ HABLANDO CON LA ARAÑA O SE LO ESTÁ INVENTANDO TODO?

C ARL : A saber.

—Sea como fuere… —dijo Samantha—. Se viene de aventuras con nosotros.

Lo tengo todo planeado. Escuchadme. MaeMae lanzará el conjuro que sirve para meterme en el cuerpo.

Después, iremos a matar a muchos tipos malos y, luego, viajará a Larracos con nosotros para ayudarnos a luchar contra los equipos de la Guerra de Facciones mientras yo busco a mi pequeña.

Luego tendré una aventura sexual tórrida con Louis, pero me iré llorando antes de nuestra tercera o cuarta cita porque no podré más.

Al fin y al cabo, mi corazón pertenece a otra persona.

Higo me perdonará y luego Louis y ella cuidarán a mi hija mientras celebramos una noche de chicas con Dónut, Katia, Britney, Li Na, MaeMae y Elle.

Carl, lo siento pero no estás invitado. Ni Imani.

No me gusta. Quiere robarme a mi hombre.

Básicamente, será una despedida de soltera y podremos llevar camisas a juego.

Después, iré a buscar a mi rey, me casaré con él y nos pasaremos una semana entera de luna de miel follando de maneras muy raras.

Y luego le he prometido a MaeMae que iremos a buscar a su esposo perdido.

Puede que esté en la Nada, por lo que va a ser toda una aventura.

Y tras todo eso, volveremos al reino celestial y mataré a mi madre. ¿Qué os parece?

—Guau —dijo Dónut—. Sí que lo tienes todo bien pensado.

—Estar encerrada en el estómago de una araña deja mucho tiempo para pensar.

—Pero ¿dónde vamos a encontrar camisas a juego para todas?

Shi Maria chasqueó y siseó. Samantha rio entre dientes.

—¿Verdad que sí? Dónut, no te preocupes. Las encontraremos.

—Espera. ¿La cieno que es tu hija no es adulta? —preguntó Dónut—. ¿No estaba casada con el mago aquel? ¿Por qué iba a necesitar una niñera?

—¿De verdad que esa es la parte del plan que te resulta más problemática? —pregunté.

—En realidad, no —dijo Dónut—. Samantha, creo que será mejor que te olvides de lo de la aventura con Louis. A Higo ahora se le da muy bien decapitar gente. Y creo que no te gustaría nada recuperar el cuerpo para acabar igual.

—No puedo olvidarme de esa parte —dijo Samantha—. Es una de mis favoritas.

—¿Se lo has contado a Louis?

—Ah, sí. Pero me bloqueó en el chat. Se pone muy mono cuando le digo cosas que le dan vergüenza.

Mientras seguían hablando, yo no dejaba de mirar al monstruo que estaba ahí sobre los árboles.

Sopesé nuestras opciones. Podíamos atacar a la criatura directamente, pero temía que Samantha se enfadase con nosotros y terminara por atacarnos también.

Habría que seguir mi otro plan. La insistencia de Samantha en que la criatura lanzase el conjuro de resurrección facilitaba mucho las cosas, en realidad.

Si se daba cuenta de que la araña era incapaz o de que no iba a ayudarla, seguro que su actitud hacia la criatura cambiaría al instante.

C ARL : Dónut, prepárate. Vamos a acelerar esto un poco.

Saqué el cuerpo del inventario. Me apareció en los brazos, rígido como una tabla.

Era una náyade de pura sangre de tamaño completo.

El cuerpo de la madre de Signet. Llevaba un vestido holgado que parecía hecho de algas y olía a agua salada.

Tenía el tamaño de una adulta, pero no pesaba nada.

El pelo blanco y sedoso colgaba tan largo que llegaba hasta el asfalto.

Lo coloqué con cuidado en el suelo húmedo. Parecía estar durmiendo.

No era una persona de verdad, sino un tatuaje hecho carne gracias al conjuro final de Signet. De hecho, había sido el tatuaje de un pez. Tampoco le di muchas más vueltas. No pretendía entender todo lo que estaba pasando.

Princesa Lunette. Gólem de carne incompleto.

—Aquí está —dije.

Cuando el «papillamante» lanzase el conjuro, Samantha se metería en esa cosa y volvería a tener cuerpo. No me quedaba muy claro qué era lo que iba a pasarle a la cabeza de muñeca hinchable.

D ÓNUT : SI SE TRANSFORMA EN UNA NÁYADE NORMAL, ¿NO TENDRÁ QUE QUEDARSE DEBAJO DEL AGUA? EN EL GREMIO NO TENEMOS NI BAÑERA.

C ARL : Algo me dice que no vamos a tener ese problema. Al menos por el momento.

D ÓNUT : LA DESPEDIDA DE SOLTERA SERÍA UN DESASTRE SI TENEMOS QUE HACERLA DEBAJO DEL AGUA.

—¡Vale! ¡Bien! ¡Allá voy! —gritó Samantha.

Pegó un brinquito y luego se alzó del suelo para quedarse flotando entre nosotros y la araña en el árbol.

Cuando habíamos llegado al piso nos había comentado que ya no podía flotar, pero al parecer había recuperado la habilidad.

Estaba tan emocionada que no dejaba de temblar—. Muy bien, MaeMae. ¡Hazlo!

La araña chasqueó y señaló el cuerpo con las patas. En ese momento, las hojas y las ramas de los árboles se agitaron.

—¿Qué? ¡Te dije que era un gólem! —comentó Samantha, incrédula—. ¡Fue lo primero que te dije!

Más chasquidos rápidos.

—¿Suministros? ¿Qué clase de suministros? ¡Dijiste que podrías hacerlo cuando llegase Carl!

Clic, clic. Fssss.

C ARL : Allá vamos. Primero Silencio y luego Proyectil mágico.

—¡Mataré a tu madre!

D ÓNUT : ¡EL PUNTO SE ACABA DE PONER BLANCO!

En ese mismo momento, la araña rompió a llorar sobre el árbol.

Estaba muy seguro de que eran lágrimas, sí.

Se acercó las patas delanteras y empezó a frotarse los cuatro ojos mientras la criatura colosal no dejaba de sisear.

Vi cómo le caían lágrimas de verdad por la cara. Chasqueó en dirección a Samantha.

Replegó el resto de las patas y, de repente, cayó al suelo y rodó a un lado.

Rompió ramas y hojas a su paso. Detrás de ella, un árbol cayó al suelo.

Chapoteó en el humedal que había a uno de los lados del camino entre crujidos y rodó hasta ponerse bocarriba.

Extendió las patas, como si fuese uno de esos bichos que acaban de quedar rociados de insecticida.

Después empezó a balancearse de un lado a otro.

La cabeza le bailoteaba en el cuello mientras le seguían cayendo lágrimas.

Aparté mi dedo mental del Caparazón protector y me quedé mirando el punto blanco en el mapa. ¿Qué cojones?

Samantha soltó un gran suspiro.

—Venga, ya. Cálmate, MaeMae. No hace falta que montes un numerito. Hay que ver. A veces pareces una niña pequeña. No mataré a tu madre. Hoy no. Deja de llorar. Para ahora mismo.

Flotó en dirección al jefe de ciudad sollozante. La araña no había parado.

—No, no. Tranquila, MaeMae. Vamos, no pasa nada. Conseguiremos los suministros.

La araña, aún bocarriba, chasqueó.

—Mira, no seas tan dramática —dijo Samantha—. Te perdono.

La criatura me señaló y volvió a chasquear, esta vez durante más tiempo.

S AMANTHA : CARL, TIENES QUE DECIRLE ALGO AMABLE. HAS HERIDO SUS SENTIMIENTOS.

C ARL : ¿Que yo qué? ¿Cómo? Pero si ni he hablado con ella.

S AMANTHA : TE OLVIDASTE DE DECIRLE QUE ESTABA FANTÁSTICA NADA MÁS VERLA. SI VA A VIAJAR CON NOSOTROS, SERÁ MEJOR QUE LE DIGAS QUE LO ESTÁ. SI NO, AbrIRÁ SU QUINTO OJO Y TE TRANSPORTARÁ A UNA DIMENSIÓN DE PSICOSIS ABSOLUTA Y OSCURA DURANTE UNA ETERNIDAD EN LA QUE SOLO OIRÁS GRITOS.

C ARL : Samantha, no puede acompañarnos.

S AMANTHA : ¿POR QUÉ NO?

Shi Maria extendió las patas aún más y empezó a balancearse de un lado a otro.

Samantha volvió a acercarse a nosotros. Flotó hasta quedar a la altura de mis ojos, lo que me dio muchísimo miedo. Tenía la hoja de un árbol pegada a un lado de la boca, y yo extendí el brazo para quitársela. Ella gruñó e intentó morderme el dedo para luego seguir hablando como si nada.

—Se va a quedar así al menos diez minutos. Le dan ataques de ansiedad. Lo mejor que podemos hacer es dejar que se le pase. Cantar le ayuda, por si quieres dedicarle una serenata, Dónut.

—¿En serio? —dijo la gata, que se envaró al momento.

—No le cantes a la araña —ordené—. Samantha, tenemos que salir de aquí y no nos la podemos llevar.

Samantha soltó un gemido.